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KIXPATLA

Kixpatla, cambiar de vista, cambiar de rostro. Arte y Cosmopolítica es un proyecto en torno al arte contemporáneo desarrollado por artistas de diversas comunidades amerindias. Curado por Anahí Luna, Johannes Neurath, Alessandro Questa, Natalia Gabayet e Iván Pérez Téllez, incluye casi setenta obras de más de cuarenta artistas. La exposición se presenta de forma física en el Colegio de San Ildefonso, en la Ciudad de México, y de forma virtual en un micrositio alojado en su página web.

Los cuatro ejes temáticos que estructuran la exhibición, Modernidades, Alteridades, Ensamblajes y Territorios, exploran diversas maneras de concebir al ser humano, necesarias frente a la crisis civilizatoria global e imprescindibles para comprender la dimensión actual de la lucha y resistencia de los pueblos originarios.

El sitio web de la exposición integra la instalación sonora titulada El arte de la palabra, que imagina el posible diálogo entre la multivocalidad de los discursos chamánicos y la poética de escritores contemporáneos en lenguas indígenas. Además, se puede consultar la memoria del seminario académico desarrollado en línea, en el que artistas, investigadores y especialistas se han reunido a reflexionar en torno al arte y la cosmopolítica desde diferentes disciplinas y perspectivas.

Kixpatla significa en lengua náhuatl cambiar simultáneamente de vista y de rostro, y es el concepto clave que define el poder de los adivinos nahua o masewal de la Sierra Norte de Puebla. Nimixpatla o “me cambia la vista/el rostro” define también las experiencias oníricas y de transformación entre las personas y los espíritus invisibles.

Cambiar de vista y a un mismo tiempo de rostro, es la capacidad perceptiva que permite visualizar (e inventar) una alteridad inmanente en los seres, y mediante la cual el mundo mismo y las personas se transforman siempre. El arte contemporáneo es posiblemente la mejor expresión de este principio filosófico masewal, sospechando de la materialidad tanto como de la separación y estabilidad de sujetos y objetos para así evidenciar relaciones relevantes entre ellos que, de otra manera, serían invisibles.

José Benítez Sánchez (El Nayar, Nayarit, México, 1938 – Tepic, Nayarit, México, 2009), El nierika de Tatutsi Xuweri Timaiweme, 1980, estambre y cera sobre tabla de triplay, 122 x 244 cm. Archivo Digital de las Colecciones del Museo Nacional de Antropología. Reproducción autorizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia

Rutas hacia la alteridad

Las obras de Kixpatla exploran, en diferente modo e intensidad, rutas de relación con la alteridad mediante la expansión de la persona más allá del individuo. A diferencia de la conceptualización occidental del individuo como un sujeto total (un cuerpo, un alma, una identidad), la noción de persona en numerosas tradiciones americanas considera que cada persona es divisible y compuesta por diversas otras entidades distintas que llegan a tener intereses contrarios y, por tanto, conflictos. Cada obra incluida en esta exposición demuestra, con diferentes énfasis, la expresión de dicho desbordamiento.

Mutaciones quiméricas

Los procesos de transformación de la persona en seres distintos, si bien son recurrentes, son también necesariamente incompletos. Desde la embriaguez hasta los sueños, las danzas, los procesos terapéuticos, así como el mismo chamanismo, son vividos como experiencias que facilitan y controlan dichas transformaciones. Sin embargo, las mutaciones son siempre imperfectas, reversibles, pues los seres nunca permanecen estables, además de que no logran desprenderse totalmente de sus cuerpos originales y adherirse a sus distintas pieles. El resultado es una constante invención de cuerpos e identidades para formular nuevas posibilidades de relación y, por tanto, nuevos seres. Las obras igualmente quiméricas que conforman esta exposición evidencian este principio de transformación creativa.

Laboratorios de la modernidad

La creación artística es una ruta material para el conocimiento sobre el mundo. En el caso de las sociedades amerindias, sus cantos, danzas, máscaras y ofrendas, por ejemplo, componen visualizaciones de un mundo relacional. Las obras de esta exposición son parte de esos mismos métodos y tecnologías para comprender, problematizar e imaginar el mundo y sus diversas conexiones con el entorno. Así, aspectos ambientales, luchas políticas, relaciones interétnicas, innovaciones e interpretaciones sobre la modernidad son algunas de las principales inspiraciones tanto de los pueblos originarios como de sus artistas contemporáneos.

