Una serie de exhibiciones colectivas, intervenciones urbanas, performances, muestras individuales, conciertos, obras radiales, talleres y un seminario, conforman el programa de la decimosegunda versión del Festival de Arte Sonoro Tsonami, que tiene lugar en Valparaíso hasta este 9 de diciembre.

El Festival inauguró el pasado 3 de diciembre en el antiguo Hotel Royal de la ciudad –actualmente en recuperación-, con la presentación simultánea de más de seis artistas sonoros que intervinieron las habitaciones de este centenario edificio: Víctor Mazón (España), Mario de Vega (México), Nicolás Spencer (Chile), Martijn van Boven (Holanda), Javier Bustos (Argentina), Cristian Martínez (Argentina), Sebastián Rey (Argentina) y Kanta Horio (Japón).

Esta versión del festival exhibe proyectos de investigación desarrollados previamente por artistas chilenos e internacionales quienes, de forma colectiva o individual, se vinculan con la ciudad y sus dinámicas sociales. “Tsonami es un espacio de experimentación y libertad creativa, que busca constantemente innovar en la forma en que se plantea a los públicos el contexto urbano y social de Valparaíso”, dice su director, Fernando Godoy.

El resultado de las investigaciones de los artistas Rie Nakajima, Kanta Horio, el dúo Vinyl Terror & Horror, Javier Bustos & Florencia Curci, Rodrigo Toro, Alexandre Joly, Pascale Lavigne, Peter Gossweiler, David Vélez y Giuliano Obici, entre otros, se ha activado en exhibiciones colectivas e individuales, instalaciones permanentes e intervenciones urbanas sonoras.

Alexander Joly, Mycelium. Cortesía: Tsonami 2018

Las exhibiciones individuales de Alexander Joly (Mycelium) y Stéphanie Castonguay (Nada se pierde) presentan la relación entre tecnología y naturaleza, jugando con los procesos químicos del cobre y experimentando, también, sobre la piel sonora de los objetos. En específico, Mycelium consiste en la construcción de un espacio ritual con piedras, cenizas, ramas y troncos de madera cubiertos con miles de pequeños altavoces piezoeléctricos, creando una especie de “micelio sonoro” donde el sonido es como una piel. Una composición que combina sonidos naturales, electrónicos y mecánicos, invitando al espectador a una escucha sensible y meditativa.

En tanto, Triturador (tromba marina), Rodrigo Toro (Chile) es un dispositivo sonoro-mecánico construido con materiales recuperados de las calles y basureros de Valparaíso. Es un aparato que, conectado a una radio, filtra mecánicamente y amplifica el sonido de la transmisión. El diseño proviene del entonarruidos italiano, creado por Luigi Russolo, pero reinventado en una nueva configuración que deforma el sonido, transformándolo en un alarido fantasmagórico.

En Perro parlante, la dupla compuesta por Sebastián Escalona y Raúl Díaz (Chile) investiga la situación de los residentes caninos de Valparaíso. Mediante pequeñas intervenciones en colaboración con organizaciones animalistas, un grupo de perros será el actor de micro-intervenciones tácticas urbanas, donde -a través del sonido- se problematizan las condiciones de precariedad, abandono y pobreza de estos habitantes de la ciudad. El proyecto se presenta como documentación en una de las varias exhibiciones colectivas, que abordan, por ejemplo, la idea de la máquina como dispositivo que transita el límite entre lo vivo y lo inanimado (Maquinaciones II); el arte sonoro con perspectiva sudamericana (Alteridades de lo invisible); y diversos procesos basados en la intervención y documentación del espacio urbano y social de Valparaíso (Acopio), en la que destaca el registro de los llamados sapos de micro (bus) del francés Félix Blume. El oficio de los sapos en Valparaíso consiste en coordinar desde la calle los tiempos de circulación de las micros o microbuses. La acción traduce las anotaciones acumuladas por 10 sapos a modo de partituras, que son interpretadas por músicos al interior de un recorrido en una micro del transporte público.

