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¡DISPLACED MUNDO! GERARDO ROSALES Y LA TRAVESÍA DE LA PRINCESA YARA

“Perdí mi bienestar con mi ganado,
se secaron las siembras, los conucos,
y mi hija estaba pálida a mi lado,
virgen y verde como los bejucos”.

María Lionza, de Ida Gramcko (1955)

En la mayoría de los países hispanohablantes, cada 12 de octubre se conmemoran dos acontecimientos que, analizados en paralelo y comparados entre sí, permiten establecer una visión de la idiosincrasia de un territorio complejo en pensamientos y acciones como lo es el continente americano. Por una parte, se enumeran los años de la llegada de los navíos españoles a territorio indígena (cuyo relato ha sido paulatinamente redimensionado desde la consideración del sometimiento, la expoliación y el genocidio de los pueblos originales) y, por otra, el día de culto de la Reina María Lionza, una popular deidad de la naturaleza, propia del folclore venezolano.

Con un renovado interés en las tradiciones ancestrales y la progresiva reivindicación histórica, lingüística y simbólica de los acontecimientos derivados de la colonización europea, la presencia de rituales y creencias fundamentadas en relatos telúricos ha ganado nuevos lugares en las discusiones intelectuales y artísticas globales, así como nuevas formas de manifestación a través de las cuales profundizar en las raíces indígenas, mestizas y africanas de la región. En reconocimiento de estos vínculos, en países como Estados Unidos se celebra el Mes de la Herencia Hispana (entre septiembre y octubre de cada año), motivo de la inauguración del mural ¡Displaced Mundo! del artista venezolano Gerardo Rosales (1967), ubicado en el Moody Center for the Arts (Universidad Rice, Houston, Texas).

“¡Displaced Mundo!”, de Gerardo Rosales, en el Moody Center for the Arts, Universidad Rice, Houston, Texas, 2021-2022. Cortesía del artista.

El mural, de naturaleza libre e interpretativa, se muestra como una fábula de la reina Maria Lionza: figura tan presente como estigmatizada por el imaginario colectivo venezolano, cuya religión se ha logrado transformar de manera incesante, “entrando y saliendo de la modernidad” (García Canclini, 1989) a pesar del rechazo de toda narrativa esotérica por parte del discurso occidental asimilado por el progreso del siglo XX. Y es que, a pesar de ser su silueta inherente al paisaje caraqueño, la icónica imagen ecuestre de la princesa Yara guarda entre sus vastas anécdotas[1] una muy particular: la salida del campus de la Ciudad Universitaria de Caracas, bajo la justificación de diferir de los intereses discursivos del conjunto[2]. Hecho que nos brinda la oportunidad de cavilar sobre el contradictorio ser de la modernidad venezolana: “una cultura en la que no se concilian o se superan contradicciones, (…) en la que las oposiciones y los desequilibrios conviven y se disputan entre sí el dominio, creando una tensión permanente” (Pinardi, 2000).

Por su parte, muy contrario a lo que pudiera pensarse, la devoción ritual hacia María Lionza (como la conocemos en la actualidad) es de data reciente, y “ha emergido paralelamente a la modernidad petrolera venezolana y a sus ideologías políticas asociadas” (Ferrándiz Martín, 1999), teniendo un auge con la dictadura perejimenista y las migraciones rurales a territorio urbanizado, producto de la consolidación del Nuevo Ideal Nacional. De allí que el culto, condenado a los márgenes y periferias de la ciudad, haya encontrado en los vacíos urbanos su espacio más fértil; descampados, laderas y quebradas que progresivamente fueron invadidas por los barrios populares, compartiendo el sentimiento del rechazo social con la deidad bucólica de la naturaleza.

Así, la cultura espiritista venezolana emerge entre las precariedades y carencias de fieles creyentes que, a cambio de ofrendas y rituales, piden por la curación de enfermedades o la obtención de riquezas y poderes. Aspectos carentes en la actualidad del país, y que resumidos en los ámbitos de salud y economía, se posicionan como los principales motivos[3] de la migración venezolana.

En este sentido, ¡Displaced Mundo! [¡Mundo desplazado!] establece un relato otro de la princesa Yara (María Lionza), que distante de la imagen descrita por la tradición oral y desprovista de la musculatura escultórica de su efigie urbana, camina entre una naturaleza xerófila imaginada por Gerardo Rosales. No obstante, como advierte el epígrafe de las Culturas Híbridas de García Canclini, “la vida personal (…) y la historia avanzan oblicuamente hacia fines o hacia conceptos”, haciendo que, en este recorrido, las grafías individuales del artista y las imágenes propias del mito se entrecrucen para hablar entre vivencias y fábulas del mundo híbrido percibido por el creador.

