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CONSTRUYENDO IMAGINACIÓN ARTÍSTICO-POLÍTICA. CONVERSACIÓN CON NANCY GARÍN

Nancy Garín (Chile, 1972) es periodista, investigadora en arte y curadora independiente, aunque estos límites son difusos. Formalmente estudió periodismo, y su aproximación al arte es experimental, como una expansión de su campo de acción política. Actualmente, junto con el arquitecto y filósofo Antoine Silvestre, desarrollan Espectros de lo urbano, un proyecto en diversos formatos que toma el pensamiento urbano crítico para analizar cómo se construye la ciudad y sus discursos, en vinculación con los procesos neoliberales. Junto con el artista Fito Conesa gana la beca Art for Change de la Fundación La Caixa para realizar el proyecto Universo Eutópico, que trabaja con vecinas y vecinos del barrio El Raval en Barcelona.

En su trayectoria, el trabajo colectivo es una constante: ha sido parte del Colectivo Etcétera, de la Internacional Errorista, y desde el 2012, como parte del Equipo re –junto a Aimar Arriola y Linda Valdés-, lleva adelante el proyecto Anarchivo Sida, investigación dedicada a la producción política, visual y performativa en torno al VIH/Sida de Chile y España a finales de los 80 y principios de los 90, y que se ha materializado en exposiciones, talleres y seminarios. Desde la asociatividad ha explorado en nuevas pedagogías, el pensamiento decolonial, las implicancias del archivo y la memoria política reciente de los contextos que la involucran.

La siguiente conversación no surge a partir de un hito específico, sino que revisa un extenso recorrido que se inicia en Chile a principios de los 90, pasa por Argentina y tiene su presente en Barcelona. Tuvo lugar mientras Nancy se encontraba de visita en Santiago y fue realizada vía Zoom.

Afiche Fiesta Spandex, 1991. Cortesía: Nancy Garín/Anarchivo Sida

Mariairis Flores: Para partir me interesa conversar sobre tu devenir artista, lo planteo como un devenir porque no es parte de tu formación inicial, pero si tiene que ver con una práctica, con un hacer, con combinar distintas disciplinas y con la experimentación, con el ensayo y el error que creo que son conceptos que atraviesan todo tu trabajo.

Nancy Garín: Para empezar, voy a retroceder un poco para hablar de mi llegada a Chile. Yo soy hija del exilio, con mi familia tuvimos que salir de Chile producto de la dictadura cívico-militar de Augusto Pinochet; mi hermana (Loreto Garín) y yo éramos muy chicas… y llegamos a Colombia, una sociedad potente que nos recibió de muy buena manera. Mi mamá, quien también es periodista por el devenir, ya que no lo estudió como carrera, había venido a cubrir el plebiscito del 88 y luego volvió a Colombia, pero apenas ganó el “NO” en el año 89 retornamos, porque para ella era muy importante volver.

El retorno para mi hermana y para mí fue muy duro. Me quedaba un año de colegio todavía, tenía mi vida de adolescente hecha y mi hermana venía entrando a la pre-adolescencia, teníamos nuestros amigos, una rutina y llegar a este país, que se había abierto, que estaba feliz, para nosotras fue un choque muy fuerte, un choque en positivo y en negativo. Lo positivo fue ver cómo nuestra madre sentía que volvía a nacer, volvía a llenarse de vida y de orgullo… Cuando llegamos era un momento de explosión entre lo político y lo cultural, de retomar algo del proyecto anterior destruido por la dictadura militar. Yo como joven entrando a la adultez, abracé lo que estaba ocurriendo aquí. Entre el 89 y el 91 en Chile hubo una apertura enorme de muchos espacios de contracultura, se generaron redes de espacios contraculturales súper potentes. Cuando viene la apertura eso florece, pero entre el 91-92 hay un nuevo proceso de cierre muy brutal. El discurso de la Transición Democrática colinda con esta apertura y también con la necesidad de cerrar, para poder instalar el proceso neoliberal y para mí eso fue muy violento.

En el 91 y el 92 hay mucha persecución a todo, se clausuran un montón de espacios. Tuve la oportunidad maravillosa de asistir a cosas como por ejemplo las Fiestas Spandex, las primeras en el teatro Esmeralda y después en el Teatro Carrera, las que son clausuradas muy pronto por el gobierno. Me acuerdo de lo que estaba ocurriendo en el Museo Nacional de Bellas Artes, la performance de Las Yeguas del Apocalipsis o la de Patricia Rivadeneira, por ejemplo. Lo que ocurría en El Trolley, también clausurado. Todo eso que para nosotros como adolescentes y gente que estaba entrando en edad adulta era un lugar de aprendizaje, de repente empieza a clausurarse.

Vengo de una familia bastante politizada. Además, al volver aquí, mi madre se empareja con una persona que había sido parte de la resistencia política, entonces mi contexto es y ha sido muy politizado. Entré a la cultura y el arte de manera muy azarosa, porque yo estudié periodismo y cuando estaba terminando la carrera, me tocó trabajar en el diario La Nación, en cultura específicamente. En ese momento la sección la dirigía María Eugenia Meza, una de las personas que durante la dictadura resistió en espacios de páginas de cultura, en los diarios de derecha haciendo política desde lo cultural. Cuando no se podía hablar de contracultura, ella escribía sobre el Colectivo Wurlitzer, sobre la obra de Víctor Hugo Codocedo y de Las Yeguas del Apocalipsis. Yo llegué a esa sección de cultura, que en ese momento tenía cuatro páginas, las que luego fueron disminuyendo cada vez más hasta que desaparecieron. Terminé periodismo en el 95 y en ese momento ya militaba en organizaciones de Derechos Humanos. De hecho, soy parte de los primeros grupos que impulsan la creación de La Funa como herramienta de denuncia a los responsables de la violación de DD.HH durante la dictadura.

Además, estaba trabajando en algunos colectivos universitarios, como los de la Católica, y justo en ese momento (1998) ganamos la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica (FEUC). Para poder seguir trabajando en la federación, yo tenía que entrar a la universidad y encontré la unión perfecta entre lo que necesitaba en el campo profesional y lo que necesitaba en mi militancia política, y así entré a Estética. María Eugenia había estudiado allí y siempre me hablaba de esa escuela como un pequeño oasis que también había resistido durante la dictadura militar, porque nunca sacaron a los profesores; entonces tú encontrabas en la escuela una serie de materiales que en ninguna escuela había a nivel de filosofía del arte. Cuando yo estaba en estética entró una de las primeras profesoras que venía retornando y que impartía estética marxista… que alguien te estuviera hablando de estética marxista a fines de los 90 era lo más…

Aquí no había muchos libros de Marx circulando post dictadura todavía. Entonces, fue una unión entre el campo de la militancia política y el campo profesional. Y esta federación en particular y todo lo que significó la activación política de finales de los 90, que hoy día se conoce muy poco, nadie se acuerda que antes de los secundarios del 2006 hubo algo, un pequeño puente entre lo que ocurrió con la resistencia a la dictadura militar y lo que va a ser el movimiento pingüino en los 2000, y ese puente somos nosotros y un montón de secundarios muy silenciados. Ese movimiento del 90 se frustró muy rápidamente cuando viene el cambio entre Frei y Lagos. La entrada de Ricardo Lagos al gobierno produce un retroceso de un movimiento social muy activo. Fue una cancelación a una generación, a los que estuvimos militando en los 90, a quienes se nos repitió sistemáticamente que no nos opusiéramos a la transición… por el miedo a la dictadura, por el miedo a los milicos. Nosotros veníamos con un pequeño deseo de articular lo político desde un otro lugar y ahí entra el campo del arte a hacer como una especie de guiño rápido, de decirnos: si el discurso político está tan desgastado quizá hay otras formas de construir o hay otras maneras y otras herramientas en que lo político puede tener una potencia más grande.

