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Fin de Partida.duchamp, el Ajedrez y las Vanguardias

«Hoy me conformo con jugar. Todavía soy una víctima del ajedrez. Tiene toda la belleza del arte y mucho más. No puede ser comercializado. El ajedrez es más puro que el arte en su posición social. Las piezas del ajedrez son las mayúsculas del alfabeto que da forma a los pensamientos; y estos pensamientos, aun componiendo un diseño visual en el tablero, expresan su belleza de forma abstracta, como un poema. […] He llegado a la conclusión de que, si bien no todos los artistas son jugadores de ajedrez, todos los jugadores de ajedrez son artistas.»

Marcel Duchamp. Conferencia impartida ante el banquete de la New York State Chess Association en 1952

 

La Fundación Joan Miró (Barcelona, España) presenta Fin de partida. Duchamp, el ajedrez y las vanguardias, una exposición que relee la historia del arte moderno a partir de su relación con el ajedrez. La exhibición, curada por Manuel Segade, presenta al ajedrez como un motivo recurrente de las vanguardias que, metafóricamente, permite comprender desde una óptica innovadora y lúdica la historia del arte moderno.

Para Segade, la presencia constante de este juego en la vida y en la obra de algunos de los artistas fundamentales de la modernidad trasciende lo anecdótico y se convierte en un hilo conductor que recorre los diferentes ismos, ya sea en forma de motivo, como abstracción o, incluso, como clave metafórica para entender la posición de la vanguardia en la partida de la historia del arte.

La muestra reúne cerca de ochenta piezas, incluidas pinturas y esculturas, de algunos de los artistas fundamentales del siglo XX, procedentes de las principales colecciones públicas y privadas de Europa, América y Oriente Medio. Destacan, entre otras, La partida de ajedrez de Marcel Duchamp, o el óleo Gran tablero de ajedrez de Paul Klee, así como piezas de Kandinsky, Sonia DelaunayMercè Rodoreda.

La selección abarca un extenso período —desde 1910 hasta 1972— e incluye, además, cuatro ready-mades de Duchamp, así como una docena de juegos de ajedrez históricos, algunos de ellos diseñados por destacados artistas de la vanguardia y de los inicios del arte conceptual, como Calder, Ernst, Noguchi o Yoko Ono, entre otros. La exhibición se completa con una gran diversidad de documentos originales, como libros, carteles, fotografías, películas o registros sonoros de archivos internacionales públicos y privados.

UNA PARTIDA EN SEIS MOVIMIENTOS

La muestra se despliega en seis ámbitos. El espacio inicial, titulado Del ocio familiar al cuadro como idea, parte del ajedrez como motivo en las pinturas de género doméstico del postimpresionismo para desembocar en la invención de los ready-mades por parte de Marcel Duchamp, pasando por las reflexiones geométricas del cubismo y su utilización del tablero como elemento regulador en la composición del cuadro. En esta sala se exponen, entre otras, obras de Jean Metzinger, Jean Crotti y el propio Duchamp, del que destacan el óleo de 1910 La partida de ajedrez, procedente del Philadelphia Museum of Art, y el ready-made Trébuchet, procedente de las colecciones del Museo de Israel, que juega en su título con el nombre de una conocida maniobra de ajedrez.

La exposición avanza hacia un segundo ámbito titulado El ajedrez y el arte para el pueblo, que da cuenta de cómo, en el devenir utópico del constructivismo ruso, el ajedrez se convirtió en un elemento de educación y ocio para la clase obrera. Al mismo tiempo, en las enseñanzas de la Bauhaus, como parte de un programa para diseñar lo cotidiano, el juego adquirió un carácter renovado y abstracto. Sobresalen en este espacio tres piezas de especial relevancia: el óleo de 1937 Gran tablero de ajedrez, de Paul Klee, llegado de la Kunsthaus Zürich; el cuadro Vestidos simultáneos (Tres mujeres, formas y colores), de Sonia Delaunay, procedente del Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, así como Línea completa (1923), de Wassily Kandinsky, de la Kunstsammlung Nordrhein-Westfalen, en Düsseldorf.

