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El Estado no Nos Protege

Por Vicente I. Domínguez

El recién pasado 1° de diciembre, al igual que todos los años desde 1988 en adelante, se conmemoró el Día Internacional de la Lucha contra el VIH/sida. La efeméride encontró un marco especial en Chile este año: para aquella fecha se cumplían 43 días del más intenso y multitudinario estallido de manifestaciones sociales que ha ocurrido en el país desde el fin de la Dictadura Militar y retorno a la democracia en 1989. Este tiene lugar a lo largo de todo el país, y es producto del agotamiento de amplios sectores de la población frente a la precarización de la vida bajo el neoliberalismo. Cualquier manifestación pública por la reivindicación de derechos sociales realizada hoy en Chile, tiene como efecto implícito la adhesión de su grito a tantos otros que resuenan coralmente, aquí, a los pies de la cordillera.

Para ese día, le artista Lucas Núñez, perteneciente al CEVVIH (Círculo de Estudiantes que Viven con VIH), en conjunto con 20 organizaciones civiles por los derechos sexuales y reproductivos [1], planearon como acto de protesta ponerle un condón gigante al obelisco ubicado al inicio del Parque Balmaceda –a escasos metros de la Plaza Italia, en estos días refundada como Plaza de la Dignidad, punto de encuentro de todas las manifestaciones–, pero una seguidilla de desafortunadas eventualidades terminó modificando radicalmente el plan y simbolismo original de su acción, teniendo que literalmente improvisar “sobre la marcha”.

Intervención del CEVVIH (Círculo de Estudiantes que Vive con VIH) en Plaza de la Dignidad, Santiago de Chile, 1° de diciembre de 2019. Foto cortesía de CEVVIH

Reunidos a horas de la mañana a los pies del fálico monumento y con un preservativo de polietileno traslúcido de catorce metros de longitud, que le artista había diseñado en conjunto al arquitecto Francisco Calbacho y fabricado con la ayuda de la diseñadora textil Ignacia Barrera, los manifestantes se enfrentan a su primer impasse: quien era el encargado de escalar el obelisco para envainar el condón por alguna razón no se presentó, pero esto en ningún momento terminó por ser un flaco favor; ante el infortunio, ellxs decidieron marchar con el preservativo a cuestas y, al hacerlo, descubrieron que este se inflaba por efecto del aire que ingresaba. Así, este magnífico condón, en vez de constituirse en un dispositivo que opera sobre el ya reconocido carácter masculino, fálico y eréctil del Monumento Patrio, encuentra por gracia del error un nuevo modo de erectibilidad al ritmo y calor del avanzar de la marcha. Dicha erección ya no es vertical ni inquilina del significado viril de la Patria, sino que ahora ofrece una nueva poética del deseo, un deseo inclinado, desviado, producto de un infundado «error», que se abre paso sin permiso por la ciudad reclamando visibilidad y derechos: un deseo sexo disidente.

Al avanzar, lxs manifestantes, artistas, estudiantes, ciudadanxs y personas viviendo con VIH ocupan de diversas maneras la estructura inflable, la cargan sobre sus cabezas, rebotan sobre ella, bailan la ronda a su alrededor, gritan consignas como “Chile tiene sida Carolín, Chile tiene sida Carolín; es culpa del Estado Carolín ca cao leo lao”, e incluso ingresan en su interior. Es el condón de monumentales dimensiones quien les permite cortar el tránsito y caminar a sus anchas por medio de la principal arteria de la ciudad, terminado éste así protegiéndolos a ellxs y no a la Patria hecha monumento como era el plan original. Pero un segundo desajuste tendría lugar cuando a mitad del recorrido de la marcha el condón se rompe –paradójica situación– haciendo que lxs manifestantes, “células malignas” –tomando las palabras del General de Carabineros Enrique Bassaletti de hace una semana atrás cuando comparaba los manifestantes de las últimas marchas con la enfermedad del cáncer en plena TV abierta–, salgan del espacio profiláctico del interior preservativo y se diseminen por la ciudad infectándonos con su mensaje; en dicho condón se encontraba escrita la frase “EL ESTADO NO NOS PROTEGE”. Acto seguido, ante lo inútil de un condón roto, ellxs deciden colgarlo sobre la Casa Central de la universidad pública del país, deviniendo éste lienzo y/o pancarta, añadiendo así la causa por el resguardo de las garantías sociales y sanitarias que el Estado debe disponer para las personas que viven con VIH y el derecho a la salud y la educación sexual que todxs merecemos a las otras causas que los muros de nuestra ciudad ya gritan.

Intervención del CEVVIH (Círculo de Estudiantes que Vive con VIH) en Plaza de la Dignidad, Santiago de Chile, 1° de diciembre de 2019. Foto cortesía de CEVVIH

Sin duda el estallido social que vivimos hoy como país tiene como antecedente las variadas y multitudinarias marchas que como generación de chilenxs cargamos en la memoria de nuestros propios cuerpos, desde las movilizaciones pingüinas de 2006, las manifestaciones por una educación “pública, gratuita y de calidad” de 2011, pasando por las más diversas manifestaciones que han tenido lugar a lo largo de la última década por una vivienda digna, por el fin de las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP), por causas medioambientales, por la rebaja de los medicamentos, por el maltrato al pueblo Mapuche, hasta la gran explosión feminista de 2018. Todas esas nobles causas están hoy más vigentes que nunca.

Teniendo en cuenta todo aquello, me pregunto ¿cuál es la demanda de nosotros, la disidencia sexual, en este contexto? ¿Es posible imaginar un nuevo país sin tener en cuenta la justa y necesaria reivindicación de nuestra diferencia? ¿Es posible que participemos de este estallido social sin tener como demanda más urgente la protección de las garantías sociales y sanitarias para que quienes hoy viven con VIH tengan una vida digna y la educación sexual para reducir su estigmatización y posibles nuevas transmisiones? Urge interrogarnos sobre cómo nos haremos parte del nuevo Chile que juntos queremos escribir cada vez que nuestros cuerpos se aglomeran en la Plaza de la Dignidad, ya que no es posible una revolución social sin una revolución sexual.

Intervención del CEVVIH (Círculo de Estudiantes que Vive con VIH) en Plaza de la Dignidad, Santiago de Chile, 1° de diciembre de 2019. Foto cortesía de CEVVIH

[1] Fundación Chile Positivo, Consejo de Estudiantes de la Salud de la Universidad de Chile, Área Joven de Aprofa Región Metropolitana, Fereación de Estudiantes de la Universidad de Chile – FECH, DIVERSINAP, Red de Docentes Feministas – REDOFEM, Frente de Diversidades y Disidencias, Sexuales y de Géneros de Convergencia Social, Colectiva Pizarra Chueca (profesores de las diversidades y disidencia sexual), Fundación Margen de Apoyo y Promoción del Trabajo Sexual, Soledad Falabella (directora de ONG ESEO), Coodinadora Transversal de Mujeres Organizadas, Corporación Miles, Ni una Menos Chile, Coordinadora de Disidencias Sexuales y de Género, Alejandra Valle (periodista), DiversiFEN, Quedura.cl, Mesa de Diversidades Sexuales y Corpóreas de Marga Marga y  Coordinadora de Disidencias Humanistas.

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