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POR QUÉ NO NECESITAMOS UN MONUMENTO EN HOMENAJE A LA MUJER, NI A LAS MUJERES

Hace pocos días se anunció el resultado del concurso “Monumento en homenaje a las mujeres de Chile”, iniciativa que contó con una convocatoria que invitaba “a todas las mujeres escultoras de Chile a participar en el primer concurso público para realizar una obra escultórica que se constituya en un símbolo inspirador de la riqueza del aporte de la mujer al desarrollo de nuestro país y su amplia diversidad, junto con promover la visibilización de mujeres artistas”.

Esta fue una alianza público-privada en la participó el Ministerio de la Mujer y Equidad de Género, el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, la Municipalidad de Santiago, el Capítulo Chileno del Museo Nacional de la Mujer en las Artes y la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC). Debo reconocer que no me enteré de la convocatoria en su momento, pero me interesa comenzar con ella, puesto que es necesario para comprender el enfoque que se le dio al concurso. A partir de ello, me surgen algunas primeras preguntas: ¿Por qué a la CPC le interesa financiar un homenaje a las mujeres? ¿Por qué invitan exclusivamente a mujeres escultoras? ¿Por qué usan indistintamente “la mujer” y “las mujeres”?

El resultado dio por vencedora a la obra Dionaea, nombre de una planta conocida popularmente como Venus atrapamoscas. Las responsables y ganadoras del proyecto fueron la artista visual Josefina Guilisasti y las arquitectas Cecilia Puga, Paula Velasco y Bárbara Barreda. Al encontrarme con la imagen de la escultura en la página de El Mercurio lo primero que vi fue una vulva, específicamente unos labios vaginales que se juntan en la parte superior (sin nada que parezca un clítoris), y hacia abajo se abren para permitir el ingreso de lxs visitantes. Creo que lo recién descrito es suficiente para afirmar que esta obra no mueve ni un ápice el lugar asignado a la mujer en el régimen normativo heterosexual: basta con considerar su forma, que remite a la biología, y esa participación que consiste en entrar (“para protegerse”, como señaló Puga al diario El Mercurio), y en salir, como volver al útero materno y nacer de él.

El jurado en tanto, valoró lo siguiente: “Es una obra que destaca por su forma y materialidad como también por su apertura imaginativa y evocadora de libre interpretación que va más allá de los estereotipos”. En términos simples, es una obra contemporánea y, por tanto, la aproximación del espectador completa sus posibles sentidos. Así lo entiende también Cecilia Puga, quien declaró en El Mercurio: “No es una obra unívoca o cerrada, como son los monumentos tradicionales”. Como no es una obra unívoca, manifiesto lo que vi en tanto espectadora y teórica feminista del arte.

Dejando mi primera impresión veamos qué dicen las artistas. Guilisasti precisa en su Instagram: “Es una planta carnívora que atrae y seduce al insecto para llevarlo a su espacio interior. Nos interesó como punto de partida para la construcción de una estructura viva y habitable que seduce e invita al espectador a entrar y visitarla, creando un espacio de cohabitación y diálogo en el uso del espacio urbano [el Parque de Los Reyes], cultural y político en el que se emplaza la escultura”.

La planta se llama Venus, que en la mitología romana representa el amor, la belleza y la fertilidad. Convengamos que hace bastante tiempo esta es una representación de lo femenino, y cabe mencionar que ha sido pintada a lo largo de la historia del arte hasta el hartazgo y que, de paso, construyó el lugar pasivo de la mujer en el arte como musa. Pero bueno, retomemos lo planteado en el proyecto: a las creadoras les interesó la seducción, más que lo maternal. Vale recordar entonces que en el binario que define a La Mujer en la matriz moderno-colonial de género (como la define Yuderkys Espinosa), que concuerda con el binario que organiza los géneros, las posibilidades son: “madre-virgen, como la perfección de su cuerpo, o bien bruja-meretriz, como la perversión mayor de su cuerpo/función”, como advirtió Diamela Eltit en un texto de 1987. Hasta ahora solo veo estereotipos y ninguna posibilidad de ir “más allá”, tal como afirmaron los jurados.

Juan Sutil, el presidente de la CPC señaló: “Desde el mundo empresarial estamos orgullosos de colaborar con la realización de esta escultura que refleja la fuerza, la diversidad y los valores de lo femenino, como son la capacidad de tejer redes, de construir en equipo, de acoger en lo íntimo y destacar en lo público”. ¿Los valores de lo femenino? ¿Cuáles son los valores de lo femenino para Sutil? ¿Cuáles serán los valores que quiere defender el mundo empresarial? En momentos en que los feminismos son un movimiento político que ha tomado una fuerza destituyente, para algunos se hace necesario volver a lo femenino tradicional.

