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ELLA, EL OJO, EL DEDO, LA MANO

Por Alexandra Laudo [Heroínas de la Cultura]

Ella, el ojo, el dedo, la mano establece una conversación entre una selección de obras de tres artistas de nacionalidades y generaciones diferentes: Margaret Harrison (Wakefield, Reino Unido, 1940), María María Acha-Kutscher (Lima, Perú, 1968) y Núria Güell (Vidreres, España, 1981). A pesar de sus diferencias generacionales y de contexto, y dejando de lado la especificidad y singularidad de sus trabajos, es fácil identificar en las prácticas artísticas de estas tres creadoras planteamientos, temáticas y líneas discursivas afines.

El primer término del título, Ella, no alude solo a la circunstancia obvia de que las tres son mujeres, sino al hecho de que trabajan desde un posicionamiento feminista declarado y manifiesto, y que a menudo analizan a través de su obra las diferentes formas de violencia y opresión ejercidas contra la mujer como sujeto político. Son conscientes de que la violencia y la discriminación de género suelen ser inherentes a otras formas de opresión, como por ejemplo la racial o la de clase, y por eso abogan por un feminismo inclusivo y transversal, desde el que denuncian la vulneración de los derechos de cualquier sujeto subalterno y reivindican un mundo igualitario, donde todas las personas puedan definir las condiciones de su propia existencia.

El segundo término del título, el ojo, hace énfasis en la función de observación y documentación de la realidad que las tres ejercen como artistas, pero también en la asunción de la responsabilidad que deriva del hecho de ser testimonio, y a veces incluso cómplices, de las diferentes formas de injusticia social. El ojo hace también alusión a un interés por analizar y revisar de manera crítica los cánones visuales, la representación estereotipada de la figura femenina en la historia del arte, y las convenciones que han conformado a lo largo de los años las formas de recepción e interpretación de la imagen artística. En sus obras, y a diferencia de otros artistas políticos que limitan su activismo al documentalismo, Harrison, Güell y Acha-Kutscher no solo registran y testimonian las diferentes formas de injusticia social, sino que las enfrentan.

El dedo hace referencia a la determinación de señalar los abusos de los sistemas de opresión y del poder hegemónico, pero también a sus capacidades para reconocer los privilegios que a veces les otorga sus posiciones como artistas reconocidas y residentes en Europa, y de cómo los usan en favor de las causas que defienden. Por eso el último término es la mano, un elemento corporal que representa una forma de relación activa y directa con el mundo, y que simboliza la convicción compartida de entender el arte como una herramienta para la transformación social y como un lugar desde el cual ejercer el activismo.

Núria Güell, El valor de la pureza, 2019. Vista de la exposición en ADN Galería, 2020. Foto: Roberto Ruiz. Cortesía de la artista y ADN
Núria Güell, El valor de la pureza, 2019. Vista de la exposición en ADN Galería, 2020. Foto: Roberto Ruiz. Cortesía de la artista y ADN
Núria Güell, De putas. Juguetes, 2019, objetos sexuales, medidas variables, pieza única. Foto: Roberto Ruiz. Cortesía de la artista y ADN Galería

La exposición comienza con la selección de algunos objetos, documentos y materiales audiovisuales que conforman el proyecto de Núria Güell El valor de la pureza (2019), en el que la artista lleva a cabo una investigación sobre el “Pura Sangre Española”, un prototipo racial equino creado por deseo de Felipe II, del que actualmente el Ministerio de Defensa de España comercializa el semen con la voluntad de promover su reproducción y evitar la extinción del que se considera un “patrón racial de origen nacional”. Güell devela sutilmente un imaginario intrincado en el que el animal aparece relacionado con las fuerzas armadas y con las nociones de pureza, raza e identidad nacional.

En diálogo con esta obra encontramos dos grupos de imágenes del proyecto Womankind (en curso desde 2010) de María María Acha-Kutscher, en las que la artista reelabora imágenes de archivo mediante el uso del collage digital y genera lo que, en una especie de oxímoron, podríamos denominar “documentos históricos ficcionales”, a través de los cuales revisa la representación fotográfica tradicional de la figura de la mujer desde planteamientos feministas. En estos dos grupos de imágenes encontramos referencias a las relaciones de dominación y poder vinculadas al imaginario animal y a la figura femenina, y a la carga ideológica presente en ciertos elementos de la cultura material, como los monumentos, las banderas, la propaganda y los uniformes.

En un segundo espacio, otro grupo de obras alude también a las dinámicas de dominación y poder que se establecen a través de los objetos y de la indumentaria, así como a la incidencia de las representaciones y el imaginario visual en la conformación de los roles de género y las relaciones sexuales. Núria Güell presenta la colección de complementos y juguetes sexuales de una de las prostitutas con las que trabajó en su video-ensayo De putas. Un ensayo sobre la masculinidad* (2018). La trabajadora sexual a la que pertenecen estos objetos explica que muchos de sus clientes, supuestamente heterosexuales, quieren usar vestidos y complementos femeninos, y que le piden que use con ellos vibradores y otros juguetes sexuales a priori pensados para mujeres y hombres gais. Exhibida, la colección de objetos constituye una alusión a la fuerza represora que la tipificación del deseo y de los roles de género y sexuales ejerce sobre todos nosotros.

