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KARLA LEYVA: LET ME GET CLOSER

Por Alberto Ríos de la Rosa

Los científicos modernos prometen muy poco; saben que los metales no se pueden transmutar y que el elixir de la vida es una ilusión.

Mary Shelley, Frankenstein o el moderno Prometeo (1818)

¿Cómo se define al “ser humano” a partir de la evolución de las múltiples imágenes que se construyen sobre éste? ¿Cuáles son las implicaciones sociales y culturales que se generan en y por las representaciones del cuerpo humano y sus extensiones físicas y sensoriales? La artista mexicana Karla Leyva se apropia de estas interrogantes como eje central de su estudio y aproximación creativa desde donde construye un conjunto de obra que evidencia la configuración y reconfiguración constante del cuerpo a partir de la vertiginosa evolución de nuevas tecnologías ligadas al mejoramiento del aspecto físico y el bienestar.

La exhibición Let Me Get Closer (Déjame acércame) está construida a partir de una selección de fotografías, esculturas, ready-made y video hechas desde el 2018 como parte de la serie El Capitalismo de las Apariencias y su más reciente experimentación con las técnicas del fenómeno biológico de ASMR (Autonomous Sensory Meridian Response – Respuesta sensorial meridiana autónoma) producida en los últimos meses. El conjunto de imágenes se presenta como una aproximación crítica al entendimiento de “tecnologías” como todas aquellas extensiones artificiales al cuerpo humano que nos permiten relacionarnos con nuestro entorno y, consecuentemente, modificarlo o reconstruirlo.

Karla Leyva, parte de la muestra Let Me Get Closer, Estudio Marte 221°, CDMX, 2020. Cortesía de la artista

En el primer momento de la muestra, la premisa del filósofo y escritor francés Michel Foucault “no hay política que no sea una política de los cuerpos” sirve como punto de partida para el análisis en torno a las múltiples implicaciones culturales y sociales que se generan en las industrias de la salud, el bienestar físico y espiritual y la belleza cosmética, y sus inevitables consecuencias en la praxis del biopoder.

Como una de las más redituables a nivel mundial (con un mercado de 4.5 trillones de dólares en 2019), la economía global del bienestar se erige a partir de la concepción del cuerpo humano como un producto que se aleja de lo abyecto y rinde culto a la juventud, la belleza y la salud física. Desde una aproximación formal, Leyva estudia las tecnologías que se construyen para satisfacer las necesidades de esta economía, revelando sus implicaciones éticas, contradicciones y falacias inherentes tanto en los cuerpos individuales como en la sociedad en colectivo. El conjunto de imágenes que surgen en las fotografías GO! (2020), Masaje (2020), Fuerza (2020), Youth Conspiracy (2020) y Adán (2020) revelan de forma diáfana las parafernalias propias de los gimnasios, clínicas y salones de belleza, así como espacios de yoga o meditación.

A través de su lente, Leyva observa y cuestiona los usos de las máquinas, las herramientas, los utensilios y los rituales construidos específicamente para las actividades que se llevan a cabo en estos espacios. Materiales como el látex, el plexiglás, la piel natural, la vinipiel, el acero inoxidable y el velcro son puestos en escrutinio y evidenciados a través de las abstracciones más reducidas de sus texturas y presentaciones. No solo destacan la dualidad entre lo natural y lo artificial, sino también la relación visual que existe entre las tecnologías enfocadas en “mejorar” la belleza del cuerpo físico y mental y aquellas ligadas a la procuración de placer en el sadomasoquismo o, de forma más extrema, a la imposición de dolor en los métodos de tortura.

El estudio de las tecnologías dispuestas al servicio de la industria de la salud y el bienestar se complementa con un conjunto de esculturas que abordan la relación de poder entre las extremidades del cuerpo y los objetos a los que responden. Brazo I (2019) y Mentón (2020) se forman a partir de “la mascarilla facial” como uno de los recursos de belleza más distintivos y que ha logrado una comercialización de gran alcance global en la última década. Ambas piezas se originan en la silueta de una mascarilla personal, la cual es “reconstruida” a partir de un compuesto de fécula de maíz, pegamento, glicerol y pigmentos hecho en el estudio de la artista.

