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BIGE ÖRER: «EL ARTE NOS DA LA ESPERANZA DE QUE EL MUNDO PUEDE CAMBIAR»

La Bienal de Estambul se ha caracterizado a lo largo de sus doce ediciones por ser una bienal que corre riesgos y está constantemente desafiando sus límites. No por nada se ha convertido en la segunda bienal más prestigiosa del mundo, después de la de Venecia. Su directora, Bige Örer, nos cuenta de cómo nació esta bienal, que es lo que la ha convertido en un evento tan consolidado y cómo ésta ha influido en la proyección del arte turco hacia la escena contemporánea global. A su juicio, «para hacer una bienal es necesario tomar riesgos, crear diálogos sinceros y confrontaciones reales».

 

¿Puedes amar a los hombres y gobernarlos ?

¿Puedes manejar los asuntos más vitales dejando que los acontecimientos sigan su curso?

LAO TZU / El Tao de la Gracia.

 

Hace ya ocho años que trabajas para la Bienal y hace dos ediciones eres la directora. Cuéntame un poco cómo llevas tu cargo, siendo mujer, en una sociedad en que las mujeres tienen un papel muy reservado…

No creo que el género sea ya una gran cuestión importante en la sociedad turca a la hora de ocupar un puesto de trabajo. Creo que primero que nada uno necesita amar este trabajo, porque es muy agotador, da muchos dolores de cabeza, toma mucho tiempo, no tienes fines de semanas ni noches por períodos prolongados. Y en lo que respecta a la Bienal, aunque su edición sea cada dos años, es importante estar todo el tiempo atenta a la escena del arte local, es mi responsabilidad ir a las inauguraciones y a los eventos importantes. Es necesario poner el alma en esto. También tengo que ir a muchos eventos internacionales, viajo mucho, pero amo mi trabajo, amo lo que hago, entonces me siento afortunada, no es como: “¡Oh! No entiendo por qué trabajo tan duro o por qué hago esto y no lo otro”. Yo solo disfruto, disfruto trabajar muy duro, porque he encontrado el sentido a mi vida en trabajar y en hacer que algo suceda. Cuando veo la Bienal ahora, con un gran éxito, gente que habla positivamente sobre la exposición, yo solo puedo sentirme orgullosa y feliz por lo conseguido. Desde ese punto creo que no es importante si eres hombre o mujer en este cargo, lo importante es el amor y pasión que pones en la labor que desempeñas.

Cuando nació la Bienal de Estambul había muy pocas bienales en el mundo. En ese entonces ¿qué rol jugaba frente a la ciudad y frente al mundo, y cómo ha cambiado ese rol hasta hoy?

La primera Bienal fue creada en 1987. Su creación fue muy importante porque en ese momento la producción artística en Estambul era muy dinámica y rica, pero los artistas tenían muy pocos espacios para exhibir su trabajo. La Bienal se articuló como una plataforma para mostrar el arte turco al mundo y también traer a Estambul el arte internacional. Fue un evento fundamental para los estudiantes del arte que no tenían la posibilidad de viajar y poder ver el arte de otros lugares mas que en libros y catálogos. En este sentido, la primera bienal abrió puertas rápidamente. En términos de organización, por ejemplo de infraestructura cultural, la Bienal hizo notoria la necesidad de espacios de exposición para el arte. Es por ese motivo que las primeras bienales ocuparon lugares históricos y edificios vacíos de la ciudad. La Bienal ha creado hasta hoy una plataforma sólida para sacar nuestro arte al mundo y también para los artistas internacionales que en ella participan. Desde el punto de vista que se la mire, la creación de esta Bienal ha sido muy exitosa, ha funcionado muy bien. Hoy veo muchos artistas de Turquía que participaron en ediciones pasadas de la Bienal y que ya participan en exposiciones internacionales. No es que porque participaran en la Bienal ahora estén teniendo éxito, sino que es porque su trabajo es muy poderoso y sólo necesitaban un canal para presentar su trabajo. En ese sentido la Bienal es un canal.

