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MANUEL SEGADE Y EL CA2M DESPUÉS DE COVID-19

Por Manuel Segade | Director del Centro de Arte Dos de Mayo (CA2M), Móstoles

Los museos surgieron de la necesidad de preservar objetos depositarios de una identidad cultural. Su autoridad disciplinaria emanaba de su capacidad para dar definición a un colectivo social. Si un museo recoge el legado material que compone una cultura para reproducirla en el transcurso del tiempo como igual a sí misma, su naturaleza es conservadora. Pero el legado que custodia también puede ser entendido de otra manera, con otra potencialidad: los objetos cristalizan relaciones socio-históricas de producción y cuando se les devuelve su contexto, cuando recuperan la experiencia de su sentido, pueden servir como herramientas para concebir nuevas formas de tradición que a su vez den lugar a nuevas formas sociales. Un museo de arte contemporáneo se define por fuerzas similares, pero –debido a su objeto cambiante, que atiende a un presente inmediato y que necesariamente ha de abrirse al futuro– está destinado a ser en sí mismo un proceso social. Un museo de arte contemporáneo no es una voz sino un coro de voces. No es un cuerpo, sino una forma coreográfica.

En el CA2M siempre hemos defendido que, como institución, somos una ficción especulativa: pensamos en cómo ser útiles para las prácticas artísticas que vendrán. Entonces, ¿cuál es la responsabilidad del arte con respecto a la creación de futuro? Si queremos pensar en la función de nuestras instituciones, es fundamental pensar qué le hace el arte al lenguaje, qué le hace el arte a la identidad y qué le hace el arte a la realidad. Y, sobre todo, qué les va a poder hacer.

Cuando los niveles de contaminación del virus desciendan, podremos anticipar que habrá una gran parte de la población que seguirá más aislada que nunca. Como institución pública, parece fundamental que nos activemos como un espacio en el que la gente pueda deshacer los hábitos del aislamiento, darse sentido como comunidad y generar un intercambio fluido de formas patrimoniales inmateriales, es decir: blandas, livianas y vivas, que permitan superar un invisible trauma compartido.

Aquí nuestros participantes siempre han puesto el cuerpo entero. Ahora el cuerpo es la marca de una distancia, una marca de separación en el espacio. Pero, como lugar para la reinvención de un espacio simbólico y de pensamiento común, tenemos herramientas para salvar ese trayecto.

Nuestros museos de arte contemporáneo no se vuelven feministas o preocupados por los temas de género, no se vuelven interesados por la diversidad étnica o racial, ni se interesan súbitamente en demandas sociales concretas, sino que estos temas están en el corazón de las prácticas artísticas que definen nuestro sujeto institucional. Nuestras instituciones deben erigirse como parte de las condiciones materiales de igualdad.

Trabajar por la legibilidad de todo lo que acaba de ocurrirnos y nos está ocurriendo y por la inserción del problema en un circuito más amplio de coexistencia más allá de lo humano, que incluya tanto a las cosas como a las demás especies, es una tarea fundamental. En ese sentido, la horticultura o tejer son formas manuales de desarrollar la resiliencia: la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y de sobreponerse a ellas. La resiliencia supone desarrollar la inmunización como autocuidado, comprendiendo cómo protegerse a uno mismo supone necesariamente proteger la interrelación con los demás, una comprensión de la necesaria interdependencia. Es decir: hemos de ser capaces de poner la vida en el centro de nuestras prácticas.

El CA2M es una estructura de apoyo de la escena artística que nos rodea y uno de los elementos fundamentales para su conexión internacional. Creemos que, si esta situación nos complica, debemos abrazar la complejidad como programa, nos comprometemos a convertirnos en un espacio de acciones positivas y propositivas, necesitamos crear alianzas que lo vuelvan de nuevo confortable. Las nuevas experiencias ya nos están enseñando otro tipo de tiempos y debemos articularlos en nuevas formas de relación.

Amparo Segarra, Necesito tijeras. árte de la exposición «Humor absurdo: Una constelación del disparate en España», en el CA2M

MUSEO

Este año constituirá la culminación del proceso de Acupuntura arquitectónica del CA2M, con la reforma de la entrada del museo por Andrés Jaque / Office for Political Innovation, la forma afectiva de la arquitectura del museo que traduce la imaginación radical en términos espaciales. Cuando abra de nuevo, la institución reivindicará su nombre fundacional de 2008: Museo Centro de Arte Dos de Mayo o Museo CA2M.

