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CAMINANDO JUNTAS: POR ELLAS Y POR NOSOTRAS

Tomando como base el arte como herramienta social y de transformación de la realidad, la exposición virtual Caminando juntas: Por ellas y por nosotras, presentada por RoFa Projects (Maryland, EEUU) y George Mason University (Virginia, EEUU), se plantea como un ejercicio de crítica hacia un sistema socio-político patriarcal desde una perspectiva feminista.

La muestra reúne los trabajos de nueve artistas contemporáneos de Iberoamérica que reaccionan al recrudecimiento de la violencia contra la mujer y la perpetuación de modelos hegemónicos donde la subyugación de lo femenino se hace norma.

“Esta exposición es para ellas, las que ya no tienen voz, y para nosotras, las que seguimos con miedo, pero también en la lucha diaria. La violencia de género es interseccional y colectiva; afecta y golpea a todas las clases sociales, razas, nacionalidades, lugares del mundo, etnias y generaciones. El feminicidio no discrimina y se redefine desde un silencio cómplice y una gran ausencia de empatía por parte de la sociedad”, dice Gabriela Rosso, directora de RoFa Projects.

La violencia de género es la principal causa de muerte en el mundo entre las mujeres de 15 a 44 años, por encima del cáncer, los accidentes de tráfico o las guerras, de acuerdo con la ONU. Una de cada tres mujeres a nivel mundial ha sido víctima de violencia física o psicológica y, desde que comenzó la pandemia, las cifras se han incrementado dramáticamente en muchos países.

En una sociedad globalizada donde prevalece la normalización de la muerte, la violación y la agresión contra las mujeres, este grupo de artistas se une mediante sus obras para conversar sobre la construcción social y patriarcal de crímenes de odio contra las féminas y cómo la establecida y aceptada impunidad la determina.

Vista de la exposición "Caminando juntas por ellas y por nosotras", 2020. Colaboración entre RoFa Projects y Mason Exhibitions
Vista de la exposición «Caminando juntas por ellas y por nosotras», 2020. Colaboración entre RoFa Projects y Mason Exhibitions
Regina José Galindo, Presencia, registro de performance. Cortesía: RoFa Projects

En El cielo llora tanto que debería ser una mujer, la artista guatemalteca Regina José Galindo se sumerge en una bañera, introduciendo todo su cuerpo bajo el agua, casi hasta ahogarse. Como es habitual en su obra, en este performance no hay una proyección simbólica, sino una acción directa –insoportable-, donde la muerte se acerca de manera angustiosa a su propio cuerpo.

Desde que realizara esta obra en 1999, la artista viene denunciando el sofocante ambiente patriarcal imperante, donde el desnudo femenino posa para el disfrute sexual masculino. La artista transforma esa desnudez femenina en un acto casi ligado a la muerte, mostrando que este cuerpo, (re)presentado de manera sensual en los medios de comunicación, cruza una delgada línea para convertirse no solo un objeto de deseo y consumo, sino también en sujeto de normalización de la crueldad y la muerte.

También de Regina José Galindo se exhibe No quiero ponerme en el lugar de los demás. Quiero ponerme en sus vestidos, un performance de trece días donde la artista viste la ropa de Patricia, Saira, María de Jesús, Cindy, Sandra, Carmen, Ruth, Mindi, Florence, Kenya, Velvet, Flor de María y Karen durante dos horas cada jornada.

Mujeres que fueron silenciadas, sus vidas y sueños terminados violentamente. Trece delitos más que quedaron impunes en Guatemala, muchos de ellos cometidos por las parejas o ex parejas de estas mujeres.

Priscilla Monge, Retrato de una niña después que la abusó su papá (de la serie «Inmencionables»), Polaroid. Cortesía: RoFa Projects

En su libro Respecto al dolor ajeno, ensayo sobre la representación documental e iconográfica del dolor, Susan Sontag habla sobre la representación visual en la fotografía de guerra, de la violencia y otros hechos trágicos y dolorosos. Para ella, el apetito por mostrar cuerpos que sufren es casi tan voraz como el deseo de mostrar cuerpos desnudos. Sontag sostiene que quizás los únicos que tienen derecho a mirar estas imágenes de dolor extremo son aquellos que pueden hacer algo para aliviarlo.