Por supuesto la misión de la Bienal ha cambiado, por diferentes motivos y también porque ahora tenemos más de 150 bienales alrededor del mundo. Hoy la característica de las bienales es que actúan como un formato diferente de exposición donde se puede ser más experimental, donde puedes salirte del formato del museo si así lo quieres; la bienal se puede permitir ser provocadora. Y otro aspecto interesante es que no es un lugar comercial. Creo que una característica muy importante de las bienales es que desarrollan un vínculo con el lugar donde se realizan. Cuando haces una bienal en Berlín, en Sao Paulo o en París es diferente que hacerla en Estambul. Cada vez es más importante cuestionarse por qué uno esta haciendo esto y no lo otro, cómo lo estas haciendo, hacia dónde quieres ir, etc.

¿Cuáles son las preocupaciones políticas y sociales de Turquía hoy, cómo crees la Bienal dialoga con esas preocupaciones?

Creo que esa es una pregunta muy importante porque el mundo vive un momento en que no podemos dejar pasar esas preocupaciones, pero también porque desde la perspectiva de los curadores siempre ha sido un tema a tratar. Comprometerse con la ciudad , comprometerse con las cuestiones políticas y sociales de esta ciudad y del país es importante, pero al mismo tiempo se necesita respetar los criterios curatoriales. Al articular una bienal tenemos que tener en cuenta cuáles son las prioridades curatoriales, qué es lo que los curadores están buscando, qué tipo de exposición quieren crear. Entonces, desde el otro lado, nosotros no queremos forzar a los curadores a trabajar con estas cuestiones;  si ellos quieren hacerlo nosotros los apoyaremos, pero si no quieren hacerlo no están obligados. Nosotros no queremos crear una falsa preocupación, una exposición que esté forzada a seguir ciertos patrones. Pero por supuesto, como decía antes, es muy importante el lugar donde se lleva a cabo la bienal. Los artistas están en constante contacto con la ciudad, los artistas turcos están muy preocupados de las políticas y cuestiones sociales, con lo cual eso aparece de todos modos en la Bienal. Y en el caso de esta Bienal en particular, la curaduría basada en la obra de Felix Gonzales-Torres, que es profundamente política al mismo tiempo que poética, deja de manifiesto preocupaciones que no son sólo turcas sino mundiales. En ese sentido, en primera instancia la Bienal necesitó incluir la ciudad en sus preocupaciones, pero con el paso de los años la Bienal se ha vuelto autónoma pudiendo tomar ciertos riesgos y acotar sus preocupaciones. Esta edición se presenta mas íntima, mas específica en su relación con la ciudad, más cercana a la gente… Para nosotros ha sido muy importante que la Bienal sea cercana y accesible en términos artísticos. Y si eso sucede yo voy a estar muy contenta. Las prioridades artísticas deben ser firmes, eso me parece que es lo que importa y que es lo relevante.

¿Cómo y cuánto ha colaborado la Bienal a empujar a las instituciones turcas a tomar una actitud contemporánea frente al arte y sus tradiciones?

En cuanto a los museos, galerías y centros culturales, la Bienal las ha ido empujando hacia lo contemporáneo, pero también ha crecido con ellas. Ha sido un proceso muy interesante. Yo trabajo en la Bienal desde hace ocho años y principalmente nuestra labor, en ese aspecto, ha sido con las universidades y los departamentos de arte. Ellos han sido una preocupación constante porque muchos de los profesores no aprobaban que los alumnos y artistas trabajaran para la Bienal porque les parecía demasiado contemporánea. En un principio, entre finales de los años 80 y principios de los 90, ellos pensaban que nosotros íbamos en contra de sus tradiciones y de sus conservadoras formas de enseñar, pero eso ha ido cambiando mucho y hemos ido aprendiendo. La crisis ha cambiado mucho las cosas, la responsabilidad social y educacional que asume una Bienal es enorme. La Bienal muestra algo, ese algo es aprendido en un lento proceso y no hay que subestimar al público diciendo esto no es para nuestro país o no lo van a entender nuestros espectadores. El arte tiene un poder enorme de comunicación. En 24 años de Bienal, creo que podemos sentirnos orgullosos de que todo está sucediendo de manera fluida y natural.

