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MICAELA: LA SANGRE DE TODAS. ENTREVISTA A C.J. CHUECA

La galería Vigil Gonzáles (Valle Sagrado del Cusco) presenta Micaela: La sangre de todas, de la artista peruana C.J. Chueca, con quien nos reunimos a conversar acerca de la transformación, el movimiento, el cambio, la muda, la resistencia y lucha de las mujeres.


Luisa Fernanda Lindo: Si bien en los últimos años –y con motivo del Bicentenario– ha habido un reconocimiento desde la literatura, las artes visuales y escénicas a la labor y lucha emprendida por mujeres en la historia del Perú, la presencia de estas ha tendido a figurar como secundaria, como ha sido el caso de Micaela Bastidas. ¿Qué  te motivó a elegir a Micaela como personaje central de tu nueva propuesta expositiva?

C.J. Chueca: Han sido varios motivos y sucesos que se han ido apilando a través de los años y que han salido como un chorro enérgico de agua, literalmente, después del comienzo de la pandemia. El Covid-19 trajo consigo más feminicidios, más violencia, más intolerancia. El estar uno encima del otro en espacios reducidos y luchando por mantenernos sanos física y mentalmente ha sido no solo estresante sino también muy revelador. ​​Varias mujeres han cuestionado los roles que aún se les impone, sobre todo los domésticos, que durante el confinamiento han sido extendidos al límite. No solo limpiar, cocinar, lavar, ahora ser profesoras de sus hijos, ser el apoyo emocional de toda la familia en crisis y más. Recordar a una figura como Micaela Bastidas, una mujer que fue estratega de una rebelión importante dentro de nuestra historia, que fue trascendental para la independencia de nuestro país, también es recordar que siempre se puede luchar, y las cosas pueden cambiar. Micaela era una mujer mestiza, como la gran mayoría de este país (incluyéndome). De origen indígena y español con afro-descendencia. Una mujer que luchó a la par de su compañero, Túpac Amaru II.

CJ Chueca, Piel: Apu I, II y II, 2021, látex y acero inoxidable, pintura, varias dimensiones, piezas únicas. Cortesía: Vigil Gonzáles
Vista de la exposición «Micaela: La sangre de todas», de CJ Chueca, en Vigil Gonzáles, 2021. Cortesía de la galería

LFL: La transformación, el movimiento, el cambio y la muda vienen haciéndose una constante en tu producción. Esto se hacía visible en Somos la noche y el día (2019), en la que abordaste las transiciones permanentes, así como en Dos cielos azules (2018), en la que la migración era el tema central.

C.J.C: Vengo de una historia personal llena de cambios. Algunos impuestos, otros por accidente y varios otros –sobre todo los recientes– hechos por decisión propia. Creo que todos estamos en constante transformación, pero curiosamente nos resistimos a entender la vida como cambiante. Una vez que nos sentimos tranquilos y cómodos en un lugar, con una pareja, etc., queremos aferrarnos a permanecer allí, pero casi nunca pasa que ese instante se vuelva más que unas horas, unos días, unos años. Algo abrupto sucede y nos sorprendemos de cómo la rutina se desdibuja, y tenemos/tendemos a crear una nueva. A veces pienso que me hubiera gustado vivir toda mi infancia en una sola casa y no en ocho. Pero a algunos migrantes nos pasa que el sentido del hogar está relacionado a estar en compañía de algún ser querido aunque no haya un lugar estable, sobre todo si se trata de sobrevivir una situación crítica. La familia se convierte en el hogar, inclusive cuando está a la otra orilla del río.

CJ Chueca, Piel: Apu I, 2021, látex y acero inoxidable, pintura, 90 x 60 cm, pieza única. Cortesía: Vigil Gonzáles

LFL: Me resulta interesante el diálogo que vas estableciendo con los materiales en tu proceso de producción artística. Por ejemplo, luego de varios años retomas el uso de pieles (látex), pero esta vez dispuestas a manera de cerros o montañas; así como el uso de ladrillos, los cuales cobran una nueva significación dada por el color; y otros elementos que cobran protagonismo en esta nueva propuesta como son la serpiente y el río.