En el año 99 perdimos la federación, hay una crisis en la Confederación de Estudiantes de Chile (CONFECH) y también a nivel sindical. El último ajuste de las leyes laborales hace que el sindicalismo desaparezca del todo, y empieza una persecución al movimiento mapuche. Se articula un movimiento mapuche en Santiago y a los dos años viene la Ley Antiterrorista. Mucha persecución, bastante desconocida actualmente, pero mucha persecución a finales de los 90, al principio de los 2000. Esto me provocó una crisis; todo se tornó muy hostil y decidí irme a Argentina. Entre medio, a finales de los 90, nos van echando de La Nación y nos vamos a trabajar a la Radio Tierra con María Eugenia, que entra a la dirección. Es el momento en que Pedro Lemebel estaba leyendo sus crónicas en la radio. Fue un gran momento.

Operación BANG. Fundación del Movimiento Errorista. 4° Cumbre de las Américas, 2005, Mar del Plata, Argentina. Foto: Archivo Etcétera

Para mí la escuela del colectivo Etcétera fue sacarme todos los prejuicios respecto del lugar que se ocupa en lo social y confirmar que el arte es una herramienta de lucha muy potente. Es una herramienta de construcción política y de construcción epistemológica, de saberes.


MF: Radio Tierra fue un espacio que logró sobrevivir a esto que me señalabas de la clausura que se vivió a principios de los 90. Fue un espacio de resistencia a la normalización de la Transición, a este consenso que se tenía que vivir en todas partes y en todos los niveles, porque se necesitaba tranquilidad, calma, acuerdo…

NG: Totalmente, además de silencio y olvido. Por eso también me hice parte del colectivo que inició acciones de La Funa, de los movimientos de Derechos Humanos… porque rápidamente se produjo ese tránsito, fue una cancelación sistemática. A nosotros en La Nación nos fueron reduciendo las páginas de cultura rápidamente y la página que nos quitaban se la daban a espectáculos. De ahí nos fuimos a la Radio Tierra. A María Eugenia la llamaron para ser directora de la radio y estuvimos ahí un año y medio y fue un lugar de la resistencia, como dices tú, pero más de esta resistencia cultural. De ahí me fui a Cuarto Propio a trabajar un proyecto sobre democratización de la lectura que hicimos con Marisol Vera; fue un intento maravilloso por replicar lo que había sido la editorial Quimantú durante la Unidad Popular. Marisol fue otra gran escuela del arte, la cultura, el feminismo y el pensamiento crítico. Entremedio militaba en la Católica, donde nos preguntábamos cómo lograr una militancia y una forma de discurso político desde otro lugar. Me acuerdo haber hecho acciones que hoy pueden parecer ingenuas, pero en ese momento no lo eran, como por ejemplo haber llenado los patios de la universidad con páginas de diario, fotocopias de páginas de diarios sobre el 11 de septiembre.

Y después, cuando vino todo ese momento de cancelación me fui a Argentina. Allí mi hermana ya tenía el Colectivo Etcétera, que por lo demás, estaba activo desde el 97, y había tenido varias colaboraciones con el movimiento político chileno de ese entonces. Etcétera venía a Santiago de Chile para el 11 de septiembre y aquí, al menos en dos años, hicieron acciones junto a colectivos universitarios y de trabajadores en las marchas del 11. En ese tiempo yo participaba del colectivo Maestranza y junto con colectivos de trabajadores, de universitarios y con el colectivo Meli Wixan Mapu, que fue una de las primeras organizaciones Mapuche acá en Santiago, participamos de unos talleres de gráfica que dio Etcétera. Trabajamos alrededor de cuatro días en colectivo pensando qué imagen podíamos hacer de gráfica para el 11 de septiembre y marchamos todos con un cartel como pechero que tenía un peón y se llamó “movimiento peonista”, aludiendo al juego del peón, que es la única pieza del ajedrez que puede coronarse y convertirse en reina. Entonces, la idea de la lucha anticapitalista era que el obrero peón es el único que puede coronarse para transformar la sociedad y llegar al poder. La imagen que usamos había sido recobrada por Etcétera de Juan Andralis, un artista surrealista griego que vivió en Argentina. Él hizo parte del movimiento surrealista en París y después se fue a Argentina, era grafista y trabajaba en serigrafía, además era fanático del ajedrez. Entonces con eso hicimos todo esta otra deriva y salimos el 11 de septiembre marchando juntos.

En Argentina me uní a Etcétera y ahí vino este devenir artista. Ellos tenían y siguen teniendo muy presente esta relación entre arte y vida que las vanguardias artísticas siempre habían aclamado, desde los Constructivistas rusos, pasando por el Dada, los Surrealistas y después los Situacionistas… la relación entre arte y vida y, por lo mismo, entre arte y política. Además, estaba muy presente la idea de que cualquiera puede ser artista, lo que pasa es que las condiciones económicas y sociales inhabilitan la posibilidad de que todos podamos serlo. Allí comprobé que podía desarrollarme como artista, efectivamente lo podía hacer y que podía poner el cuerpo, pintar, dibujar, hacer gráfica y escribir poemas. Para mí la escuela del colectivo Etcétera fue sacarme todos los prejuicios respecto del lugar que se ocupa en lo social y confirmar que el arte es una herramienta de lucha muy potente. Es una herramienta de construcción política y de construcción epistemológica, de saberes.

Contigo Igual. Segundo Foro de la Ciudadanía por la Tolerancia y la No Discriminación. Fundación Ideas. Concepción, Chile, 1996. Anarchivo Sida. Cortesía: Christian Rodríguez

Hay historiadores, teóricos y gente que ha estudiado curaduría y lo que veo es eso: mucho miedo a equivocarse, mucho miedo a salirse de la pauta, y finalmente lo que producen son proyectos que se repiten, que ya los he visto, que son igual al otro, con el mismo tipo de lenguaje, con la misma palabra, y eso está empezando, para mí, a matar el campo del arte.


MF: Y en ello, ¿cuál es el valor que das a lo colectivo? He notado que es fundamental para ti al momento de trabajar y creo que al cuestionar el neoliberalismo una de las claves es pensar(se) colectivamente. En ese sentido tu recorrido encarna bien esa oposición a las lógicas dominantes del nombre propio.