Has mencionado en alguno de tus textos a Estambul como una ciudad aislada que ha conseguido con mucho ímpetu abrirse paso al mundo. Eso me hace recordar a mi país, Chile, un lugar que siempre se ha descrito a sí mismo como una isla, una larga y angosta porción de tierra en el fin del mundo. Hemos hecho grandes esfuerzos por salir de nuestro aislamiento, y poco a poco lo estamos consiguiendo. Sin embargo, hace algunos años intentamos comenzar una trienal de arte, pero lamentablemente no ha tenido éxito ¿Dónde crees que radica el éxito de un proyecto de estas magnitudes, qué lazos tiene que crear una Bienal para mantenerse en el tiempo?

Creo que para hacer una bienal es necesario que exista una necesidad, una necesidad de diálogo, una necesidad de proyección, una necesidad de compartir. Esa necesidad, ese deseo, tiene que ser imperativo y nacer de los artistas, de la gente y de las instituciones para que algo sea creado, para que una bienal suceda. Creo que la bienal ayuda muchísimo a la escena de arte local, no sólo a los artistas, sino también a las instituciones. Por ejemplo, durante nuestra Bienal hay también más de 100 eventos paralelos que cada lugar realiza, entonces la Bienal se vuele algo orgánico y se enriquece con esas actividades paralelas, y viceversa. Mucha gente viaja a ver la Bienal, ocupa la ciudad, está aquí… creo que esa sinergia que genera la Bienal es algo fundamental, es una energía que mueve muchas más cosas de las que podemos ver. En ese sentido, ayuda activamente a sacar a la ciudad de su aislamiento, creas redes de trabajo y de contacto con lugares lejanos y no tanto, vínculos que van creciendo en el tiempo y que se van haciendo más y más naturales en la medida que esas relaciones se van cultivando. Eso es muy lindo, porque una persona viene una vez a Estambul y vuelve, no es sólo una visita esporádica. La Bienal tiene la misión también de construir relaciones en torno a ella, construir puentes que saquen a la ciudad de su aislamiento pero también que enriquezca su situación cultural. Es muy importante tener un buen equipo de trabajo y confiar en lo que se está haciendo. Para hacer una bienal es necesario tomar riesgos, crear diálogos sinceros, confrontaciones reales.

Tradicionalmente esta Bienal se ha caracterizado por tomarse la ciudad y llevar el arte contemporáneo a lugares de mucha tradición en Estambul, como la Iglesia Hagia Sophia (Ayasofya). En la presente edición de la Bienal, Untitled, eso ha cambiado: los curadores han decidido que es importante que las obras se concentraran en un solo lugar. ¿De qué maneras crees que la presente Bienal interactúa con la ciudad y sus habitantes?

Como señalaba antes los espacios históricos fueron usados porque no había otros espacios para exponer. Sin embargo nos fuimos dando cuenta que era muy difícil exponer arte contemporáneo en espacios históricos, era un gran desafío. Si un artista quiere hacer un proyecto en un espacio histórico, puede hacerlo, pero cuando no tienes opción y prácticamente tienes que obligar a los artistas a usar ese espacio, es diferente. Así que empezamos a usar espacios públicos, mercados, escuelas, centros culturales para mostrar un poco las dinámicas de la ciudad. Creo que una de las ventajas de esto, en la Bienal de Estambul, es que te da la posibilidad de trabajar en diferentes espacios manteniendo la identidad de cada bienal específica. Pero en el caso de esta Bienal, la 12ª, era muy importante enfocarse en una sola localización, porque hay cinco grupos de exposiciones, cinco subtítulos y no parecía una buena idea separarlas unas de otras porque tienen sentido cuando están juntas, funcionan estando juntas. Es un aspecto muy importante. Si uno tuviera que moverse de un lugar a otro para ver Untitled (Death by Gu)n y luego Untitled (History), tu atención se perdería. La conexión se perdería. Así que creo que para esta oportunidad, en esta curatoría, la tradición de ocupar la ciudad podía y necesitaba cambiar en función de potenciar la exposición. En los años que llevo trabajando en esta Bienal invertimos más de seis meses en encontrar los lugares para realizar las exposiciones de cada edición; es mucho trabajo. Hay que revisar lugares, hay grandes problemas burocráticos para usar algunos de esos lugares, entonces es muy complicado y requiere mucho esfuerzo. Cada edición de la Bienal es un comenzar de cero. En este caso llamamos a un arquitecto para que diseñara el espacio de la Bienal y lo transformara en una pequeña ciudad, y creo que funciona muy bien. Entonces el diálogo con Estambul y sus habitantes viene dado por el trabajo de Félix González-Torres, porque su obra es muy universal, sus temas y sus preocupaciones son también las de nosotros y en ese sentido es su obra la que dialoga con toda la gente aquí en Estambul.

