Por Eliseo Sierra

La Galería Carmen Araujo Arte, en Caracas, presenta Espacio extendido. María Dávila y Eduardo Portillo, una significativa exhibición de arte textil contemporáneo, que reúne piezas de estos reconocidos artistas venezolanos, concebidas y elaboradas conjuntamente entre 2016 y 2018. Conformada por tapices de gran y mediano formato, la complejidad del trabajo conjunto combina el uso de diversas fibras como la seda, la lana, el moriche, la alpaca, el cobre y otros hilos metalizados, así como hojilla de plata y oro. La riqueza formal de las obras que, de alguna manera, rescata en su impronta la tradición abstracta del arte venezolano, se potencia por la exuberante gama de materiales utilizados.

Posiblemente el uso que Dávila y Portillo hacen de la cuadrícula y sus derivaciones como estructura visual -una estructura que irremediablemente asociamos a la retícula moderna-, es lo que genere en nosotros la sensación de continuidad entre el arte moderno y el arte contemporáneo. En este sentido, podríamos establecer relaciones formales con obras canónicas de ese pasado reciente; asociaciones que flotan, por así decir, sobre estas obras, o más bien, constituyen parte del soporte cultural que las sostiene. Pensemos, por ejemplo, en los coloritmos de Alejandro Otero y la relación del color con la estructura; pensemos en la fragilidad de las tejeduras de Gego; pensemos también en las cuadrículas atormentadas de Eugenio Espinoza de los años ochenta. Y, sin duda, visualicemos por un momento la vibración de las obras y revestimientos en mosaico vítreo de la Ciudad Universitaria de Caracas de Carlos Raúl Villanueva. Es un abanico significativo. Esas huellas podrían estar en la obra de Dávila y Portillo, o tal vez, estén en nosotros y condicionan nuestra mirada. Lo cierto es que pese a las evidentes relaciones formales que podamos establecer entre unas y otras, diríamos que sus piezas viajan metafóricamente en sentido inverso a aquellas: ni tienen la obcecada sed de futuro del arte moderno, ni deconstruyen sus ya menguados alcances. Y aunque podamos apreciar el peso que tiene en ellas la modernidad plástica venezolana, sus obras se nutren de tradiciones artesanales milenarias de origen asiático, por un lado, y de las herencias culturales ancestrales de nuestros indígenas, por el otro.

Vista de la exposición "Espacio extendido. María Dávila y Eduardo Portillo", en Carmen Araujo Arte, Caracas, 2018. Cortesía de la galería
Vista de la exposición "Espacio extendido. María Dávila y Eduardo Portillo", en Carmen Araujo Arte, Caracas, 2018. Cortesía de la galería

Recordemos que en los años ochenta, y siendo muy jóvenes, viajan a China e India para explorar, para investigar la rica tradición textil de esos países, no solo desde el punto de vista de sus técnicas artesanales en la elaboración del tejido y el teñido de la fibra, sino también desde la producción misma de la seda, capacitándose en el campo de la sericultura. Esa larga e intensa travesía les tomará cinco años de vida en Asia. Y más tarde, en el marco de la experimentación en su trabajo creativo, la pareja también viaja por Venezuela, tras la búsqueda de fibras autóctonas para integrarlas en sus obras; eso significó para ellos el encuentro y la convivencia con nuestras comunidades indígenas y, al mismo tiempo, la valoración de su cultura, especialmente el trabajo artesanal de sus ricos tejidos abstractos.

Y ellos trabajan justo allí, en el diluido confín entre arte y artesanía, desafiando sus fronteras y clasificaciones en arte mayor y arte aplicado. Las obras de Dávila y Portillo emergen entonces del heterogéneo legado de ese rico universo textil y mantienen una tensión permanente entre ambas expresiones. Valorado parcialmente por la modernidad, a través de la exploración de sus potenciales formales, expresivos, materiales y técnicos, el arte textil ha adquirido especial relevancia en el arte contemporáneo desplegando todas sus posibilidades espaciales y texturales, ya sea porque el artista contemporáneo ha apelado a la fibra como uno de los configuradores esenciales de sus propuestas, o bien, porque el artista textil ha irrumpido directamente en ese escenario. Lo blando, lo elástico, lo suave, lo flácido, lo mórbido, la calidez, lo táctil, lo corporal, lo íntimo, lo femenino del universo textil posiblemente se aproxime más como metáfora a la modernidad líquida de la que nos habla Bauman. En una época de dilución de fronteras y lenguajes híbridos, Espacio extendido de Dávila y Portillo nos permite aproximarnos a las diversas relaciones y tensiones entre el arte, la artesanía y nuestra contemporaneidad.

Vista de la exposición "Espacio extendido. María Dávila y Eduardo Portillo", en Carmen Araujo Arte, Caracas, 2018. Cortesía de la galería
Vista de la exposición "Espacio extendido. María Dávila y Eduardo Portillo", en Carmen Araujo Arte, Caracas, 2018. Cortesía de la galería

Pese a la estructura abstracta de estas obras, uno de los intereses de estos artistas ha sido el entorno geográfico, el paisaje como experiencia sensorial y humana que se cuela a través del entretejido e impregna su producción. Las piezas que conforman Espacio extendido también están relacionadas con el paisaje, pero se trata de otro paisaje. Ya no es propiamente el terrenal, sino una interpretación del insondable espectáculo sideral. De allí el nombre de la exhibición. Los artistas viajan a un lugar estratégico de las montañas del sur de Mérida, y desde ese recóndito lugar se exponen, por así decir, a la vastedad del firmamento: las obras resultantes de esta experiencia casi mística, se constituyen en una suerte de cortes temporales del devenir y expresan un complejo conjunto de relaciones sobre el universo, donde destacan la vibración y el perenne movimiento del tejido cósmico transformado en una estructura ortogonal flácida y férrea al mismo tiempo, que parece contraerse y expandirse simultáneamente pues, a niveles micro, se reproduce en las intersecciones de los ejes verticales y horizontales. En los recuadros – de variables tamaños- que crean esos cruces se generan masas de color, de luz y de sombra; se suscitan secuencias rítmicas, vibraciones aquí y allá, gradaciones de luz, desplazamientos, opacidades, brillos y reflejos. Una continuada actividad visual que se agita en el interior de esa estructura, como una explosión de luz en cámara lenta. A esa riqueza se suman las calidades texturales del intrincado tejido que confecciona laboriosamente la forma: la aspereza y opacidad del moriche contrasta a manera de contrapunto con el brillo de la seda, el cobre y las hojillas de oro y plata. El hilo, que parece liberarse por momentos del entramado, se despliega como trazo y adquiere expresión gráfica. A diferencia de la pintura, la forma y el sentido no se impone sobre el soporte, sino que emerge como desde adentro, por así decir, como génesis, del entrelazado, remetido y anudado casi ritual de las fibras.

Y si estas piezas de Espacio extendido expresan la complejidad de las relaciones formales de algunos instantes del paisaje sideral, también subyace en ellas simbólicamente el entramado de relaciones culturales, intereses cognitivos, el tejido social y humano que estos artistas merideños han sabido hilar en el tiempo para producir estas significativas obras.

 


Texto de sala escrito por Eliseo Sierra para la muestra Espacio extendido. María Dávila y Eduardo Portillo, que permanecerá abierta en la galería Carmen Araujo Arte (Caracas) hasta enero de 2019.