Pablo Vargas Lugo (Ciudad de México, 1968) es un artista que halla motivos de inspiración en las ciudades y lejos de ellas, en lo local y en lo global, en los registros históricos, así como en el aquí y ahora. Extrae elementos del paisaje urbano los cuales naturaliza y viceversa. Manteniendo vigente esta doble fuente de inspiración, urbana y rural, Vargas Lugo convierte en artefactos escultóricos y gráficos algunos elementos registrados en video los cuales mezcla con otros, banales y comunes para cualquier ciudadano, para crear una instalación completa y compleja, un enigma, un rebús. Retirados de sus entornos naturales, cada uno de estos objetos cuestiona su propio quehacer para crear juntos una atmósfera extraordinaria embrujada por toques esotéricos y anímicos compuestos de parámetros heteróclitos y anacrónicos, el todo acompañado de elementos sonoros de diversas procedencias: aves, murciélagos, monos aulladores, pasos, viento, y el insistente llamado de una flauta.

En una conversación con Sina Najafi, editor de la revista Cabinet, en agosto de 2004, Vargas Lugo admite que sólo se siente satisfecho con su trabajo cuando a nosotros, sus espectadores, no nos es posible decidir si nos está hablando en serio. Aunque se preocupa por que las obras que imagina y realiza estén relacionadas entre sí mediante conexiones seductoras y armoniosas, estas invenciones tienen al mismo tiempo que preservar y conservar zonas de indeterminación, donde el secreto de los apareamientos que concibe permanece íntegro y propio.

Vista de la exposición "Naj Tunich", de Pablo Vargas Lugo, en La Tallera, Cuernavaca, México, 2018. Cortesía: La Tallera
Pablo Vargas Lugo, Souvenir, 2018, escultura de ónix tallado, 80 cm (diámetro) x 200 cm; y Cuadrícula inconclusa, 2018, polvo de mármol blanco y negro, 7,90 x 5,38 m. Cortesía: La Tallera
Pablo Vargas Lugo, Tags, 2018, instalación de impresiones sobre vinil adhesivo; y Cenote (lágrimas), 2018, fierro fundido, 10 x 63 x 70 cm. Cortesía: La Tallera

Representante de México en la próxima Bienal de Venecia, Vargas Lugo tiene por estos días dos exposiciones en simultáneo en su país natal: Naj Tunich, en La Tallera, con la curaduría de Michel Blancsubé, y Cenote, su cuarta muestra individual en Labor, galería que lo representa.

 

Naj Tunich es el nombre de una cueva ubicada en el Petén guatemalteco cerca de la frontera con Belice. Descubierta en 1979, es conocida como una de las cuevas del territorio maya con mayor presencia de pinturas rupestres. Glifos y representaciones antropomorfas dibujados a lo largo del primer milenio sobre las paredes de amplias galerías acompañan la deambulación. La cueva fue cerrada al público en 1989 después de actos de vandalismo, y desde entonces sólo se abre esporádicamente a investigadores y especialistas. Vargas Lugo visitó esta caverna con un arqueólogo, una especialista de la cultura maya y un equipo de filmación en mayo de 2017.

Un ritornelo, un motivo masónico que, estación tras estación, acompaña la travesía del artista y de sus compañeros en un dédalo de dibujos memoriales mayas, con el ambiente bañado constantemente de una luz azul, verde o roja, forman parte de la grabación de esa anhelada visita a Naj Tunich. [1]

Vista de la exposición "Cenote", de Pablo Vargas Lugo, en Labor, Ciudad de México, 2018. Cortesía de la galería

En Labor, Pablo Vargas Lugo presenta Cenote, una muestra que continúa tanto el trabajo que el artista ha realizado en torno a los elementos esotéricos y rituales dentro del imaginario social, así como el interés en traducirlos a los materiales y lenguajes del contexto urbano.

Para esta instalación, el espacio de la galería se transforma en un lugar abierto a la intemperie y un portal al mundo subterráneo. Una tapa de fierro colado, el material prosaico usado en todo el mundo para dar acceso a tuberías y drenajes, lleva un diseño basado en los dibujos de las mandalas y thangkas tibetanos –referencia más o menos irónica adoptada por Vargas Lugo desde un punto muy temprano en su carrera- como representación de la aspiración a la iluminación y la unidad de la conciencia.

Como es común en su lenguaje artístico, Vargas Lugo asocia contextos geológicos, signos culturales y procesos materiales distantes para anudarlos en escenarios enigmáticos donde se abren las vallas entre los diversos ámbitos. En Cenote, la galería, se convierte en caverna del sureste mexicano, la conciencia en una tapa de alcantarilla y las aspiraciones espirituales se conmemoran como fuerzas deshilachadas y fugaces.

Vista de la exposición "Cenote", de Pablo Vargas Lugo, en Labor, Ciudad de México, 2018. Cortesía de la galería
Vista de la exposición "Cenote", de Pablo Vargas Lugo, en Labor, Ciudad de México, 2018. Cortesía de la galería
Vista de la exposición "Cenote", de Pablo Vargas Lugo, en Labor, Ciudad de México, 2018. Cortesía de la galería

PABLO VARGAS LUGO: NAJ TUNICH

La Tallera, Calle Venus 52, Jardines de Cuernavaca, Cuernavaca, Morelos, México

Hasta el 18 de noviembre de 2018

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PABLO VARGAS LUGO: CENOTE

Labor, Francisco Ramírez #5, Col. Daniel Garza, Miguel Hidalgo, Ciudad de México

Hasta el 16 de noviembre de 2018

[1] Texto curatorial de Michel Blancsubé, curador de Naj Tunich.

Imagen destacada: Vista de la exposición Naj Tunich, de Pablo Vargas Lugo, en La Tallera, Cuernavaca, México, 2018. Cortesía: La Tallera