La obra de Felix González-Torres, que ha inspirado la presente edición de la Bienal, se caracteriza por establecer, a través de materiales muy sencillos y cotidianos, conexiones entre temas como el amor, la política, los derechos civiles y la muerte ¿Crees que en el poder de transformación del arte como una herramienta de activismo social, como una fuerza que puede cambiar el mundo? ¿Cómo puede esta Bienal colaborar a transformar el mundo en un lugar mejor?

Si, por supuesto que creo en eso. Creo fuertemente en ese poder. Es la razón por la cual hacemos esto. Primero que nada el trabajo de Félix González-Torres realmente dialoga con la gente, y cada uno de nosotros puede encontrar algo en su trabajo. El habla de pasión, amor, muerte, de las cosas que suceden cuando uno pierde a alguien a quien ama, de todas esas cosas, a veces dolorosas, pero por las que toda persona en el presente o en el pasado ha tenido que pasar en algún momento de su vida. Al mismo tiempo, habla de cosas tremendamente relevantes de manera paralela, establece cruces. Por ejemplo, tu ves la obra, te impresionas por lo que ella significa, pero en la medida que la vas comprendiendo ves que tiene diferentes capas y lo que ahí sucede depende de quién tu eres, de tu experiencia, tu educación, de tus alegrías y frustraciones. La obra de González-Torres está muy conectada con las emociones. Creo que no hay sólo un mensaje que quiere transmitir a la gente sino un sinnúmero de significados que cada uno debe encontrar en ella. Puedes ser gay, estar en pareja, o solo; su obra no discrimina entre el amor heterosexual o gay, es simplemente amor. Creo que el arte nos da una esperanza, la esperanza de que el mundo puede cambiar. Realmente nos muestra como mirar el mundo desde perspectivas diferentes y tiene el poder de hacer visible algo que no has visto antes. El arte también nos muestra que no estamos solos en nuestras inquietudes y preocupaciones y que realmente el mundo puede ser un lugar mejor.

La organización de la Bienal fue muy cuidadosa para poder mantener en secreto los nombres de los artistas que participan en ella. Sin duda, eso generó muchas expectativas en el mundo del arte. Hoy que la Bienal ya abrió sus puertas podemos entender la intención detrás de ese cuidado, y es que las obras son la prioridad de esta bienal, más que los artistas. La prioridad es el diálogo que se produce entre las obras ¿Cómo te sientes al recorrer la Bienal?

Cada vez que doy un paseo por la Bienal descubro algo nuevo. En ese sentido, creo que mantener en secreto los nombres de los artistas fue muy acertado. De otro modo cada persona que viniera a ver la Bienal, en sus primeros días, estaría simplemente buscando los nombres de los artistas que ya conoce, buscando las piezas de los artistas más reconocidos, pero ese no es el objetivo de esta Bienal. Ellos creen que a través de esos nombres se puede captar el alma de esta Bienal, pero eso no es verdad. Aquí las obras son más importantes que los nombres de los artistas. Cuando tu consigues comprender el diálogo entre las obras y ya luego ves quién es el artista que la creó, todo cobra más sentido, es más significativo. Es importante también, que si bien las obras están inspiradas en la obra de Félix González-Torres, no hay obras de él en la exposición. A mi parecer todo en esta Bienal está muy bien puesto, cada detalle y cada decisión han sido cuidados, y lo más importante, todo eso se siente cuando recorres la exposición como espectador.

En ese sentido, la curatoría de esta Bienal está más cercana a una gran exposición museística o a un salón de arte. Las obras van mayormente colgadas en la pared, muchas de ellas ya habían sido exhibidas en otras exposiciones, y hay un gran trabajo de catalogación por parte de sus curadores. Por otro lado, hay un catálogo teórico, otro que funciona como una guía para poder ver la bienal, y un tercero que es un compendio de las bienales anteriores. Pareciera que esta Bienal cierra un ciclo para dar origen a otro ¿Qué es lo que sucederá ahora?

