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HIJAS DEL RIGOR: PRIMERO MADRE(S) ANTES QUE MUJER(ES)

Por Senoritaugarte | Artivista feminista chilena

En memoria de Anaís Godoy y Antonia Barra, víctimas de esta justicia patriarcal.

Qué difícil es poder encontrar instantes de paz para expresarse mediante la escritura, cuando no has sido parte del academi-sismo. El mundo se está derrumbando intempestivamente gracias a una pandemia, eres madre y te urge encontrar unos minutos de sanidad mental para sobrellevar el constante bombardeo de información y posverdad que desbordan nuestras empañadas ventanas de “realidad” virtual.

Como activista me resulta imposible disociar el arte de lo político y lo social, sobreviviendo décadas a un país racista, clasista, misógino, heteronormativo, homofóbico y machista, donde la maternidad hegemónica ha sido equivalente a cuidar, educar y proteger “hasta que duela”, profundizando aún más la precariedad laboral en este contexto de pandemia con doble o a veces triple explotación, extendiendo las jornadas diarias de las mujeres-madres para poder improvisadamente incorporarse a esta tendencia/sentencia cibernética, generando elevados niveles de estrés debido a los cuidados 24/7 y al constante bombardeo de tareas. Por otra parte, se suma la desesperación de muchas mujeres-madres monoparentales que llevan varios meses cesantes, sintiéndose con más incertidumbre y frustración en relación al futuro.

Ante este triste escenario, no es novedad que el patriarcado y el capitalismo —juntos, de la mano— han impuesto históricamente toda la carga de los cuidados en las mujeres, y es en esta procesión hacia el “no future” que nos percatamos que avanzamos directo hacia la fábrica del exterminio, mientras suena de fondo Another Brick in The Wall. Un loop de des-tiempos necropolíticos donde, pese a este letal arresto domiciliario, sentimos la angustia y la rabia de aún tener muchas batallas pendientes.

Las mujeres-madres ya sabíamos de confinamiento

La antropóloga mexicana Marcela Lagarde, en su tesis doctoral Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas, explica la noción de cautiverio como un fenómeno cultural, social e institucional del mundo patriarcal (Lagarde, 2005). En ese contexto, aclara que los hombres no son la causa directa de los cautiverios de las mujeres, ni quienes en exclusiva las mantienen cautivas. Aunque contribuyan a hacerlo, se enseñoreen en los cautiverios y se beneficien de ellos, estos se originan en los modos de vida y en las culturas genéricas (Lagarde, 2005). Aquí se establece que, en estas fronteras del sentido, las feministas no se reconocen entre ellas debido al acostumbramiento del patriarcado. Sin duda, en ese orden, la relación opresiva madre-hija tampoco escapa a este constructo.

Por ello, es clave reconocer que hemos heredado de nuestras ancestras, madres, abuelas y bisabuelas, las “hijas del rigor”, la resistencia y resiliencia a estos privatizados espacios de confinamiento, donde imperaba la violencia económica e intrafamiliar. Mujeres que habitaron sus cocinas como un cuarto propio; evocaciones a frustraciones y sueños que quizás nunca se cumplieron o que se canalizaron en otros actos de amor como, por ejemplo, el cuidado de sus nietxs (otro trabajo no visibilizado de explotación).

Arrojadas a la esclavitud de lo doméstico, no tuvieron la oportunidad de ser consideradas en lo público, ni mucho menos en la cultura. Pasado que permea dolorosamente el presente, una “identidad escindida”que permite que las mujeres desplieguen incontables energías vitales en actividades inacabables y desvalorizadas, económica y políticamente. Lo hacen motivadas por la carencia subjetiva y tangible (carencia del otro, de sus atributos, y de sus bienes materiales y fantásticos), con la creencia que sus relaciones con el mundo se rigen por una ley de intercambio.

