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ESPERANZA MAYOBRE: WE WISH WE COULD HAVE STAYED HOME

Esperanza Mayobre nació en Caracas en 1974, durante el auge petrolero de Venezuela. Su más reciente reflexión artística traza así un recorrido que parte de la desestabilización política de este país en las décadas que subsiguieron a ese boom económico inserto en una utopía modernista, y que continúa con la actual crisis humanitaria de millones de compatriotas forzosamente exiliados por más de dos décadas de dictadura.

Si bien está asentada en Nueva York desde hace casi dos décadas, Mayobre conceptualiza -y también ficcionaliza- su trabajo a partir de los sucesos políticos y económicos que han llevado a su país a la ruina económica y moral. También como parte de su práctica, y en enlace con sus raíces, ha regalado dinero para abordar la crisis de deuda de los países del ‘tercer mundo’ o inventado un polvo con la propiedad de legalizar inmigrantes.

Todo esto con un carácter ciertamente lúdico pero insertado en un conceptualismo que da cuenta de su identidad híbrida. Como señala Ken Weathersby, director de Kent Place Gallery, donde Mayobre presenta actualmente la exposición We wish we could have stayed home, “su sintaxis visual de unidades cuidadosamente apiladas y cuadrículas pintadas con precisión se relaciona con el minimalismo y post-minimalismo, pero la naturaleza poética de su trabajo está influida por una narrativa cultural con una urgencia distinta”.

Esperanza Mayobre, 73 toneladas de oro volaron a Turquía, Dubai y Uganda, 2021, acrílico sobre panel. Cortesía de la artista
Esperanza Mayobre, 24 toneladas de oro venezolano, 2022, acrílico sobre panel. Cortesía de la artista
Esperanza Mayobre, 21,8 de las 73,2 toneladas de oro que exportó el BCV, 2022, acrílico sobre tela. Cortesía de la artista

Estas grillas a las que se refiere Weathersby son las que ha pintado la artista en color dorado sobre diversos soportes para reinterpretar -de manera libre y sensible- cifras y estadísticas relacionadas con las prácticas extractivistas auríferas en el Orinoco venezolano, una zona rica en el mineral que ha sido saqueada por negocios turbios e ilegales. Los nombres que Mayobre da a estas ‘pinturas en código’ parecen sacados de titulares pesadillescos: “73 toneladas de oro volaron a Turquía, Dubai y Uganda”. Formalmente, se basan en las prácticas de tejido indígena y en sus recuerdos de infancia al observar a los tejedores del sur del río Orinoco.

Según la investigación El oro venezolano se funde entre la ilegalidad y la muerte, que indaga exhaustivamente en la sombría explotación minera del megaproyecto Arco Minero del Orinoco, “las bandas criminales y las guerrillas que operan en las minas de Bolívar han ocupado incluso los espacios que por ley le corresponde explotar a la empresa estatal Compañía General de Minería de Venezuela, C.A (Minerven), adscrita a la Corporación Venezolana de Guayana (CVG)”. Una situación que, mientras los cabecillas del actual régimen venezolano continúen al mando, difícilmente podrá revertirse.

Vista de la exposición «We wish we could have stayed home», de Esperanza Mayobre, en Kent Place Gallery, Nueva Jersey, EEUU, 2022. Cortesía de la artista y la galería

La economía venezolana del siglo XX dependió exclusivamente de su industria petrolera sin que ningún gobierno asumiera la diversificación con visión estratégica a futuro, con inteligencia política, sensibilidad y respeto al otro. Con la caída de los precios del petróleo desde 2015, el mantenimiento deficiente de la infraestructura existente y la falta de modernización del sector, los ingresos no han sido estables, por lo que el gobierno venezolano decidió cambiar la dependencia del petróleo por la extracción de oro.

“La economía del país se está derrumbando y necesita urgentemente divisas. En contradicción con su retórica eco-socialista, la solución del gobierno venezolano ha sido la extracción silenciosa y lenta de oro y otros minerales”, dice Mayobre.

