
Alternando la Materia y los Paisajes
“Cada vez que entramos en una crisis es el absurdo total, comprende que la dialéctica solo puede ordenar los armarios en momentos de calma. La realidad se precipita, se muestra con toda su fuerza, y justamente entonces nuestra única manera de enfrentarla consiste en renunciar a la dialéctica. La razón solo nos sirve para disecar la realidad en la calma, o analizar sus futuras tormentas, nunca para resolver una crisis instantánea”.
Julio Cortázar
Bajo el delirio que nos provocan las ensoñaciones leídas desde un texto cortaziano, es posible digerir que nuestros instantes sagaces, por lo general, conviven dentro de otros incoherentes. Porque son estos instantes cargados de historias y metáforas los que conjugan espacios antagónicos. Por cierto, espacios que subsistan en esta contemporaneidad cada vez más irascible.
Pero ante la actual disposición espacial y objetual de algunos proyectos de arte contemporáneo, esos neologismos construidos por Cortázar nos llevan a enjuiciar inusitadas atmósferas. Y si nos enfrentamos a una exposición que manifiesta por un lado una narración lineal, desde otro enfoque, las coordenadas de ésta nos envuelven indiscriminadamente en espacios irracionales. Más aún si ésta también explora una pauta curatorial que re-lee el paisaje, pero uno que bajo mi criterio posee infatigables aspectos cortazianos.
Entonces si contamos con un lugar como el West Germany [1], la propuesta expositiva de las artistas chilenas Michelle-Marie Letelier y Marcela Moraga elabora un espacio para la exploración orgánica que articula el paisaje bajo el título To seize Matter and leave a Landscape (Tomar materia y dejar un paisaje).

Michelle-Marie Letelier y Marcela Moraga, vista de exposición To seize Matter and leave a Landscape (Tomar materia y dejar un paisaje), 2013, en West Germany (Berlín). Todas las imágenes son cortesía de las artistas

Michelle-Marie Letelier, C+CU: Narratives of Energy Sway (C+CU: Narrativas de Influjos de Energía), 2013
Pero ante la actual disposición espacial y objetual de algunos proyectos de arte contemporáneo, esos neologismos construidos por Cortázar nos llevan a enjuiciar inusitadas atmósferas. Y si nos enfrentamos a una exposición que manifiesta por un lado una narración lineal, desde otro enfoque, las coordenadas de ésta nos envuelven indiscriminadamente en espacios irracionales. Más aún si ésta también explora una pauta curatorial que re-lee el paisaje, pero uno que bajo mi criterio posee infatigables aspectos cortazianos.
Entonces si contamos con un lugar como el West Germany [1], la propuesta expositiva de las artistas chilenas Michelle-Marie Letelier y Marcela Moraga elabora un espacio para la exploración orgánica que articula el paisaje bajo el título To seize Matter and leave a Landscape (Tomar materia y dejar un paisaje).
Poco hemos estudiado el paisaje y los productos históricos de su misma mutación, y que van asociados a lo que existe, a lo representado y, por cierto, a lo simbólico y las simbolizaciones –extremas– de él. Pero también el paisaje es un hecho ecumenal que reconoce una cultura globalizada. En este caso, esta última frase considerada por Agustín Berque depende de la manera en como se establece el paisaje en nuestro medio existencial y que no pertenece a una sola sociedad. Por lo que el paisaje no sería universal; es contingente como la historia y concreto como la ecúmene. [2]
Es así como Michelle-Marie Letelier elucubra, a través de una instalación de briquetas de carbón que lleva por nombre C+CU: Narratives of Energy Sway (C+CU: Narrativas de Influjos de Energía), el concepto de commodity pero no sólo como un objeto manipulado por la industria, sino cómo éste posee una connotación estética. Una relación que debe ser observada desde distintos ángulos y que cuestiona una territorialidad sumisa ante los objetos de consumo.
En otro rincón del espacio expositivo, Marcela Moraga produce una quimera en el video Füße haben und keine Erde haben [3] (Tener pies y no tener tierra). Un video que nos muestra a la artista escarbando en la piedrecilla que rodea algunos árboles y donde es ella misma quién va depositando tierra fértil alrededor de los troncos. Así, esos gestos de la acción de sembrar dibujan líneas agrarias sobre el suelo. Y es desde esa imagen donde se construye una alusión por una parte al campesino/indígena –vista en la indumentaria de la artista– y por otro lado al contraste de las lecturas que le asignamos al paisaje en el espacio-ciudad. Además, retoma la contingencia del valor del suelo, el derecho a cosechar y la irrupción de una funesta agroindustria.

Vista de exposición To seize Matter and leave a Landscape (Tomar materia y dejar un paisaje), 2013, en West Germany (Berlín)

Marcela Moraga, Wiederaufbau eines Straßenbaumes (Reconstrucción de un árbol de la vía pública), 2013
Poco hemos estudiado el paisaje y los productos históricos de su misma mutación, y que van asociados a lo que existe, a lo representado y, por cierto, a lo simbólico y las simbolizaciones –extremas– de él. Pero también el paisaje es un hecho ecumenal que reconoce una cultura globalizada. En este caso, esta última frase considerada por Agustín Berque depende de la manera en como se establece el paisaje en nuestro medio existencial y que no pertenece a una sola sociedad. Por lo que el paisaje no sería universal; es contingente como la historia y concreto como la ecúmene. [2]
Es así como Michelle-Marie Letelier elucubra, a través de una instalación de briquetas de carbón que lleva por nombre C+CU: Narratives of Energy Sway (C+CU: Narrativas de Influjos de Energía), el concepto de commodity pero no sólo como un objeto manipulado por la industria, sino cómo éste posee una connotación estética. Una relación que debe ser observada desde distintos ángulos y que cuestiona una territorialidad sumisa ante los objetos de consumo.
En otro rincón del espacio expositivo, Marcela Moraga produce una quimera en el video Füße haben und keine Erde haben [3] (Tener pies y no tener tierra). Un video que nos muestra a la artista escarbando en la piedrecilla que rodea algunos árboles y donde es ella misma quién va depositando tierra fértil alrededor de los troncos. Así, esos gestos de la acción de sembrar dibujan líneas agrarias sobre el suelo. Y es desde esa imagen donde se construye una alusión por una parte al campesino/indígena –vista en la indumentaria de la artista– y por otro lado al contraste de las lecturas que le asignamos al paisaje en el espacio-ciudad. Además, retoma la contingencia del valor del suelo, el derecho a cosechar y la irrupción de una funesta agroindustria.
Pero este concepto de exposición también presenta una performance titulada Urproduktion (producción primaria) en donde la actitud de modelar y amasar un paisaje queda de manifiesto. Aunque es dentro de un estrecho espacio quirúrgicamente diseñado el que lleva a las protagonistas a interponer los elementos que conjugan el acopio conceptual de To seize Matter and leave a Landscape y en donde los materiales indelebles fustigan la propia visión de sus protagonistas.
De esta manera, a través de esos espacios íntimos y abandonados del West Germany, esta exposición intrincadamente altera restos de árboles, imágenes audiovisuales e incluso un cable de trasmisión de poder como íconos que esbozan un paisaje consustancial. Por lo que To seize Matter and leave a Landscape designa esas alternancias insertadas en una conciencia cortaziana. Y desde otros enfoques, nos propone cuestionamientos al paisaje en cuanto a su construcción metafórica como contextual en una atiborrada escena del arte actual.
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