Esta línea de reflexión también se encuentra en el trabajo de Margaret Harrison, artista pionera en la construcción de una iconografía queer, que expresa una concepción fluida y cambiante del género y la sexualidad. Recurriendo al humor y revisando críticamente la iconografía sexualmente estereotipada del arte pop de Estados Unidos, Harrison feminiza e hipersexualiza las representaciones de algunos superhéroes y otros iconos masculinos de la cultura popular. Las obras If these lips could only speak (II) (1971) y Ejaculator (2007) son representativas de un extenso cuerpo de trabajo que la artista inició en la década de los setenta y que continúa en la actualidad, con el que denuncia cómo los estereotipos visuales limitan y empobrecen la construcción de la identidad sexual y de género, y cómo esto constituye una forma de violencia y de restricción de las libertades, no solo de las mujeres sino también de los hombres.

María María Acha-Kutscher, Womankind. Derruidas, 2012, impresión digital, foto-collage, 52 x 70 cm. Ed. 1/7. Foto: Roberto Ruiz. Cortesía de la artista y ADN Galería
María María Acha-Kutscher, Womankind. 365 days, 2012, impresión digital, foto-collage, 52 x 70 cm. Foto: Roberto Ruiz. Cortesía de la artista y ADN Galería
María María Acha-Kutscher, Womankind. 365 days, 2012, impresión digital, foto-collage, 52 x 70 cm. Foto: Roberto Ruiz. Cortesía de la artista y ADN Galería
Margaret Harrison, We will create new methods to stop your aggression, 2018, grafito, acuarela y collage sobre papel, 56,5 x 34,3 cm. Foto: Roberto Ruiz. Cortesía de la artista y ADN Galería

A continuación, ya en la sala grande, encontramos dos trabajos de María María Acha-Kutscher que, a partir de la revisión de ciertos hechos históricos, hacen también referencia a la deconstrucción del sistema de género binario. Herstorymuseum (en curso desde 2017) es un museo imaginario creado por Acha-Kutscher en el cual la artista va creando conjuntos de imágenes que ella entiende como pequeñas exposiciones, y que se centran en artistas y creadoras del siglo XX, para ofrecer una historia del arte alternativa.

En esta ocasión, Acha-Kutscher presenta una nueva exposición formada por treinta y seis imágenes que, bajo el título Permission de Travestissement (2020), hacen referencia a una ordenanza emitida en París en el siglo XIX por la cual, en ciertos casos y circunstancias, se autorizaba a las mujeres a vestirse como hombres. La instalación reúne retratos, citas y obras de artistas de diferentes disciplinas y épocas que se han apropiado de los símbolos de poder tradicionalmente asociados a la masculinidad, en un gesto de emancipación y reivindicación del derecho a determinar su propia imagen, o para mitigar las desigualdades que sufrían en relación a sus congéneres hombres. También en el marco de Herstorymuseum, Acha-Kutscher presenta la obra Writers with pseudonyms (2020), que reúne los retratos de diferentes escritoras que usaron nombres masculinos para firmar sus obras literarias.

Scents of Identity (1993), de Margaret Harrison, toma como referencia la obra de Edouard Manet Un bar aux Folies Bergère (1881-82), donde una camarera y prostituta permanece solícita detrás de la barra, con una mirada triste y perdida. En esta serie, Harrison retrata diferentes figuras femeninas que trabajan como dependientas en grandes almacenes para denunciar cómo la maquinaria capitalista sitúa frecuentemente a la mujer en una posición de mediación entre el producto y el cliente, y cómo la “femineidad servicial” que se requiere la suele convertir también a ella en objeto de deseo. La cuidada presentación de las pinturas en el espacio expositivo, dispuestas sobre un fondo de color e iluminadas con elegantes lámparas, invita a pensar también en la mirada como una forma de consumo, y en la obra artística como mercadería.

Vista de la exposición. Foto: Roberto Ruiz. Cortesía de la artista y ADN Galería
Margaret Harrison, Scents of Identity. Magnin store, San Francisco (2), 1993, acuarela sobre papel, 19 x 23 cm. Foto: Roberto Ruiz. Cortesía de la artista y ADN Galería
María María Acha-Kutscher, Herstorymuseum. Writers with pseudonyms, 2020, impresión digital, 42 x 59,7 cm. Ed. 1/3. Foto: Roberto Ruiz. Cortesía de la artista y ADN Galería
Núria Güell, Una película de Dios. Anexos, 2018-2019, video. Ed. 1/3. Foto: Roberto Ruiz. Cortesía de la artista y ADN Galería
Núria Güell, Una película de Dios. Anexos, 2018-2019, video. Ed. 1/3. Foto: Roberto Ruiz. Cortesía de la artista y ADN Galería