C.J.C: Los materiales tienen una significancia per se a nivel sensorial. Este látex que funge de piel es frío, suave y cálido a la vez, y –ciertamente– te acerca a esa sensación de cuando tocas otro cuerpo vivo. Al ladrillo lo tenemos registrado como un objeto para dividir, un muro.  Así es que trato de hacer una alianza con estos materiales, conversar desde sus propias cualidades.

Para la primera sala de mi exhibición pensé en el rojo, el rojo carne, sangre, de rosas rojas, de nuestra bandera; en fin, el rojo que encandila, pero también paraliza. Ahí está esa pared roja de ladrillos de la que hablas. Ese cuarto, donde también está la pintura roja de Micaela lavándose las heridas en el río y la serpiente mestiza. En esa sala yo quería poner al espectador lo más cercano a Micaela, justo después de la tormenta; en el momento de crisis, de dolor, de victoria, de muerte.

La siguiente sala, de las pieles Apus, es una transición. Ahí trato la metamorfosis del espíritu de Micaela Bastidas. Su piel, que casi la podemos tocar, se convierte en Apus (las montañas de los andes asociadas a una divinidad), con lo cual trato de hacer visible esta transmutación. Por último, en la tercera sala, vuelvo a la representación formal a través de dos lienzos en los que pinto a Micaela entrando o saliendo de un remolino de agua y, por otro lado, pinto un segmento de agua cayendo: Micaela Bastidas se ha convertido en agua, y al agua no se la puede parar.

CJ Chueca, Mestiza, 2021, cerámica modelada a mano, 30 x 30 x 30 cm, pieza única. Cortesía: Vigil Gonzáles

LFL: Más allá de la metáfora de la muda a través del cambio de piel, la presencia de la serpiente (Amaru) es de gran importancia en la cosmología andina y está presente en su iconografía desde tiempos remotos. Amaru es también el nombre que adopta José Gabriel Condorcanqui (Túpac Amaru II), esposo de Micaela Bastidas y líder revolucionario indígena que encausó la más ambiciosa rebelión anticolonialista en aras de la independencia del Perú.

C.J.C: Como dices, la serpiente es de gran importancia en la cosmología andina. Mientras que en las culturas prehispánicas del Perú la serpiente fue fuente de sabiduría, en el Génesis de la biblia católica –traída a nuestras tierras por los españoles–, esta figura como símbolo de pecado. Para la exhibición quise mezclar estas dos culturas en fricción y hacer una serpiente de cerámica «Mestiza».

A tu pregunta, pudiese ser Túpac Amaru II, pero también pudiese ser la misma Micaela, o la rebelión. Una serpiente se desliza por el suelo como un río animado, como una calle con curvas. Es sinuosa. Tengo entendido que en la cosmología de Cusco la serpiente representa también al comunicador del cielo a la tierra; una suerte de ser de dos mundos.

CJ Chueca, Cuerpo en Cusco (Micaela), 2021, azulejos con esmalte cerámico, acrílico, panel de yeso y madera, 121,5 x 192 cm, pieza única. Cortesía: Vigil Gonzáles

LFL: Volviendo al río, este ya estaba presente en Dos cielos azules (2018), que marcó tu retorno como artista, así como tu retorno al país luego de 15 años residiendo en Nueva York. En esa propuesta el río aparecía representado por piedras azules que en su desplazamiento iban cobrando la forma de papas o viceversa, dependiendo del lugar de quien lo observara, como una metáfora del campo a la ciudad; sin embargo, esta vez, el río aparece teñido de rojo.