Así pues, las reivindicaciones de la mujer, la inserción en la política o el sufragio, no han cuestionado la carencia de un cambio real y significativo como un sujeto productor de sí mismo. Por otro lado, la antropóloga Sonia Montecino recurre a la clásica frase “lo personal es político”, reflejado en la esquizofrenia maternal en la cual la madre ha tenido que someterse a los cambios modernizadores.

“Salta a la vista que la tendencia general es a la igualdad de hombres y mujeres en diversos ámbitos: en el ámbito político, frente a ciertos tipos de trabajo, en la sexualidad, al interior de la familia, etc.; que se sigue manteniendo la idea de una identidad mujer-madre, pero simultáneamente se la vincula con una identidad profesional (hay una ambivalencia en relación a la dueña de casa, pues se le asigna el valor de buena madre, pero a la vez poco interesante, dependiente, aburrida, cuando no trabaja afuera); se continúa valorando al hombre más como profesional que como padre”.  (Montecino, 1997, p. 112).

La inferioridad social de las mujeres ha sido nuestra lucha constante. Se nos ha pensado a-históricamente, se nos ha exiliado de nuestros cuerpos de “bio-mujeres” como un destino inscrito en nuestra “naturaleza”. Algo que, lamentablemente, hasta el día de hoy, es latente en nuestras sociedades. En este punto es necesario reseñar que no se es feminista para rectificar la identidad de la “mujer” en una sociedad pos-patriarcal, pues el feminismo es negativo o no es.

Feministas en alerta

Son escalofriantes los datos oficiales del Ministerio de Desarrollo Social de Chile, donde indica que sólo un 16% de los padres obligados al pago de la pensión de alimentos cumple de manera oportuna y sin retraso. El restante 84% presenta un atraso de mayor índole, en el cual alrededor del 60% de los deudores, es de carácter grave.

Por su parte, hace algunos días la Cámara de Diputados aprobó el proyecto que retiene el sueldo de padres o —en el peor de los casos— lxs abuelxs, de aquellos que no pagan la pensión alimenticia. Si bien esta justa medida es un avance y les devolverá el alma a muchas mujeres-madres, me pregunto por qué les baja cierta “bondad” con agilizar esta ley, justo ahora en plena crisis económica y no antes. Como si los “papitos corazón” no supieran las variadas estrategias implementadas para zafar de sus responsabilidades, cambios continuos de vivienda o “paradero desconocido” y, sobre todo —en este caso—, “arreglines” con el “compita” para no declarar en impuestos internos.

Por ello la importancia de generar conciencia en la distribución equitativa de los cuidados, para asumirla como un trabajo micropolítico en todos los espacios posibles, para así fomentar la erradicación sobre la naturalización de los roles de género (mujeres cuidadoras) que, en nuestra sociedad, parece una batalla cultural perdida. Un estudio[1] realizado en Chile arroja que en cuarentena son las madres quienes se hacen cargo de sus hijos en la mañana (73%), seguidas muy lejos por los padres (12%). En la jornada de la tarde sube un poco la presencia del cuidado masculino: 69% las madres y 17% los padres.

Ante esta realidad, es evidente que sobrevivimos a una sociedad adulocéntrica y abandónica, con un gobierno amnésico que ha olvidado su slogan “Los niñxs primero” —que repetían como disco rayado— cuando no se han hecho cargo del Sename, realizando un cambio de nombre por “Servicio de Protección Especial”, como si este eufemismo fuese un real aporte, siendo Chile el único país en América Latina que aún no cuenta con un reconocimiento constitucional a través de una ley de garantías ni con una institución sólida que coordine las iniciativas públicas e integralmente reconozca a los niños, niñas y adolescentes como sujetos de derechos[2].

Dicho esto, cabe señalar que, en este contexto de pandemia, la primera opción con el famoso “Postnatal de emergencia” era que las madres tuviesen que elegir entre cuidar o trabajar, dejando de lado la realidad de muchas mujeres e hijes lactantes, queriendo obligarlas a cobrar sus seguros de cesantía. Afortunadamente, recién el 6 de mayo se aprobó a regañadientes extender el posnatal y fuero paternal de emergencia (que después de tres meses de debate ya nada tiene de emergencia), derivándola a principios de julio con el rimbombante nombre de “Nueva licencia médica parental COVID-19”, que dicho sea de paso una licencia médica no es lo mismo que un postnatal[3].