En este período de la historia donde hay un exceso de imágenes circulando en internet y medios de comunicación de todo tipo, es complejo hablar de lo que puede ser estético o no, lo que se puede ver o no, lo que es relevante y, después de un tiempo, pierde su importancia.

Inmencionables, de la artista costarricense Priscilla Monge, es una serie de fotografías Polaroid ampliadas con una leyenda al pie que intenta explicar la imagen, que ha sido completamente tachada con grafito, creando una especie de espejo negro. Estas imágenes, que tienen que ver con la violencia -una constante en su trabajo-, “cuestionan esa parte ética de lo que se puede o no ver, lo decente, el horror que se puede banalizar, e interpelan a los artistas que trabajan con estos temas y que pueden caer en hacer del sufrimiento del otro algo estético y nada más”.

En la última década, Ana De Orbegoso (Perú/EEUU) ha hecho énfasis en rescatar la historia y la memoria individual y colectiva. En Proyecciones feministas, De Orbegoso pone el acento en el presente. Su activa participación política en asuntos relacionados con los derechos de las mujeres la han llevado a reflexionar sobre el esfuerzo que millones de ellas vienen realizando para lograr la igualdad de género.

La artista camina diariamente por las calles tomando fotografías de marchas y otras imágenes asociadas al empoderamiento de las mujeres, que luego proyecta en edificios, objetos y cuerpos humanos.

También de la artista se presenta la serie Chaleco de poder, una instalación sobre la igualdad de derechos de las mujeres y el rol clave que ellas cumplen en el desarrollo social, a través de frases emblemáticas inscritas en pecheras como símbolos de lucha y auto-protección.

El 16 de agosto de 2019 se tiñeron de colores las calles y La Victoria Alada, monumento emblemático también conocido como El Ángel de la Independencia, en una manifestación que exigía justicia por la violencia de género en la Ciudad de México. A la mañana siguiente, la ciudad amaneció conmocionada por las manifestaciones frente al monumento, y no por los kilómetros de mujeres violadas y asesinadas ni por la impunidad que lo permite, según cuenta Cerrucha, autora de la serie Victorias Aladas.

En estos registros fotográficos vemos a las cuatro diosas ubicadas en la base del monumento cobrando vida, encarnando las consignas más poderosas que se inscribieron durante la marcha feminista y evidenciando –según la artivista mexicana- “la hipocresía que existe en México con respecto a la defensa del monumento a la vida de la mujer”.

“La Victoria Alada ahora tiene cicatrices que revelan las heridas del país. Cada diosa tiene la textura real de los elementos que componen el monumento, diferentes tipos de mármol y piedra, y las frases en sus cuerpos son algunos de los grafitis que están inscritos en la Victoria Alada”.

Eugenio Merino y Avelino Sala, Felpudos, 2020, frases impresas en tapetes, 115 x 70 cm. Edición: 2+2 PA. Cortesía: RoFa Projects

Felpudos, de los españoles Eugenio Merino y Avelino Sala, es una revisión de la historia del pensamiento y la filosofía en clave hegemónica-deconstructiva, en particular, de la misoginia que impera en la historia de la humanidad y la cultura.

A través de una serie de frases despectivas contra las mujeres escritas por grandes pensadores e impresas sobre tapetes, el visitante puede limpiarse los pies con ellas y, simbólicamente, borrarlas. “Pisaremos tus ideas con tanta fuerza que las aplastaremos; antes llenaremos nuestros zapatos de mierda, barro, piedras y pasaremos por encima de nuestros muertos y con su sangre en nuestras plantas te aplastaremos. De tu pensamiento arcaico solo quedará una mancha”, dice el statement de esta obra.

