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DRAG KINGS: UNA ARQUEOLOGÍA DE MASCULINIDADES ESPECTACULARES EN AMÉRICA LATINA

El Programa de Estudios Latinoamericanos (PLAS) de la Universidad de Princeton, en Nueva Jersey (Estados Unidos), presenta entre el 11 y 12 de abril el simposio Drag Kings: An Archaeology of Spectacular Masculinities in Latino America (Drag Kings: una arqueología de masculinidades espectaculares en América Latina), en el que un grupo de connotados académicos debatirá el futuro del género en el espacio desigual, plural y contradictorio que llamamos América Latina.

Tomando como punto de partida los shows de Drag King y la llamada masculinidad espectacular, el encuentro revisará sistemáticamente la puesta en escena de las masculinidades y la posibilidad de generar una crisis en el heterosexismo. Organizado por Javier Guerrero, profesor asociado de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Princeton y Nathalie Bouzaglo, PhD en Literatura Latinoamericana por la New York University, con la asistencia de Carlos Gustavo Halaburda, candidato a PhD en el departamento de Español y Portugués de la Northwestern University.

 

Laura Aguilar, Stillness #26, 1999, gelatina de plata. Cortesía de la artista y UCLA Chicano Studies Research Center. © Laura Aguilar.

Las recientes investigaciones críticas sobre la noción de masculinidad han tenido un impacto enorme, debilitando la hegemonía sexual y la consiguiente reproducción del binario de género. Es decir, la redefinición del concepto de masculinidad, y su extensión a las masculinidades, ha desmantelado sistemáticamente la ilusión de la anatomía masculina como el sine qua non del cuerpo. La idea de que la masculinidad es solo una interpretación más del género, una copia de un original perdido hace mucho tiempo (Butler) en lugar de un sinónimo de virilidad o una cualidad que depende completamente del cuerpo masculino y sus efectos (Halberstam), ha tenido repercusiones sobre la materialidad del sexo.

El cuerpo masculino ahora se entiende como materia cosmética, excesiva y protésica que es cambiable, mutable y maleable. La masculinidad, sin embargo, no siempre se entendió como el estatus quo del cuerpo. Se inventó la masculinidad y, con ella, la idea de que el cuerpo masculino corresponde al lugar del original, el comienzo de la materialidad o la primera piel. Esta ilusión de naturalidad, de que el cuerpo masculino ocupa el lugar del cuerpo neutral o incluso que el cuerpo es un componente implícito o totalmente ausente de lo masculino, lo que hace que el cuerpo femenino sea su material opuesto, forma parte de un grupo de operaciones performativas de citación y repetición que se han naturalizado con el tiempo. Como tal, la exploración del género y la arqueología de su performance son plataformas críticas necesarias para rastrear la producción y materialización de la ilusión de su naturalidad.

Similar a la arqueología de lo digital, que ha dominado el campo recientemente establecido de los estudios de medios y modernidad, el análisis de la construcción de la masculinidad y la respuesta política de la invención de las masculinidades nos permiten entender las relaciones entre naturalización, género y sexo a fin de desestabilizar la hegemonía sexual y la violencia que ejerce sobre las vidas y habitabilidad de otros cuerpos. Activar esta arqueología es tener un efecto en las políticas de visibilidad y visibilización del género y el sexo, así como en los procesos materiales que solidifican esas sensibilidades, afectos y prácticas que exceden, desde adentro, el esencialismo contenido en el concepto de masculinidad.

Numerosos académicos e intelectuales han participado en este desafío al concepto de masculinidad, arrojando luz sobre su compleja construcción y destacando el masculinismo que dominó los estudios de masculinidad del siglo veinte. Jack Halberstam ha argumentado de manera convincente que el estudio de las masculinidades alternativas, recogidas bajo la etiqueta general de masculinidad femenina, puede reformar de manera efectiva la noción de género, así como la teoría y la crítica de género y las sexualidades. El trabajo de Halberstam desconecta la virilidad del acceso a los códigos y efectos de la masculinidad y hace que la historia y el futuro de la masculinidad sean objeto de una operación crítica definitiva.