Baldomero Robles (Villa Alta, Oaxaca, México, 1979), Bené ya´a, de la serie Loö litz beë (La casa del viento), 2011-2016, fotografía digital, 53.5 x 80 cm. Cortesía del artista

MODERNIDADES

Para numerosos artistas, la modernidad es en realidad plural, equívoca y paradójica. Por tanto, en las obras que aquí se exponen, la noción convencional de modernidad es desmantelada para volverla propia de los mundos indígenas amerindios. En esta sección los curadores proponen reconocer cómo las dramáticas experiencias de migración, exilio, discriminación y conflicto se evidencian no sólo como procesos sociales, sino también como elementos centrales de la actividad artística y cosmopolítica.

Las fotografías de Baldomero Robles retratan, a un tiempo, ambientes domésticos y oníricos. El artista recrea aspectos cotidianos que, a sus ojos, se revelan como espacios contrastantes; por un lado, altamente tecnificados, acaso chamánicos, y por el otro, objetos cotidianos de la vida local. En sus fotografías, la utilización de ciertas tecnologías nativas funciona como una interfaz entre el mundo ordinario y un mundo onírico, lo cual las dota de cierta belleza y poder de ensoñación.

María Sosa (Morelia, Michoacán, México, 1985), El enemigo de adentro III, 2020, pasta de caña, acetato, cerámica, porcelana, dibujos en piel bovina, cera, obsidiana, algodón, metal y piedra, 40 x 32 x 16.5 cm. Cortesía de la artista y LLANO (Ciudad de México)

ENSAMBLAJES

Aquí se han seleccionado obras que muestran la particular fuerza que tiene el principio de transformación quimérica en las filosofías amerindias, las cuales insistentemente preguntan sobre quién es el otro. Humanos, animales, plantas, astros y dioses se recombinan y desmantelan bajo un mismo principio, que obsesivamente necesita entender la experiencia del otro mediante la experimentación corporal. Las piezas consideradas en esta sección pueden ser entendidas simultáneamente como tecnologías que posibilitan la transformación y como expresiones de una antropología no occidental.

María Sosa retoma una técnica ancestral purépecha conocida como tatzingueni para la elaboración de su figura El enemigo de adentro III. Hecha con pasta de caña de maíz, goma de bulbos de orquídea y nopal molido, la pieza se inspira en aquellas esculturas de barro de la cultura teotihuacana que los arqueólogos llaman figuras huésped. Se trata de composiciones que muestran cómo la persona está habitada en su interior por una diversidad de seres, dioses o almas, que muchas veces están fuera de su control. En este caso, el interior contiene un diablo cristiano, una moneda, un ojo de vidrio y representaciones coloniales de figuras femeninas, marcadas por la violencia colonial.

El bosque es el tema central en la obra de Giovanni Fabián Guerrero: está en la piel y en los ojos de los personajes, está también en la katárakwa, el armazón que construyen en la fiesta del Corpus para llevar el bosque a cuestas y bailarlo, celebrando así la vida y su territorio. El mismo bosque se manifiesta también en los taresï, los viejos, figuras prehispánicas de piedra que la gente encuentra en el monte para convertirlas en guardianes de los graneros. Con estos seres se vincula el pasado y el futuro de la gente de la comunidad. El bosque, inspiración de la obra del artista, fue también el motivo principal para que, en 2011, surgiera el gran movimiento contra los talamontes —o rapamontes, como les llama el autor— a favor de la autonomía política de Cherán K’eri.

La pintura wixarika de José Benítez Sánchez es un buen ejemplo para apreciar la tendencia de figuraciones amerindias de generar imágenes a partir de sí mismas. Como afirma el artista, nierika se refiere a una visión iniciática o un instrumento para ver. Benítez ofrece una explicación de cada uno de los detalles del cuadro, que refieren a lugares sagrados y eventos cosmogónicos; pero la obra también invita a obtener visiones, a inventar y a descubrir. Mirando la tabla durante unos momentos, el espacio se vuelve tridimensional y empezamos a descubrir más y más figuras. Los grandes elementos circulares, por ejemplo, se convierten en ojos de un ancestro que nos mira.

