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RASMUS NILAUSEN Y SEBASTIÁN CABRERA: IDEAS FIJAS, PAREDES SUELTAS

Ideas fijas, paredes sueltas es la muestra bipersonal de Rasmus Nilausen (Copenhaguen, 1980) y Sebastián Cabrera (Lima, 1982) que se exhibe en el espacio de Crisis Galería (Lima, Perú). La exposición parte del diálogo que vienen desarrollando ambos pintores desde que se conocieron en Barcelona en el 2010, donde compartieron taller por un tiempo, para depurar en una reflexión en torno al rol del artista y al taller como espacio de investigación y creación, donde lo cotidiano se filtra afectando al proceso artístico.

En el caso de Cabrera, el flujo de las obras arrastra el tiempo y la espera, lo que se percibe tanto en la técnica, los materiales, como en las figuras que componen sus pinturas. En las obras de Nilausen son la lengua y el lenguaje los que se exhiben como metatextos, desde la anatomía de la propia lengua hasta la palabra encriptada en el interior de la pintura. Por ello, no resulta extraño el homenaje o la parodia que se revelan en el conjunto de obras, en el que emergen tanto citas como referentes artísticos pertenecientes a la historia del arte y a la intimidad de los artistas.

Asimismo, la dualidad se hace presente en la exhibición desde el título hasta la disposición de las obras en el espacio expositivo. De esta manera, las pinturas establecen diálogos en torno al rol del artista y al lugar que ocupa, los cuales abordan las estructuras físicas y mentales presentes en Ideas fijas, paredes sueltas o Números, números, números, que no es otra que una lluvia de tickets de espera; pasando por la vulnerabilidad de ciertos sistemas como en Language Grid o Cementerio, que conducen a pensar en el abandono o la caducidad; así como la concepción del trabajo manifiesta en Clasificados, donde un personaje (el artista) se halla en la dicotomía entre el ‘deber ser’ y el deseo que se ve figurado en la mirada que atraviesa el papel; o la representación del artista y el quiebre de la idealización del espacio de taller, presentes en Autorretrato como artista (después de Chardin),Ocaso, Recreación con naranjas y limones; y, finalmente, la transacción material como forma de redistribución expuesta en Studio Practice, El poeta se duerme o Términos y condiciones.

Ideas fijas, paredes sueltas es una de las primeras exposiciones en físico que se han abierto en Lima tras seis meses de declarado el Estado de Emergencia en el Perú a raíz de la pandemia por el COVID-19. De hecho, casi todas las obras presentadas en esta exposición fueron producidas durante el confinamiento. A propósito de la muestra, me junté a conversar con el artista Sebastián Cabrera.

Rasmus Nilausen, Studio Practice, 2020. Óleo sobre lino, 162 x 130 cm. Cortesía: Crisis Galería, Lima
Sebastián Cabrera, Ocaso, 2020. Acrílico sobre cuero sintético, 100 x 80 cm. Cortesía: Crisis Galería, Lima
Sebastián Cabrera, Ocaso, 2020. Acrílico sobre cuero sintético, 100 x 80 cm. Cortesía: Crisis Galería, Lima

Luisa Fernanda Lindo: La metáfora del taller como oficina e, incluso, como casa, presente tanto en la muestra como en el texto de sala, sugiere repensar el espacio no solo en términos de producción/productividad, sino como la búsqueda de un lugar ideal.

Sebastián Cabrera: Sí, nos interesaba plantear eso por dos razones: una, porque buscábamos romper con la idealización del taller de artista y compararlo con otros espacios laborales donde también muchos artistas trabajan o han trabajado. En segundo lugar, porque ahora más que nunca, el hogar se empieza a volver la empresa; el espacio familiar o de ocio, se vuelve un espacio funcional al trabajo.

LFL: El espacio laboral es el lugar donde uno habita –o habitaba– alrededor de ocho horas al día. Ahora, como mencionas, se da a la inversa: el trabajo habita el hogar. Sin embargo, en la muestra el taller de artista se percibe como un espacio multifuncional, cuyos límites (las paredes) no están definidos.