A continuación, encontramos un conjunto de videos de Núria Güell relacionados con el proyecto Una película de Dios** (2018-2019), que desarrolló en México con un grupo de menores de edad que habían sufrido abusos y que habían sido explotadas sexualmente, así como también con una familia de ex-proxenetas. Durante un año, Güell llevó a cabo un proceso de trabajo con estas niñas, que dio lugar, entre otras cosas, a la elaboración de la audioguía que debía acompañar una exposición de obras religiosas comisariada por la artista y las menores. En los videos presentados, las niñas y también los ex-proxenetas interpretan y comentan las escenas de los cuadros a partir de sus experiencias de abuso y maltrato. A Güell le interesa confrontar en esta obra la educación y la moral cristiana con la experiencia traumática de los abusos sexuales, y poner en crisis el concepto de familia propagado por la educación católica.

También encontramos una crítica al papel que ha ejercido tradicionalmente la historia del arte y la institución museística en la construcción de los relatos hegemónicos, basados en una ideología patriarcal y en una visión discriminatoria y estereotipada de la mujer. No obstante, el trabajo también demuestra una confianza en la posibilidad de reformular estas grandes narrativas desde la práctica artística y desde el mismo museo mediante la incorporación de voces disidentes y de relatos no hegemónicos.

Un nuevo grupo de fotografías de la serie Womankind, de María María Acha-Kutscher, nos presenta a diferentes mujeres interactuando de manera más o menos explícita con obras de arte e imágenes donde aparecen figuras femeninas, también desde la voluntad de alterar los cánones tradicionales de representación de la mujer en la historia del arte y de generar, desde la especulación visual, nuevos imaginarios feministas.

Su obra Colossus 1 (2015), también de la serie Womankind, y los trabajos de Margaret Harrison We will create new methods to stop your aggression (2018) y Anger and fear (2019) operan también en una dirección similar, reelaborando desde posiciones feministas la iconografía monumental y la popular, relacionada con los héroes y las superheroínas, y poniéndola en relación, en el caso de Harrison, con la violencia represiva militar y policial.

Núria Güell, Aportación de agentes del orden, 2009, pizarra imantada exenta, documentos, fotografías, imanes. Foto: Roberto Ruiz. Cortesía de la artista y ADN Galería
Núria Güell, Aportación de agentes del orden, 2009, pizarra imantada exenta, documentos, fotografías, imanes. Foto: Roberto Ruiz. Cortesía de la artista y ADN Galería
Margaret Harrison, Ellen’s dress, 1998, acrílico sobre lienzo. Foto: Roberto Ruiz. Cortesía de la artista y ADN Galería
Margaret Harrison, Ellen’s dress, 1998, acrílico sobre lienzo. Foto: Roberto Ruiz. Cortesía de la artista y ADN Galería

Las formas de resistencia y subversión por parte de la mujer frente al orden represivo de los cuerpos policiales y el cuestionamiento de la legitimidad de los mismos es el tema que Núria Güell explora en la instalación Aportación de agentes del orden (2009), un trabajo desarrollado en La Habana que documenta la conducta inapropiada de adulación y flirteo que algunos policías tuvieron hacia la artista, y la estrategia de engaño subversivo con la que ella les responde.

Cierran el recorrido una pintura de gran formato de Margaret Harrison y un nuevo político María María Acha-Kutscher de la serie Womankind en torno a la relación entre la figura femenina y el paisaje. El nuevo conjunto de imágenes de María María Acha-Kutscher, titulado Saudade (2020), trata sobre la melancolía y sobre la comunión entre el estado emocional y el entorno, entre el paisaje interno y el externo, presentando diferentes figuras femeninas -algunas racializadas- en estado contemplativo y melancólico en lo que podría ser una revisión de la tradición romántica.

En Ellen’s Dress (1998), Harrison establece una asociación entre la ropa y el paisaje para sugerir que ambos son un constructo, que no tienen un fundamento natural sino que se basan en convenciones establecidas culturalmente. La figura representada es la hija de la artista, ataviada con un vestido que Harrison compró en Cumbria, pero que se fabricó y comercializó en diferentes localizaciones indicadas en el cuadro. A la espectacularidad de un cielo que remite a la obra de Turner y a la tradición del paisajismo inglés, Harrison contrapone los datos que revelan las relaciones de explotación económica entre Europa y los países en vías de desarrollo con relación a la producción y circulación de mercaderías, contraponiendo así la belleza del paisaje a la crudeza geopolítica.


*Si quieres ver la película De Putas. Un ensayo sobre la masculinidad solo tienes que escribir un mail a [email protected]

**Si quieres ver Una película de Dios solo tienes que escribir un mail a [email protected]


MARÍA MARÍA ACHA-KUTSCHER | NÚRIA GÜELL | MARGARET HARRISON: ELLA, EL OJO, EL DEDO, LA MANO

17.09.2020 – 14.11.2020

ADN Galería, c/ Mallorca, 205, Barcelona
[email protected]

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