Paul B. Preciado relaciona la masculinidad con signos del presente y nuevas formas de poder que él define como el régimen farmacopornográfico, que es motorizado por un impulso operativo que él llama fuerza orgásmica. Al tomar testosterona, una sustancia casi sagrada que es difícil de obtener comercialmente, Preciado demuestra que la inaccesibilidad de la masculinidad como el sexo original puede ser anulada por el control químico. La virilización de Beatriz Preciado, que tomó el nombre de Paul B., no es una búsqueda de estabilidad sexual. Por el contrario, la transformación de Preciado se convierte en un proyecto des-identificativo centrado en la desaparición del concepto de masculinidad en sí mismo. De manera similar, pero en relación con la feminidad, Marcia Ochoa desarrolla la noción de feminidad espectacular para describir cómo los cuerpos transexuales, conocidos como transformistas, y los de concursantes de concursos de belleza hacen que la feminidad sea legible en Venezuela. Ella insiste en que el concepto de espectacularidad es clave para entender la mediación masiva que define la feminidad. En este sentido, Halberstam, Preciado y Ochoa representan un punto de partida crítico, afirmando la necesidad de comprender la masculinidad fuera del dominio de lo masculino y comprender las mediaciones que lo hacen legible fuera de esa esfera. Otros enfoques críticos, como los de Eve Kosofsky Sedgwick (homosociabilidad, en tanto taxonomías), Sylvia Molloy (la política de posar), Carlos Monsiváis (vulgaridad) y Roberto Echavarren (arte andrógino), ofrecen herramientas que son útiles para nuestra arqueología de la historia de las masculinidades y nuestra propuesta de genealogías alternas y alternativas que reconsideran los postulados básicos de las discusiones contemporáneas de las masculinidades más radicales.

Juan Dávila, The Liberator, Simon Bolivar, 1994, óleo sobre tela sobre metal, 125 x 98 cm, irregular © Juan Dávila

El simposio Drag Kings: An Archeology of Spectacular Masculinities in Latino America (Drag Kings: una arqueología de masculinidades espectaculares en América Latina) debatirá el futuro del género en el espacio desigual, plural y contradictorio que llamamos América Latina. Tomando como punto de partida los shows de Drag King y lo que llamamos masculinidad espectacular -una masculinidad hiperbólica que regularmente y sin advertencia usurpa el espacio de privilegio y centralidad otorgado a la masculinidad de los hombres-, se revisará sistemáticamente la puesta en escena de las masculinidades y la posibilidad de generar una crisis en el heterosexismo. Por un lado, se destacan los antecedentes notables de los shows contemporáneos de Drag King, intervenciones tempranas en las cuales mujeres o transexuales, travestis o intersexuales usan la capacidad dinámica de las certezas del género para producir el efecto de masculinidad. Por otro lado, se enfatiza la lectura de la masculinidad hegemónica y sus modelos excepcionales a través de una tecnología crítica que sube el volumen a la dramatización de la masculinidad y sus condiciones protésicas y cosméticas, una masculinidad espectacular que está desconectada del control o la administración exclusiva por parte de los hombres.

Estos modelos van desde Elena/Eleno de Céspedes, el cirujano español del siglo XVI que adoptó la masculinidad a una edad muy temprana, hasta Juan Gabriel, el ícono nacional mexicano que coloca la interpretación extravagante al centro del repertorio masculino popular, a Chavela Vargas, la cantante costarricense que fue uno de los exponentes más enfáticos de las rancheras mexicanas.

Al mismo tiempo, el simposio explora la enorme flexibilidad de la masculinidad, las categorías paradójicas de los siglos XIX y XX, desde los dandies hasta los bugarrones, desde los mayates hasta los metrosexuales, y presta especial atención a las figuras que encarnaban los mitos masculinos (el Che Guevara, Simón Bolívar y Pancho Villa), así como a sus reveses, parodias y revisiones: El Che de los Gays, el Bolívar de Juan Domingo Dávila y Frida Kahlo vestida con ropa de hombre.

Finalmente, la investigación se complica con una revisión intersectorial de masculinidades fallidas y/o carentes. Por ejemplo, el artista latino Rafa Esparza, cuyo trabajo examina las conexiones entre las subjetividades queer y los migrantes o los indocumentados, reconsidera la supremacía del cuerpo con una masculinidad espectacular que asocia las huellas de los paseos de homosexuales por el Parque Elysian de Los Ángeles con las de inmigrantes latinos y trabajadores cercanos a las prisiones y al río Los Ángeles. En su performance de 2015, Red Summer, Esparza llevaba en su espalda una diana para tiro al blanco hecha con lentejuelas, mientras caminaba cerca del campo de tiro de la Academia de Policía. En el transcurso de doce horas, Esparza caía al suelo cada vez que escuchaba un disparo.