SC: Hablando con Rasmus [Nilausen] y con Alejandra [Monteverde] concluimos que el espacio de trabajo del artista termina estando sometido por su habitante, que es el mismo artista. El artista hace de este espacio un lugar de producción, de ocio o de espera (como una sala de espera), sea al mercado, a la academia o a las mismas ideas. Entonces, este espacio, al final, opera de diversas maneras; incluso te diría que el espacio de taller termina siendo no un espacio de producción sino de muchas otras cosas.

LFL: Claro, es ante todo un espacio de reflexión y de creación, pero también de no producción que –curiosamente– es el tiempo/espacio que el/la artista tiene para crear. Me gustaría resaltar dos ideas que se mencionan en el texto de sala: una es que el mercado domina y denomina al arte en su propio territorio. Y la otra, que el espacio de creación se ve afectado por lo cotidiano, por la necesidad de ser multitasking al servicio de una economía que justifique la práctica.

SC: Estar al servicio de esa economía es algo que contamina porque estás creando, pensando… Contamina a veces, contagia otras. Por eso, la pieza Clasificados muestra a este artista que tiene abierta la página de los clasificados de un diario, pero sus ojos están atravesando el papel mirando a cualquier otro sitio. Es como: “Estoy buscando empleo porque necesito subsistir económicamente, pero la mitad de mi cerebro está pensando en otras cosas: el ensayo, la pintura, la pieza de teatro o lo que sea”.

Rasmus Nilausen, Language Grid, 2019. Óleo sobre lino, 65 x 54 cm20. Cortesía: Crisis Galería, Lima
Sebastián Cabrera, Números, números, números, 2019. Óleo, acrílico y polvo de piedra pomes sobre tela, 120 x 100 cm. Cortesía: Crisis Galería, Lima
Sebastián Cabrera, Números, números, números, 2019. Óleo, acrílico y polvo de piedra pomes sobre tela, 120 x 100 cm. Cortesía: Crisis Galería, Lima

LFL: La letra, la lengua, el lenguaje se hace presente en la muestra. Por ejemplo, Language Grid [Cuadrídula del lenguaje] establece un diálogo con Cementerio, en tanto son dos sistemas que se encuentran atrapados.

SC: Sí, hay un diálogo en esta multiplicidad de lenguas que están como saltando, enjauladas, pero no al mismo tiempo y, por otro lado, está este cementerio de aparatos de comunicación y pantallas en abandono.

LFL: Además de ser un sistema de comunicación obsoleto da la sensación de cubículos abandonados por el contexto de pandemia.

SC: Sí, y también pienso en el artista intentando comunicar, materializar determinadas ideas que al final no terminan siendo del todo oídas.

LFL: Luego de este discurso sigue una serie de piezas escultóricas. Me parece interesante el guiño: la producción en serie, el material con el que está hecho (cerámica), que requiere espera, y el objeto en sí.

SC: Estas son las llamadas ticketeras caracol. Me interesaba plasmar la reproductibilidad del artista en el hacer, hacer y hacer y –de repente– aparece este hacer de las ticketeras que esperan al espectador, al comprador, al coleccionista, y en su misma espera terminan como fósiles.

LFL: Esa fosilización, de alguna manera, también se presenta en Ocaso

SC: Ocaso representa literalmente un caballete que estaba en la entrada de mi taller, se fue abandonando y se fue llenando de trapos para limpiar y guantes. Es, literalmente, como cuando cuelgas los guantes. Al final, la estructura que soporta la herramienta del artista termina siendo una especie de ropero de limpieza. De pronto, tiene que ver con esto cotidiano que el taller se expande, que no se reduce a cuatro paredes.

Sebastián Cabrera, Recreación con naranjas y limones, 2020. Óleo y acrílico sobre tela, 110 x 110 cm. Cortesía: Crisis Galería, Lima
Sebastián Cabrera, Recreación con naranjas y limones, 2020. Óleo y acrílico sobre tela, 110 x 110 cm. Cortesía: Crisis Galería, Lima
Rasmus Nilausen, El poeta duerme, 2019. Óleo sobre lino, 80 x 60 cm. Cortesía: Crisis Galería, Lima

LFL: En Recreación con naranjas y limones, ¿qué te lleva a representar el espacio de taller que tuvieron ambos en Barcelona?