C.J.C: El río está presente en muchas de mis obras. Pienso en la metáfora del río que siempre desemboca en el mar, como la mujer que viene de un pueblo pequeño y se muda a la gran ciudad. Somos muchísimos ríos que terminamos mezclando nuestras aguas claras con las aguas turbias de la ciudad, parafraseando a Javier Heraud. La familia de mi padre migró de Muquiyauyo, un pueblo bellísimo de Jauja, casi con solo lo que llevaban puesto. Sus tierras habían sido llevadas por una crecida del río, ya no les quedaba mucho y decidieron emprender una nueva vida en la capital. Por otro lado, mi abuelo materno quedó huérfano a los seis años y a los 12 huyó al puerto del Callao, se metió en un barco, cruzó los días en altamar y fue adoptado por un marino chileno que lo llevó a Valparaíso, donde creció.

Volviendo al río, he pintado varios ríos. Pienso que el río tiene un significado en mi vida muy especial. También porque no deja de moverse, no deja de irse. El río en esta muestra es rojo, sí. Es un río de sangre. O un río teñido de la sangre de Micaela que se lava las heridas. No sé si decir que el río es el que le limpia las heridas o el que la doblega. Quisiera pensar que es lo primero y que su espíritu continúa viajando con él.

CJ Chueca, Transmutada (ACC), 2021, acrílico sobre tela, 218 x 150 cm. Cortesía: Vigil Gonzáles
CJ Chueca, Unu Kalpay, 2021, acrílico sobre tela, 67 x 82 cm. Cortesía: Vigil Gonzáles

LFL: El color cobra protagonismo en esta propuesta expositiva. Incluso, el programa público que propusiste para acompañar tu muestra consistió en la realización de retratos en acuarelas rojas en la Plaza de Armas de Cusco y en la Plaza de Armas de Urumbamba.

C.J.C: La muestra se llama Micaela: La sangre de todas pensando en las luchas de diferentes mujeres, quienes hemos pasado confrontaciones dolorosas que han transformado nuestras vidas. Quizás existe una voluntad personal de hablar en sentido comunitario en este momento. Por eso quise hacer no una, sino varias Micaelas en la plaza de Urubamba, donde conocí a varias mujeres a las que quise retratar; y en la plaza de armas de Cusco, porque fue allí donde la asesinaron brutalmente. Allí quería pintar a Micaelas de varias edades, pensando en la frase «volveré y seré millones». Pienso que Micaela vuelve en miles de nosotras. 

Los retratos los hice en cartulinas blancas, rojas y guindas; como los colores de la primera sala de la muestra, como los de la sangre, del ladrillo, de la bandera peruana. Creo firmemente que es necesario ser directos para que podamos ser entendidos y criticados al mismo tiempo. Cuando me senté en las plazas a conversar con las niñas y mujeres que se querían retratar, conversábamos sobre Micaela. Varias no sabían quién había sido y quedaban sorprendidas, sobre todo las más chiquitas: «Una mujer cusqueña tan importante», me decían. Otras me hablaban de que ya se aproximaba el día que la celebran (4 de noviembre) o me hablaban del Bicentenario de la Independencia. Luego se llevaban sus retratos, aparentemente contentas o eso quisiera yo pensar.

CJ Chueca y retratada. Cortesía: Vigil Gonzáles

Micaela: la sangre de todas, de CJ Chueca, se presenta hasta el 4 de diciembre de 2021 en Vigil Gonzáles Galería, Jr. Grau 654, Urubamba – Valle Sagrado del Cusco, Perú

Luisa Fernanda Lindo

Lima, 1979. Curadora, escritora y trabajadora del arte. Licenciada en Letras por la Universidad de Buenos Aires (Argentina) y Magíster en Estudios Curatoriales por la Universidad de Navarra (España). Ha obtenido diversas becas y residencias, como la Beca de Posgrado de Fundación Carolina 2018–2019; Beca a la Excelencia de Programas Especiales para Artistas de AMEXCID/SRE (México, 2015); Beca de Residencia Artística de SEGIB y Casa de Velásquez (Madrid, 2015); entre otras. Es directora y curadora de SUERO, espacio temporal para la reflexión, creación y exhibición de arte contemporáneo.

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