Las frases machistas de filósofos, científicos e intelectuales están contenidas en el libro La Aritmética del Patriarcado, y fueron seleccionadas por los artistas y la autora, Yadira Calvo.

Luisi Llosa, Aquí les dejo los residuos de mi dolor, placa de metal oxidada, papel y frascos de vidrio, 90 x 25 x 12 cm. Cortesía: RoFa Projects

La muestra también presenta una poética instalación del artista peruano Luisi Llosa compuesta por una serie de envases de cristal que conservan y exhiben su testimonio de maltrato, abuso y violencia psicológica. Las lágrimas del artista que yacen en los siete recipientes de Aquí les dejo los residuos de mi dolor son, para él, un mecanismo de catarsis y memoria, una vía de auto-curación y liberación a través del gesto artístico.

A lo largo de siete años, Llosa ha recurrido al arte para exteriorizar su malestar psíquico. Las lágrimas, recolectadas anualmente en cada uno de los frascos exhibidos, establecen un solo cuerpo de dolor cuya causa y comienzo en el tiempo son únicos, y cuya extensión es incierta. Los contenedores, al estar colocados en línea horizontal, hacen referencia a la repetición y permanencia del sufrimiento. Cada año no establece una superación del dolor: por el contrario, lo reafirma.

Es inevitable pensar en los frascos como si fueran cinerarios. De la misma manera que conservamos los restos cremados de nuestros seres queridos en esas vasijas, Luisi Llosa conserva sus propios restos, las múltiples muertes de su amor propio.

Reconstrucción (de la serie Violencia Doméstica), de la artista chilena residenciada en Nueva York Manuela Viera-Gallo, es también un inventario pero objetos/cuerpos rotos. Las piezas de este rompecabezas se pueden explorar como en una investigación forense. Los restos ayudan a recrear e imaginar el original, pero también revelan las frágiles tradiciones que heredamos y permiten cuestionar el daño cíclico que afecta nuestra sociedad y nuestra vida.

Los platos y tazas de cerámica fragmentados y unidos entre sí por la presión de las amarras parecen peligrosos -afilados, puntiagudos, capaces de hacer daño-, pero cuelgan silenciosos e inertes, prueba de una acción violenta que ya ha tenido lugar. Estas coreografías de escombros, dispuestos en diferentes relaciones espaciales, disfrazan en su ambigüedad la alusión al abuso de la mujer y la tragedia cómodamente disimulada de la violencia doméstica a escala global.

Similarmente, Hogar dulce hogar, del artista salvadoreño Ronald Morán, nos muestra a través de imágenes de un espacio doméstico violentado cómo la seguridad del hogar y la comodidad del ambiente familiar pueden ser, a veces, engañosas, una mera suposición.

La blancura total del suave algodón cubre objetos amenazantes o escenas donde algo trágico ha pasado, o podría suceder. El espacio es estático, pero muestra signos de actividad. Se puede ver una silla ocupada, no por un cuerpo, sino por la fuerza de una correa castigadora, o un cuchillo impoluto que reposa a la espera de su próxima víctima.

Ronald Morán, Home sweet home, registro fotográfico. Cortesía: RoFa Projects

CAMINANDO JUNTAS: POR ELLAS Y POR NOSOTRAS

Regina José Galindo (Guatemala, 1974. Vive en Guatemala)
Priscilla Monge (Costa Rica, 1968. Vive en Costa Rica)
Ana De Orbegoso (Perú, 1964. Vive en Nueva York)
Cerrucha (México, 1981. Vive en México)
Avelino Sala (España, 1972. Vive en España)
Eugenio Merino (España, 1975. Vive en España)
Luisi Llosa (Perú, 1981. Vive en Perú)
Ronald Morán (El Salvador, 1972. Vive en El Salvador)
Manuela Viera-Gallo (Chile, 1982. Vive en Nueva York)

Curadora: Gabriela Rosso | [email protected]

Del 6 de octubre al 22 de noviembre de 2020

Proyecto presentado por RoFa Projects (Maryland, EEUU) y George Mason University (Virginia, EEUU)

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