“¡Displaced Mundo!”, de Gerardo Rosales, en el Moody Center for the Arts, Universidad Rice, Houston, Texas, 2021-2022. Cortesía del artista.

Haciendo uso de la mitología y las connotaciones propias de las contradicciones y el sincretismo, la María Lionza (representada popularmente desnuda, en una danta y con los brazos alzados), es plasmada por Rosales en una silueta que carga con el peso de la supervivencia sobre sí misma, mientras la fresca abundancia de los bosques y el apoyo del tapir parecen haber quedado atrás. Ahora, errante y en tránsito, el personaje mitológico se transforma en una imagen del desplazamiento venezolano del siglo XXI. Mientras tanto, la danta como símbolo de vida e identidad se subvierte, en manos del artista, para hablar de eso que somos como lugar de arraigo (Pinardi, 2000); un enraizamiento que en el caso de ¡Displaced Mundo! es compartido a través de relatos, apropiados y propuestos, mediante signos e imágenes oriundas de Venezuela.

En su capacidad de infligir dolor o portar enfermedades, las hormigas y mosquitos presentes en el mural funcionan como figuras intertextuales que “crean múltiples asociaciones visuales e intelectuales a la vez, dentro y más allá de la producción de la propia imagen” (Guasch, 2004). De esta manera, los ornamentos de Rosales adquieren nuevas significaciones e interconexiones que, sin renunciar a la narratividad, a la metáfora y al simbolismo, dotan su producción de memoria individual y colectiva. Finalmente, en este compartir de percepciones, el individuo logra ver y reconocer sus propias historias, “con las que puede construir aquellos puntos de identificación, aquellos posicionamientos que definen las identidades” (ídem).

En paralelo al crecimiento de la diáspora venezolana, las tradiciones y creencias del folclore local continúan el proceso de hibridación que las caracteriza, mientras los relatos de María Lionza y sus favores parecen expandirse entre las experiencias de cada desplazado, para conformar un entramado particular que define y constituye nuestra circunstancia como país.

“¡Displaced Mundo!”, de Gerardo Rosales, en el Moody Center for the Arts, Universidad Rice, Houston, Texas, 2021-2022. Cortesía del artista.

El mural ¡Displaced Mundo! del artista Gerardo Rosales se exhibió del 15 de octubre de 2021 al 15 de enero de 2022 en el Moody Center for the Arts (Universidad Rice, Houston, Texas, EEUU).


Referencias

FERRÁNDIZ MARTÍN, Francisco (1999): “El culto de María Lionza en Venezuela: tiempos, espacios, cuerpos”, en: Alteridades, vol. 9, núm. 18, julio-diciembre, pp. 39-55. Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa: Distrito Federal, México.

GARCÍA CANCLINI, Néstor (1989): Culturas Híbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad. Grijalbo: México.

GUASCH, Anna María (2004): Arte y Globalización. Universidad Nacional de Colombia: Bogotá.

PINARDI, Sandra (2000): “Ámbitos de la Plástica: entre el lugar y la enunciación”, en: Venezuela Siglo XX. Visiones y Testimonios, pp. 49-77. Fundación Empresas Polar: Caracas.


[1] Para más información sobre la historia y la actualidad de la estatua de María Lionza, consultar: “La acontecida estatua de María Lionza” (2019), en: I AM Venezuela.

[2] Según Luis Navarro, la salida del monumento -creado por Alejandro Colina (1951)- de los terrenos universitarios radica en la diferencia “de acuerdo con el espíritu arquitectónico” del proyecto de integración plástica emprendido por el arquitecto Carlos Raúl Villanueva para la Ciudad Universitaria de Caracas. En: Pintura y escultura en la Ciudad Universitaria de Caracas (1962), disponible en: ICAA Documents.

[3] Para más datos sobre la migración venezolana, consultar: Situación de Venezuela, ACNUR.

Manuel Vásquez-Ortega

Arquitecto, curador e investigador independiente (Venezuela, 1994). Sus búsquedas e intereses se basan en la reflexión sobre prácticas de archivo e investigación histórica como método de creación artística contemporánea. Se ha desempeñado como Profesor de Historia de las Artes y la Arquitectura de la Universidad de Los Andes (Mérida, 2019-2022), fue Coordinador de la iniciativa de arte independiente Espacio Proyecto Libertad (Mérida, 2017-2021) y actualmente es Asistente de Investigación y Coordinador de contenidos de LA ESCUELA___ (laescuela.art). Sus textos e inquietudes teóricas han sido publicados en plataformas como Artishock, Terremoto, Prodavinci, Archivo de Fotografía Urbana y Tráfico Visual, así como en revistas académicas internacionales. Reside entre Mérida y Caracas, Venezuela, en donde lleva a cabo sus prácticas curatoriales y proyectos de investigación.

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