Las nuevas normativas obligarán a convertir un espacio de visita libre, en un espacio reglado, con el movimiento limitado y el contacto social muy restringido. Los nuevos protocolos de visita obligan a reeducar los cuerpos, de una forma rigurosa y, por momentos, con un cierto grado de violencia. Al CA2M le caracteriza un patrimonio singular de públicos habituados a utilizar sin impedimento los espacios liminales sembrados por todo el museo. Es fundamental plantear una lógica de uso común o un devenir plebeyo de la institución a nivel espacial, mantener el compromiso de crear públicos a partir de un espacio amable y apetecible, devolviendo al museo la forma de un ecosistema de cuidados y de hospitalidad. Darles a esos cuerpos una nueva forma de asiento: construir un museo que se aleje de la constricción imperativa y que dé forma al placer de habitar un lugar.

Para ello, pensamos que en nuestro museo siempre hemos optado porque cualquiera de las necesidades técnicas del espacio fuese tratado de forma artística, como un contenido: que se convirtiesen en programación. Nos parece muy necesario desautomatizar el proceso reciente de digitalización de nuestras relaciones y de desaparición de la posibilidad de poner nuestros cuerpos juntos: necesitamos reconstruir nuevos rituales, nuevos circuitos que permitan formar nuevas relaciones. La sostenibilidad de la vida no está necesariamente reñida con el goce de un lugar con un ritmo diferente a la vida cotidiana, de los espacios de consumo, laborales o de tránsito en los que la población ha podido vivir durante la cuarentena y el arranque del desconfinamiento.

Del mismo modo que el espacio se reglamenta, la protección de la salud pública nos obliga a instalar numerosos letreros con instrucciones, protocolos, procedimientos, etc. Hasta que no se automaticen, será necesario mucho trabajo de atención al público, que ha de instar a leer las normas e incitar a seguirlas.

Por eso, frente al lenguaje administrativo, planteamos desarrollar una identidad gráfica que responda a la provisionalidad de la emergencia y a la vez permita mantener una imagen hospitalaria y abierta. De nuevo, si la comunicación en redes y en web se ha convertido durante el confinamiento en programación, es fundamental que la comunicación in situ también se convierta en una nueva encarnación del proyecto de un museo capaz de “hablar por los codos”.

EXPOSICIONES

Ante la imposibilidad actual de plantear un calendario de exposiciones efectivo a medio plazo, creemos que lo más lógico es mantener las exposiciones actuales: Francesc Ruiz. Panal ha estado abierta sólo dos semanas; en el caso del Humor absurdo. Una constelación del disparate en España, no se nos ocurre ninguna posibilidad mejor de levantar el ánimo de nuestros públicos conuna muestra accesible y que produzca cohesión cultural. Creemos que es una responsabilidad rentabilizar la energía, la investigación y el presupuesto de producción invertidos en estos proyectos.

Algo que el proyecto #Unmetroymedio nos ha enseñado, es el derecho a la intermitencia de la cultura: el derecho “a pensárselo con calma”, el derecho a detener el ritmo acelerado habitual en las instituciones. Dejar que el programa futuro se construya a partir de formas de producción a largo plazo implica dar más tiempo a proyectos que estaban ya programados, pero también nos obliga a generar otras formas de cuidados, de integración con lo local a través de nuevas sinergias con agentes inéditos para el museo. Proyectos que, por necesidad imperativa, respondan a la sostenibilidad en el tiempo, dar relevancia a los procesos por encima de la inmediatez de los resultados.

En otoño se producirá la última fase de la Acupuntura de Andrés Jaque: como se trata de la entrada del museo, esto significará tener las puertas cerradas durante tres meses, lo que impedirá producir exposiciones pero, al mismo tiempo, permitirá el desarrollo de muchas propuestas aparentemente menores, pero fundamentales para la escena artística de Madrid a día de hoy.

La necesidad de repartir la programación significará fijarse en lo local como espacio de trabajo, pero también entender que es el momento ideal para repensar las formas de construcción de nuestra historia del arte reciente. Será el momento de reconstruir el presente, volviendo inevitablemente a leer nuestro pasado para darnos lugar. Para ese momento con el museo cerrado, planteamos dar lugar a una serie de microrrelatos que compongan la Historia oral da arte contemporáneo español, pero también el análisis de la escena local: la coreografía social del campo del arte contemporáneo en Madrid.

