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ALVARO GÓMEZ CAMPUZANO: DE VUELTA AL HILO

Por Eduardo Serrano

La creatividad textil hace parte de la herencia prehistórica y en particular del legado aborigen de América Latina. Ese patrimonio, ampliamente valorado por los más prestigiosos artistas internacionales del textil, comenzando por Anni Albers, a quien se acredita como la introductora del arte textil en la Bauhaus y por ende en el arte moderno, representa un acervo invaluable como inspiración o como fuente de donde beber para introducirse en razonamientos vinculados, no sólo con las características y cualidades específicas de esta modalidad creativa, sino con los propósitos del arte moderno. De hecho, Anni Albers visitó en catorce oportunidades con su esposo, el reconocido pintor Josef Albers, varios países latinoamericanos para estudiar su legado y producción en esta área.

No obstante, una validación de los textiles, no ya como un trabajo simplemente artesanal, sino como una nueva disciplina artística tan legítima como la pintura, la escultura o la arquitectura, no fue tarea fácil. En la misma Bauhaus los consideraban como un oficio femenino y en otros ámbitos los relacionaban con la industria o con tradicionales oficios manuales. Pero, aunque en términos técnicos los textiles están basados en la estructura binaria de trama y urdimbre, el impulso experimental y la actitud analítica que promueven en la actualidad han ampliado considerablemente esta noción, y ahora emergen de transferencias complejas que se han sucedido a través del tiempo.

Es decir, los textiles, como modalidad artística son, ante todo, abstracciones sensoriales que combinan propiedades visuales y tangibles a través de las cuales se reflejan desarrollos geográficos, sociales y estéticos. Pero gracias a Albers y otras artistas que continuaron su derrotero, el arte textil contemporáneo es una vertiente creativa que involucra un sinfín de posibilidades. Así lo ponen de relieve los trabajos de las estadounidenses Sheila Hicks, Lenore Tawney y Claire Zeisler,quienes, alrededor de la década del cincuenta, integraron sus tejidos con la creatividad tridimensional: Hicks con espíritu innovador y experimental, involucrando diversos materiales; Tawney con obras de escala arquitectónica compuestas por miles de hilos relucientes; y Zeiler acudiendo al anudado para liberarse de las limitaciones geométricas y bidimensionales del telar.

También la polaca Magdalena Abakanowicz, quien alrededor de la década del sesenta trasladó sus conocimientos sobre tapicería a la escultura, creando sugestivos ambientes mediante repeticiones de formas de la figura humana; la suiza Elsie Giauque, cuyos textiles incluyen una amplia variedad de materiales incluidas las hojas de maíz; y la colombiana Olga de Amaral, quien por la misma época se hizo conocer por sus obras abstractas a gran escala en las cuales las fibras se cubren frecuentemente con laminillas de oro o plata, son artistas que han contribuido desde distintos ángulos en la inserción de los tejidos en los ámbitos del arte.

Igualmente, el francés Jean Lucat y el español Josep Grau-Garriga, cuyas obras relacionadas con las de los pintores que les fueron contemporáneos, el primero con los figurativos y el segundo con los abstractos, han hecho notables contribuciones al afianzamiento artístico del tejido y la tapicería. Gracias a sus trabajos y al de algunos otros artistas, el arte textil es actualmente valorado como una de las modalidades creativas más significativas, habiendo especializaciones en la materia en connotadas universidades alrededor del mundo.

Vista de la exposición “De vuelta al hilo”, de Álvaro Diego Gómez Campuzano, en Henrique Faría Fine Art, Nueva York, 2021. Cortesía del artista y la galería
Vista de la exposición “De vuelta al hilo”, de Álvaro Diego Gómez Campuzano, en Henrique Faría Fine Art, Nueva York, 2021. Cortesía del artista y la galería
Vista de la exposición “De vuelta al hilo”, de Álvaro Diego Gómez Campuzano, en Henrique Faría Fine Art, Nueva York, 2021. Cortesía del artista y la galería

Una mención especial amerita el colombiano Álvaro Diego Gómez Campuzano (Bogotá, Colombia, 1956) quien, aunque más joven que los mencionados, se convirtió igualmente en pionero del arte textil, haciendo evidente desde 1976 su novedosa consideración de esta materia. El artista enfatizaba en el espacio, el cual intervenía algunas veces a la manera de grandes telones, sostenidos por marcos metálicos que lo subdividían, y otras veces a la manera de construcciones abstractas que se internaban en el espacio colgando de soportes industriales. El objetivo de estas instalaciones era lograr para el espectador un recorrido con diferentes transiciones, a través de los giros de los paneles y los reflejos de los colores.