NG: La experiencia de lo colectivo no nace con Etcétera, nace mucho antes, nace en ese devenir mío que es político. Lo político ha estado siempre en mí y por lo mismo, lo colectivo, porque uno no puede aspirar a transformar el mundo solo. Las reafirmaciones de lo colectivo como experiencia han sido fantásticas, ahí constantemente tienes que negociar y ceder, aceptar que una idea tuya se alimenta de la de otros y de repente surge algo que ni te imaginaste o que tu idea puede quedar guardada en un cajón. Esto te enseña a dejar tu ego de lado para construir algo que va más allá de ti. El proceso con Etcétera fue eso y después cuando devenimos en La Internacional Errorista aún más, porque se nos fue de las manos para transformarse en algo que hasta el día de hoy fluye, y aparecen erroristas por todos lados y cada vez que uno habla de errorismo hay alguien que se suma.

Volviendo a lo que mencionaste al principio, lo del ensayo y el error me ha ayudado a reafirmar mi hacer. Estudié estética en dos años, que no es nada, de historia del arte sigo aprendiendo, no estudié curaduría, pero igual soy una historiadora del arte, hago curaduría… El ensayo y el error va vinculado a la posibilidad de improvisar, al instinto y la intuición. Creo que esos elementos son fundamentales cuando uno está en el hacer tanto del arte como de lo político, porque uno de los problemas fundamentales, y hoy lo veo muy claro en el devenir artístico, es esta idea anticipada de lo que se puede llegar a hacer. Mucha gente muy joven que pasa por la escuela, estudia historia del arte o arte, después curaduría, después teoría del arte, etc, y empieza a producir cosas medidas, pautadas, preconcebidas, las que finalmente son aburridas, estériles, repetitivas… He trabajo mucho en los últimos años en temas de pedagogía, he sido tutora de mucha gente y la pedagogía ha sido más bien un devenir. Por ejemplo, de historia del arte se lo justo, teoría igual… y hay historiadores, teóricos y gente que ha estudiado curaduría y lo que veo es eso, con mucho miedo a equivocarse, mucho miedo a salirse de la pauta, y finalmente lo que producen son proyectos que se repiten, que ya los he visto, que son igual al otro, con el mismo tipo de lenguaje, con la misma palabra, y eso está empezando, para mí, a matar el campo del arte.

En mi devenir, ahora más desde la pedagogía, desde la investigación, invito a la gente a que se equivoque, a que falle, a que experimente, a que intuya… porque creo que la intuición es fundamental. Las personas ya saben, tienen sus saberes propios. El saber no es solamente el libro, no es únicamente hacer doctorados o escribir ensayos, sino que tiene que ver mucho que ver con el mirar, el oler, el oír, y ahí la escuela de Etcétera, y después la escuela del Errorismo, han sido fundamentales. Lo colectivo, insisto, es la única manera de entender el devenir humano y no humano, ya que es la única manera de poder contrarrestar, ya no el neoliberalismo, porque eso es una faceta más del capitalismo y la colonialidad, sino que apuntar a este sistema… La única manera de transformarlo es a través de un proyecto colectivo.

Vista de la exposición "Anarchivo Sida", en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA), 2018-2019. Foto cortesía de MACBA
Vista de la exposición «Anarchivo Sida», en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA), 2018-2019. Foto cortesía de MACBA

La gran promesa del internet era que sería el fin de las fronteras respecto a las comunicaciones, a la información, a los saberes. Pero lo que logra el neoliberalismo, a través de los planos de subjetivación, es la clausura absoluta de esa posibilidad del cuerpo colectivo.


MF: Llevas algunos años viviendo en España y en varios de tus trabajos vinculas el contexto chileno con el español. Por ejemplo, desde la política de los cuerpos, o a través del trabajo con la memoria. A mi parecer, desde una mirada ajena y quizás muy alejada, son dos contextos con procesos diferentes, con Chile como el lugar del experimento neoliberal y España con un Estado de bienestar viviendo paulatinamente las políticas neoliberales ¿Cómo ves tú que se dan estos dos contextos? Y luego, una pregunta vinculada a la colonialidad que mencionaste, ¿cómo ves la organización anticolonial en el propio “Reino de España” en relación a lo que sucede en América Latina?

NG: En realidad, lo que mencionas tiene que ver con el momento en que nosotras empezamos el proyecto del Anarchivo Sida, fundamentalmente. Siempre he trabajado sobre el tema de la memoria, también con Etcétera, ya que siempre vinculamos el campo de la visualidad con las políticas de la memoria y cómo hemos llegado a lo que estamos viviendo hoy en el neoliberalismo, que no es que naciera en Chile, sino que es parte de un devenir histórico marcado por una serie de políticas globales. Cuando se hablaba de la Transición Democrática chilena siempre se buscaba homologar a la española, porque efectivamente quienes van a gestar la Transición Democrática, la mayoría son gente del partido socialista, del PPD o la Democracia Cristiana, que habían estado en el exilio en la Europa socialdemócrata que era Francia o España. Si bien Chile es el laboratorio neoliberal, la transición española tiene una carga en relación a políticas neoliberales que recién se está investigando, escribiendo, hablando, a raíz de la crisis económica del 2010, la crisis económica actual y lo que se vive en el Estado español con, por ejemplo, el renacimiento de los fascismos, y en toda Europa en realidad… son consecuencias de lo que ha sido la transición política, la transición democrática y la implementación del modelo neoliberal a escala global en estos 30 años.

Me fui de Argentina a España a estudiar al Programa de Estudios Independientes (PEI) del MACBA, este era todavía un programa experimental y lo que buscaba era transversalizar a personas que venían a estudiar y otras que venían del accionar en el campo del arte y su relación con lo político. Una de las primeras cosas que me choca bastante fue llegar a una ciudad como Barcelona, que tiene toda una historia de lucha y un imaginario muy instalado respecto al que yo tenía. Pero cuando llegué me di cuenta de que no existía esa Barcelona que yo conocía desde ese imaginario. Más parecía una ciudad de veraneo, playera, fiestera, etc., y toda esa otra memoria de la resistencia no se veía por ningún lugar. En el programa, tuvimos la suerte de tener como profesor a Paul B Preciado, quien había estado fuera de España muchos años haciendo su trayectoria como pensador, filósofo y activista en Estados Unidos y en Francia, y aterriza en la España de finales de los 2000.

Nosotras empezamos un trabajo colectivo que consistía en comprender qué había ocurrido con los feminismos -nosotros le llamamos los post-feminismos de la de la década de los 90- en España, y fue súper interesante darse cuenta del tremendo movimiento de resistencia político que hubo en toda esa década y que estaba absolutamente olvidado, metido debajo de la tierra. Con el grupo que me tocó trabajar tuvimos que investigar sobre Andalucía, que era otro misterio. Un lugar lejano de mi imaginario y resultó que Andalucía es un lugar de una potencia política brutal, alucinante de contracultura. Sobre todo, Granada, que además hoy día es un lugar absolutamente banalizado, lugar de turismo, muy bonito, pero donde el movimiento cultural está tapado, cuando efectivamente hubo allí un movimiento cultural antifranquista tremendo. Durante la Transición Democrática española se hace un movimiento de llevar toda la financiación cultural a Sevilla para de alguna manera desmovilizar Granada. Así, muchos de los agentes culturales que habían sido de la resistencia y de la contracultura terminan yéndose. En Barcelona pasa lo mismo con todos sus movimientos de resistencia de los 70-80. Entrado los noventas se le inyecta fondos, se crean instituciones culturales como el MACBA o el Centro de Cultura Contemporánea (CCCB),desactivando gran parte del movimiento contracultural.