La historia personal y las herramientas decrítica del tiempo, de reconstrucción de la historia oficial, permitirán encuentros entre muy diversas voces —incluso antagónicas— que harán crecer esas posibilidades de cruces temáticos y de contextualizar el museo y sus colecciones. Ya sea físicamente en una sede alternativa, ya sea en formato podcast, comenzaremos este proyecto abierto y heterodoxo basado en la oralidad para recoger la historia de exposiciones fundamentales en la escena madrileña, para reconstruir los espacios de debate desde la independencia, para repensar acontecimientos y sucesos que responden a todo aquello que ya no cabe en el gran relato de la historia oficial. Un proyecto como este no sólo genera patrimonio inmaterial en la forma de archivo sonoro vivo, sino que también permitirá pensar nuevas necesidades de atención para la programación y, sobre todo, nuevas líneas de crecimiento para la Colección.

A esto se sumará el desarrollo de grupos de investigación –que se contará mejor en el apartado de actividades–, como antesala de la gran exposición de Colección, bajo el título Dialecto CA2M, que tendrá lugar el otoño de 2021: todo el museo por primera vez ocupado por obras de nuestras Colecciones de un modo que permitirá mostrar una gran variedad de nuevos relatos de historia del arte crítica, pero también muchas nuevas posibilidades para que los públicos interactúen con ellas.

Andrés Jaque/Office for Political Innovation, Acupuntura. La Arquitectura del CA2M en Transición.

EDUCACIÓN

Los procesos educativos y los programas públicos son los últimos en reincorporarse a la presencia física en el museo. Las diferentes actuaciones anteriores en el diseño del espacio y en la interacción del personal de seguridad y de sala con el público, además de la experiencia misma de los visitantes, nos permitirá ir reflexionando sobre las necesidades de actuación.

Sí hemos aprendido de las lecciones de la COVID-19 que el impedimento a reunir grandes grupos, la necesidad de distancia y la obligada digitalización de las relaciones interpersonales y laborales es que se ha vuelto fundamental la atención a los micropúblicos. En este sentido, tendremos que reforzar nuestras comunidades habituales como Las Tejedoras, El Huerto, el grupo de adolescentes Sub-21, Las Sin Nombre, el grupo Bailar el Barrio, etc., y cooperar con ellas en el rediseño de sus formas de encuentro, pero también es necesario iniciar relaciones de formas también nuevas.

Será fundamental repensar todas nuestras interacciones con los centros de enseñanza que acompañan nuestras investigaciones desde hace años. Habrá que atender a sus necesidades, pero también será un momento de reflexión y de recoger investigaciones en curso, como la nueva película fruto del trabajo de Las Lindes o formas nuevas de educación a distancia o en diferido que ya hemos estado ensayando durante el confinamiento. Hay un valor fundamental en el medio plazo, donde las investigaciones se solidifican y cogen cuerpo, que será fundamental para repensar lo que cada año acontecía de forma regular.

La generación de espacios nuevos donde sí se puedan realizar actividades con seguridad, gracias a la propuesta de las soluciones de arquitectura pasajera, y, sobre todo, darle usos nuevos a la terraza en esta temporada de verano de inciertas posibilidades vacacionales, será un reto para los usos habituales de nuestros espacios. Nos parece importante señalar que debemos habilitar espacios para estar solos, pero nunca en soledad.

Por último, el momento complejo del cierre en otoño interrumpirá el proceso habitual de inicio del curso escolar, pero en un año de tiempo roto, los nuevos calendarios y las nuevas formas de interacción a distancia introducen formas nuevas de provisionalidad cuyas posibilidades están por inventar.

ACTIVIDADES

La cuarentena nos ha obligado a detener dos de los grandes momentos del año en el calendario de programas públicos del museo: por un lado, las Jornadas de Estudios de la Imagen, dedicadas a coreografía y danza contemporánea, dirigidas por Isabel de Naverán y La Escuelita, que se han convertido en un reader preparatorio y acontecerán ya el año próximo; por otro, las Picnic Sessions, comisariadas por Maral Kekejian y el colectivo Bwelke, no sucederán en junio de 2020con su aforo mermado y se trasladarán al año 2021.

Creemos que en ambos ciclos hay una posibilidad enorme –e irrenunciable en un espacio marcado por una defensa permanente de la performatividad de los cuerpos–: la coincidencia de que los dos programas supusiesen un pensamiento sobre el cuerpo en vivo, escénico, sobre las posibilidades de las artes escénicas raras, sobre formas de performance experimental en el arte contemporáneo, nos permiten pensar el año de retraso como un tiempo ganado: nos planteamos que el aplazamiento de un año es un compromiso mutuo con los agentes externos para darnos un tiempo en el que investigar juntas, precisamente, sobre el futuro y las necesidades de las artes performativas en los nuevos escenarios de la COVID-19. Un grupo de investigación y práctica así, trabajando en diferido, permitirá avanzar pensamiento sobre las necesidades para el futuro inmediato pero también plantear una programación inédita: si no se pueden hacer eventos masivos, habrá que inventar experiencias nuevas, ya sean performances para un solo espectador o una unidad familiar, o conciertos o acciones calle espontáneas, sin anunciar, o fórmulas nuevas que, más que respuestas, permitan plantear preguntas necesarias ante la desafiante realidad de la performance y de la música en vivo durante una pandemia.