Se trataba de una de las primeras intervenciones artísticas espaciales, de las primeras instalaciones, modalidad propia del arte contemporáneo, solo que llevada a cabo con técnicas artesanales de tejido que le permitían no solo ejercitar la mente mediante la concentración, sino activar la imaginación y la creatividad.

La mayoría de estas obras, construidas en algodón crudo y cordones de lana que se entretejen en relieve, crea figuras geométricas lineales que son como ideogramas que permiten evocar pentagramas o planos urbanos, puesto que las nociones de verticalidad y horizontalidad son predominantes. El título de estas obras, Creando en Expansión, coincidía con la idea de “la escultura en el campo expandido” planteada precisamente por esa época por la crítica Rosalind Kraus, con lo cual se explicitaba la idea de que sus obras podían considerarse como escultura, o como arquitectura, o como se quiera dentro de la nomenclatura apropiada, a pesar de sus materiales diferentes a los usualmente empleados en esas disciplinas y empero su técnica ancestral.

Álvaro Diego Gómez Campuzano combina desde entonces, como la mayoría de los artistas mencionados, la fabricación tradicional de tejidos con los propósitos del arte moderno y contemporáneo. Y ese sincretismo temporal, esa tendencia a juntar y armonizar épocas con corrientes de pensamiento o ideas disímiles, le ha provisto con la argumentación y la sensibilidad propicia para, por una parte, resignificar el tejido y sustraerlo a ese constreñimiento propio de las definiciones inamovibles y, por otra parte, expresar el eclecticismo del arte contemporáneo acorde con las múltiples posibilidades de la vida moderna.

Pero el artista también llevaba a cabo por ese entonces obras relacionadas con la arquitectura, como Muro Interior, piezaquepresentóenla XIII Bienal de Lausanne en 1987. En esta obra se combinaron áreas densas y áreas transparentes, y el artista incorporó materiales industriales los cuales, mezclados con el algodón y la seda, le proveyeron una estructura adecuada para la exactitud que demandaba la representación.

El trabajo de Álvaro Diego Gómez Campuzano no ha perdido nunca el interés por el experimento, siendo esa la razón por la que sus materiales hayan ido variando, pasando de los mencionados al polipropileno, o a las resinas y la tierra, e inclusive a las bandas industriales, para la producción de determinadas obras. Todas ellas involucran el tejido, pero, por supuesto, cada una demanda una técnica diferente.

Su producción en polipropileno podría calificarse como contundente por sus grandes dimensiones, su gran peso y su intención de encarnar fuerza, torsión, tensión y compresión a través de dos maneras diferentes de tejer: una para producir la cuerda y otra para producir esa forma, apropiadamente, de nudo, de atadura, una noción fundamental en el área del tejido, la cual complementa y devela armoniosamente los procesos envueltos en su realización. De vuelta al hilo, el título de esta muestra, hace referencia a que, a partir del material originario del arte textil, el hilo, y a través de diversas relaciones con otras disciplinas y elementos, se puede llegar a obras enriquecedoras y de vigencia contemporánea, Y con referencia particular al trabajo de Álvaro Diego Gómez Campuzano, su significado puede extenderse a implicar que el artista está siempre dispuesto a recomenzar desde el más antiguo y fundamental elemento del tejido, el hilo, con un nuevo tipo de obras que seguramente reiterarán, de otra manera, su particular combinación de historia y contemporaneidad.

Vista de la exposición “De vuelta al hilo”, de Álvaro Diego Gómez Campuzano, en Henrique Faría Fine Art, Nueva York, 2021. Cortesía del artista y la galería
Vista de la exposición “De vuelta al hilo”, de Álvaro Diego Gómez Campuzano, en Henrique Faría Fine Art, Nueva York, 2021. Cortesía del artista y la galería
Vista de la exposición “De vuelta al hilo”, de Álvaro Diego Gómez Campuzano, en Henrique Faría Fine Art, Nueva York, 2021. Cortesía del artista y la galería
Vista de la exposición “De vuelta al hilo”, de Álvaro Diego Gómez Campuzano, en Henrique Faría Fine Art, Nueva York, 2021. Cortesía del artista y la galería

De vuelta al hilo, de Álvaro Diego Gómez Campuzano, se podrá visitar hasta el 30 de julio de 2021 en Henrique Faría Fine Art, 35 East 67th Street 4th Floor, Nueva York, NY.

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