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ISIDORA BRAVO: PORNOGRAFÍA PARA CABALLEROS

La propuesta de Isidora Bravo desafía el contrato tácito que la pornografía había establecido con sus espectadores. Contrato en el que se administraba una relación de distancia aséptica entre mensaje y receptor.  Y es que nos habíamos acostumbrado a las imágenes de sexo explícito en superficies bidimensionales. Primero, a través de la industria editorial con revistas como “Color Climax” -de circulación entre los años 60 y 70- y que ha servido a la artista de referencia, material e inspiración; también, en las películas porno distribuidas en copias pirata de video VHS; y luego,  digitalmente, saturando nuestras pantallas de las computadoras y celulares en orgías de banners y gifs animados descargados involuntariamente al entrar en páginas inseguras, o frustrando deseos onanistas en coitus interruptus debido a una mala conexión -genitales pixelados, desnudos glitcheados, mediante.

Isidora, en sus obras, intenta superar esa experiencia visual distante que la pornografía tradicional ha normalizado en los medios, alterando la iconicidad complaciente de sus imágenes y predictibilidad del relato en el que se insertan. Su trabajo también complace y seduce, pero a la vez, perturba, pues la profilaxis de la imagen es desautorizada por la materialidad con que fue construida: pelos púbicos, baba, chicle o, en otro registro, imprimiendo la imagen porno como decoración en objetos de lujo y uso cotidiano.

Isidora Bravo, Secretos del neo marica, 2020, 3 ceras para barba marca Capt Fawcetts grabadas en laser, 6 cm Ø. Cortesía: Factoría Santa Rosa

A simple vista, su trabajo no se etiquetaría como posporno ni se inscribiría en las retóricas del arte de la disidencia, pues las imágenes que nos ofrece aluden a la pornografía de consumo habitual mercantilizada. Masturbación, orgías, felaciones. Pero estas imágenes en realidad actúan como anzuelos visuales.  Espejismos de ese deseo escópico domesticado por la industria, que aún hoy, a pesar de la sobre oferta de sexo online, siguen aceitando una maquinaria lucrativa.

El anzuelo funciona y nos acercamos para ver el detalle. Pero en la trama no encontramos el poro HD, ni el artificio del pincel, ni del pixel, ni de la tinta. La experiencia de mirar escenas lascivas es alterada por la incorporación de materialidades residuales manipuladas con delirante precisión, revelando la precisión quirúrgica artesana de la dimensión física de la imagen. De esta manera, los mitos del arte tradicional vinculados al virtuosismo, pulcritud y oficio son actualizados por la artista para construir imágenes indecentes, pero volcando su obsesión por la técnica y el trabajo minucioso en la incorporación de materialidades banales despreciadas por la sociedad que, en su condición de residuo, son habitualmente descartadas del ámbito de lo visible.

Isidora sitúa de manera protagónica esas materialidades -detritus cultural y argamasa libidinal, a la vez- para construir íconos que juguetean con nuestros deseos-expectativas, haciéndonos oscilar entre la atracción y repulsión.

Isidora Bravo, Secretos del neo marica, 2020, 3 ceras para barba marca Capt Fawcetts grabadas en laser, 6 cm Ø. Cortesía: Factoría Santa Rosa

Con sus nuevas piezas, Secretos del neo-marica y Sin pelito no hay delito (2020), nos ofrece un set de utensilios y productos de auto-cuidado personal y embellecimiento para señores. La particularidad de estos peines para barba, y ceras es que mediante el grabado láser están decoradas con imágenes pornográficas de corte homosexual. Alejándose de la victimización o denuncia por la marginación y persecución de la homosexualidad, Isidora apunta a las técnicas de normalización que el mercado neoliberal utiliza para integrar las disidencias sexuales en su maquinaria productiva. Así nos presenta, con ironía, una nueva provocación, señalando la asimilación social del imaginario homo-erótico masculino en tanto esté asociado a cierto sector marica, refinado, siútico, adinerado, insinuando así los nexos entre poder, placer y capital que la pornografía como dimensión política y erótica han construido.

Isidora Bravo, Sin pelito no hay delito, 2020, cepillo pequeño para barba con incrustaciones en polvo de oro de 24k. Pieza única. Dimensiones variables. Cortesía: Factoría Santa Rosa
Isidora Bravo, La manuela baila sola, 2019, instalación de chicle masticado sobre madera y espejo en el techo, 200 x 150 cm. Cortesía: Factoría Santa Rosa
Isidora Bravo, de la serie Serigrafía Pelúa, 2019, fotoserigrafia con pelo humano en papel de algodón Canson. Pieza única, 110 x 80 cm. Cortesía: Factoría Santa Rosa

Isidora Bravo (Santiago de Chile, 1991). Artista de la Universidad Diego Portales, se caracteriza por el uso de materiales inusuales y cargados de contenido simbólico para hacer un comentario frente a la construcción de las imágenes. Ha mostrado su trabajo en la Biblioteca Nicanor Parra, la galería Metales Pesados, la galería D21, Il Posto, el Museo de Arte Contemporáneo de Santiago, entre otros.


La exhibición estará abierta al público a partir de 29 de septiembre de 2020, con acceso libre y sin necesidad de registro, en el sitio web de Factoría Santa Rosa. Existe la posibilidad de acceder a visitas presenciales, solicitándolas con tiempo al correo electrónico [email protected]  o vía celular +569786188, opción que depende del contexto sanitario del momento.

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Valentina Montero

Doctora por la Universidad de Barcelona en el Programa Producciones Artísticas Avanzadas, línea Imagen y Diseño del Departamento de Imagen y Diseño; Máster en Comisariado y Prácticas Culturales en Arte y Nuevos Medios (U. Ramón Llull), periodista (Universidad Arcis) y Licenciada en Estética (UC). Desde 2011 ha sido docente en línea en Node Center for Curatorial Studies. Ha colaborado para la Mediateca de Caixa Forum, Festival Drap-Art y Videoakt, Taxonomedia, en Barcelona. Ha participado como conferencista en congresos y simposios, entre éstos el FILE - Festival Internacional de Lenguaje Electrónico (Sao Paulo).

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