En el reality generado en el Congreso por dicha ley, cabe señalar el descaro, la falta de ética y empatía del diputado Allamand, que, gracias al descuido de su micrófono abierto —en plena sesión de la Comisión Mixta—, interrumpe al diputado Francisco Eguiguren comentando: «Están hablando puras weás». Por otra parte, la “Margaret Thatcher chilena”, o más conocida como la senadora Jacqueline Van Rysselberghe, recordó el episodio entre risas, manifestando: “Allamand me hiciste el día, además lo que dijiste era la pura y santa verdad”.

Frente a esta descarada situación, debo enfatizar enérgicamente que estamos hartas de estos abusos históricos, porque mientras estemos bajo el régimen de este circo neoliberal que nos ha tenido en la cuerda floja en esta polaridad vida-muerte, no nos conformamos con migajas. Se han reído de nosotras, jugando a la “sillita musical” con el cargo de la Ministra de la Mujer y Equidad de Género, buscando acuciosamente a mujeres pinochetistas y misóginas, sin ningún tipo de preparación para el cargo, como la ex Ministra Macarena Santelices[4], que en un acto sin criterio y desafiante nombró como parte de la División de Estudios de Género a Jorge Ruz, ex productor de eventos del diario La Cuarta, como si esto se tratase de un burdo programa de televisión abierta al puro estilo de “Morandé con compañía”. Y me pregunto: ¿Qué nos espera? ¿Patricia Maldonado de consejera en el Ministerio de la Mujer? Es todo tan grotesco y chabacano que francamente no me sorprendería.

No conformes con este escándalo, nombran a Mónica Zalaquett quien, durante el primer mandato de Piñera, se opuso tajantemente al aborto y al proyecto de posnatal de seis meses y, en una situación impresentable, calificó como un acto “valiente” el embarazo que tuvo que llevar a cuestas una niña de 11 años producto de la violación de su padrastro, y que no se pudo intervenir gracias a nuestras flamantes leyes sobre aborto en ese entonces. Y como si todo lo anterior no fuese suficiente, el bergante presidente aseguró que la pequeña “estaba preparada para ser madre”.

No cabe dudas que la herencia y genética de la casta endogámica del gobierno pinochetista y Opus Dei tiene sus consecuencias intelectuales. ¡No tenemos ministra!

Han hecho oídos sordos ante las violaciones de derechos humanos durante el estallido y ahora ante el lamentable incremento de violencia doméstica contra las mujeres y niñxs, ya que las medidas impuestas como el aislamiento obligan a muchas mujeres a permanecer en sus hogares bajo el mismo techo que los perpetradores de esta, aumentando la vulnerabilidad de las mujeres a la violencia doméstica, incluidos los feminicidios. Este repunte de riesgo es inminente por la baja de intervenciones policiales, el cierre de tribunales y el acceso limitado a la justicia, el cierre de albergues y servicios para víctimas, y la reducción del acceso a servicios de salud reproductiva (y también abortiva: no hay cómo conseguir Misotrol por el cierre de fronteras).

Es por todo lo anterior que urgen políticas públicas con perspectiva de género, ya que existen muchas falencias en el ámbito jurídico y la Ley Integral de Violencia de Género queda relegada sólo al ámbito de lo doméstico.

La invitación es a ser críticas ante la falta de reflexión en torno a la maternidad y de cómo aún se perpetua el ideal de familia nuclear biparental y heterosexual. Cuestionar y re-direccionar estos temas pasa por las formas de crianza en la primera infancia para, así, desdibujar las fronteras de lo doméstico y moralizante. La capacidad de reflexionar e introspección que exige la perspectiva biográfica rompe con los clichés de la maternidad como experiencia no comunicable, íntima, individual y, en último término, perecedera. Procura, en consecuencia, contribuir a sacar la maternidad del silencio y de la privacidad para convertirla en tema de debate y reflexión social. En definitiva, incorporarla a la memoria y conocimiento colectivo (Imaz, 2010).

