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¡MARCHEMOS, HIJOS DE LA PATRIA/EL DÍA DE GLORIA HA LLEGADO!

“El reino de Chile está llamado por la naturaleza de su situación, por las costumbres inocentes y virtuosas de sus moradores, por el ejemplo de sus vecinos, los fieros republicanos del Arauco, a gozar de las bendiciones que derraman las justas y dulces leyes de una república. (…) El Perú, por el contrario, encierra dos elementos de todo régimen justo y liberal: oro y esclavos. El primero lo corrompe todo, el segundo está corrompido por sí mismo. El alma de un siervo rara vez alcanza a apreciar la sana libertad: se enfurece en los tumultos o se humilla en las cadenas”.

Simón Bolívar

La exposición Cuatro formas de ser republicano a distancia de Claudio Correa es la nueva inflexión, cambio de tono, en su prolífica obra crítica de la pintura de historia, que lleva desarrollando desde finales de la década de los noventa. A saber, la pintura de historia es el género más noble y de mayor jerarquía, que proclamase André Félibien oficialmente en el prefacio de las conferencias de la Academia Royal, en 1667 en los albores de la Ilustración. Del mismo modo que los pensadores ilustrados, Félibien afirmaba que la razón podía combatir la ignorancia, la superstición y la tiranía, en la medida que este movimiento trajo consigo el marco intelectual en el que se producirían las revoluciones y las utopías encarnadas en la república: la Revolución Francesa y la Guerra de la Independencia de los Estados Unidos, así como el auge del capitalismo y el nacimiento del socialismo, hijos de la racionalidad moderna.

En esta ocasión Correa recurre al himno nacional de Francia, La Marsellesa, escrita en 1792 por Rouget de Lisle, más de un siglo después de las prescripciones y jerarquías realizadas a la pintura por su compatriota Félibien, como alegoría de nuestra identidad nacional republicana mestiza, no sólo de segunda mano, sino donde original y copia son combustibles. Correa identifica cuatro himnos de partidos y fuerzas políticas inspirados en ideales republicanos que, durante la primera mitad del siglo veinte, han plagiado las partituras de La Marsellesa y adaptado las letras según sus particulares definiciones ideológicas: La Marsellesa Socialista de Chile (1936); La Marsellesa de la Alianza Popular Revolucionaria Americana, APRA del Perú (1931); La Marsellesa de la República Española (1936) y La Marsellesa Anarquista (1907).

Claudio Correa, Cuatro formas de ser republicano a distancia, 2013, vista general de la sala. Todas las imágenes son cortesía del artista

Claudio Correa, Cuatro formas de ser republicano a distancia, 2013, vista general de la sala. Todas las imágenes son cortesía del artista

 

A través del rescate documental de La Marsellesa y las cuatro versiones de letras en español, el artista pone en evidencia los idearios comunes del proyecto iluminista de la república aún vigentes, pero que sin embargo en la actualidad son audibles como ecos de cañones distantes. Correa “saca a la luz” la virulencia de las letras en cada una de las versiones escogidas en castellano, que dan cuenta de programas fundados en la violencia y la aniquilación del adversario encarnado en el tirano, y el obsceno vínculo entre original, copia y plagio, que es paradójico en relación a los ideales de autonomía de los proyectos políticos que pretenden auspiciar en sus contextos específicos. Sobre todo, esto se hace más evidente en el caso de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) del Perú, cuya línea política se enmarcaba, muy explícitamente, en un antiimperialismo latinoamericano, pero que sin embargo no duda plagiar, para su himno partidario, la música de La Marsellesa Francesa, compuesta ciento cuarenta años antes, con el propósito de exaltar los ánimos patrióticos de los soldados que combatían a los austriacos, que maceraron las condiciones que pusieron en marcha a la Revolución Francesa. O la copia de la copia, que a su vez hace el Partido Socialista chileno, cuatro años más tarde en 1936, al himno del APRA, que devela la dependencia cultural como una más de las esquirlas post-coloniales, que en nuestro contexto estaría asimismo representada en la pintura académica, que en más de una ocasión Claudio Correa, en su obra, ha dejado por los suelos.

Cuatro formas de ser republicano a distancia es un montaje audiovisual compuesto por la proyección de un corto, suerte de video clip de La Marsellesa; la puesta en escena de las partituras de las cuatro versiones en castellano de los himnos del Partido Socialista chileno; APRA, del Perú; de la República Española y La Marsellesa Anarquista; y una serie de instrumentos musicales de banda militar hechos en cera –ambos sistemas, partituras e instrumentos– expuestos al interior de vitrinas de vidrio, de origen fiscal.

El video muestra un orfeón de guerra y un coro compuesto por cuarenta y cinco estudiantes de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (ex- Pedagógico), –paradigma universitario de “resistencia” republicana– que interpretan las distintas versiones de La Marsellesa. Este video clip registra la performance musical del coro y del orfeón y concluye con el incendio, derretimiento y consumición de los instrumentos de los músicos. Con ello el artista provoca un efecto lumínico que irónicamente hace mención a la misión iluminista del ideal republicano y, por otro, apela a una violencia soterrada de los himnos, mediante la creación de una serie de instrumentos musicales de cera que tienen en ellos mismos el germen de su autodestrucción, una mecha incendiaria.