Nosotras trabajamos sobre un artista y un movimiento en particular, que es Miguel Benlloch. Él había sido parte del MCA (Movimiento Comunista Andaluz), muy sui generis para ser comunista, ya que dentro del partido un grupo de ellos fundó el primer movimiento homosexual de Andalucía. También fue uno de los impulsores del Movimiento Anti-OTAN. Estoy hablando de los años 70-80, cuando todavía existía la dictadura franquista. Miguel nos cuenta que dentro del partido también estaba un frente feminista de mujeres. Ahí estaba María José Belbel, quien era parte del frente feminista; me comentan que ellos habían tenido vinculación durante la dictadura con movimientos de resistencia acá en Chile, también con El Salvador y Nicaragua, y que incluso hacían intercambio de formación política. Iban compañeras de Chile a Nicaragua y El Salvador, iban compañeras de Andalucía hasta El Salvador, Nicaragua e incluso compañeras chilenas habían llegado a Andalucía. Todo de manera clandestina y llevaban documentos sobre feminismo. María José había sido una de las primeras traductoras de los textos en inglés de las feministas de los 70, los que habían producido clandestinamente en castellano para el propio movimiento y los hacían circular en papeles de mimeógrafo. Con esta historia quedé alucinada… ¿Y esa gente dónde está? Nunca se supo porque era actividad clandestina, nadie sabía cuáles eran los nombres reales, si ahora están vivas o muertas… esa historia quedó suprimida por las razones obvias de la clandestinidad.

Siempre tuve la inquietud de ver los paralelismos profundos entre ambos contextos. El fin de la Dictadura Franquista y la Transición Democrática y el fin de la Dictadura de Pinochet y la Transición Democrática en Chile… cómo dos procesos habían sido tan semejantes con un desfase temporal muy pequeño, pero había sido tan parecidos según constaté en las conversaciones con Miguel, con María José y con Joaquín Vásquez, otro compañero fundamental con quienes Miguel luego formara, ya terminada la dictadura, la productora cultura BNV, un referente fundamental en el arte contemporáneo y el pensamiento crítico en el contexto español.

En ese contexto aparece la pregunta sobre qué pasó con el Sida, porque había un momento de resistencia de las disidencias sexuales súper potente, del feminismo, porque en ese momento, aparte de dictaduras y transiciones democráticas, aparece el VIH como un elemento dramático. La respuesta de ellos fue de haber vivido un momento muy complejo, irresoluto. Ellos estaban viendo un destape, el gran destape de diversas formas post dictadura y esto, el VIH/Sida, venía a clausurar la posibilidad de ese destape, de volver a vivir el cuerpo, de ese volver a vivir la sexualidad libremente, de que espacios sociales y formas de vida que habían sido perseguidos y criminalizados pudiesen vivir la promesa de un nuevo momento histórico. El Sida aparece y volverá a meter a todos estos cuerpos y estas vidas dentro de la oscuridad. Fue esto lo que gatilló el interés por saber qué había en el contexto del estado español en su conjunto y qué había pasado aquí en Chile.

En el 2012, gracias al apoyo del MAC, de Francisco Brugnoli y Varinia Brodsky, quien en ese momento era la productora, hicimos un seminario para hablar del fin de la Dictadura y la Transición Democrática en Chile en términos de políticas del cuerpo. Nos preguntamos qué había pasado con todo el ámbito de la subjetividad y los cuerpos en el territorio chileno. Fueron mesas tipo seminario con invitadas como María Emilia Tijoux para hablar sobre la subjetividad en los territorios; participó Rodrigo Ruiz para hablar sobre la subjetividad de la generación mía, qué había pasado con estos cuerpos, con nosotros como militantes que habíamos estado en la calle; Federico Galende para hablar sobre qué había pasado a nivel de las potencias políticas en el discurso del arte; estuvo la gente de Caja Negra, como uno de los colectivos que había sobrevivido en el campo del arte y la contracultura; Jordi Lloret para hablar sobre Garage Matucana, incluso invitamos a Gregory Cohen para hablar sobre la Agrupación Cultural Universitaria (ACU), una de las primeras organizaciones de contracultura universitaria en plena dictadura militar. La última mesa que hicimos fue sobre el VIH/Sida. Participó el Movimiento por la Diversidad Sexual (MUMS), compañeros del artista de performance Guillermo Moscoso de Concepción, Fabián Crovetto, que fue parte de los primeros movimientos de lucha contra el Sida en Concepción, y Luisa San Martín, que había sido parte del Centro de Educación y Prevención en Salud Social y Sida (CEPSS) en Concepción también. Esa mesa para nosotros fue estremecedora y sorprendente, porque teníamos la misma sensación que con el tema de Andalucía, de que aquí había algo de lo cual nadie hablaba.

Entonces empezamos una investigación, porque nos dimos cuenta del gran vacío sobre el discurso del VIH/Sida en el sur global. La narración del norte global ya está super escrita, todavía muy masculinizada. Incluso sobre el Nueva York latino no se hablaba mucho; solo se hablaba de lo más hegemónico, blanco, y nos dimos cuenta que ese relato no estaba. Nadie hablaba de VIH/Sida, de lo que había pasado en España, en Chile, nadie hablaba de lo que había pasado en América Latina, mucho menos de África y Asia… pero ese ya es un espacio a nivel geopolítico muy lejano para nosotros.

Veíamos muchos paralelismos en los dos procesos de fin de dictadura y transición democrática, como te decía, de apertura y nueva clausura de los campos de subjetivación de los cuerpos. Si la dictadura militar había sido la eliminación absoluta del cuerpo individual y colectivo, la transición democrática fue una segunda clausura del cuerpo individual y colectivo, no de todos, pero de la mayoría. Yo me encontré con el primer gran libro, Viajes virales, que ha sido como nuestra Biblia, y que yo le agradezco un montón a Lina Meruane haberlo escrito. Lina estaba analizando en el espacio de la literatura esto mismo, cuando la globalización era como la gran promesa de que todos viajaríamos por el mundo sin fronteras. La aparición de internet nos daba la sensación de poder construir y estar en red con el resto del mundo. De poder internacionalizar las luchas, de conocer procesos, de espacios de solidaridad global, etc. Yo hice parte de Indymedia Argentina y la gran promesa del internet era que sería el fin de las fronteras respecto a las comunicaciones, a la información, a los saberes. Pero lo que logra el neoliberalismo, a través de los planos de subjetivación, es la clausura absoluta de esa posibilidad del cuerpo colectivo.

