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DE LO MÍO. IDENTIDAD MARRÓN Y HERENCIA DOMINICANA

Jenkins Johnson Projects, en Nueva York, presenta De Lo Mío, una exposición que reúne a un grupo de artistas unidas por su herencia marrón y dominicana: Bianca Nemelc, Joiri Minaya, Mónica Hernández, Uzumaki Cepeda, Tiffany Alfonseca y Verónica Fernández. Curada por Tiffany Alfonseca, en conversación con César García-Alvarez, la muestra concibe la identidad no como un conjunto definible de asociaciones, sino como una constelación de posiciones, cada una ubicada a diferentes distancias de una cultura compartida.

A través de su práctica, las artistas desafían la noción de que la geografía por sí sola define una cultura, homogenizando micro-identidades, múltiples pasados personales y colectivos, experiencias vividas. Por el contrario, cada artista brinda una perspectiva única, a contracorriente de las lecturas de la historia del arte sedientas de discursos cohesivos y, por tanto, simplificados.

De Lo Mío es una introducción a una serie de proyectos futuros que Alfonseca está desarrollando con la intención de ampliar la narrativa de la historia del arte del Caribe. No se trata, en estricto rigor, de una muestra de arte dominicano o de arte latinx, sino de una presentación que busca cuestionar las formas problemáticas que suelen tomar muchas de las exposiciones basadas en género o geografía. En este sentido, la tendencia a encasillar, o a construir una identidad o clasificación en el arte –a partir del género, la raza o el lugar de origen- borra la riqueza de las singularidades y diferencias e, incluso, su potencial de desplegarse.

Como comentaba César García-Alvarez en una conversación vía Zoom con las artistas, en el mundo del arte –en particular las instituciones y el mercado- se tiende a establecer categorías abarcadoras o guiar a les artistas en cómo deben definirse. “Nunca debes hacerle eso a un artista. No solo es increíblemente ignorante y racista, sino que creo que nadie tiene la autoridad de exigirlo a otra persona. La identidad es situacional, es algo que está determinado, en primer lugar, por la persona que está definiendo su sentido de sí misma, pero también es algo inevitablemente moldeado por el lugar y las circunstancias, tanto por la temporalidad como por la espacialidad”.

Si bien cada artista aporta su propia voz a la exposición, su trabajo se cruza, a veces, con algunas preguntas difíciles pero necesarias: ¿Cómo se rinde homenaje a la cultura visual dominicana sin reforzar los estereotipos forjados por las instituciones y la cultura popular? ¿Cómo mantener la conexión con nuestras raíces y generaciones anteriores? ¿Cómo se solidarizan los afrolatinxs con los afroamericanos sin descartar las significativas especificidades de su latinidad? De Lo Mío no pretende dar respuestas a estas preguntas, sino que busca gatillar conversaciones públicas pendientes sobre estos temas.

Tiffany Alfonseca, Romi, 2021, escarcha, acrílico y carboncillo sobre tela en bastidor, 121.9 x 152.4 cm. Cortesía de la artista y Jenkins Johnson
Tiffany Alfonseca, Romi, 2021, escarcha, acrílico y carboncillo sobre tela en bastidor, 121.9 x 152.4 cm. Cortesía de la artista y Jenkins Johnson
Verónica Fernández, Between This and Myself (You Never See Me), 2021, óleo sobre tela, 122 x 152 cm. Cortesía de la artista y Jenkins Johnson

Sobre las artistas

Tiffany Alfonseca (1994) es un artista dominicano-estadounidense que vive en El Bronx (Nueva York), cuyas pinturas de colores vibrantes celebran la cultura de la diáspora negra y afrolatina. “Mi trabajo, diría, se trata de simplemente normalizar la figura negra y marrón, tratar de alejarme de la idea de fetichizarla. Que esté bien ser marrón en Estados Unidos”, explica la artista.