Con este enfoque crítico, el simposio busca no solo complicar las certezas de género sino también organizar un juego de desidentificaciones que resista las presiones y las nuevas tácticas del binarismo sexual, haciendo imposible localizar los originales del sexo y el género y, en cambio, construir un espacio de autonomía material. Como tal, lo que se busca es recomponer a América Latina para incorporar críticos, activistas y artistas, y que las conversaciones con la población latina e hispana en los Estados Unidos continúen o interrumpan los debates que tienen lugar en América Latina y el Caribe. Un ejemplo de la necesidad de conectar estas conversaciones es el contraste entre la artista cubano-estadounidense Ana Mendieta y la fotógrafa latinx Laura Aguilar. Aunque el trabajo de Aguilar, que documenta la población lésbica del este de Los Ángeles en la década de 1990 y también exhibe su propio cuerpo desnudo en paisajes desérticos, recientemente ha logrado una mayor visibilidad, sigue estando totalmente ausente de los estudios queer y de las historias regionales en América Latina.

A través de masculinidades protésicas y cosméticas, este proyecto considera las operaciones de la masculinidad hegemónica. Mientras que la figura de la drag queen ha sido ampliamente analizada, las (im)personificaciones de la masculinidad y el Drag King han estado prácticamente ausentes del análisis crítico latinoamericano. En este sentido, el proyecto encuentra que, a pesar del machismo y la caballería que han caracterizado durante mucho tiempo la masculinidad y las producciones culturales masculinas de América Latina, las mujeres, las personificaciones masculinas de las mujeres y los disidentes sexuales han tenido, paradójicamente, acceso privilegiado a la construcción de la masculinidad popular. Como tal, el estudio de las figuras discordantes y contestatarias de las masculinidades espectaculares, muchas de las cuales han ocupado espacios culturales y mediáticos centrales, hace que el concepto y las operaciones de la masculinidad sean más legibles. También revela las fallas estructurales en la estructura de la masculinidad, desentrañando por tanto su capacidad hegemónica y su inhabitabilidad para la sensibilidad, los cuerpos y los géneros que son disidentes o amenazantes.

Ana Mendieta, Untitled (Facial hair transplant), 1972. Cortesía: Alison Jacques Gallery

ALGUNAS PONENCIAS

Performing the Brown Body.

Por Cecilia Fajardo-Hill

Performing the Brown Body se centra en un grupo de artistas chicanxs cuyo trabajo performativo desafía la heteronormatividad del hombre blanco tradicional, las nociones de raza y clase, así como las ideas canónicas de buen gusto en el arte. Clave para la discusión es la teoría de la desidentificación de José Esteban Muñoz, mientras que a través de las nociones de «diferencia afectiva», «sentirse marrón» y una colectividad queer se puede ejercer una sanación de la violencia y el trauma colonial/patriarcal del pasado/presente. Se explorarán figuras clave de las décadas de 1970 y 1980, como Cyclona (Robert Legorreta), descrita por Jennifer González como una mezcla de las convenciones del performance Drag con una sensibilidad del camp gótico, la ópera y The Rocky Horror Picture Show; Judy Baca, quien en Vanity Table (1976) encarna el estilo pachuca de la década de 1940, que desafía las nociones blancas de clase, buen gusto, género y sexualidad; y Pattsi Valdez, quien confronta las nociones estereotipadas de falta de sofisticación y vulgaridad asociadas con las chicanas mediante la promoción de acciones de glamour queer colectivo. Se analizarán trabajos recientes de artistas chicanxs, como Filmformance Silver & Gold (2014), de Nao Bustamante, inspirado en el cineasta queer Jack Smith, una exploración surrealista del glamour, la raza y la sexualidad, a través de la encarnación de la musa de Smith, Maria Montez; y Corpo Ranfla (2018), de Rafa Esparza en colaboración con Sebastián Hernández, que al incorporar tanto a la famosa Lowrider Gipsy Rose como a Cyclona, ​​subvierte la hiper masculinidad asociada a la cultura Lowrider.

Teoría: el género neutro de la masculinidad.