En este sentido, los movimientos del VIH/Sida son el primer movimiento político global que además va a utilizar al arte como herramienta política. Va a ser el primer gran espacio donde lo político y el arte se van a vivir una relación de agenciamiento. No un uso, como se hacía en la vieja política, del grupo de propaganda o que vengan los artistas y nos ayuden. No, va a ser una alianza real, estratégica, porque se van a dar cuenta que en ese momento de transformación que produce la globalización y la entrada del neoliberalismo, la visualidad es fundamental, y ese ha sido en realidad el proyecto del Anarchivo Sida.

Presentación de Anarchivo Sida con Linda Valdés, Nancy Garín y Aimar Arriola. Cortesía de Pepe Miralles
Anarchivo Sida. Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA), 2018-2019

Yo he sido parte y soy parte del espacio del privilegio blanco burgués de este territorio. Otra cosa, es que cuando yo llego allá se me racializa por tener un pasaporte que dice Chile, porque hablo diferente, porque soy un poco más oscura que los blancos de allá, pero yo soy una sudaca privilegiada allá. Yo no me fui porque no tenía trabajo, porque me persiguen o porque hay guerra. No, yo me fui a estudiar y me quedé efectivamente.


Respondiendo a la segunda pregunta, y vinculándola a nuestro trabajo, nosotras hemos tenido, por nuestro propio devenir como investigadoras, el encuentro maravilloso con la teoría decolonial por un lado y, por otro lado, con los movimientos anticoloniales en ese territorio y en el territorio que habito hoy en día, que son distintos en cuanto a estrategia, pero son parte de la misma lucha. Creo que el movimiento anticolonial de allá (Europa) queda todavía muy casado en los problemas propios que tiene el tema de ser migrante en un territorio como el reino de España. Creo que ahí hay un trabajo político profundo de no dejar cristalizar el anticolonialismo en una especie de receta para, sino justamente tomar lo que ha significado el pensamiento decolonial, que es la posibilidad de pensar de otra manera. La diferencia entre el anticolonialismo de allá y de acá está más bien en cómo se navega en los contextos.

En España veo dos niveles: por un lado, todo lo que es a nivel del campo visual, del campo del arte, que está produciendo mucho, pero también creo que puede ser una trampa peligrosa. Hace unos días me entrevistaron del MACBA por lo de ser diáspora, entonces dije: si el pensamiento poscolonial y la escuela del pensamiento descolonial no vienen del sur global, aparecieron allá en los nortes globales, en las escuelas de EEUU y de Inglaterra, algo hay en ello a lo que hay que estar atenta. Creo que son espacios que uno tiene que ocupar y creo que ha sido una muy buena respuesta de muchas de nosotras, que somos parte de esa diáspora, de ocupar esos espacios para instalar este debate, que es un debate muy complejo, porque el racismo estructural es global, es cotidiano, está allá y está acá. Por ejemplo, estando allá soy sudaca y tal, pero nunca jamás me voy a ir a colocar en el lugar de una persona que vive radicalmente el racismo sobre su cuerpo, porque por otro lado yo acá hago parte del espacio de privilegio “blanco”.

Yo he sido parte y soy parte del espacio del privilegio blanco burgués de este territorio. Otra cosa, es que cuando yo llego allá se me racializa por tener un pasaporte que dice Chile, porque hablo diferente, porque soy un poco más oscura que los blancos de allá, pero yo soy una sudaca privilegiada allá. Yo no me fui porque no tenía trabajo, porque me persiguen o porque hay guerra. No, yo me fui a estudiar y me quedé efectivamente. Es más jodido para una trabajar allá que para un europeo blanco, pero tengo un espacio de privilegio y eso lo tengo que saber usar; pero no tengo el derecho de arrogarme el espacio de otres, jamás voy a vestirme de indígena, porque no me corresponde. Yo puedo sumarme, ser una aliada, potenciar… ser parte de esa lucha utilizando ese privilegio. Algo que encuentro complicado, porque es peligroso, es que los espacios hegemónicos de enunciación del campo del arte lo están usando un montón y mientras más parecido seas a ese imaginario que los propios blancos tienen sobre lo sudaca, lo indio, lo negro, es mejor. Te usan como cuota, la cuota sudaca, la cuota blanca, la cuota mujer, la cuota disidente, y uno tiene que estar muy atenta; no rechazarlas del todo, sino que saber usarla. Hay que ser estratégica, pero teniendo mucho cuidado de no ocupar un espacio que no te corresponde por llenar una cuota.

MF: Cuando leía sobre el proyecto Políticas del cuerpo que hicieron en el MAC, me parecía que es una discusión muy actual, ya que son problemáticas y conceptos que se abordan hoy en muchos lugares, aunque pareciera que no se hubiesen hablado nunca antes, cuando en realidad se vienen trabajando hace mucho. Y, a su vez, ustedes rescatan el trabajo iniciado por otrxs. Pienso que esta impresión se podría vincular con lo que tú comentabas sobre temas y modos de trabajo que se vuelven una fórmula. Entonces, la pregunta para mi es ¿cómo seguir incidiendo críticamente con estos conceptos que ya parecen estar incorporados por las instituciones? Ese es el desafío, porque es necesario seguir en esas instituciones. ¿Cómo darle una vuelta a esto que se supone que es crítico de por sí, pero que sabemos que, a pesar de ser crítico, disruptivo, puede estandarizarse y asimilarse? Porque al neoliberalismo todo le sirve, todo lo que pueda volver a su favor.

NG: En mi caso personal tengo mi lugar de enunciación en una posición política siempre: yo no parto hablando de algo abstracto. Creo que este sistema capitalista, este sistema que nace de la colonialidad, es un sistema bestial, asesino, etc. y siempre lo he creído. Lo que ha ido ocurriendo en mi devenir es que he ido adquiriendo herramientas nuevas para entenderlo y, hace 20 años atrás, te podría hablar anticapitalismo, pero por ejemplo nunca había pensado en un engranaje… cuando yo me acuerdo la primera vez que leí a Anibal Quijano dije: “Aaah claro, pero obvio!” Ahora se me hace obvio y cada vez más porque lo vuelvo a leer, porque lo vuelvo a ver en contexto, porque lo que voy adquiriendo me va alimentando. Ese lugar donde estoy parada es una posición política, y lo que leo, escucho y aprendo de otres no es simplemente discurso. Creo que lo fundamental es tener un lugar, no importa cuál sea, pero tener esa firmeza de hacia dónde quieres que vaya tu devenir y así, a la hora de que tú presentes un proyecto o te llamen hacer algo, siempre tendrás la firmeza para decir: “No, propongo lo siguiente”.

