Por Marla Freire Smith

La calle y el espacio público, en tanto espacio de poder, han sido históricamente limitados para las mujeres. Pero, afortunadamente, ese mandato ha sido quebrado. Como parte de la memoria reciente, podemos retrotraernos al año 2017, momento en que las calles hacen eco de las demandas contra los abusos, poniendo énfasis en aquellos de orden sexual, así como en el derecho sobre el propio cuerpo, a raíz de las denuncias propiciadas por estudiantes de la Universidad Austral. Le siguieron varias universidades y ciudades, hasta que, en el año 2018, estallan fuertemente las denuncias en lo que reconocemos como el Mayo Feminista. A este acontecimiento le ha seguido el glorioso 8M de este año y, por supuesto, la actual revolución que vemos en nuestras calles. Todas estas fechas, todos estos momentos, han valido para reposicionar demandas feministas y de la sociedad en su conjunto, evidenciando las profundas desigualdades existentes en el país para pedir también que diseñemos juntxs un nuevo pacto social.

En medio de esta reactivación y masificación del movimiento feminista, destacan la lucha y la complicidad colectiva, así como la reapropiación del espacio público. Y es tal, que en las marchas de conmemoración del 8 de marzo (2019) y de acciones previas a modo de preparación a cargo de la Coordinadora 8M, se evidencia un aumento constante en el número de asistentes, así como de la necesidad de acuerpar las calles. Este año, la Brigada de Arte y Propaganda de la Coordinadora Feminista 8M, en una maravillosa intervención colectiva renombra 46 estaciones del Metro de Santiago con adhesivos de nombres de distintas mujeres a escala 1:1, proponiendo un Plano de Metro Feminista. El objetivo: quebrar la historia patriarcal.

Históricamente, el artivismo en Chile ha sido intenso en momentos de convulsión política y de violencia hacia el cuerpo. Ejemplo de ello lo vemos en las obras de Diamela Eltit, CADA, Raúl Zurita, Paulina Humeres, Las Yeguas del Apocalipsis, Colectiva Piano Ramón Carnicer o Luger de Luxe, entre otros grupos de las décadas del setenta, ochenta y noventa, pero también en mujeres artistas activas actualmente, como Janet Toro, SenoritaUgarte, Cheril Linett, Gabriela Rivera o Teresa Varas, entre otras/os artivistas, como, por ejemplo, LasTesis, en quienes me centraré en este texto. Todas somos artivistas desde los feminismos, con todo lo que ello implica: desde la censura hasta omisión por parte de cierto establishment que pretende homogeneizar los discursos y las prácticas artísticas, subyugándolas.

LasTesis Senior. Estadio Nacional, Santiago de Chile, noviembre 2019.

El trabajo realizado por LasTesis, un colectivo interdisciplinario compuesto por Sibila Sotomayor y Dafne Valdés (artes escénicas), Paula Cometa (diseño e historia) y Lea Cáceres (vestuario), busca divulgar tesis de teóricas feministas y ponerlas en escena. La intervención Un violador en el camino es trabajada a partir de autoras como Silvia Federici y Rita Segato, evidenciando la importancia de acorralar los discursos patriarcales desde todos los frentes. Respecto a esta intervención, es pertinente señalar que puede ser interpretada como una pieza de arte de performance, considerando que uno de los objetivos de este tipo de arte es, precisamente, unir arte y vida. Pero también puede ser entendida de forma mucho más libre aún: desde el artivismo. Y de paso, evidencia aquello que pregonaran las feministas de los años setenta a raíz del ensayo escrito por Carol Hanisch: “lo personal es político”. De esta forma, LasTesis investigan y hacen divulgación de estos conocimientos de forma magistral, a partir de las referencias de Segato y Federici, para evidenciar que la violación no se trata sólo de un asunto sexual, sino desde el control y poder.