Por Graciela Montaldo

Si la idea del cuerpo masculino como cuerpo neutro forma parte de una ilusión, esa ilusión construyó los primeros intentos de crear un pensamiento crítico y teórico que diera cuenta de las complejidades de América Latina. A partir de esta paradoja/contradicción, desde los años 50 el pensamiento crítico de la región se colocó frente al desarrollo del pensamiento teórico europeo y americano como una reflexión alternativa a la hegemonía teórica. Sin embargo, basada en los presupuestos de una identidad blanca y masculina, esa teoría fracasará precisamente por su insistencia en declarar a la masculinidad (y lo blanco) como género neutro, impidiendo la entrada de otras subjetividades. La ponencia se enfoca en la construcción y performance de esa masculinidad como “lo neutro”, a través del estudio de textos e imágenes de Ángel Rama, David Viñas y Roberto Fernández Retamar, entre otros.

Pedro Lemebel

Trilogía para una rosa enferma: Isaac Chocrón, Luis Salmerón y Roberto Obregón.

Por Luis Pérez-Oramas

Isaac Chocrón, dramaturgo y novelista venezolano, nacido en 1931, murió en 2011. Roberto Obregón, artista venezolano, nacido en 1946, falleció en 2003. Luis Salmerón, fotógrafo venezolano, nacido en 1958, murió en 1991, víctima de los efectos del Sida. Isaac Chocrón fue amante de Luis Salmerón, entre 1978 y 1981. Luis Salmerón y Roberto Obregón compartieron habitación a partir de 1981 y es posible afirmar que Obregón profesó una pasión amorosa y tácita por Salmerón. Isaac Chocrón publicó la primera novela explícitamente gay en Venezuela, en 1971, titulada Pájaro de Mar por tierra, y su teatro está informado de una impulsión literaria en la que son protagonistas tanto la sensibilidad homoerótica como la estética camp. Notables, por su potencia metafórica de premonición del fin de una época, sus obras Mesopotamia (1980), La máxima felicidad (1975) y especialmente La Revolución (1971) pueden ofrecer una narrativa retrospectiva del naufragio de Venezuela al final del siglo XX. Este naufragio colectivo -esta pérdida- se acompaña de una historia íntima que aquí se narrará en forma de contrapunto dramático: el amor real entre Chocrón y Salmerón, que puede reconstituirse a través de sus diarios y correspondencias (legadas por Chocrón al autor) y el amor platónico entre Obregón y Salmerón, puntuado por dos eventos que marcan simbólicamente, en la obra de Obregón, al país en el ritornello en forma de metonimia de una rosa enferma: La rosa enferma (1993), obra pivotal del fin de la modernidad en Venezuela, pieza referencial de la crisis del Sida en América Latina y, a la vez, cifrada vanitas y secreto memento mori –callada elegía amorosa- a la memoria de Luis Salmerón. La conferencia trazará este ovillo narrativo, reconstruyendo los vínculos afectivos entre los protagonistas de esta trilogía de Drag Kings, haciendo especial énfasis en sus legados estéticos en el campo de la dramaturgia, la fotografía y las prácticas artísticas post-conceptuales, respectivamente.

Lemebel en llamas: cuerpo especular y la injuria sudaca como performance.

Por Juan Pablo Sutherland

En las dos últimas décadas, la figura de Pedro Lemebel se ha transformado en una potencia ineludible para pensar sexualidades críticas, escrituras y performances en América Latina. La ponencia propone pensar el nomadismo visual de Lemebel como un gesto especular con su escritura. La visualidad en Lemebel es una prolepsis que anuncia su devenir escritural. En ese horizonte, la figura de la injuria es un motor central de su performatividad que cruza fuertemente su obra. En uno de sus últimos libros de crónicas, Lemebel comparece con una poética de la injuria como título: Poco Hombre. El texto recorre el ejercicio creativo y político que Lemebel dispone para jugar con la espectacularidad del nombre e interrogar las tecnologías de género.


Imagen destacada: Rafa Esparza y Sebastián Hernández en el performance Corpo Ranfla, Mayan Theater, Los Angeles, 2018. Foto: Rudy García.

Traducción al español: Alejandra Villasmil

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¡feminismos!

En el contexto actual de regresión de los derechos, el proyecto "¡Feminismos!", que se presenta en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) hasta el 1° de diciembre de 2019, quiere reivindicar la...