El Palais de Tokyo, en París, presenta ON AIR, la mayor exposición del artista argentino Tomás Saraceno (1973) hasta la fecha, en la que se reúne una selección de sus obras más emblemáticas junto a otras inéditas y ambiciosas que, ocupando los 13.000 metros cuadrados del espacio, lo transforman en una experiencia sensorial única.

En conjunto, estos trabajos invitan a contemplar la naturaleza en acción, tanto sus micro-eventos como sus inconmensurables manifestaciones, lo invisible como también lo tangible del cosmos y el micro-cosmos. Saraceno es un artista singular de nuestros tiempos, uno que se vale de la ciencia y el arte, la espiritualidad, la percepción y la poética para hacernos conscientes de nuestra medida y alcance, de nuestro estar presentes y vivos en este mundo.

“Apoyando y promoviendo una cultura interconectada, esta exhibición celebra nuevos modos de producción de conocimiento y abre el debate sobre los desafíos globales planteados por el Antropoceno, una palabra propuesta para definir la época actual que vivimos en la Tierra, en la que algunas actividades humanas dejan un impacto tan importante que modifican las capas geológicas de nuestro planeta y su evolución”, dice la curadora de la muestra, Rebecca Lamarche-Vadel.

Vista de la exposición ON AIR, de Tomás Saraceno, en el Palais de Tokyo, París, 2018. Cortesía del artista; Andersen’s, Copenhagen; Esther Schipper, Berlín; Pinksummer Contemporary Art, Génova; Ruth Benzacar, Buenos Aires; Tanya Bonakdar Gallery, Nueva York. © Foto : Studio Tomás Saraceno, 2018.
Vista de la exposición ON AIR, de Tomás Saraceno, en el Palais de Tokyo, París, 2018. Cortesía del artista; Andersen’s, Copenhagen; Esther Schipper, Berlín; Pinksummer Contemporary Art, Génova; Ruth Benzacar, Buenos Aires; Tanya Bonakdar Gallery, Nueva York. © Foto : Studio Tomás Saraceno, 2018.

ON AIR abre con Event Horizon, un trabajo que ofrece la oportunidad de escuchar las vibraciones producidas por una Holocnemus pluchei, una especie de araña que ha vivido en el Palais de Tokyo desde mucho antes de que comenzara la exposición. ¿Podría este animal altamente sensible, aunque ciego y sordo en comparación con los humanos, ser capaz de detectar las vibraciones de las colisiones de los agujeros negros que ocurrieron hace más de mil millones de años?

Las vibraciones de estos eventos cósmicos se transmiten en vivo a la tela de la araña, que eventualmente las detecta y responde a su vez con sus propias vibraciones. Estas posibles “jam sessions” se traducen en frecuencias audibles para los humanos a través de un altavoz. Saraceno propone que, al igual que las arañas, nosotros también podemos captar las vibraciones de los eventos cósmicos. Este trabajo desentraña nuevas escalas de percepción: las de otras especies que pueden sentir de manera diferente en esta red cósmica en la que estamos todos atrapados.

Continuando con el recorrido, nos encontramos con Webs of At-tent(s)ion, esculturas construidas por arañas y sus telarañas que en su totalidad conforman un paisaje flotante. Las telarañas son una extensión de los sentidos de la araña -se convierten en sus oídos, ojos y boca- y, al mismo tiempo, proporcionan un hogar para su cuerpo. A través de los filamentos de las telarañas, las arañas envían y reciben vibraciones, y quizás incluso pensamientos: es una forma de conectarse con el mundo. Algunas de estas telarañas cuentan con una amplificación vía micrófonos especiales que permiten escuchar el ritmo de sus vibraciones.

Sounding the Air es un instrumento musical compuesto por cinco cuerdas de seda de araña que flotan y resuenan en el aire. No es tocado por una persona en particular, sino por un conjunto de fuerzas y presencias que transforman el espacio circundante y su dinámica: movimientos invisibles creados por diferencias de temperatura o por el flujo y la respiración de los visitantes. Al traducir las vibraciones en frecuencias de sonido, esta instalación nos permite escuchar el sonido del aire mismo.

Vista de la exposición ON AIR, de Tomás Saraceno, en el Palais de Tokyo, París, 2018. Cortesía del artista; Andersen’s, Copenhagen; Esther Schipper, Berlín; Pinksummer Contemporary Art, Génova; Ruth Benzacar, Buenos Aires; Tanya Bonakdar Gallery, Nueva York. © Foto : Studio Tomás Saraceno, 2018.
Vista de la exposición ON AIR, de Tomás Saraceno, en el Palais de Tokyo, París, 2018. Cortesía del artista; Andersen’s, Copenhagen; Esther Schipper, Berlín; Pinksummer Contemporary Art, Génova; Ruth Benzacar, Buenos Aires; Tanya Bonakdar Gallery, Nueva York. © Foto : Studio Tomás Saraceno, 2018.
Vista de la exposición ON AIR, de Tomás Saraceno, en el Palais de Tokyo, París, 2018. Cortesía del artista; Andersen’s, Copenhagen; Esther Schipper, Berlín; Pinksummer Contemporary Art, Génova; Ruth Benzacar, Buenos Aires; Tanya Bonakdar Gallery, Nueva York. © Foto : Studio Tomás Saraceno, 2018.
Vista de la exposición ON AIR, de Tomás Saraceno, en el Palais de Tokyo, París, 2018. Cortesía del artista; Andersen’s, Copenhagen; Esther Schipper, Berlín; Pinksummer Contemporary Art, Génova; Ruth Benzacar, Buenos Aires; Tanya Bonakdar Gallery, Nueva York. © Foto : Studio Tomás Saraceno, 2018.