A nosotros nos pasa con el Anarchivo Sida; ahora está en un receso, porque en un momento estábamos muy cansadas de no tener el tiempo suficiente para pensar qué estábamos haciendo. En un momento dijimos: “Hora de pausa”. Igual seguimos con el Anarchivo Sida, pero estamos siguiendo otra ruta, estamos ahora con un grupo de estudio, por ejemplo. Porque para mí, el Anarchivo Sida desde el principio fue un lugar de investigación, de pensamiento, que es lo que me entrega la gente de los movimientos, que me siguen entregando, porque con ellos sigo aliada constantemente, que me entregan los artistas del archivo, sus saberes, sus experiencias, que resultan útiles para el presente, para pensar un futuro. Cada vez que yo les pregunto ¿cómo es que fue esta acción que hiciste en tal?… y de repente, algo que habían olvidado en el primer relato, me lo cuentan con un antecedente nuevo porque se acordaron que en ese contexto X había ocurrido tal cosa… y vienen una serie de aconteceres en tu cabeza.

El primer grupo de estudio era sobre los cuidados del VIH/Sida, Tratamientos Complementarios, que sale del nombre de un subgrupo del colectivo Act Up Barcelona que trabajaron en torno a formas de cuidados -en ese momento no tenía las antirretrovirales. Entonces, había una serie de formas de cuidarse y hoy día lo que estamos viviendo por el COVID es lo mismo. Con el segundo grupo de estudio decidimos no tratar el mismo tema. La idea no es ir buscando un producto nuevo, porque eso es muy neoliberal también. Sino articular nuevas reflexiones que sumen. Ahora vamos en el tercer grupo de estudio y nos volvieron a pedir los cuidados, y con Linda dijimos: “Ok, pero cómo hacemos para que esto sea diferente”… Además, todo el mundo está hablando de los cuidados con el COVID como si los cuidados fueran una sola cosa. Así que estamos pensando, buscando, y lo principal ha sido preguntarnos qué hemos hecho nosotras en estos once meses de pandemia con los cuidados cotidianamente. Qué herramientas hemos producido, en vez de ir a buscar el filósofo que dijo tal cosa. Y luego, qué de eso tiene una relación con lo que hicieron los movimientos del VIH/Sida en los 90 y qué relación tiene con las formas de buen vivir de las compañeras del mundo, mujeres indígenas del buen vivir de todo el Abya Yala… qué relación tiene con los movimientos feministas, etc.

Imagen del proyecto Espectros de lo Urbano, de Antoine Silvestre y Nancy Garín

Creo que, al capitalismo global, más allá de lo terrible del COVID, le vino fantástico esto de la pandemia, pues venía una crisis económica global y, con esto de la pandemia, se pudo instalar un control de los cuerpos para que no se opusieran a las medidas que generaría la crisis. No sé si más adelante, cuando ya pase la pandemia, va a aguantar tanto ese cuerpo restringido


MF: Al principio de la pandemia empezaron a aparecer varios textos de filósofos y pensadores que estaban leyendo el presente y anticipando futuros. Eso fue interesante, pero también se volvió un poco agobiante en un punto. Luego hemos visto cientos de charlas, seminarios y ponencias sobre el tema. Al mismo tiempo creo que es inevitable hablar de esto, porque es un contexto inédito que nos tiene imbuidos y paralizados a todxs en todo el globo. Esto me recuerda a una de las ideas con las que parten con el Anarchivo Sida, que hay una relación entre el proceso de globalización y la pandemia del VIH/Sida. Me imagino que esto te ha permitido hacer ciertas lecturas sobre este presente pandémico y lo que han investigado los últimos años.

NG: Creo que efectivamente tiene mucho parecido. Hay una entrevista del 95 o 96 que Nelly Richard le hizo a Christian Rodríguez, una de las personas que es parte del Archivo Sida y fundador del CEPSS, sobre el CEPSS y sobre el Sida. Él estudió y se fue muy joven de aquí y tuvo la oportunidad de estudiar psicología social y Sida en París. Christian habla de la idea de pandemia porque de repente pareciera que no ha habido más pandemias en la historia de la humanidad. En el siglo XX tuvimos 6 o 7 pandemias, y Christian habla de la relación entre capitalismo y pandemia. Por ejemplo, las pandemias comienzan siempre en los lugares de alta producción del capital, y después se desplazan a otros territorios. Volví a leer muchos de los materiales que tenemos, fragmentos de cosas y era muy interesante darme cuenta cuánto paralelismo había realmente, no solamente como habían actuado los movimientos, sino cuál había sido la gestión política del virus por parte de los estados. Al principio de la pandemia del VIH/Sida los Estados no sabían muy bien a qué se enfrentaban… la duda era si afectaba sólo a los homosexuales o también a la gente que tenía algún tipo de enfermedad con transfusiones de sangre y luego a las trabajadoras sexuales, los afrodescendientes en Estados Unidos que usaban crack, en Europa la heroína, en España toda una serie de grupos sociales estaban viviendo un destape.

Dentro de los propios movimientos, la lectura que ellos tenían era que esto no era simplemente algo que afectaba a ciertos grupos sociales como lo planteaban los medios de comunicación, sino que efectivamente afectaba a grupos sociales excluidos dentro del sistema capitalista. En Chile, por ejemplo, al revisar los materiales de análisis del principio de la pandemia del VIH/Sida, hay un porcentaje muy alto de mujeres de sectores populares. Lo que pasa es que no aparece en ningún lado o tiene poca difusión, porque no todes tienen la posibilidad de levantar el discurso de lucha social. Por ejemplo, en EEUU o en Francia, quienes se levantan a hablar contra la gestión política del Sida es la clase burguesa, sectores burgueses de disidencias sexuales pero burgueses que tienen la posibilidad de enunciar esto, salir a la calle. Después se van a unir, eso es lo maravilloso del movimiento, otros sectores, latinos en Nueva York, todos los sectores racializados, las trabajadoras sexuales, pobres, etc.

En América Latina pasa un poco lo mismo, por ejemplo, desde el principio se estaba trabajando en Concepción, lo que hicieron fue ampliar este discurso para decir: aquí no es solo un problema de las disidencias sexuales, son las trabajadores sexuales pobres de Lota Schwager y son los mineros de Lota y sus esposas, y quienes están afectades también son les trabajadores sexuales travestis de Coronel y quienes posiblemente se van a afectar son comunidades mapuche y así una transversalidad de grupos sociales bastante amplio que rompía con el discurso conservador del momento. En un primer momento no había ningún tipo de medicación; los primeros medicamentos que llegaban aquí, sólo llegaban a la gente que viajaba a Europa o Estados Unidos que tenían recursos para venir aquí y poder distribuir clandestinamente los medicamentos. Esa otra gente moría y ya está, y los enterraban en fosas comunes como habían hecho con los desaparecidos en la Dictadura. La misma gestión del cuerpo de los desaparecidos empezaba a ser la gestión del cuerpo de quienes morían de Sida. Entonces este discurso de que todes nos podemos enfermar no es tan cierto: si bien los primeros que vienen con el virus del COVID-19 aquí a Chile son las clases altas, de la clase alta ha muerto una minoría. Quienes se mueren de COVID-19 son la gente pobre y son los viejos. En el caso del Estado Español son los viejos, que están en residencias precarizadas de propiedad privada o del Estado precarizado, porque sus familias no los pueden sostener o que no han querido, porque son sociedades individualistas. Ponen en este lugar a esos cuerpos que no son productivos para el capitalismo. Un tipo de Las Condes se puede enfermar, le puede dar el COVID19, pero se va a ir a una clínica privada, está bien alimentado, puede pagarse un respirador para que lo sostenga.

