CRISTINA FLORES PESCORÁN: ENLACES VITALES
Cristina Flores Pescorán (Lima, 1986) entiende sus piezas textiles como extensiones de su propio cuerpo, que al ser expuestas cobran vida independiente. “Continuamente, me permito extraer mis órganos para explorarlos, expandirlos en el espacio y sanarlos”, dice la artista, cuya práctica constituye un ritual liberador para la recuperación corporal y su empoderamiento.
Este proceso de autoconocimiento puede analizarse como un mapeo biológico para cambiar las percepciones de lo que entendemos por corporeidad, como una forma de entender su diagnóstico de cáncer de piel. Es así como en muchas de sus obras de los últimos años subyace la pregunta: ¿Cómo sanar el cuerpo?
Flores Pescorán indaga en sus historias de temor, incertidumbre y aceptación a través de “biopsias textiles”, compuestas por una mixtura de fibras naturales y sintéticas que dialogan entre si y generan diversas lecturas de acuerdo a su composición y suturas. La artista comenzó a trabajar con la técnica del ganchillo y con el tiempo ha ido sumando costuras, bordados, urdimbre y trama, además de otros procedimientos ancestrales vinculados a sus orígenes, como el tejido de la cultura Chancay, ubicada en la costa norte del Perú, de donde es su familia.




En algunos trabajos ha recurrido al quipu como metáfora, reinterpretando el nudo incaico como la extracción de pequeñas muestras de tejidos para su posterior análisis, o piensa las cicatrices como marcas corporales que guardan información íntima y emocional. Las gasas también llaman profundamente su atención, al ser consideradas como tejidos con significado mágico religioso y, al mismo tiempo, al vincularse con el proceso de sanación de las heridas.
Un tejido a crochet de gran dimensión puede representar, para la artista, el acto de mudar de piel, similar al que realizan las serpientes para continuar con su etapa de crecimiento. Las obras de Cristina Flores Pescorán podrían considerarse autorretratos textiles, pero van más allá de eso: son los vestigios de experiencias íntimas, dinámicas y orgánicas que tienen la posibilidad de evolucionar y reparar, un “tejido rebelde y activo”, en palabras de la propia artista.
“Los tejidos son cuerpos, son presencias, y una constante reflexión sobre el estado de impermanencia, lo que nos lleva a entender que siempre tendrán la posibilidad de seguir creciendo y expandirse”. Y se pregunta: “¿Cuál es la relación con el interior de nuestros cuerpos? ¿Qué tan cómodos estamos con la manipulación de otro cuerpo, un cuerpo inerte? ¿Por qué la medicina científica y académica nos ha permitido ver el cuerpo desde una sola perspectiva? ¿Dónde está la representación de las mujeres dentro de los saberes del cuerpo? ¿Es posible abrir nuestro campo de percepción del cuerpo, manipulación y sanación? ¿Cuál es la medicina ancestral?



Su trabajo da ahora un nuevo giro, como vemos en su actual exposición en la Galería Impakto de Lima. Al tensar las telas sobre bastidores trapezoidales con formas que se asemejan a vistas aéreas de huacas, la artista nos transporta simbólicamente a territorios precolombinos. Luego, en una ceremonia de incisiones a la superficie de las telas, deconstruye la estructura bidimensional para reconfigurarla en un plano tridimensional por medio de técnicas ancestrales de tejido.
Como extensiones de su cuerpo, Flores Pescorán se apoya en estas piezas para enriquecer su práctica performática antes de dejarlas partir e iniciar su vida en un nuevo espacio. Cada una de ellas inserta composiciones de tramas y urdimbres a lo Rorschach, dejando asomar asociaciones orgánicas con el cuerpo humano, plantas y flores.
Las obras de Cristina Flores Pescorán se proponen como un modo de reexaminar la herencia familiar genética de su enfermedad, entendiéndola como un síntoma físico y emocional. En esta observación consciente, los procesos del cuerpo dialogan con los procesos textiles y el teñido a partir de plantas medicinales, dando paso a una serie de rituales para la sanación simbólica.




Puedes visitar la muestra en Galería Impakto, Av. Santa Cruz 857 A, Miraflores, Lima, entre el 1° y 31 de marzo de 2021.
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