Kayum Ma´ax, (Ocosingo, Chiapas, México, 1958). No molestes, quiero vivir. Jaguar, 2015, acrílico sobre tela, 120 x 120 cm. Colección particular
Rember Yahuarcani (Ancón Colonia, Río Ampiyacú, Loreto, Perú, 1986), Los primeros humanos conquistan a la mujer Arco Iris, la acomodan para que el cielo no caiga a la tierra, 2017, acrílico y llanchama sobre lienzo, 170 x 170 cm. Cortesía del Museo Central (MUCEN) – Banco Central de Reserva del Perú

ALTERIDADES

Las obras de esta sección proponen visualizaciones de la otredad, tales como la imagen del invasor o de diferentes seres perniciosos, susceptibles de tornarse luego en aliados, ancestros y potenciales miembros de una misma sociedad en expansión. Bosquejar a sus antagonistas para controlarlos o, incluso, transformarlos en parientes y ancestros, es una marca característica de las estrategias cosmopolíticas desarrolladas por las sociedades amerindias tanto en sus constantes negociaciones entre sí como con la sociedad dominante.

En la pintura No molestes, quiero vivir. Jaguar, de Kayum Ma´ax, algunos lacandones y sus perros entran a la selva, el territorio del jaguar. El felino está molesto con esta intrusión y ataca ferozmente a uno de los perros. La composición alude, por un lado, a la pérdida acelerada del territorio que sufren los animales de la selva y que complica la convivencia con los humanos y, por el otro, a las relaciones de depredación prevalentes en la selva lacandona.

Noé Martínez presenta una instalación que otorga un cuerpo a sus propios ancestros, a quienes añora mientras explora algunos principios de las cosmogonías teenek y nahua de San Luis Potosí. En ellas, los ancestros se manifiestan a través del sonido del viento al impactar con las casas, los árboles, las milpas o las montañas, revelando así sus presencias. El lenguaje es, en efecto, una capacidad meta humana. Más allá del lenguaje, Martínez convoca una colección de cuerpos, una materialización y multiplicación de voces, identidades y naturalezas. El autor vincula sus propias experiencias con saberes y conceptos de pueblos originarios u originarios de México a problemas sociales como la desaparición forzada, la emigración o los procesos políticos autonómicos.

Noé Martínez (Morelia, Michoacán, México, 1986), La última parte del cuerpo, 2019, ensamble de láminas de aluminio con obsidiana, cerámica, concha de mar y cerámica de alta temperatura, 12.65 x 7.76 m. Vista de instalación en Sala Siqueiros, CDMX. Cortesía del artista y LLANO (Ciudad de México)
Colectivo de hombres adultos wauja bajo la orientación de Itsautaku Wauja (Aldea Piyulaga, Mato Grosso, Brasil). Máscaras atujuwá que danzan en la plaza de Piyulaga, la principal aldea wauja

TERRITORIOS

Las obras de los artistas contemporáneos pueden ser consideradas una forma específica de representar las preocupaciones históricas y los argumentos políticos que los movimientos indígenas esgrimen en defensa de sus territorios y del reconocimiento de sus manifestaciones culturales como elementos constitutivos de sus comunidades. La vida cultural sucede en espacios en donde se coproducen sustentabilidades socioambientales, amenazadas por la dominación política del Estado, por el extractivismo geocapitalista y los efectos acumulados del cambio climático global. Principalmente el agua y la tierra, junto con los bosques, la tradición milpera y la fauna endémica se conjugan con distintos inframundos que alimentan el imaginario artístico para formular obras que manifiestan una posición crítica y de protesta ante el acoso que padecen las comunidades amerindias.

El arte wixarika es muchas veces promovido como nierika, un término polisémico que refiere a visiones iniciáticas —el don de ver de los chamanes— y a objetos rituales, que son instrumentos para ver. Nierika es también el tema y la forma de muchas obras del arte contemporáneo wixarika que versan sobre la experiencia de obtener visiones. En la obra de Hilaria Chávez Carrillo vemos un grupo de ancestros y chamanes realizar rituales y cacerías. El efecto de estas prácticas es que, en medio de la luz, aparece la visión del amanecer.

La Masacre de Wounded Knee en 1890 es uno de los episodios más atroces de la Guerra de los Estados Unidos contra los nativos de Norteamérica. Alrededor de trescientos hombres, mujeres y niños lakota fueron fusilados por el 7° Regimiento de Caballería. A manera de diálogo continuo con la historia, el artista anishinaabe Jim Denomie vincula la masacre con un episodio del conflicto actual, cuando la policía echó cañonazos de agua sobre el campamento de los activistas de Standing Rock Sioux, que protestaban contra la construcción del oleoducto que cruzaría su territorio. Denomie denuncia el aspecto racista del ataque contra personas morenas por parte de hombres blancos al servicio de las compañías petroleras.