En Europa, el fenómeno ocurre justamente con estos cuerpos que ya no son considerados cuerpos productivos, sino que son considerados cuerpos desechables. Si uno analiza de manera puntillosa, sigue siendo un virus que no afecta a todos por igual, así como el VIH/Sida tampoco afectaba a todos por igual y no hay que olvidar que todavía el VIH/Sida sigue siendo mortal en muchos territorios. En Europa ya no lo es más, es una enfermedad crónica que tiene antirretrovirales, tiene la PREP, ahora van a tener la vacuna porque ya salió, extrañamente justo ahora que aparece la del COVID aparece la del VIH/Dida. Pero por ejemplo en África, mueren un millón de personas al año por el VIH/Sida.

En Chile, apenas asumió el segundo gobierno de Piñera, empezaron a sacar de circulación enormes cantidades de dosis de antiretrovirales entregadas por el Estado. Cuando Macri asumió el gobierno de Argentina fue lo mismo. Una persona de clase media o rica puede ir a comprarse antirretroviral. La gente de los sectores trabajadores y empobrecidos no pueden y tienen que adaptarse a lo que da el Estado.

Uno de los discursos más habituales y que se coló muy rápido en las sociedades fue el miedo al contacto, porque no se sabía cómo se transmitía y nació rápidamente este temor al contacto del otro, el contacto con el llamado “cuerpo sidoso”. Con el COVID ha pasado lo mismo, el miedo al contacto vuelve, a pesar de que se sabe que es por vía aérea… el discurso va más dirigido en suprimir esta posibilidad de lo colectivo. Hay muchas similitudes en cuanto al discurso. Apenas empezó lo del COVID-19, Linda Valdés, con quien estoy trabajando en los grupos de estudios que mencionaba antes, y yo alucinamos respecto a las similitudes con respecto al tema del lenguaje en este contexto y el del VIH/Sida.

Los movimientos VIH tuvieron una lucha sistemática contra el tema del lenguaje. Entonces, cuando se hablaba del cuerpo sidoso, lograron que se eliminara la palabra “contagio”, “infección” o “infectados”. Después fueron evolucionando a ideas como “vivir con VIH”; cada vez va evolucionando más para quitarle esa carga que construye realidad y estigma. Ahora con el COVID19 reaparecieron todas. Por ejemplo, “el infectado”, verbalmente, como construcción de realidad es muy fuerte. “Estás infectado” o “te contagiaste”, y después está toda la construcción de un discurso estatal y global de la guerra. La relación entre el discurso de la guerra con el discurso de la sanidad es algo que desarrolla Susan Sontag en La enfermedad y sus metáforas, que después lo retomó con El sida y sus metáforas. Ahí señala que hay un discurso de la salud permanentemente de estar en una lucha, en una guerra. Cuando empezó la pandemia todos los gobiernos hablaban de la guerra, estamos en guerra y estamos armados. Eso, a nivel de subjetividad y de cuerpo, entra, penetra y produce realidad.

MF: Acá en Chile veníamos con ese discurso de la guerra y el enemigo poderoso desde la revuelta de octubre. Así que, de algún modo, ese enemigo ficticio que planteó Piñera y en el que nadie creyó, se materializó, pudo reutilizar su discurso.

NG: Totalmente. Vine justo después del estallido, en diciembre del 2019, y ahora que estoy acá nuevamente, veo que ha cambiado. Hay algo desde la subjetividad de los cuerpos que cambió mucho. Había un estado amoroso en diciembre del año pasado y ahora hay un estado neurótico, hay como una especie de neurosis en la calle muy fuerte. Aunque no quisiéramos, el discurso y la gestión política de este virus se coló en todos lados. Como además no se le cree a este gobierno se entra en una contradicción de no querer hacerle caso y saber que te tienes que cuidar y tienes que cuidar colectivamente. ¿Cómo hacemos esto? ¿Cómo lo trabajamos? Así que veo mucho paralelismo… creo que, al capitalismo global, más allá de lo terrible del COVID, le vino fantástico esto de la pandemia, pues venía una crisis económica global y, con esto de la pandemia, se pudo instalar un control de los cuerpos para que no se opusieran a las medidas que generaría la crisis. No sé si más adelante, cuando ya pase la pandemia, va a aguantar tanto ese cuerpo restringido… no lo sé, a lo mejor sí. Lamentablemente somos -y ahí Foucault tiene toda la razón- capaces de terminar normalizando, vigilándonos, adoctrinándose uno mismo… esperemos que no, yo espero que no. Pero la pandemia le vino muy bien al momento de crisis global que venía, así como el Sida le vino muy bien a ese momento de apertura de la globalización, a ese nuevo aumento del liberalismo… le vino fantástico.

Más allá de que el virus, y que existe, más allá de que uno se enferma y se muere y todo eso, estos virus y la gestión política son toda una ingeniería del poder. Si no existiera un modelo neoliberal, seguramente sí tuviéramos un sistema de salud público fuerte; posiblemente la gestión podría haber sido de otra manera y habría menos muertos de los que hay. Si en las casas de residencias de ancianos en Europa no estuviesen tan precarizados sus cuerpos y sus vidas, posiblemente esos cuerpos hubiesen podido resistir mejor.

Imagen del proyecto Universo Eutópico, de Fito Conesa y Nancy Garín

El gran problema histórico contemporáneo es que no tenemos un proyecto político real que pueda contrarrestar al proyecto capitalista colonial.


MF: Para ir cerrando, me gustaría que volviéramos a la revuelta social chilena. Considero que hace un tiempo atrás era muy fácil hablar de una derechización del continente, pero hoy no lo afirmaría con tanta facilidad: si bien estamos frente a una derecha fuerte, hubo un quiebre dado por la revuelta en Chile, lo que ocurrió en Perú, las manifestaciones en Colombia, previo a Chile en Ecuador, la salida de Macri del poder en Argentina… ¿Cómo ves la relación entre arte, estética y política en estos contextos de cambios?

NG: Creo que el gran problema histórico contemporáneo es que no tenemos un proyecto político real que pueda contrarrestar al proyecto capitalista colonial. Actualmente me encuentro desarrollando un proyecto con Antoine Silvestre que se llama Espectros de lo urbano y una de las hipótesis que afirmamos es que no puede salir ningún proyecto político que realmente contravenga al sistema capitalista en un contexto imbuido en la urbanidad colonial, en la lógica colonial. Por eso cuando hablo del sur global o del norte global, no hablo del norte como Europa, EEUU, y el sur, nosotres acá. Esto tiene que ver más bien con las formas de vida, de cómo se construye esa colonialidad y cómo se construye la idea de formas de vida… entonces tenemos sures y nortes.