La realización de la Acupuntura arquitectónica de la entrada del edificio prevista para este otoño permite que esa ausencia de espacio nos lleve a reivindicar todavía con más fuerza la necesidad de hacer del campo de la investigación y de la lectura compartida un porvenir común.

Pensamos en, utilizando metodologías y formas de encuentro que aprendimos ya en tres años de experimentación con la escuelita, desarrollar nuevos grupos de investigación sobre temas relevantes para la constitución del presente, como el trabajo de duelo y las formasculturales que han adoptado las pandemias en nuestro país, la ciencia ficción especulativa como nueva forma narrativa fundamental, la necesidad de repensar la tradición del arte en el espacio público en Madrid o la reconstrucción del tejido afectivo –o, simplemente, la amistad– que ha construido los lazos de producción de arte en Madrid, como un modo de alumbrar relaciones nuevas sin categorías estanco para contar otras historias del arte contemporáneo madrileño.

Estas formas de investigación las entendemos como moleculares, ya que podrán alimentar otros proyectos del CA2M, como hizo el DIDDCC anteriormente. Son programas tácticos, ya que podrán funcionar tanto presencial como digitalmente, si surge un nuevo brote o las restricciones sociales aumentan por cualquier motivo a lo largo del año.

La posibilidad de inventar nuevas herramientas colectivas para que estos programas –y otros todavía embrionarios– puedan tener lugar también es una puerta abierta en el departamento de actividades.

COLECCIÓN

Potenciar todos los recursos del CA2M como espacio de investigación en la acogida espacial de los públicos, en los formatos de exposición y en los proyectos educativos y de actividades, es lo que estamos proponiendo hasta ahora, pero ha sido el departamento de Colección el que se ha volcado en desarrollar recursos de investigación durante el confinamiento, abriendo puertas a otras formas de trabajar abrazando temporalidades institucionales nuevas.

La interacción con los grupos externos de investigación desde actividades permitirán relanzar aspectos poco trabajados o desconocidos, e incluso abrir líneas de trabajo nuevas a partir de las incorporaciones a la Colección que se realizarán este verano con la Comisión Extraordinaria de adquisiciones. Las nuevas obras necesitarán documentarse y ese será un trabajo en presente fundamental. Todo esto desembocará en la gran exposición de la Colección que nos permitirá enseñar las formas dialectales de lenguaje institucional y las formas jergales o vernaculares de historia del arteque pueden emanar de este museo.

Por otro lado, creemos importante establecer una serie de protocolos nuevos reorientando nuestra función pública a la realidad de otras instituciones en situación de precariedad: queremos plantear una serie de criterios y herramientas como servicio públicodesde nuestra Colección para otros centros o instituciones que así lo requieran.

  • Prestar obras gratuitamente.
  • Eliminar la obligación de que las obras de nuestras colecciones viajen con correo, siempre y cuando la institución receptora cuente con equipos profesionales de trabajo y cumpla con las garantías de conservación.
  • Poner a disposición de lugares que lo estén pasando mal económicamente o no tengan posibilidad de generar programación producciones para itinerancias –exposiciones de video, otra con obras que no requieran transporte, etc.– que permitan mantener líneas de trabajo sobre arte contemporáneo en espacios institucionales o independientes en condiciones precarias.

MODOS DE HACER

Llegados aquí, es necesario aceptar que este tiempo diferente nos obliga a ensayar. Si espacios como el nuestro siempre han abrazado la posibilidad de error que implica cualquier forma de experimentación, los tiempos que vienen obligan a reivindicar la intentona como programa, a confrontar la posibilidad de fracaso como una práctica absolutamente necesaria.

Si necesitamos que desaparezcan todos esos futuros próximos que ya sabemos indeseables y que nos conducen hacia diferentes formas de extinción, nuestras formas de programación han de devenir variaciones de la emergencia. Si no queremos ser solamente indicios de una urgencia, intentemos por todos los medios volvernos necesidad.


PD: Estas notas tienen un sentido programático ante el desconcierto actual, pero también estarán sujetas a mutación resultado de la práctica, de la evolución de las condiciones sanitarias y de la escucha de las comunidades que nos rodean.

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