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HABITARES (IN)VISIBLES: LA PARADOJA DE LA MEMORIA

Por María Dolores Ruiz Martinod[1] | Centro de Arte Contemporáneo de Quito

El olvido es necesario para la sociedad y para el individuo. Hay que saber olvidar para saborear el gusto del presente, del instante y de la espera, pero la propia memoria necesita también el olvido: hay que olvidar el pasado reciente para recobrar el pasado remoto.

Las formas del olvido, Marc Augé[2]

El 2020, impregnado por la pandemia producto de la COVID-19, pareciera ser un glitch en el tiempo de la humanidad, una característica no prevista en el timeline, un error que no terminó de descifrarse y que sigue marcando el quehacer de quienes habitamos este periodo histórico.

De algún modo, quizás como mecanismo de defensa, la mente se debate entre el recuerdo y el olvido, para encontrar sentido y narrarse, una y otra vez, un relato que le sea útil, que le permita configurar los días que vendrán.

Y es en medio de este contexto mundial, que atraviesa también el local, que nació el Programa de residencias y talleres (2020), impulsado por el Centro de Arte Contemporáneo (CAC) de Quito, y que se nutrió de la historia del espacio, tomando como referencia conceptual los talleres de producción desarrollados en la década del 90 por figuras icónicas del arte contemporáneo de Ecuador como Pablo Barriga, Jenny Jaramillo, Joset Herrera, Olivia Hidalgo, Diana Valarezo, entre otros.

Este proyecto, que buscó generar espacios de trabajo, producción, investigación, aprendizaje compartido y experimentación artística en relación con otras disciplinas no necesariamente artísticas, seleccionó a nueve artistas y dos colectivos que habitaron parcialmente el espacio (por medidas de bioseguridad) durante cinco meses, y en estrecha relación con el barrio de San Juan. Los y las artistas exploraron y se cuestionaron sobre su proceso creativo, presentando doce obras que, hasta el 29 de agosto de este año, se exhiben en el pabellón 3 y 4 del CAC, bajo el nombre Habitares (in)visibles.

Si bien la exhibición aborda temáticas variadas como el territorio, la conciencia ecológica, las experiencias del cuerpo y su relación con la tecnología, la manera en la que los espacios nos van configurando, entre otras, existe, quizás, un hilo conductor que envuelve a cada propuesta y le da un sentido más trascendente: la memoria y las diferentes formas del olvido como estrategias para entender este presente tan incierto y buscar un cable a tierra para el futuro.

Isabel Llaguno, «Nativas / Regalo de indios, de españoles golosina» en el Centro de Arte Contemporáneo de Quito, 2021. Foto cortesía de CAC Quito
Isabel Llaguno, «Nativas / Regalo de indios, de españoles golosina» en el Centro de Arte Contemporáneo de Quito, 2021. Foto cortesía de CAC Quito
Rhizophora (video) y Sin horizonte, de Lionel Cruet, en «Habitares (in)visibles», Centro de Arte Contemporáneo de Quito, 2021. Foto cortesía de CAC Quito
Emilia González Salgado, Nostalgias destiladas, en «Habitares (in)visibles», Centro de Arte Contemporáneo de Quito, 2021. Foto cortesía de CAC Quito

Un bocado de memoria colectiva o cómo acceder al pasado común, a través de los sentidos

Las artistas Emilia González y Martina Miño Pérez comparten el interés por las huellas que deja la memoria sensorial, es decir, aquella que no pasa por el lenguaje (o quizás maneja otros lenguajes), sino que se asocia directamente a una emoción. Tal como decía Antonio Machado (España, 1875 – 1939), “Sólo recuerdo la emoción de las cosas / Y se me olvida todo lo demás; / Muchas son las lagunas de mi memoria.”[3]

Nostalgias destiladas y Escrito en hielo: archivo gustativo del barrio de San Juan, respectivamente, son obras que, una a través del olfato y otra mediante el gusto, pretenden evocar la sensorialidad común, a aquellos trayectos primigenios que fueron configurando lo que somos y lo que nos conecta con los otros. Aromas y helados, como soporte efímero, para abordar un proceso profundo que nos convoca a todos y nos permite pensarnos más allá de la predominancia visual imperante en la sociedad en la que vivimos.

Por otro lado, pero muy arraigado al acervo gastronómico local, Isabel Llaguno, con su obra Nativas / Regalo de indios, de españoles golosina, explora la memoria social de la papa con el fin de poner en evidencia los valores de los alimentos milenarios de esta parte del mundo. Así, a través de la exposición de las etapas menos conocidas del proceso de cultivo (germinación y floración), la artista propicia el acercamiento del espectador a un nuevo modo de ver y entender la historia gastronómica del Ecuador y enraizar la memoria colectiva desde otros lugares, quizás, menos hegemónicos.

