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CARLOS VILLALÓN. EL FOTÓGRAFO CHILENO QUE REGISTRA LA “GUERRA PERDIDA” DE LA COCA

Una planta, cultivada en enormes extensiones de territorio selvático en Colombia, fue lo que primero llamó la atención del fotógrafo chileno Carlos Villalón. Era el año 2000 y había sido comisionado para cubrir los diálogos de paz entre el gobierno de Andrés Pastrana y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Pero esos arbustos color verde-amarillo -y el hecho de que estos fuesen el origen de un negocio multimillonario que, en Colombia como en otros países, ha traído consigo la violencia, el crimen organizado y la muerte de muchas víctimas inocentes- llevó a Villalón a decidirse a investigar a fondo el fenómeno de la planta de coca y la cocaína en nuestro continente.

Desde entonces, reparte sus actividades entre Bogotá y Nueva York, completando más de una década de viajes y fotografía, tras el intento de comprender, difundir y acaso plantear salidas posibles a lo que él llama “una guerra perdida”. En todos estos años, ha combinado su investigación con la labor de fotógrafo en zonas de conflicto y reportajes de naturaleza, entre otros. Así, Carlos Villalón colabora en forma regular para medios como CNN, New York Times, Wall Street Journal, Newsweek y la revista VICE. Con su cámara al hombro, ha estado cubriendo desastres humanos y naturales en lugares como Haití, Afganistán, Cachemira o Pakistán. El año 2003, la revista National Geographic se interesó en su trabajo en torno a la coca en Colombia y distintas zonas de Latinoamérica, y en el 2010 obtuvo el 2° lugar del prestigioso concurso World Press Photo, con la imagen de un adolescente asesinado por rencillas entre los carteles de la droga en Medellín.

Carlos Villalón. Caqueta, Colombia, 2002. Cortesía del autor
Carlos Villalón. Peñas Coloradas, Colombia. Cortesía del autor
Con el material visual de su proyecto Coca, la guerra perdida, futura publicación que resume sus casi veinte años inmerso en este trabajo, Carlos Villalón llega a Chile para difundir y compartir la reflexión en torno a esta problemática social, ya instalada también desde hace muchos años en barrios y poblaciones de este país. El 5 de enero, a las 20 horas en La Puerta Azul (Girardi 1286, Santiago), Carlos Villalón presentará el diaporama de su proyecto, en el que se recorren sus viajes a las zonas selváticas de Putumayo, Caquetá, Santa Fe, Montserrat y Peñas Coloradas, donde los campesinos subsisten gracias a las cosechas de este arbusto de inocente apariencia. El fotógrafo descubrió y retrató cómo en las calles de esos pueblos, la base de cocaína es secada a vista y paciencia de todos, pues constituye la principal moneda de cambio para cubrir las necesidades más básicas de los pobladores, como la alimentación y la higiene. Muy pronto, él mismo tomó consciencia de estar frente a un problema social, de pueblos sin acceso a la educación, a la salud ni a la moneda nacional, y condenados a utilizar este recurso agrícola como un modelo de trueque, muy lejos –por cierto– del inconmensurable negocio del narcotráfico, que se propaga desde nuestra región al mundo entero. “Me interesa el fenómeno antropológico de la cocaína”, dice Carlos Villalón. “Esto es mucho más que narcotráfico; hay ritos religiosos y culturales en torno a esta planta, considerada sagrada por los pueblos andinos. Quiero mostrar cómo estos rituales milenarios terminan siendo contaminados por la otra cara de esta planta: la cocaína del hombre blanco”. Persiguiendo conocer a fondo ese proceso que genera millones de dólares, además de sangre y muerte, Carlos Villalón consiguió tempranamente salvoconductos para desplazarse por territorios prohibidos para la mayoría. Ha viajado por toda Colombia, además de Bolivia, Perú, Estados Unidos, Chile y México. Se ha interiorizado en la cultura en torno al narcotráfico: las grandes mansiones de arquitectura kitsch que se hacen construir los negociantes, las fiestas y géneros musicales con que celebran su estilo de vida, como el narco-hip hop y los narco-corridos. Ha investigado los carteles, la prostitución, los crímenes, el sicariato y la adicción llevada al extremo en las calles de Nueva York. Asimismo, ha descubierto las conexiones entre este negocio y los movimientos de la macroeconomía en Occidente, involucrando a importantes bancos y transacciones bursátiles a gran escala.
Carlos Villalón. Chapare, Bolivia. Cortesía del autor
Carlos Villalón. Santiago, Chile. Cortesía del autor

Chile: Más que “balas locas”

Carlos Villalón quiere, principalmente, compartir su experiencia y crear la consciencia sobre este problema social, donde subyace -como en muchos casos- la desigualdad de oportunidades. Con su proyección de fotografías busca instalar en Chile un tema que no le es ajeno al país, esperando abrir la mirada y las mentes para un acercamiento más profundo, no restringido a la persecución y castigo de la delincuencia, ni a la segregación de los involucrados, sean éstos chilenos o inmigrantes.

Desde su experiencia, Carlos Villalón nos recuerda que el narcotráfico no “llegó a Chile”, sino que ha estado desde hace varias décadas, ya que el país es puente estratégico para el traspaso de la droga. De este modo, el evento Coca, la guerra perdida busca extender la discusión desde la realidad colombiana o mexicana hasta la realidad chilena, con casos emblemáticos – aunque no únicos-, como La Legua Emergencia, el sector más peligroso de esa población, donde las bandas del narcotráfico dominan las calles y se enfrentan a tiros, afectando muchas veces a inocentes niños, ancianos y familias de pobladores con las llamadas “balas locas”.

En Chile hoy, cientos de adolescentes ejercen como “soldados” del narcotráfico, convirtiéndose en vendedores y sicarios; entre ellos es usual escuchar la frase “prefiero ser narco a no ser nadie”. Hay familias enteras que sin ser traficantes trabajan para ellos en las labores domésticas, y muchas veces los narcotraficantes les proporcionan dinero para paliar sus enfermedades o imprevistos.

Carlos Villalón. Medellín, Colombia. 2° lugar en el World Press Photo 2010. Cortesía del autor

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