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PENÉLOPE, O LA TRADICIÓN FEMENINA DE TEJER PARA VENCER

La periferia, del griego “contorno de un círculo o esfera”, es el área más porosa de las ciudades, un territorio que antecede a la frontera, un espacio donde lo urbano convive con lo rural, donde los restos, aquello que “sobra” (social y económicamente) encuentra su hogar.  La periferia acarrea el estigma de lo marginal, lo que no cabe, lo que ha sido expulsado, lo abyecto. Lo que ha de evitarse so pena de sucumbir a su fuerza centrífuga. En las tragedias griegas, el exilio a las afueras de la ciudad era un castigo peor que la muerte.

Estos restos relegados al margen son generados por el exceso del modelo industrial de producción, cuya economía se basa en el lucro y la superabundancia, creando un escenario post-urbano de desechos industriales y arquitecturas improvisadas cuya provisionalidad se convierte en permanencia. Lugares que escapan a las normativas urbanas, estas áreas son tratadas como espacios homogéneos de gentes anónimas y oscuras, olvidando que son precisamente estas personas las que permiten que la maquinaria citadina pueda funcionar. Las comunidades entretejidas que allí habitan, generalmente más generosas y solidarias que aquellas de los barrios centrales y suburbanos, tienen libertad creativa total, aunque poco o ningún acceso al mercado del arte. Son precarias en todo sentido menos el afectivo.           

Vista de la exposición «No hay cielo sin nubes», en Galería AFA, Santiago de Chile, 2021. Foto cortesía de la galería
Vista de la exposición «No hay cielo sin nubes», en Galería AFA, Santiago de Chile, 2021. Foto cortesía de la galería
Vista de la exposición «No hay cielo sin nubes», en Galería AFA, Santiago de Chile, 2021. Foto cortesía de la galería

Claudia Gutiérrez Marfull nació y creció en la periferia de Santiago, en Puente Alto. Retomando la antiquísima y primordial labor de las mujeres, el hilado, esta artista se incorporó a la larga tradición femenina que mueve economías enteras y ha provocado revoluciones y guerras. La primera revolución industrial fue iniciada por la sustitución de trabajadoras por máquinas, siendo varias de éstas destruidas por el movimiento ludita a principios del siglo 19 en Inglaterra. Poco después, la economía algodonera estadounidense, basada en las plantaciones esclavistas del sur, desencadenaría la guerra civil de ese país.

En las Américas, las grandes civilizaciones maya e inca, así como los pueblos originarios, han producido durante miles de años textiles que además de ropaje son objetos sagrados.  En nuestra cultura mapuche, las niñas pasan por la ceremonia de la pichi ñerefe, la pequeña tejedora, donde se les pone telas de llalliñ, araña, en las muñecas o arañitas en las manos de modo que les traspasen los secretos del tejido.  La historia reciente del hilado en Chile incluye las famosas arpilleras de Violeta Parra, quien en 1964 dio a conocer mundialmente esta tradición en el Museo de Artes Decorativas del Louvre; las arpilleras de Isla Negra, cuyos bordados muestran las labores del mar; y las arpilleristas que retrataron con sus hilos la brutalidad de la dictadura pinochetista. Es a estas dos últimas que remiten los tejidos de Claudia, pues son unidimensionales, descriptivas y hechas con hilo grueso y espeso. Lejos de ser paisajísticos o narrativos, los bordados de esta artista pertenecen al llamado post-paisaje, donde predomina lo fragmentario, residual y arruinado, todo aquello que estorba y desnaturaliza al paisaje convencional.

Vista de la exposición «No hay cielo sin nubes», en Galería AFA, Santiago de Chile, 2021. Foto cortesía de la galería
Vista de la exposición «No hay cielo sin nubes», en Galería AFA, Santiago de Chile, 2021. Foto cortesía de la galería
Vista de la exposición «No hay cielo sin nubes», en Galería AFA, Santiago de Chile, 2021. Foto cortesía de la galería

La obra de Claudia muestra rayados de la periferia, terrenos eriazos, basurales y muertes violentas en colores alegres que chocan con la desolación que retratan. Al igual que las arpilleras de Violeta y aquellas que denunciaban a la dictadura, estos bordados perturban y desestabilizan al emparejar a las imágenes con la belleza y el detalle de su labor.  La historia del arte moderno y contemporáneo tiende a descalificar a los tejidos como obras artesanales, relegándole a un estatus secundario al igual que a gran parte del arte realizado por mujeres, que apenas comienza a ser visibilizado.

Los tejidos de Claudia, al igual que los de artistas como Loreto Millalén, Vanessa Barragao, Sheila Hicks y Carlos Arias, muestran cómo la artesanía y el arte se solapan, cómo una visión política va allende las banderas y los símbolos, y cómo una forma artística menospreciada permanece y finalmente vence a través de algo tan aparentemente sencillo e inocuo como un tejido manual.

Vista de la exposición «No hay cielo sin nubes», en Galería AFA, Santiago de Chile, 2021. Foto cortesía de la galería
Vista de la exposición «No hay cielo sin nubes», en Galería AFA, Santiago de Chile, 2021. Foto cortesía de la galería
Vista de la exposición «No hay cielo sin nubes», en Galería AFA, Santiago de Chile, 2021. Foto cortesía de la galería

No hay cielo sin nubes, de Claudia Gutiérrez Marfull, se presenta desde el 29 de septiembre de 2021 en Galería AFA, Franklin 741, Factoría Franklin, Santiago de Chile

Celeste Olalquiaga

Doctora en Estudios Culturales, Columbia University (1990). Autora de "Megalópolis" (1992), "El reino artificial" (1998) y editora de "Downward Spiral: El Helicoide's Descent from Mall to Prison" (2018). Escribe, enseña y realiza curadurías a nivel internacional. En 2020 creó en Instagram el proyecto Miauguerrilla sobre rayados felines de la revuelta, publicando el libro Miauguerrilla en conjunto con Ángela Cura a principios de 2021.

http://celesteolalquiaga.com
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IG: celeste_olalquiaga
IG: miauguerrilla

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