En su intervención, ahondan en ello y desmitifican además que se trate meramente de un sometimiento sexual para poner el foco en lo corpóreo. Por eso la referencia directa al Estado: porque hay (un intento de) usurpación de la dignidad e integridad de las personas. Y porque esto es más fuerte todavía para con las mujeres. Alegoría de violencia extrema, de dominación patriarcal, de sometimiento y control (sobre el cuerpo). A esto, se suma que LasTesis cambian el foco del sujeto político visibilizado en las manifestaciones (en su mayoría varones, llegando a hablarse incluso de “héroes”) y redirige la atención sobre las mujeres y la violencia político sexual de la que muchas han sido blanco, cambiando el foco mediático puesto en la violencia a la hora de manifestarse para situarlo en la violencia político sexual que se recibe.

A lo anterior, es posible añadir que LasTesis proponen una disolución de la autoría personal (es más importante realizar la acción que señalar nombres individuales) para abrirla en pos del acuerpamiento en las calles y la divulgación de contenidos feministas, tensionando la importancia de la autoría en el campo de las artes y las culturas. Desde redes sociales invitan a sumarse, a través de una convocatoria abierta, llamando a la (re)apropiación del espacio público para visibilizar los abusos hacia las mujeres, con énfasis en la violencia política sexual. De esta forma, su acción es masificada por las redes, haciendo eco de lo que Nuria Varela denomina feminismo 4.0. Es decir, aquel que es definido por la tecnología, lo que permite construir un movimiento feminista online, fuerte, popular y reactivo.

Un violador en tu camino, del colectivo Lastesis, interpretado en Concepción, Chile, 2019. Foto: Aton Chile

Pero detrás de estas acciones realizadas por ellas (y sus réplicas mundiales) hay otro fenómeno que puede también leerse (y que, al menos en este caso, no enfría la acción): la observación de las intervenciones es permeada por las pantallas, por los archivos, lo que nos convierte en espectadores de nuestra propia realidad. Entonces, tal como señala José María Lassalle, hablamos de un momento en que “interfaces digitales se convierten en las nuevas vías de acceso a una identidad extirpada de lo corpóreo” (Lassalle, Ciberleviatán. El colapso de la democracia liberal frente a la revolución digital, 2019:49).

Al referirnos a esta obra, la idea de extirpación de lo corpóreo llama la atención, pues al mismo tiempo que las calles se desbordan de cuerpos de mujeres que se sitúan al centro del espacio público (y virtual), es posible ser testigo, además, de otras manifestaciones sin estar presencialmente participando, a través de una hipermediatización del cuerpo. De esta forma es que podemos, por ejemplo, vigilar previamente el lugar al cual acudiremos (o no) a manifestarnos. Esto se da  concretamente a través de la cámara dispuesta por Galería Cima, quienes han transmitido en vivo y en directo lo que ocurre en la renombrada Plaza de la Dignidad, centro neurálgico y simbólico de Santiago. Respecto de la distancia (o cercanía) que causa la hiperconexión, es interesante también pensar en la cualidad inmersiva que propone Lassalle (2019: 49). Esto último, lamentablemente, se cumple una y otra vez en el caso de LasTesis, sin importar cuándo haya ocurrido la acción. Y es así producto de la violencia a las mujeres, por el sólo hecho de serlo, evidenciando la magnitud del problema.

Por contraparte, ya respecto de cómo han sido organizadas las intervenciones de LasTesis (y sus distintas versiones), vemos que han sido coordinadas a través de RRSS, vía mensajes de Whatsapp o invitaciones a participar a través de Instagram. Se trata, por tanto, de herramientas que dan cuenta de lo líquido y dúctil del llamado, pero también de la urgencia en dar respuesta y la necesidad de poner el cuerpo, aunque no siempre conociendo quién esta tras la organización, pero sabiendo que se trata de un espacio seguro, donde nos encontramos todas hermanadas.

 


*Marla Freire Smith (Quilpué, Chile, 1981). Es artista e investigadora en arte y cultura visual. Dra. en Historia y Teoría del Arte por la Universidad Autónoma de Madrid, actualmente es Académica en la Universidad Autónoma de Chile donde dirige el colectivo interdisciplinario de divulgación de conocimiento Eureka! Es parte de la Red de Investigadoras (RedI) y de la Asociación de investigadores en Artes y Humanidades (AyH). Más en: www.marlafreire.cl

**Imagen destacada: LasTesis en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, Santiago de Chile, 2019. Foto: Daniel Barahona.