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MAGALI LARA. EL AGUA NO ME BASTA PARA BEBERME LA VIDA

Por Natalia de la Rosa y Roselin Rodríguez | Curadoras

¿Qué es el archivo sino un conjunto de tramas afectivas germinadas al borde de los lenguajes? Al examinar los materiales que conforman un acervo, frecuentemente buscamos las formas personales que dan sostén a figuras de autoría; la vida detrás de la producción artística. Una sed de narraciones nos ha conducido a creer descubrir en los archivos un lado invisible en las obras que las arropa y justifica. Sin embargo, cierto tipo de acervos personales, como el de la artista visual Magali Lara (Ciudad de México, 1956), permite otra clase de recorridos, entradas y salidas que poco tienen que ver con esos presupuestos de trabajo, y menos aún con la distinción entre arte y vida. Un fondo como el que nos ocupa, deja entrever el lugar liminal donde los procesos creativos persiguen una forma que se escapa. Abren un espacio donde el deseo de encontrar el lenguaje idóneo para compartir un sentir o un pensamiento no culmina en obras supuestamente acabadas, sino que muestra los momentos de la tensión constante entre los códigos posibles y su plasticidad.

Desde este enfoque, la exposición Magali Lara. El agua no me basta para beberme la vida presenta un acercamiento al archivo personal de Magali Lara, producto de la investigación directa con los materiales y los intercambios sostenidos con la artista durante los últimos dos años. La selección destaca un conjunto de tramas afectivas y prácticas experimentales presentes en su producción durante las décadas de los 70, 80 y 90. El énfasis en su constante movimiento entre la escritura, las artes visuales y las estrategias conceptuales propone una lectura que resalta la intensa búsqueda de las posibilidades del lenguaje cuando las palabras y la imagen no alcanzan para tocar la experiencia de la vida.

Magali Lara. El agua no me basta para beberme la vida. Vista de la exposición en Laguna, Ciudad de México, 2021. Foto: Alma Camelia
Magali Lara. El agua no me basta para beberme la vida. Vista de la exposición en Laguna, Ciudad de México, 2021. Foto: Alma Camelia
Magali Lara, Sobre la vida, 1982. Reprografía a partir de hojas de contacto de obra de arte correo a partir de invitación de Edgardo Antonio Vigo. Foto: Alma Camelia
Agustín Estrada, Retrato de Magali Lara con escoba y poemas escritos en la pared (citas de Grass y Eich), 1983; Fotografías del Evento, Rowena Morales Hebe Rosell y Magali Lara; Manuel Zavala, Mónica Mayer, Rowena Morales y Magali Lara, exposición Propuestas temáticas para el Museo Carrillo Gil y Museo Biblioteca Pape, 1981. Foto: Alma Camelia
Magali Lara, Hoy no participo en la Bienal de São Paulo por Walter Zanini, 1981 Libro de artista. Foto: Alma Camelia

La obra de Magali Lara mantiene un vínculo directo entre la creación artística y literaria. De la poesía visual al arte correo, hasta la colaboración con escritoras y la edición de libros de artista, Lara es un ejemplo fundamental para pensar las relaciones entre visualidad y textualidad. El camino trazado desde la experimentación, durante las décadas de 1970 y 1980, a partir de ejercicios lingüísticos, acciones colaborativas y narrativas visuales, atraviesan una indagación que resalta cómo ciertos códigos y signos comparten, juegan y alternan al mismo tiempo valores verbales y visuales al interior del trabajo artístico. Para mostrar esos matices específicos en el archivo, presentamos un recorrido que involucra temáticas subjetivas o cotidianas a través del collage, el dibujo y la gráfica. Por otro lado, mostramos cómo la pintura resultó una alternativa necesaria en su producción, hacia finales de la década de 1980, tras diversos procesos, búsquedas y vivencias. Este camino, lleno de estratos y enramados, es el que delineamos en la exhibición del acervo.

A través de su presentación pública, confirmamos que cada acervo puede revelar aspectos inesperados, si se atiende de otra forma a las capas del pasado y sus reminiscencias. En el caso del acervo de Lara, saltan a la vista formaciones de diversos lenguajes compartidos con otras mujeres cómplices de la época (Carmen Boullosa, Rita Eder, Maris Bustamante, Rowena Morales, Lourdes Grobet, Mónica Mayer), así como estrechos vínculos afectivos con figuras importantes en su vida personal, como el artista cubano Juan Francisco Elso, donde los presagios que los acompañaron muestran otra manera de vivir los símbolos de la vida desde una sensibilidad espiritual compartida.

Las ramificaciones de la memoria se extienden a través de múltiples formas de hablar en colaboración, tejiendo redes estratégicas, lazos de complicidad y apoyo, vínculos de afecto y procesos de duelo. Si Frida Kahlo escribió “lo que el agua me dio”, en este conjunto encontramos que el agua, como el lenguaje, no alcanza cuando la vida, frente a las pérdidas y los encuentros, se vuelve una búsqueda incesante para compartir lo que fluye.

Rowena Morales, Hebe Rosell y Magali Lara. Instrucciones para el manejo de esquema de identidad, 1983, libro de artista. Foto: Alma Camelia
Magali Lara, Interior con ventilador, acrílico sobre tela, 150 x120 cm. Foto: Alma Camelia
Magali Lara. El agua no me basta para beberme la vida. Vista de la exposición en Laguna, Ciudad de México, 2021. Foto: Alma Camelia
Magali Lara, Serie Mi infancia, 1980. Reprografía. Foto: Alma Camelia

Del 6 de noviembre al 12 de diciembre de 2021 en Laguna, Dr. Erazo 172, Ciudad de México. Un proyecto de Natalia de la Rosa, Roselin Rodríguez y Yacusis. Grupo de Estudios Sub-Críticos.

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