De la misma forma, la escultura Boom (2019) hace uso de uno de los cojines utilizados para la recuperación y moldeo de los glúteos después de las cirugías estéticas. Las composiciones tridimensionales se complementan con los “brazos” y “abrazaderas” utilizados para la construcción de dioramas y otras estructuras propias de la industria fotográfica, que evidencian el interés de Leyva por revelar las parafernalias de la construcción de la imagen mediática en series de trabajo previas.

En un segundo momento, las piezas Golden Mask I-II (2019) despliegan la doble silueta de una mascarilla facial hecha con lámina de oro como una crítica hacia el uso de estos minerales como factores de valor agregado que manipulan las estrategias de mercadotecnia de la industria de la belleza cosmética para impulsar la comercialización de sus productos. Esta crítica se explaya con la instalación de las esculturas Pieles (2019-2020), reconstrucciones de frascos hechos a partir del contenido de un producto que se comercializa a precios sumamente reducidos en los mercados populares de la Ciudad de México como una mascarilla para el blanqueamiento de la cara, alegando que contiene oro y carbón activado.

Karla Leyva, parte de la muestra Let Me Get Closer, Estudio Marte 221°, CDMX, 2020. Cortesía de la artista
Karla Leyva, parte de la muestra Let Me Get Closer, Estudio Marte 221°, CDMX, 2020. Cortesía de la artista

En su trabajo más reciente, Leyva aborda la corriente de pensamiento y acción que propone el transhumanismo a partir de la evolución física, biológica y consecuentemente digital del cuerpo humano para contrarrestar el paso del tiempo y la muerte por medio de un desarrollo mecánico, psicológico e intelectual. Su investigación se centra en las prácticas digitales en torno al ASMR, término utilizado para describir las sensaciones de cosquilleo en el cuello, la parte posterior de la cabeza o en la columna vertebral producidos por la incitación de terminales nerviosas que se produce cuando las personas ven videos estimulantes. Estas sensaciones pueden generar un estado de relajación en algunas personas, aunque también de aversión o excitación en otras.

El fenómeno mundial de videos de ASMR ha generado constantes críticas y debates enfocados en el impacto político, social, erótico y relacional que implica el estímulo infoesférico y la comunicación reticular que producen. Con el objetivo de evidenciar los procesos por los que se construyen y transmiten los afectos, Leyva construye el personaje Post Organic Doll, y produce tres videos de ASMR para la plataforma YouTube en los que aparece leyendo, escribiendo un texto o maquillando a la cámara.

Los textos publicitarios y slogans de marcas de belleza como “let me get closer, your skin is so soft though (déjame acercarme, aunque tu piel es tan suave)” y “oils which penetrate deep into the layers of your skin (aceites que penetran profundamente en las capas de su piel)” son re-apropiados e incluidos en los guiones de los videos y, consecuentemente, en las pinturas ASMR Oils (2020) y ASMR Let me get closer (2020) hechas con materiales encontrados en el estudio de la artista durante los meses de contingencia sanitaria.

Al formular estas preguntas, y trazar una línea de pensamiento que abarca el arte, la política, la ciencia, la economía, y la tecnología, Karla Leyva incita a cuestionar las consecuencias de las crecientes prácticas digitales en el comportamiento y la anatomía del ser humano, al mismo tiempo que propone una definición paralela de lo que significa estar vivo en un cosmos donde las tecnologías digitales superan la interacción con lo animal, lo vegetal y lo terrestre.

Karla Leyva, parte de la muestra Let Me Get Closer, Estudio Marte 221°, CDMX, 2020. Cortesía de la artista

Let Me Get Closer se presenta en Estudio Marte 221°, Jaime Torres Bodet 221, Santa María la Ribera, Ciudad de México, del 3 al 19 de septiembre del 2020.

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