El espacio psicoanalítico del tablero, tercera sección de la muestra, examina cómo, en manos de los surrealistas, el ajedrez se convierte en un método de análisis: «un escenario para la batalla de los géneros y un espacio de subversión de las propias leyes de su tablero-mundo», en palabras de Segade. Esta sala reúne, entre otras, piezas de Man Ray, Muriel Streeter o Mercè Rodoreda, en su faceta como pintora, de quien se exhiben dos obras sobre papel de los años cincuenta. Completa este espacio la proyección del mítico film de René Clair Entr’acte, en el que Duchamp y Man Ray disputan una accidentada partida de ajedrez.

A continuación destacan dos piezas que ilustran el vínculo de amistad que unió a Marcel Duchamp y Joan Miró: una corbata firmada a modo de ready-made que Duchamp regaló a Miró en 1947 en Nueva York con motivo de su cumpleaños, y la Boite-en-valise, una de las obras maestras de Duchamp, que su viuda donó a la colección Homenaje a Joan Miró, el fondo de arte moderno de la Fundació Joan Miró constituido como tributo al artista.

 Max Ernst. Chess Set (Juego de ajedrez), 1944. Madera de arce y nogal. 60,3 x 60,3 x 1,3 cm. Max Ernst Museum Brühl des LVR. Depósito particular
Dorothea Tanning. Chess Tournament at the Julien Levy Gallery, 6th January, 1945(Campeonato de ajedrez en la Julien Levy Gallery, 6 de enero de 1945), 1945. Collage de tres fotografías tomadas por Julien Levy. 8 x 14 cm. The Destina Foundation, Nueva York
 Alexander Calder Chess Set (Juego de ajedrez), c. 1944. Madera y pintura. 45,7 x 45,7 cm. Calder Foundation, Nueva York
Marcel Duchamp. La Partie d’échecs (La partida de ajedrez), 1910. Óleo sobre tela 114 x 146,5 cm. Philadelphia Museum of Art: The Louise and Walter Arensberg Collection, 1950

Durante los episodios bélicos que agitaron Europa en los años treinta y cuarenta, el ajedrez se convirtió en un elemento clave de propaganda nacional y en una metáfora del triunfo en la batalla. En su cuarto ámbito, bajo el título El juego de la guerra, la exposición explora de qué manera el ajedrez se transforma en un vehículo especialmente sofisticado para trabajar la psicología social en tiempos de guerra. Este espacio también plantea cómo las migraciones derivadas de la guerra provocaron la extensión de la cultura ajedrecística en la vanguardia internacional. Es el caso, por ejemplo, de Maria Helena Vieira da Silva, portuguesa afincada en París, que huye a Brasil durante este período y allí concibe el cuadro La partida de ajedrez (1943), que se expone en esta sala procedente de las colecciones del Centre Pompidou.

En los años cuarenta, el propio imaginario del ajedrez se convertiría en uno de los temas de trabajo de los artistas más importantes de aquel tiempo, hasta el punto de llegar a diseñar sus propios juegos y borrar, así, el límite entre el ajedrez y la obra de arte. La mayor parte de estos trabajos se exhibieron en una exposición organizada por Julien Levy, Max Ernst y Marcel Duchamp en 1944 en Nueva York. El penúltimo apartado de la exposición —La imaginería del ajedrez— es un homenaje a aquella muestra histórica, de la cual recoge el título, y reúne algunos de los juegos más destacados: tableros y piezas vanguardistas firmados por Max Ernst, Alexander Calder o Isamu Noguchi, entre otros.

El arranque del arte conceptual tuvo en el ajedrez uno de sus asientos: poco antes de su muerte, Duchamp pasa el testigo de su trabajo a partir de su última aparición pública en una performance ajedrecística con John Cage en 1968. Desde ahí comienza una nueva historia, una nueva partida, que pasa por el arte pop y el Fluxus con la Guerra Fría como telón de fondo. El último espacio de la muestra, El ajedrez en los inicios del arte conceptual, incluye la grabación de aquella performance, así como una selección de obras de los pioneros del arte conceptual inspiradas en el ajedrez y firmadas, entre otros, por Takako Saito, George Maciunas o Yoko Ono. Cabe mencionar también en este ámbito dos ready-mades de los años sesenta, especialmente Hommage à Caissa, de 1965, procedentes de las colecciones del Museo de Israel.

FIN DE PARTIDA. DUCHAMP, EL AJEDREZ Y LAS VANGUARDIAS

Fundación Joan Miró. Barcelona, España

Hasta el 22 de enero de 2017

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