Finalizo este texto, dejándoles esta última reflexión que me ha estado dando vueltas: las mujeres no debemos ser más una zona de sacrificio, porque todavía nos queda una revolución pendiente ¡La revolución de los cuidados y la vida doméstica!

Bonustrack

En un mundo paralelo a la indolencia de la oligarquía genocida chilena, también llamada Moneda, donde discuten sus narrativas patriarcales y se atragantan con paté de jabalí y caviar, la sobrevivencia del pueblo chileno persiste en diversos territorios. Muchas feministas autónomas se han organizado con las ollas comunes y equipas de trabajo, autoconvocadas con el fin de experimentar otras posibilidades independientes, generando una relación sin jerarquías, en pro a la mitigación del hambre. Porque las mujeres somos transversales, trabajamos en red, sabemos que asociarnos es un trabajo político y anti-partidista que urge en estos tiempos post-apocalípticos.

Algunas acciones concretas:

  • @Feminube_, @Cicletadadelasniñas y @LaCucharaFeminista han organizado campañas por la falta de insumos básicos de higiene sexual en las cajas de productos de primera necesidad dispuestas por las autoridades en tiempos de pandemia, haciéndose cargo de la falencia que esto ha significado.
  • La Olla Sexual, de lxs trabajadorxs sexuales de Valparaíso. Colabora CasAcción Comunitaria (Eli Neira) & Sitio Eriazo. Para aportes e información: +569 86505182
  • Lelaap, plataforma virtual que busca generar una red activista de apoyo mutuo entre mujeres, lesbianas, trans, travestis, no binaries, migrantes, afrodescendientes, de pueblos originarios, personas LTBIQ+ con discapacidad y disidentes que están sufriendo la precarización y violencia estructural en Chile. https://lelapp.cl/
  • ONG Amanda Labarca. Cajas solidarias. Campaña en compromiso con las mujeres de La Pintana que, por las circunstancias actuales, han sufrido un golpe duro en su economía. https://amandalabarca.org

Bibliografía

  • Lagarde, M. (2005). Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas. Universidad Nacional Autónoma de México.
  • Montecino, S. (1997). Palabra dicha, escritos sobre género, identidades y mestizajes. Colección de libros electrónicos, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Chile. http://libros.uchile.cl/239
  • Imaz, E. (2010). Convertirse en madre: etnografía del tiempo de gestación. Cátedra.

[1] El estudio Cuidar, realizado por investigadores multidisciplinarios de la U. Alberto Hurtado, U. Mayor y U. Católica, evaluó tiempos, formas y espacios de cuidado en casa durante la pandemia entrevistando a 2005 personas en la primera quincena de mayo. Link: https://www.uahurtado.cl/cuidar-resultados-del-estudio-sobre-el-cuidado-en-casa-durante-la-pandemia

[2] Para mayor profundización revisar: https://www.latercera.com/opinion/noticia/mas-alla-del-sename-la-desproteccion-de-la-infancia/2XUZRKFWAJD7BIQJFJTOZUSGBA/

[3] Para mayor profundización revisar “Declaración Asamblea Feminista Plurinacional”: https://lavozdelosquesobran.cl/licencia-no-es-lo-mismo-postnatal-asamblea-feminista-plurinacional-comunicado/?fbclid=IwAR2FoSD2u6ILbvlpaQGdKHiJCVEbqBIDKcCVrqR-IGPAdg9KOIfto4pHWKc

[4] Para mayor detalle ver ”Declaración de la Coordinación Nacional de la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres”; http://www.nomasviolenciacontramujeres.cl/el-gobierno-de-sebastian-pinera-atenta-contra-la-vida-de-las-mujeres/

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