La galería de arte de la George Mason University, en Washington D.C, presenta Estéticas migratorias, una muestra que reúne el trabajo de 11 artistas de América Latina cuyas prácticas artísticas han sido influenciadas por los procesos migratorios, compartiendo así referentes culturales y experiencias comunes, como la salida, el descubrimiento, el abandono, el desarraigo, la ruptura y la reconstrucción.

A través de sus obras, estos artistas dan cuenta de sus identidades mestizas y las redefiniciones de su entorno, planteando la diáspora como espacio liminal en el que se construyen nuevas estéticas migratorias, en un mundo donde la desterritorialización se ha convertido en la norma.

La exposición, curada por la venezolana Gabriela Rosso, directora de la galería RoFa Projects -la única en Washington D.C dedicada exclusivamente a artistas de Latinomaérica- , va así abordando asuntos urgentes como la geopolítica del agua, las narrativas históricas y contemporáneas de zonas de alto tráfico migratorio en la región, como México y Centroámerica, o el desplazamiento traducido en nuevas imbricaciones culturales y de orden existencial y que, al mismo tiempo, ofrece la esperanza de desdibujar fronteras.

Erika Harrsch, "US of North America". Vista de la exposición "Estéticas migratorias", en la galería de la George Mason University, Washington D.C, 2019. Cortesía: RoFA Projects
Erika Harrsch, "US of North America". Vista de la exposición "Estéticas migratorias", en la galería de la George Mason University, Washington D.C, 2019. Cortesía: RoFA Projects

La artista mexicana Erika Harrsch (México, 1976) ha creado un pasaporte de los “Estados Unidos de Norteamérica” para uso del viajero que cruza libre por esta región, como la mariposa Monarca en su ruta por México, Estados Unidos y Canadá. El pasaporte contiene textos del NAFTA, libre comercio, derechos humanos, o la ‘lógica absurda’ de algunas políticas de inmigración y temas relacionados, en lugar de visas y sellos de entrada. El pasaporte, contenido y resguardado en una vitrina por su alto valor, simboliza la metamorfosis, libertad y esperanza.

Con Every land is a border, el hondureño Lester Rodríguez (1984) explora las relaciones espaciales entre el sujeto y el territorio, sus encuentros y desencuentros, utilizando las estructuras cartográficas como metáfora y definición de las condiciones de quienes habitan esos territorios. En esta obra, el artista aborda la idea de utopía nacionalista en un momento en que se debaten los peligros de las fronteras cerradas y se manifiestan miedos a la otredad.

En Expulsados del paraíso, Nohemí Pérez (1962), que ha vivido personalmente el desplazamiento a consecuencia de la guerrilla colombiana, retrata la emigración venezolana (también conocida como la diáspora bolivariana) durante las presidencias de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Pérez retrata con acuarela distintas situaciones que reflejan cómo inicialmente, durante el gobierno de Chávez, los venezolanos de clase media alta y alta conformaban buena parte de ese éxodo, dando paso a la clase media y baja a medida que han ido agravándose las condiciones políticas, sociales y económicas del país.

Vista de la exposición "Estéticas migratorias", en la galería de la George Mason University, Washington D.C, 2019. Cortesía: RoFA Projects
Mauricio Esquivel, "Línea de desplazamiento". Vista de la exposición "Estéticas migratorias", en la galería de la George Mason University, Washington D.C, 2019. Cortesía: RoFA Projects
Al frente: esculturas de Ana de Obregoso. Al fondo: acuarelas de Nohemí Pérez. Vista de la exposición "Estéticas migratorias", en la galería de la George Mason University, Washington D.C, 2019. Cortesía: RoFA Projects

En Línea de desplazamiento, Mauricio Esquivel (El Salvador, 1983) reinventa la moneda de 25 centavos de EEUU, conocida en El salvador como “Cora» (una versión fonética del “quarter” estadounidense), cortando laboriosamente el águila fuera de su centro para realizar una intervención en la pared a modo de mapa, en el que representa a América del Sur y Central migrando hacia Estados Unidos. Por un lado, las águilas se liberan de su carcasa y, por otro, su extracción hace que las monedas sean inútiles y pierdan su valor, arrojando una luz satírica sobre las nociones de intercambio y remesas.

En Una luz, una sombra, Fernando Poyón (Guatemala, 1982) recrea el mapa mundial utilizando la forma original de cada país para plantear una nueva configuración a la manera de un rompecabezas, apuntando a un reordenamiento geopolítico mundial. Se ve, por ejemplo, a Estados Unidos junto a Siria y Afganistán, pero manteniendo su frontera con México. Su hermano, Angel Poyón (Guatemala, 1976), traza mapas mentales sobre sombreros de paja típicos de varias regiones de América Latina, para sugerir que los límites solo habitan en nuestra mente (Territorios del día a día).