Bajando un piso, llegamos a una sala que pone en perspectiva las diferentes formas en que los movimientos de las personas, el calor, los animales y la seda de araña afectan y se ven afectados por el aire. Una serie de bolígrafos suspendidos por globos dibujan con tinta de carbón negro la contaminación del aire de Mumbai. Telas de araña sobre el papel producen nuevos y extraños ‘mapas de araña’, mientras que las trayectorias de los globos que flotan libremente en el aire sin la ayuda de combustibles fósiles trazan Aeroglifos. Juntas, estas ‘aerografías’ son letras, caracteres y firmas de un nuevo idioma para el Aeroceno, imaginada por el artista como una nueva era en reacción consciente al Antropoceno, como un espacio que opera sin fronteras y sin combustibles fósiles y poniendo en marcha una ‘colaboración ética’ con la atmósfera.

El Aeroceno propone formas de movimiento que utilizan la energía solar, las corrientes de viento y la radiación infrarroja. Para ello, el artista ha diseñado el Aerocene Explorer, una escultura que se eleva en el aire sin el uso de combustibles fósiles, helio o hidrógeno. Se pone al vuelo como una señal que pide la deconstrucción de las fronteras aéreas y la preservación de nuestro aire. Contiene varios sensores que capturan datos atmosféricos -como temperatura, humedad, presión y calidad del aire- y sus usuarios están invitados a apropiarse y mejorar sus funcionalidades, ya que es una escultura que siempre está evolucionando a través de un proceso de construcción continuo, colectivo y abierto.

En el entorno en blanco y negro de A Thermodynamic Imaginary, los objetos y las personas presentes proyectan sus sombras sobre un paisaje de luces en constante cambio, donde todo flota, crece, se revela y se desvanece. Al encontrarse con una sucesión de eclipses solares entre sombras similares a planetas, el visitante recuerda su lugar en la escala cósmica y dentro de las fuerzas elementales de la termodinámica, la rama de la física que estudia las fuerzas del calor y la temperatura. Esta conexión entre la Tierra y el Sol recuerda además a los participantes que la humanidad se basa en una alianza recíproca entre los elementos y sus efectos, y los alienta a evolucionar hacia el homo flotantis, el ser humano de la nueva época del Aeroceno.

Vista de la exposición ON AIR, de Tomás Saraceno, en el Palais de Tokyo, París, 2018. Cortesía del artista; Andersen’s, Copenhagen; Esther Schipper, Berlín; Pinksummer Contemporary Art, Génova; Ruth Benzacar, Buenos Aires; Tanya Bonakdar Gallery, Nueva York. © Foto : Studio Tomás Saraceno, 2018.
Vista de la exposición ON AIR, de Tomás Saraceno, en el Palais de Tokyo, París, 2018. Cortesía del artista; Andersen’s, Copenhagen; Esther Schipper, Berlín; Pinksummer Contemporary Art, Génova; Ruth Benzacar, Buenos Aires; Tanya Bonakdar Gallery, Nueva York. © Foto : Studio Tomás Saraceno, 2018.
Vista de la exposición ON AIR, de Tomás Saraceno, en el Palais de Tokyo, París, 2018. Cortesía del artista; Andersen’s, Copenhagen; Esther Schipper, Berlín; Pinksummer Contemporary Art, Génova; Ruth Benzacar, Buenos Aires; Tanya Bonakdar Gallery, Nueva York. © Foto : Studio Tomás Saraceno, 2018.

En la exposición también se presenta el Museo Aero Solar, una comunidad que, desde su fundación en 2007, crea un museo del vuelo colectivo al erigir una construcción con bolsas de plástico recicladas en la que el visitante puede ingresar. Una huella de nuestra era actual, este museo -a la vez fascinante y monstruoso- presenta la parte final de la exposición: un espacio de colaboración dedicado al Aeroceno, que es constantemente activado por talleres e intervenciones. Al promover prácticas ‘do-it-yourself’ (hágalo usted mismo) y ‘do-it-together’ (hagámoslo juntos), estas sesiones de trabajo plantean una pregunta profunda: ¿cómo se sentiría respirar en una era post-combustibles fósiles?

La práctica de Tomás Saraceno y su equipo de colaboradores está animada por la unión de diferentes saberes y conocimientos. A partir de la investigación artística, llevan a cabo proyectos interdisciplinarios con instituciones científicas, universidades, activistas, comunidades locales, músicos y filósofos. Estas colaboraciones han derivado en una serie de invenciones técnicas que abren nuevas perspectivas.

ON AIR. CARTE BLANCHE A TOMÁS SARACENO

Palais de Tokyo, París

Del 17 de octubre de 2018 al 6 de enero de 2019