El teórico decolonial Boaventura de Sousa Santos plantea la idea de las líneas abismales, que se construyen dentro de la modernidad occidental europea y del marco de la legalidad; estas son como una línea imaginaria que divide: de un lado para allá la legalidad, la modernidad y la humanidad dejan de existir para poder hacer lo que queramos en ese territorio. En cambio, en el otro lado de las líneas abismales se producen leyes, derecho, formas de vida “civilizadas”, respeto, ciudadanía.

Así que hablamos mucho sobre esta idea de urbanidad extendida y urbanidad densa y desde ahí también sobre la producción de vacío. La línea abismal de la colonialidad produjo una serie de vacíos y así en ese espacio territorial geográfico poder hacer lo que se le diera la gana. La misma construcción de la raza es una construcción de ese vacío. De decir “estos cuerpos, estas razas o estos otres en realidad están fuera de la categoría humanista de la modernidad”. En el caso de los pueblos originarios de los territorios que hoy son América, hasta se dio el debate de si eran seres con alma, atributo teológico que te otorgaba el derecho de “ser”. Así, desde la infinita cantidad de categorías construidas por la modernidad se terminó por definir que en estos territorios del sur no había religión, pensamiento o arte, y de este modo crear la idea de vacío que posibilitara la devastación radical.

Estas líneas abismales aún siguen existiendo. Lo que pasa que ahora las podemos encontrar aquí en Santiago, en Barcelona, en tu propio edificio. Y mientras esa conciencia y esa forma de pensarnos, donde hay esa división tan brutal, siga existiendo, es muy difícil que construyamos un proyecto colectivo que se oponga a este sistema colonial-capitalista. Entonces, ¿qué pasa con todos los movimientos que se han levantado y que son súper inspiradores de estos últimos años?. Creo que en su profundo devenir todavía están imbuidos en una lógica de la modernidad occidental. Nosotros como campo del arte estamos imbuidos en la modernidad occidental. He estudiado arte, historia del arte, filosofía, periodismo y por eso no puedo llegar y decir: “He descubierto cómo opera la modernidad occidental, me saco todo esto de encima y listo…” El primer paso es darse cuenta de que estamos imbuidos y desde ahí empezar a trabajar.

El año pasado vine y aluciné con todas las paredes llenas de arte, los propios museos, que estaban todos en el centro, tuvieron que transformarse y fue un primer momento de esa posibilidad, pero va a requerir de mucho trabajo para construir un proyecto colectivo diferente a este. Creo que el estallido social ha sido una sumatoria de necesidades que el neoliberalismo, en su expresión más radical, nos quitó, pero esto no significa la búsqueda de un proyecto colectivo distinto al capitalismo, ese es el gran problema. Creo que Chile no solamente ha sido el laboratorio neoliberal, sino que se llevó a cabo un proyecto neoliberal radical donde nos han dejado sin nada de nada. Nos han dejado sin agua, y no es metáfora… es concreto y real. Estos pasitos, son un pasito muy pequeño para el gran trabajo que hay para adelante.

Me acuerdo que cuando empezó el estallido aparecieron comunicados de prensa de las comunidades mapuches apoyando el movimiento, diciendo que la lucha del pueblo chileno tenía que ser apoyada por la lucha mapuche, porque esto es algo a transformar mucho más grande, mucho más complejo y profundo. Creo que el campo del arte es fundamental, efectivamente tenemos una herramienta que es fundamental, y es ahí donde uno tiene que gatillar y crear otros imaginarios. Siempre hablo de un concepto que le robé a un amigo español: imaginación política. La imaginación política es la gran herramienta que nosotros como personas que estamos dentro del campo del arte podemos generar. Abrir los imaginarios.

Creo que el estallido fue un momento maravilloso de poder abrir ese imaginario, pero de repente se volvió como a encasillar en imaginarios que ya conocemos, en lo discursivo e incluso en lo visual. De pronto, empecé a ver de vuelta la capucha full, el encapuchado hombre, la barricada y el heroísmo. Admiro profundamente lo de la primera línea, y a todos aquellos que impregnaron de nuevas imágenes los primeros momentos del estallido de octubre, pero de repente esa retórica con la que yo crecí, con la que yo en un momento en los 90 decía “chiquillos tenemos que cambiar los imaginarios, porque estamos en otro momento histórico”, es síntoma de que algo falta. Incluso rescatar otros imaginarios que también han sido parte de la lucha de este territorio. Los fascismos y la derecha y quizás no la derecha más evidente, no el facho típico, sino que la otra derecha, la que está articulando imaginarios visuales, está trabajando ahí como hormiguita, en silencio para este nuevo momento que viene y por eso creo que hay que alejarse de ese imaginario de la modernidad sacrificial, heroicista y masculinizante, o quizás tomarlo y subvertir para un momento nuevo. Creo que hay que seguir potenciando ese impulso hermoso que se ha logrado estos últimos años. Creo que lo que están haciendo los movimientos territoriales en el sur global es potenciar los imaginarios desde cosas que son completamente cotidianas y pequeñitas.

Las compañeras que han estado en el campo de lucha medioambiental son parte de este imaginario, que en realidad no es nuevo, es aún más antiguo, pero que está en oposición al imaginario de la modernidad colonial capitalista, y creo que hay algo que en el sur podemos encontrar y que en el norte no lo encontramos más, eso está clarísimo. Creo que en América Latina es complejo, lo que pasó en Bolivia, lo que está pasando en Colombia, son situaciones de radicalidad tremenda de los fascismos y no se van a detener. A mí me duele mucho decirlo, pero creo que esto no va para bien, va para adelante con aún más violencia, violencia de todo tipo. Por eso creo que la potencia del campo del arte es que sigue siendo una herramienta fundamental de producción de posibilidades. Creo que para confrontar este sistema capitalista colonial patriarcal es necesario construir un proyecto político y por lo mismo quienes somos parte de ese proyecto político nuevo necesitamos construir desde imaginarios nuevos, para que no se siga creyendo en el realismo capitalista como la única posibilidad de existencias.

Mariairis Flores

Marchigüe, Chile, 1990. Es Licenciada y Magíster en Teoría e Historia del Arte por la Universidad de Chile. Actualmente desarrolla una investigación FONDART titulada “Bajo el signo mujer”, dedicada a las exposiciones de mujeres artistas chilenas (1973-1991), es investigadora de Fundación AMA para el proyecto de Documentos Chilenos del S.XX - XXI del ICAA – MFAH (https://icaa.mfah.org/) y colabora con las revistas Artforum y Artishock. Ha trabajado como coordinadora de la Galería BECH y productora del proyecto “Ojos que no ven” de Paz Errázuriz y Jorge Díaz. Se ha desempeñado en diversos proyectos de arte contemporáneo desde el feminismo, la curaduría, la escritura y la gestión. Es co-autora del libro “En Marcha. Ensayos sobre arte, violencia y cuerpo” y autora de “Desbordar el territorio” (2016), publicación desarrollada con el artista Sebastián Calfuqueo. Como investigadora fue parte del proyecto web www.carlosleppe.cl; del libro y video “Arte y política 2005-2015 (fragmentos)” y del proyecto “Mezza: Archivo liberado”.

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