SC: Empecé a desempolvar cosas que había estado recolectando para la muestra y encontré esta imagen. En esa época trabajaba de camarero, trabajé de camarero como ocho años. Y si mal no recuerdo, a veces en el restaurante les sobraba comida y me daban. Por alguna razón esa vez sobraron naranjas y limones y nos los regalaron. Los llevé al taller y estaba esta mesa de pin pon plegable y coloqué las naranjas y limones sobre la mesa y le eché una foto. Me pareció interesante porque es la intersección entre lo lúdico y lo productivo, esta especie de homenaje al bodegón de las naranjas y limones, pero sobre la mesa de juego.

LFL: De cierta manera hay una recirculación: son elementos que traes de un trabajo al espacio de juego que está dentro de tu otro espacio de trabajo.

SC: Como una mamushka. De ahí viene el título: Recreación con naranjas y limones. En esta obra hay pequeños guiños: está presente el título de la muestra, una manzana mordida que es una pintura de Rasmus, una pieza de Pera Llobera y un autorretrato. Es una recreación: podrían ser los limones de Zurbarán o las naranjas de Cézanne.

LFL: Los homenajes están muy presentes en la muestra como una manera de revisitar el pasado. Nilausen, en Autorretrato como artista (después de Chardin), presenta una aguda crítica al comparar la figura del artista como el mono pintor del s. XVIII, figura utilizada para representar la falta de originalidad y el acomodo a lo establecido por resultar efectivo. En tu caso, con esta obra en la que también te autorretratas y haces un homenaje a tus compañeros de taller a través de la representación pictórica de sus obras.

SC: Hay una especie de nostalgia que puede leerse como homenaje. Lo interesante de trabajar con un medio como la pintura es poder examinar cómo operó en el pasado y revisitarla desde la complejidad de un quehacer contemporáneo.  En esta pieza se indaga la intersección de lo lúdico –o el ocio– con la labor del artista (la tradición pictórica del bodegón) sobre una misma composición. Lo que se busca es desestabilizar los parámetros visuales de una productividad que responde a un tiempo lineal que termina homogeneizando las labores; así, se desdibuja el cuándo se está siendo productivo y el cuándo se deja de serlo. Es bueno preguntarse si es necesario detectar cuándo estos límites desaparecen, por qué y en beneficio de quién.

Rasmus Nilausen, Autorretrato como artista después de Chardin, 2020. Óleo sobre lino, 55 x 46 cm. Cortesía: Crisis Galería, Lima
Sebastián Cabrera, Clasificados, 2020. Óleo y acrílico sobre tela, 60 x 50 cm. Cortesía: Crisis Galería, Lima
Sebastián Cabrera, Clasificados, 2020. Óleo y acrílico sobre tela, 60 x 50 cm. Cortesía: Crisis Galería, Lima

LFL: Este cuestionamiento es visible entre El poeta se duerme y Términos y condiciones, las cuales se presentan como un oxímoron. De alguna manera sugieren una crítica al accionar o al mercado del arte y sus condiciones.

SC: Sí, pero sin embargo estas imágenes van muy de la mano. Son ambas partes las que están negociando y ambas manos se están sobando, de una manera vulgar. Cómo me voy a beneficiar de esta otra parte, no solo en el mercado del arte sino en todo ámbito laboral.

LFL: Podría decirse que rompe con la idea del artista como víctima del mercado, cuando en realidad también está jugando en ese terreno.

SC: Que una persona decida trabajar bajo unas normas predeterminadas en el mercado artístico no quiere decir que no pueda mejorar esas mismas normas o condiciones. Los artistas también pueden–en la medida de lo posible– negociar sus contratos. 


La muestra estará abierta hasta el 31 de octubre de 2020 en Crisis Galería, Jr. Alfonso Ugarte 260 #101, Lima | +51 954199605 +51 999229225 | ww.crisis.pe | [email protected]

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Luisa Fernanda Lindo

Lima, 1979. Curadora, escritora y trabajadora del arte. Licenciada en Letras por la Universidad de Buenos Aires (Argentina) y Magíster en Estudios Curatoriales por la Universidad de Navarra (España). Ha obtenido diversas becas y residencias, como la Beca de Posgrado de Fundación Carolina 2018–2019; Beca a la Excelencia de Programas Especiales para Artistas de AMEXCID/SRE (México, 2015); Beca de Residencia Artística de SEGIB y Casa de Velásquez (Madrid, 2015); entre otras. Es directora y curadora de SUERO, espacio temporal para la reflexión, creación y exhibición de arte contemporáneo.

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