OCTUBRE: UN NUEVO GOLPE, EL ORIGEN
Por Jéssica Zambrano Alvarado
La protesta ha sido deslegitimada. Quienes norman el espacio compartido, lo público, lo que transitamos, intentan siempre conservar un orden, a veces, cínico, que mira de lejos, que calla, que intenta que las paredes no hablen, que los objetos sean instrumentos de falsas evidencias de urbanismos dispares, aunque la realidad siempre tenga capas y el orden pueda siempre expandirse hasta explotar. Se enuncia aquella irrupción que rompe con los planes del orden como lo “vandálico”, como si el Vandal.ismo fuera la doctrina y no al contrario.
Hace seis años Juan Carlos Vargas y David Orbea eran dos artistas que emergían en la escena desde el desorden y el desenfado, desde el encuentro con objetos que se desconectaban de la norma, mientras ellos ejercían sus propias derivas. Con aquello armaban su golpe: instalaciones, pinturas, fotografías en una secuencia nueva, fuera de la lógica, “como si leyéramos mal el manual de cómo armar los objetos”, decían para explicar la muestra Vandal.ismo.
Cinco años después de aquel acto de irrupción en las paredes de una galería, de cerrar procesos, de encontrar instrumentos de secuencia para su propio discurso y, de alguna manera, intentar seguir las reglas del juego del arte contemporáneo, ambos han decidido volver al origen. Lo hacen desde las coincidencias que los ha llevado a gestar un lugar común, después de un octubre en crisis, después de una pandemia, desde un nuevo comienzo. Lo hacen desde la madurez que han ganado en sus procesos y que, a diferencia de la euforia que les da la juventud, ahora saben bien a qué se arriesgan cuando dan el golpe.






En esta nueva edición de Vandal.ismo los artistas hacen sus propias banderas. La muestra recoge la insignia multicolor que brandea de forma inconsciente el tránsito de los informales en las calles de Guayaquil y que Orbea ha activado en otros espacios como una presencia que se camufla en el orden de lo patriótico. Ahora, les ha diseñado un conjunto de instrumentos que prepara a los vendedores de la calle para la acción. Usa elementos teóricos, de la música, lemas que repetimos hasta gastarlos, para darles una nueva configuración, un nuevo poder, desde otros actores.
Juan Carlos Vargas toma su estética trash, sus memorias de recorridos punk para diseñar un Ecuador en llamas que se canta, como siempre hemos preferido hacer con las desgracias. Usa la bandera de Black Flag para hacer catarsis como ha acostumbrado en sus últimos trabajos: sale del miedo a través del juego.
Esta muestra es por lo que duele, porque es la única forma en la que saben configurar su enunciación en y para el mundo; y porque no quieren guardar más silencio sabiendo que tienen la posibilidad de ser Vandal.ismo. ¿Esta vez el golpe creará el caos?
Vandalismo.2, de Juanca Vargas y David Orbea, se presenta del 7 al 29 de octubre en Espacio Onder, Mendiburu 230, entre Córdova y Baquerizo Moreno, Guayaquil, Ecuador
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