Tanto el mayo feminista de 2018, que removió el imaginario patriarcal, como la revuelta de octubre de 2019, han ido cambiando este país profundamente neoliberal y patriarcal, aunque sea redundante decirlo. En este contexto, parece que es necesario un llamado al orden y qué mejor que con un monumento, otro elemento que ha sido fuertemente cuestionado en las crisis políticas presentes en todo el globo, y motivadas por el agobio frente a los abusos y desigualdades de los poderes hegemónicos.

Los monumentos han sido erigidos por y para Hombres, para aquellos que representan el ideal de lo “UNO/masculino-blanco-adulto-heterosexual-occidental”, como bien precisa Eliana Largo en su libro Calles Caminadas. Sutil también planteó que “en Chile hemos estado en deuda con ellas”. De aquí se desprende que el monumento vendría a ser un modo de saldar esa deuda, de darnos aquello que la Historia y la constitución de los Estados reservó para los Hombres, y así seguir atrapándonos en el binario, otro atrapamoscas. La directora del Museo Nacional de la Mujer en las Artes, capítulo Chile, Drina Rendic, declaró: “No me cabe duda de que este homenaje a las mujeres de Chile logrará resistir los embates evolutivos de los tiempos”. ¿A qué se refiere? ¿Será a los embates de las revoluciones?

Con posterioridad al Golpe Militar, en enero de 1974, las salas de exhibición del Departamento de Cultura y Publicaciones del Ministerio de Educación iniciaron su programación con dos muestras que conmemoraban los 25 años desde que las mujeres consiguieron el derecho a voto. En el discurso de inauguración, Luis Droguett, jefe del Departamento de Cultura y Publicaciones del Ministerio de Educación en ese entonces, sostuvo que la fundación del país se vio influida “por la inspiradora guerrera, patria, madre, religiosa, escritora mujer chilena, tierna y valiente. Nuestra cultura se enraiza en su genio”.

¿Serán estos los valores que quiere restituir la clase empresarial y para los que el arte siempre ha sido útil por su capacidad de incidir en el imaginario dominante? Valores que en los setenta y ochenta fueron respondidos por un amplio movimiento de mujeres y feministas, que se articuló también en torno a la defensa de los Derechos Humanos, porque el feminismo no solo tiene que ver con las mujeres.

Como es de esperar, en los setenta y hoy, El Mercurio es el medio oficial para difundir estas ideas/noticias y a ratos pareciera que el pasado sigue demasiado presente. Hoy no necesitamos monumentos falocéntricos impuestos, ni para la mujer, ni para las mujeres, porque la historia no está siendo escrita por los mismos de siempre y porque una “estructura de aproximadamente 13,5 metros de largo, 8,5 metros de ancho y 9,5 metros de altura” no será suficiente para restituir lo que las feministas, que no son solo mujeres cis, han podido movilizar hasta ahora. La oficialidad tiene sus estrategias de normalización en clave de apropiación, pero nosotras las feministas, en nuestra diversidad y múltiples articulaciones que abordan tanto el arte como la política, también.

Mariairis Flores

Marchigüe, Chile, 1990. Es Licenciada y Magíster en Teoría e Historia del Arte por la Universidad de Chile. Actualmente desarrolla una investigación FONDART titulada “Bajo el signo mujer”, dedicada a las exposiciones de mujeres artistas chilenas (1973-1991), es investigadora de Fundación AMA para el proyecto de Documentos Chilenos del S.XX - XXI del ICAA – MFAH (https://icaa.mfah.org/) y colabora con las revistas Artforum y Artishock. Ha trabajado como coordinadora de la Galería BECH y productora del proyecto “Ojos que no ven” de Paz Errázuriz y Jorge Díaz. Se ha desempeñado en diversos proyectos de arte contemporáneo desde el feminismo, la curaduría, la escritura y la gestión. Es co-autora del libro “En Marcha. Ensayos sobre arte, violencia y cuerpo” y autora de “Desbordar el territorio” (2016), publicación desarrollada con el artista Sebastián Calfuqueo. Como investigadora fue parte del proyecto web www.carlosleppe.cl; del libro y video “Arte y política 2005-2015 (fragmentos)” y del proyecto “Mezza: Archivo liberado”.

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