David Jarrín, Dildotectónica. Vista de la exposición «Habitares (in)visibles», en el Centro de Arte Contemporáneo de Quito, 2021. Foto cortesía de CAC Quito
David Jarrín, Dildotectónica. Vista de la exposición «Habitares (in)visibles», en el Centro de Arte Contemporáneo de Quito, 2021. Foto cortesía de CAC Quito
Stephano Espinoza, Juan Oscar y Franco; Hogarcisterna; Shooting blanks. Vista de la exposición «Habitares (in)visibles», en el Centro de Arte Contemporáneo de Quito, 2021. Foto cortesía de CAC Quito
Stephano Espinoza, Hogarcisterna, 2021, óleo sobre panel de laurel, 46 x 57 x 4 cm. Foto cortesía de CAC Quito

“No todo fue hecho para recordar. Pero la memoria es necia”[4]

¿Por qué la memoria decide recordar ciertos episodios y borrar otros? ¿Qué es lo que ordena ese caos mental? ¿Por qué la piel se resiste a olvidar? ¿Qué trae a la orilla ese mar azaroso que es el recuerdo? Ilowasky Ganchala, Stephano Espinoza y David Jarrín, cada uno desde su trinchera, comparten esta evocación a la memoria íntima y a las posibilidades que se desprenden de ella.

Pintar el andar – Deriva Alameda de Ilowasky Ganchala es una muestra de la fuerza creadora de la libre asociación y las conexiones que se generan a través del andar a la deriva con los dos pies bien plantados en el presente. Un ejercicio de contemplación profunda que dibuja escenarios posibles, con los que el espectador puede relacionar distintas emociones.

Por el contrario, el tríptico de Stephano Espinoza (Juan Oscar y Franco, Hogarcisterna, Shooting blanks) y Dildotectónica de David Jarrín recurren a la memoria remota, íntima; a aquellos recuerdos propios y ajenos que nos rehusamos a olvidar, que configuran nuestro ser / actuar y que nos permiten, muchas de las veces, pensarnos de manera más libre. Al final, como diría Ray Loriga (España, 1967), “la vida se amontona en los márgenes de la piel señalada y la piel señalada, se va convirtiendo en una nota al pie de la página de nuestra historia.”[5]

Martina Miño Pérez, «Escrito en hielo: archivo gustativo del barrio de San Juan». Centro de Arte Contemporáneo de Quito, 2021. Foto cortesía de CAC Quito
Martina Miño Pérez, «Escrito en hielo: archivo gustativo del barrio de San Juan». Centro de Arte Contemporáneo de Quito, 2021. Foto cortesía de CAC Quito
Rocío Soria-Díaz, Save and melt. Vista de la exposición «Habitares (in)visibles», en el Centro de Arte Contemporáneo de Quito, 2021. Foto cortesía de CAC Quito

“Let’s overfile together”[6]

¿Y qué pasa con todo lo que decidimos archivar? ¿A dónde van los recuerdos digitales que resolvemos mantener? ¿Estamos conscientes de que todo lo que no olvidamos / borramos se almacena en un espacio que no vemos, pero existe?

Rocío Soria-Díaz, a través de su obra Save and melt, nos alerta sobre la necesidad de comprender las consecuencias de sobre archivarnos / imprimirnos / exponernos en la era digital, y el peligro que esto conlleva con respecto a la naturaleza y su equilibrio.

No muy lejos de esa línea, pero en un plan menos abstracto que la información binaria, el artista Lionel Cruet y el colectivo Sierra Plástica también nos presentan dos obras (Rhizophora y Cuesta Abajo, respectivamente), que exponen la necesidad de olvidar los patrones actuales de consumo y su relación con la naturaleza, y comenzar a construir una relación consciente de respeto mutuo. Según Cruet, “no tener horizonte es no tener una dirección”, por lo que volver la vista hacia la memoria ancestral se convierte en una tarea necesaria e imperante para dibujar un nuevo panorama de convivencia.

Obras de Ilowasky Ganchala en «Habitares (in)visibles», en el Centro de Arte Contemporáneo de Quito, 2021. Foto cortesía de CAC Quito

Lo que habitamos nos habita

Decía César Vallejo (Perú, 1892 – 1938), en su texto No vive ya nadie, que “una casa viene al mundo, no cuando la acaban de edificar, sino cuando empiezan a habitarla”. El colectivo Mal llamado (Tamya Calderón Galvis, Antonio Andrade Laspina y Sebastián Jiménez), a través de diferentes soportes artísticos, deja entrever en su obra este espíritu, así como la necesidad de comenzar a pensar en cómo los espacios que habitamos también nos habitan, moldean y configuran.