 

La presente propuesta paródica de Cuatro formas de ser republicano a distancia de Claudio Correa apunta a la crítica de una forma de transmisión de la historia que es solidaria a las reflexiones de Walter Benjamin –en tanto pensador judío y víctima del Tercer Reich–, quien auscultaba en la transmisión de los símbolos “un tipo de transmisión que es en sí misma una catástrofe”. Benjamin se refería, en los duros años de la Segunda Guerra Mundial, del mismo modo que Claudio Correa en nuestros tiempos globalizados, a aquellas transmisiones que tienen el propósito de producir un sentido unívoco acerca de nociones tales como cuerpo, comunidad, líder, gente, raza o nación. Correa se centra en el deseo de triunfo que se desprende de los himnos, cuyo fin es propagar la defensa de lo propio y, en ocasiones, someter al contrario, como una forma de política totalitaria de sumisión encubierta, legitimada por un ideal de igualdad.

Los desplazamientos que el artista realiza de la pintura de historia al video clip, la escultura y la instalación, tienen relación con la persistente decontrucción, que podemos identificar en el conjunto de su obra, de un género que representa el ideario de la gran pintura de la Ilustración, que el artista debe asumir –como prescribe Félibien–, del mismo modo como los historiadores: “representar grandes acontecimientos, o como los poetas, sujetos que agradarán; y subiendo aún más alto, ser hábil para ocultar bajo el velo de la fábula las virtudes de los grandes hombres y los misterios más exaltados”. Correa, a través de la parodia que –como sabemos gracias a Nietzsche– es la que sucede a la tragedia, le permite establecer vínculos entre arte y política para poner ante nuestros ojos y oídos la paradójica violencia que se puede alcanzar al situar ideales republicanos, como el imperio de la ley, por sobre cualquier contextualización política e histórica de la contingencia.

Claudio Correa, Cuatro formas de ser republicano a distancia, 2013, vista general de las dos vitrinas que contienen La Marsellesa Anarquista, La Marsellesa del Apra del Perú, La Marsellesa de la II república de España y La Marsellesa Socialista de Chile (réplicas de partituras realizadas por el artista, 2013)

Claudio Correa, Cuatro formas de ser republicano a distancia, 2013, vista general de las dos vitrinas que contienen La Marsellesa Anarquista, La Marsellesa del Apra del Perú, La Marsellesa de la II república de España y La Marsellesa Socialista de Chile (réplicas de partituras realizadas por el artista, 2013)

 

En el prólogo de 1886, a la segunda edición de La ciencia jovial. La gaya scienza, Friedrich Nietzsche nos advierte la función ambivalente del artista con respecto a la verdad (alétheia) en la obra de arte. Literalmente la palabra alétheia significa «aquello que no está oculto», «aquello que es evidente», lo que es verdadero. No obstante, la función del artista es ambigua en la medida que las estrategias a las que recurre para ese «desocultamiento del ser» son artificios como los fuegos artificiales. Correa sabe desde Homero que “¡Mucho mienten los poetas!”, y por ello recurre a la parodia para desenmascarar la caída del proyecto iluminista que hoy presenciamos y sus crisis de representación. Su humor le permite enrostrarnos la tragedia de los tiempos que vivimos dónde y cuándo “No se gana como robando”. “Incipit tragoedia” (comienza la tragedia)…¡hay que ponerse en guardia! Se anuncia algo ejemplarmente malo y malvado: íncipit parodia (comienza la parodia), no cabe ninguna duda…”.

 

Claudio Correa. Licenciado y Magíster en Artes Visuales, Universidad de Chile. Destacan sus exposiciones individuales del 2010 Agencia Intermediaria en la Galería Gabriela Mistral y Memorial para jóvenes problema en la Galería D21, ambas en Santiago de Chile. Su presencia internacional se intensificó tras su participación en la VIII Bienal de La Habana (2003) y en la Bienal de Shanghai (2004) como parte del Proyecto N11 de la Galería Muro Sur. A partir de entonces ha sido invitado a participar en exposiciones en Alemania, Argentina, China, Estados Unidos, Francia, Holanda, Suecia, Uruguay y España. Fue parte de la selección de la Trienal realizada el 2010 por el curador Fernando Castro Flórez, en la exposición Ni pena ni miedo, en la Galería Blanca Soto de Madrid y en el Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo (MEIAC) de Badajoz, España durante el 2012. El año pasado participó en la muestra The Phantom Limb /El miembro fantasma, en la Galería Open Show Studio, Atenas, Grecia. En Chile ha sido nominado en dos ocasiones (el 2004 y el 2002) al Premio Altazor, además de obtener el Fondo Nacional para el Desarrollo de la Cultura y las Artes (FONDART) los años 2010, 2007, 2004 y 2003. Actualmente vive y trabaja en Santiago de Chile. En paralelo a su actividad como artista se desempeña como académico en el Departamento de Artes Visuales de la UMCE y en la Escuela de Artes Visuales de la Universidad Diego Portales (UDP).


Claudio Correa, composición de fotogramas del video Cuatro formas de ser republicano a la distancia, film súper 8 mm, transferido a HD, estéreo, 00;03;07, Santiago de Chile, 2013

 

Claudio Correa: Cuatro formas de ser republicano a la distancia

Galería Patricia Ready, Santiago de Chile

Del 6 de marzo al 5 de abril de 2013

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