Vista de "Alteridades de lo invisible", muestra colectiva en CasaPlan, Valparaíso, Chile. Cortesía: Tsonami 2018

Hasta el domingo 8 de diciembre se presentarán múltiples performances, incluidos la interpretación musical –sobre una micro– de las anotaciones de los cuadernos de los sapos de Félix Blume; una limpieza auditiva en el subterráneo de una librería, por parte del artista canadiense Marc-Alexandre Reinhardt; y una intervención efímera del túnel del ascensor Polanco, a cargo de la residente chilena Andrea Rioseco. La intervención es el resultado de una exploración en torno a los espacios residuales del subsuelo porteño y su microhistoria, donde a partir de un nutrido registro de narradores locales (areneros, vigilantes, habitantes del subsuelo, etc.), se producirá una cartografía audible que logre roer la economía comunicacional del hito histórico y el recorrido turístico.

El viernes 7 y sábado 8 de diciembre a las 19:30 horas se realizarán dos conciertos en el Parque Cultural de Valparaíso y en la ex maestranza de trenes de Barón, respectivamente. Ambas presentaciones incorporan la activación de objetos cotidianos y del espacio, el uso del cuerpo y de dispositivos creados por los mismos artistas.

Destacan las performances de Rie Nakajima (Japón/Inglaterra), Julien Clauss (Francia) y la dupla chilena formada por Raúl Díaz y Bárbara González, quienes intervendrán sonoramente los trenes abandonados en Tornamesa Barón, además de los conciertos de Stéphanie Castonguay (Canadá), Kanta Horio (Japón) y el dúo Vinyl Terror & Horro (Dinamarca), encargados de cerrar la jornada del sábado 8.

Esta decimosegunda edición finaliza el domingo 9 con una performance del artista chileno Nicolás Spencer, quien buscará reunir alrededor del hielo a todos los asistentes del festival.

"Escuchar puede ser andar en bicicleta" invita a los amantes del pedaleo a la experiencia de escuchar el terreno por medio de los PET -Prótesis de Escucha Tentaculares-, dispositivos creados por los artistas Javier Bustos y Florëncia Kurch. Cortesía: Tsonami 2018

El festival organizó además un seminario los días 3 y 4 de diciembre en el que artistas, investigadores y curadores de prácticas sonoras en Latinoamérica y Europa presentaron experiencias y reflexiones en torno a las vinculaciones del arte sonoro con el contexto. Así por ejemplo, en su presentación titulada Los sonidos de las plazas de mercado como un tema de cultura, identidad y territorio, David Vélez (Colombia) se preguntaba ¿qué ocurre con las culturas cuando migran y se les dificulta el acceso a su tradición culinaria? ¿Qué rol tienen los sonidos, aromas y sabores de las plazas de mercado en el proceso de asentamiento cultural de inmigrantes? ¿Qué sucede cuando estudiamos la cultura culinaria y el fenómeno de la producción y consumo de alimentos a través del sonido y de la escucha? ¿Qué sucede cuando nos apropiamos de la producción y consumo de comida con propósitos estéticos sonoros?

Reconocida como una disciplina generada por saberes provenientes de la tradición occidental europea y la angloesfera, el arte sonoro se propone como un ambiente múltiple del que emergen una serie de prácticas que se apoyan en otras coordenadas geográficas, estéticas y culturales. En este terreno en movimiento y expansión, destaca el trabajo llevado a cabo en Chile por el grupo de investigación que actúa en torno al Festival Tsonami. Así, la ponencia Una idea sonora del Sur: prácticas del sonido en Chile, a cargo de Leandro Pisano (Italia), se enfocó específicamente en el análisis de algunas obras desarrolladas por artistas chilenos que presentan un compromiso crítico con nociones tales como “nuevas geografías”, fronteras, la práctica de mapear y la materialidad del sonido, así como con una propuesta para una posible aproximación al sonido del Sur.

Además, Radio Tsonami (www.radiotsonami.org) y Radio Valentín Letelier (www.uv.cl/radio) -97.3 FM, 94 AM- estrenan obras inéditas, encargadas particularmente para el Festival, bajo la temática de la transmisión, el electromagnetismo y la forma en que esas ondas afectan el espacio urbano de Valparaíso.

 


Imagen destacada: Perro parlante, de Sebastián Escalona + Raúl Díaz (Chile). Cortesía: Tsonami 2018