Su serie Arco Minero es una reacción a esta gravísima situación que, más allá del hecho fáctico de afectar las arcas del país, ha traído irreversibles daños ecológicos e impactado de manera profunda la sustentabilidad y modos de vida de las comunidades indígenas que allí habitan. Con este trabajo, Mayobre ha tratado de retratar los problemas de una ‘revolución’ que nunca sucedió -porque las prácticas coloniales y la sostenibilidad económica a través del extractivismo expansivo y desmedido aún continúan.

Vista de la exposición «We wish we could have stayed home», de Esperanza Mayobre, en Kent Place Gallery, Nueva Jersey, EEUU, 2022. Cortesía de la artista y la galería

La explotación de recursos naturales es parte de un ciclo económico en el que las materias primas son extraídas de los países en desarrollo por mano de obra barata, compradas a bajo precio por los países ricos, procesadas en sus industrias. Esto se ha convertido en una de las más grandes tragedias de los países ‘subdesarrollados’, una de las principales razones de la desigualdad e injusticia existente, de la división interna en el campo de batalla ideológico.

“El gobierno debe proteger este territorio, los derechos fundamentales de las comunidades indígenas que allí habitan y las preocupaciones ecológicas de esta reserva natural”, señala la artista. “Sin embargo, cada vez más, durante los últimos años, este territorio ha pasado a ser controlado por las mafias locales, el ejército, las guerrillas, el narcotráfico y las corporaciones transnacionales. La extracción y el comercio de oro y minerales son ilícitos, no planificados e irresponsables para con el ecosistema. La degradación ambiental está teniendo lugar. Se trafican toneladas de oro y el destino final son Holanda, Suiza, Turquía, Emiratos Árabes Unidos, la llamada ‘Ruta del Oro’”.

Esperanza Mayobre, de la serie A.M.O. (Arco Minero del Orinoco), 2017, vidrio y dos bloques de oro. Cortesía de la artista

Mayobre presenta otras piezas de la serie Arco Minero construidas con lingotes de oro que, parafraseando a Weathersby, tienen una impronta minimalista que encierra una ‘poética de lo acucioso’. Una construcción que hace a partir de dos bloques de oro separados por una lámina de vidrio es, sin duda, extremadamente límpida y evocativa. En su silencio, es como un beso interruptus de Brancusi, donde los amantes hacen de opuestos: la avaricia ‘ecosocialista’ versus los derechos de la Tierra y de los pueblos originarios. Especulando un poco más, esta bella escultura muestra a un país dividido ideológicamente, pero que culturalmente se une y reconoce a través del cristal.

Esperanza Mayobre, 1966 U Thant en La Cepal, 2022. Cortesía de la artista

El título de la muestra, We wish we could have stayed home [Ojalá nos hubiéramos quedado en casa], alimenta esta elucubración y sirve de pista para empezar a recorrer el laberinto por el que Mayobre nos quiere conducir sin que necesariamente lleguemos a un fin, esto es, a la resolución de los conflictos que plantea en su obra.

La frase evidentemente remite al desplazamiento: tanto al que se han visto forzadas las comunidades indígenas de la zona explotada por la minería ilegal como a la frustración y nostalgia que millones de venezolanos desterrados llevan en sus mochilas cuando cruzan fronteras. Un triste lema para el himno que podrá reescribirse con la refundación de Venezuela.


We wish we could have stayed home, de Esperanza Mayobre, se presenta hasta el 13 de marzo de 2022 en Kent Place Gallery, ubicada en el campus deKent Place School, 42 Norwood Avenue, Summit, Nueva Jersey, EEUU

Alejandra Villasmil

Nace en Maracaibo (Venezuela) en 1972. Es Directora y Fundadora de Artishock. Licenciada en Comunicación Social, mención audiovisual, por la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, Venezuela, 1994), con formación libre en arte contemporáneo (teoría y práctica) en escuelas de Nueva York (1997-2007). En Nueva York trabajó como corresponsal sénior para la revista Arte al Día International (2004-2007) y como corresponsal de Cultura de la agencia española de noticias EFE (2002-2007). En Chile fue encargada de prensa y difusión para el Museo de Artes Visuales (MAVI), Galería Gabriela Mistral, Galería Moro y la Bienal de Video y Artes Mediales.

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