Hilaria Chávez Carrillo (Tepic, Nayarit, México), De donde viene la gente, 2019, estambre sobre cera de Campeche, 120 x 120 cm. Pieza promovida por Arte Yawí
Jim Denomie (Lac Courte Oreilles, Wisconsin, EUA, 1955), Wounded Knee 2016, 2018, óleo sobre lienzo, 228.6 x 304 cm. Colección del Davis Museum en Wellesley College. Cortesía del artista y Bockley Gallery ©Jim Denomie

El arte de Fernando Palma forma parte del activismo de la comunidad Calpulli Tecalco, en el pueblo nahua San Pedro Atocpan, Milpa Alta, a favor de la lengua náhuatl, la defensa de la milpa tradicional, del agua y de los bosques. En estas luchas, el coyote es un nagual, alter ego o animal compañero, y también un aliado en la protección del territorio ancestral.

A partir de la ingeniería mecatrónica, Fernando Palma logra dar vida a antiguos dioses y naguales mesoamericanos, y a los principios tecnológicos del arte ritual mexica. Estos ancestros no son figuras inertes sino robots. Siempre están en movimiento. Compuestos de muy diversos materiales, conectan el pasado prehispánico con el presente de la comunidad e interactúan con quienes se relacionan con ellos.

Natureza Morta, de Denilson Baniwa, integra una serie de tres dibujos digitales que representan un jaguar, una guacamaya y un chamán (sólo este último presente en esta exposición). Las figuras están dibujadas sobre un fondo de fotografía satelital de la selva amazónica en proceso de devastación. La obra es una reflexión crítica e histórica sobre una doble idea de la muerte: la destrucción de la selva como la muerte física y cultural de los indígenas amazónicos. Una segunda línea de reflexión se refiere al anacronismo del género artístico europeo del mismo nombre. Natureza Morta es un hito del artivismo indígena que denuncia la necropolítica del Estado brasileño como un plan político-religioso para acelerar el fin del mundo, es decir, de una caída del cielo, en términos propiamente chamánicos.

Mediante la utilización de trajes tradicionales del carnaval de San Francisco Coapan, Puebla, la instalación multimedia de Federico Cuatlacuatl explora y amplifica conceptualmente el peso de una historia de colonización fragmentaria. Consecuentemente, evoca elementos de los sistemas de poder y desplazamiento que han forzado la emigración de más de la mitad de la población de esta comunidad a los Estados Unidos. La obra expone un antropoceno sociopolítico en donde se encuentran identidades trans-fronterizas de otredad, lo extranjerizado, origen y amenaza, invadido e invasor, el pinche indio.

Fernando Palma Rodríguez (Milpa Alta, Ciudad de México, México, 1957), Coyote inalienable, 2013, estructura de metal, cabello, circuitos electrónicos y sensores, dimensiones variables. Cortesía del artista y Gaga, Ciudad de México y Los Ángeles
Denilson Baniwa (Barcelos, Amazonas, Brasil, 1984), Natureza Morta, 2018, dibujo digital, 3 x 2.5 m. Colección del artista
Federico Cuatlacuatl (Cholula, Puebla, México, 1991), Tiemperos del Antropoceno, 2017, instalación multimedia. Foto: David Morales, 2020. Video: cortesía del artista

EL ARTE DE LA PALABRA

En los pueblos amerindios, la oralidad juega un papel fundamental en la transmisión de todo tipo de conocimientos, entre ellos los saberes prácticos y cotidianos, los mitológicos, chamánicos e incluso poéticos. El poder de la palabra es fundamental para nombrar lo inasible. El arte de la palabra en Kixpatla busca mostrar el diálogo entre los discursos chamánicos y la poética de los escritores indígenas contemporáneos, y develar cómo es que desde la antropología es posible comprender el carácter inmediato de los lenguajes poéticos y rituales.

A través de un conjunto de grabaciones disponibles en el sitio web de la exposición, y en el canal de YouTube de San Ildefonso, el público asiste a una polifonía de voces que revela un mundo radicalmente distinto. La selección de las obras que acompañan esta instalación obedece justamente a la idea de que la poesía contemporánea y los cantos chamánicos poseen características similares que, a través de la utilización de recursos poéticos determinados, permiten percibir los mundos invisibles que nos describen.

En este registro sonoro participan los cantores y poetas Leocadio Enrique, Angelina Díaz Suyul, María Sabina, Hubert Matiúwà, Martín Tonalmeyotl, Marcos José Antonio, Don Extava P’in, Natalia Toledo y Humberto Ak’abal.

Puedes visitar la exposición virtual y su recorrido 360° aquí.

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