Desde el principio la exposición en sí misma ha sido lo más importante para los curadores, es el motivo por el cual realizamos un año antes una conferencia de prensa explicando el proyecto, analizamos las Bienales anteriores, etc. Nos dimos cuenta que era importante darle a conocer a los curadores la experiencia de otras Bienales y también porque ya era momento de hacer un análisis más profundo sobre lo que habíamos aprendido con el paso de los años para poder saber cómo contribuir a crear nuevos diálogos con esta nueva propuesta. Es por eso que abrimos un debate aquí en Estambul sobre la nueva propuesta y sobre las publicaciones que sería necesario realizar. No tenemos un formato fijo de publicaciones, éstas siempre han dependido de los curadores porque nos ha parecido que cada publicación debe responder a las necesidades de cada Bienal. Desde el 2003 nos hemos preocupado por que las publicaciones y catálogos estuvieran listos para las inauguraciones porque es el momento en que la gente necesita información, pero en esta ocasión nos pareció importante que ese catálogo incluyera imágenes de los trabajos y del montaje, que tiene mucho protagonismo, lo cual era imposible hacer antes del día de inauguración. Es por eso que decidimos realizar un primer libro que funciona como resumen de las bienales anteriores con sus respectivos textos curatoriales. Un segundo libro que es una especie de catálogo-guía que tiene mucha información para los visitantes, con breves entrevistas a los artistas que participan con Solo Shows y con imágenes de sus trabajos, al mismo tiempo que mapas de las salas y una introducción a cada una de las exposiciones grupales para tener también una idea de lo que se está viendo. Y un tercer libro que será publicado en los próximos meses con todas las imágenes del montaje y de las obras como los curadores y los artistas las han diseñado y dispuesto en el recinto de la Bienal, acompañadas de cinco textos de diferentes personas que analizan la Bienal desde diferentes puntos de vista. Todo esto lo hemos hecho pensando un poco en escapar de la espectacularidad de las Bienales y de encontrar un sentido más honesto a nuestro trabajo, el de los curadores y de los artistas también. Creo que en esta Bienal se puede sentir muy bien la conexión entre las obras y comprender el diálogo entre las obras, no sólo en las exposiciones colectivas con sus respectivos Solo Shows, sino en general, en toda su extensión.

Mientras te escucho hablar me he acordado de una frase del artista chileno Juan Dávila, quien al igual que Félix González-Torres instaló a través de su arte sus preocupaciones sobre las minorías sexuales y sociales. Esta dice: “Liberación del deseo igual liberación social” ¿Cómo la interpretas desde el punto de vista de los cambios que está  viviendo la sociedad turca y desde ese ímpetu (deseo) que es motor de esta Bienal?

Si, cuando tu me preguntaste por el motor que hace nacer o provoca el éxito de un proyecto de las dimensiones de una Bienal señalé que el deseo y la necesidad son algo fundamental. Finalmente esa liberación del deseo es lo que nos hace sentir libres y hace que lo que emprendamos tenga éxito. Creo que todo depende de entender qué es lo que uno quiere, cuáles son nuestros deseos en la vida. Uno ve día a día gente que no es feliz, que no está contenta con lo que hace, y que tienen todo lo que quieren en términos materiales y de necesidades básicas, pero sin embargo no están contentos con lo que son. Eso sucede porque en ellos el deseo, la razón de la vida, se han perdido; no hay pasión, sus vidas son monótonas, rutinarias, nada los excita. Creo que el arte en este sentido, para nosotros, es muy importante porque es uno de nuestros deseos principales, está conectado con nosotros en lo más profundo, con nuestra manera de vivir y de ver la vida, nos da la esperanza y la fuerza para hacer del mundo ese lugar mejor. Sin duda cumplir nuestros objetivos, nuestros deseos, nos hace ser libres como individuos y por consecuencia libera a nuestra sociedad.

 

 

Carolina Castro Jorquera

Nace en Chile, en 1982. Es curadora, y Doctora en Historia del Arte por la UAM, Madrid. Sus intereses están enmarcados por las relaciones que es capaz de establecer el arte con otras disciplinas como la ciencia y la filosofía, así como también con las diferentes dimensiones de la conciencia humana y su rol en la construcción de la historia y del presente.

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