Antonio Andrade Laspina nos sumerge en las edificaciones de la década del 70 en Quito, Ecuador, como un pretexto para cuestionarnos sobre la manera en la que la modernidad ha definido los patrones estéticos y relacionales de los hogares, y cómo la memoria los va perpetuando, aunque ya no sean funcionales para quienes los habitan.

En esa misma línea, Sebastián Jiménez, con su obra fotográfica / performática Cuerpo-casa, nos interpela sobre la necesidad de pensar los espacios que habitamos de un modo más inclusivo y amigable con los cuerpos diversos. Un trabajo íntimo que devela lo absurda que puede ser, a veces, la tradición.

Y no muy lejos de ese pensamiento, Tamya Calderón Galvis, a través de su ingeniosa obra A(r)mable, nos invita a preguntarnos críticamente por el carácter armado, estructurado de nuestras casas, dejando vislumbrarla posibilidad de pensar esos espacios, y a nosotros mismos, de una manera más maleable y amable. Un ejercicio potente para olvidarnos conscientemente de prácticas incrustadas en nuestra memoria e imaginar otros escenarios alternativos. 

Si algo nos ha demostrado este momento histórico, como lo menciona la artista Irene Domínguez Jervis en su obra Infinity, es que “todo es efímero, nada es permanente” y, frente a esa realidad tan volátil, intentamos establecer un anclaje que nos enraíce y nos permita pensarnos a futuro. Esa raíz, paradójicamente, es la memoria y las diferentes formas del olvido. Esos son los Habitares (in)visibles: los universos que imaginamos mientras habitamos, la ilusión endeble que construimos, la historia que nos narramos con los retazos propios y ajenos. Parece invisible, pero no lo es tanto. 

Obras de Colectivo Mal llamado en «Habitares (in)visibles», Centro de Arte Contemporáneo de Quito, 2021. Foto cortesía de CAC Quito
Irene Domínguez Jervis, Infinity. Centro de Arte Contemporáneo de Quito, 2021. Foto cortesía de CAC Quito

[1] Comunicadora y productora (1986). Cofundadora de MOMO Creative Lab. Máster en Estudios de la Cultura, con mención en Políticas Culturales (Universidad Andina Simón Bolívar, Quito, Ecuador) y Licenciada en Comunicación Social, con mención en Comunicación para el Desarrollo (Universidad Politécnica Salesiana, Quito, Ecuador). Amplia experiencia en redacción creativa y producción de eventos artísticos. Ha trabajado en varias de las instituciones culturales más importantes del Ecuador como la Fundación Teatro Nacional Sucre (2010 – 2014), el Ministerio de Cultura de Ecuador (2014), la Secretaría de Cultura del Municipio del Distrito Metropolitano de Quito (2015 – 2019) y el Centro de Arte Contemporáneo de Quito (2021). Adicional a esto, ha colaborado de manera independiente con el artista urbano Apitatán, en comunicación y producción (2018 – 2019); con Pío Pío producciones, en producción (2019 – 2020); con el Mercado de la Industria Musical de Ecuador – MIIM, en comunicación y producción (2020); con el blog Radiola, en periodismo musical (2018 – 2019); y con el Festival Encuentros del Otro Cine (EDOC), en comunicación (2021). En el ámbito del periodismo cultural ha publicado en medios internacionales y nacionales como: La continuidad de los libros (ES / AR), Kabudanyaa (ES), El Telégrafo (EC), La Barra Espaciadora (EC), Desde el teatro (EC) y Qulturas (EC). De manera personal escribe ficción y artículos sobre arte, en general, en su página www.lalolacalamidades.wordpress.com.

[2] Augé, Marc. Les formes de l’oubli. Editions Payot. París, Francia. 1998. p. 05.

[3] Machado, Antonio. Poesías completas. ESPASA CALPE S.A. Colección Austral. 1973.

[4] Espinoza, Stephano. Texto que es parte de la obra Juan Oscar y Franco. Habitares (in)visibles. Óleo sobre panel de laurel. Quito, Ecuador. 2021.

[5] Loriga, Ray. Lo que la piel no dice. http://pedacitosdemislibros.blogspot.com/2013/02/lo-que-la-piel-no-dice-de-ray-loriga.html#:~:text=Feb-,%22Lo%20que%20la%20piel%20no%20dice%22%20de%20Ray%20Loriga,a%20imponerse%20sobre%20la%20naturaleza.

[6] Soria-Díaz, Rocío. Texto que es parte de la obra Save and melt. Habitares (in)visibles. Instalación / programación. Quito, Ecuador. 2021.

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