El Migrante y La Migrante, de la chilena Manuela Viera Gallo (1977), son pinturas que se basan en los prototipos que la policía aduanera de Estados Unidos tiene sobre la fisonomía de un latinoamericano. En estos retratos se leen sus miedos, sus pérdidas y sus esperanzas colectivas.

La Migrante, de Manuela Viera-Gallo. Vista de la exposición "Estéticas migratorias", en la galería de la George Mason University, Washington D.C, 2019. Cortesía: RoFA Projects
El Migrante, de Manuela Viera-Gallo. Vista de la exposición "Estéticas migratorias", en la galería de la George Mason University, Washington D.C, 2019. Cortesía: RoFA Projects
Una luz, una sombra, de Fernando Poyón. Cortesía: RoFa Projects, Washington D.C

La peruana Ana de Orbegoso (1964) se basa en la deconstrucción de la imagen icónica del retrato de huaco mochica (precedente de la representación del rostro humano en la civilización inca) y su posterior reconstrucción a través de referencias, generando nuevas iconografías con sus respectivos significados y significantes. Para la artista, al apropiarnos de nuestra historia adaptándola a nuestra vida diaria, la hacemos nuestra, vive con nosotros y, por lo tanto, trascendemos. Estas obras nos acercan al reflejo de las diferentes funciones que ha cumplido la representación humana, siempre estrechamente vinculada al concepto de identidad, desplazamientos y memoria histórico-colectiva.

Alejandro Pintado (México, 1973) realiza una lectura personal de uno de los grabadores más importantes del siglo XVI: Theodor de Bry, quien dedicó su vida a ilustrar la historia de la conquista de América e influyó en la apariencia del viejo continente en el nuevo mundo. Sus ilustraciones fueron reproducidas en toda Europa, aunque sin suficientes elementos visuales de estos nuevos lugares. De Bry usó su imaginación e historias para construir a partir de sus áreas de conocimiento lo desconocido, ya que nunca había visitado el nuevo continente. Por lo tanto, los nativos estaban representados con una estructura ósea similar a la de los europeos, las pirámides serían releídas como formas geométricas básicas en forma de cubos, los tesoros serían similares a los vasos indios y los dioses adquirieron elementos muy alejados de lo real.

Vista de la exposición "Estéticas migratorias", en la galería de la George Mason University, Washington D.C, 2019. Cortesía: RoFA Projects
Dignity, de Santiago Vélez. Vista de la exposición "Estéticas migratorias", en la galería de la George Mason University, Washington D.C, 2019. Cortesía: RoFA Projects

La investigación de Santiago Vélez (Colombia, 1972) se basa en premisas básicas de preocupaciones ecológicas, sociales y políticas relacionadas con el medio ambiente, en particular la contingencia de la geopolítica de las aguas. En Puertas al mar, coloca puertas flotando en El Estrecho de la Florida, El Golfo de Uraba y el Mar Mediterráneo, como grandes referencias de aguas de paso y en conflicto. Frases como «el mar que se convirtió en la frontera», «la costa al azar», «detener el mar», entre otras, se repiten y sirven para mostrar que el problema empeora cíclicamente.

En tanto, en su obra Dignity, la fragilidad, el brillo, la fluidez y la fina transparencia de las mantas térmicas que sirven para calentar los cuerpos de los migrantes se funden con las frases grabadas en el rescate de 150 personas por el barco Dignity de Médicos Sin Fronteras.

En Barquitos from the archive, la artista salvadoreña Muriel Hasbun (1961) muestra cada barquito flotando como un retrato individual que lleva el poder de nuestro testimonio individual y colectivo. Desde San Salvador a Washington D.C., nos alienta a recordar y unirnos para (re) descubrir nuestra propia historia, utilizando copias de nuestros documentos y fotografías familiares. El proceso táctil de hacer botes de papel engendra conexión, incluso curación. A través del acto de participar, reclamamos nuestra historia individual en el espacio comunitario. Al fotografiar estos barquitos, la artista da cuenta de que los detalles ocultos detrás de los pliegues resuenan tanto como los que se ven fácilmente.

“Más compleja que una simple línea geográfica imaginaria, la frontera es un límite flexible que existe entre la realidad y el sueño de un futuro mejor en un mundo ideal. Estéticas migratorias documenta la incertidumbre, el no-lugar y la esperanza colectiva que alimenta la imaginación de lo que el futuro promete ser. Las piezas expresan vivencias en constante cambio y tránsito entre una realidad perdida y una deseada, dentro del contexto de  los  frágiles límites y las fronteras del territorio establecidos a través de construcciones políticas, económicas, ideológicas, sociales y culturales”, puntualiza la curadora.

 


*La exposición estará abierta hasta el 28 de septiembre de 2019

**Imagen destacada: Santiago Vélez, Puerta al mar Mediterráneo. Cortesía: RoFa Projects, Washington D.C