Alfonseca se nutre continuamente de sus raíces afro-dominicanas y las aprovecha como palanca conceptual para su práctica artística. Además, su trabajo articula visualmente la noción de que la diáspora negra y afrolatina no conforman un monolito, sino que estas comunidades son una cornucopia cultural que es vasta, variada y compleja. La obra de Alfonseca es una intrincada combinación de belleza, diversidad y multilingüismo que ejemplifica la fuerza de la diáspora negra y afrolatina. Estas narrativas se abren a otros diálogos, sobre la feminidad, el colorismo, la clase, la familia, el ritual y la memoria, para ir creando un entramado ontológico.

A través de un lenguaje gráfico-figurativo, Bianca Nemelc (1991) indaga en la conexión simbiótica entre la figura femenina y el mundo natural. El imaginario de sus pinturas está inspirado libremente en los paisajes tropicales y caribeños de sus raíces familiares. Nacida y criada en la ciudad de Nueva York, la artista emprende un viaje introspectivo hacia su identidad, enfocándose en su herencia dominicana mediante el uso del color marrón para componer fragmentos de desnudos femeninos.

Joiri Minaya (1990) es una artista dominicano-estadounidense que vive en Nueva York, ya conocida internacionalmente por sus investigaciones sobre los estereotipos de la feminidad dominicana, en un intento por comprender dónde se originaron estas construcciones y cómo circulan. “Me interesa la representación de las mujeres negras y morenas en el Caribe, y en los trópicos en general, y cómo esa historia colonial ha informado la forma en que todavía vemos esas imágenes”, señala. Para esta exposición, presenta collages compuestos por cuerpos fragmentados encontrados al realizar búsquedas en Google de la frase «mujer dominicana».

Mónica Hernández (1995) nació en República Dominicana y vive en El Bronx. Sus pinturas son escenas imaginadas que se basan en experiencias ocultas que van desde la culpa religiosa hasta la ansiedad corporal, pasando por la aculturación del bilingüismo. No solo sus figuras desnudas femeninas remiten a nociones del cuerpo, el deseo, la sexualidad, la identidad y la representación de la mujer en la pintura, sino también a los espacios domésticos en los que estas son protagonistas. “Para mí”, explica la artista, “estos espacios interiores están en constante cambio, especialmente cuando me mudé de República Dominicana a EEUU: una sala de estar o un comedor pueden convertirse en dormitorio”.

Los espacios interiores configuran ‘tableaux textiles’ en las instalaciones sensoriales de Uzumaki Cepeda (1995), donde vemos objetos y mobiliario cotidianos cubiertos con pieles sintéticas de colores brillantes. Más allá de su apariencia juguetona, plácida y acogedora, estas ambientaciones están llamadas a ser “espacios seguros para las personas negras y morenas de todo el mundo”, según la artista, quien busca abordar a través de ellas los estigmas de la homofobia, la transfobia, el racismo y el colorismo que a menudo afectan a las personas queer y a las mujeres desprotegidas por las políticas de EEUU.

Finalmente, Verónica Fernández (1998) analiza las relaciones entre las personas y sus entornos, utilizando con frecuencia recuerdos y experiencias personales en sus coloridos lienzos. Sus composiciones, de texturas eclécticas, se valen de la fragmentación y la abstracción del espacio para construir narrativas sobre cómo el entorno determina la experiencia de vida en las personas.

Mónica Hernández, Clipped, 2021, óleo sobre tela, 76.2 x 61 cm. Cortesía de la artista y Jenkins Johnson
Bianca Nemelc, Flowers in Bloom, 2020, óleo sobre tela, 101.6 x 101.6 cm. Cortesía de la artista y Jenkins Johnson
Uzumaki Cepeda, Stuck Between a Rock and a Hard Place, 2021, piel sintética sobre objetos encontrados, dimensiones variables. Cortesía de la artista y Jenkins Johnson

DE LO MÍO

Jenkins Johnson Projects, 207 Ocean Avenue, Brooklyn, Nueva York

Del 13 de febrero al 27 de marzo de 2021

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