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FEDERICO KLEMM. EL GRAN ENCANTADOR

Las panteras negras y los tigres enjaulados miraban sigilosos a los invitados de la cena que Federico Klemm (República Checa, 1942 – Argentina, 2002) dio para celebrar la inauguración de la fundación que lleva su nombre desde 1995. Cuando soltaron a uno de los felinos –el más manso, cuentan los que participaron de los preparativos de la fiesta—, los invitados treparon despavoridos a la gran mesa en forma de T servida con el cuidado que aquella gala imponía.

Artista, performer, star mediático extravagante, mecenas generoso y coleccionista, Federico Klemm había planeado los detalles de aquella fiesta como si fuera un happening. Ese día brindaron con el anfitrión Marta Minujín, Osvaldo Giesso, Rómulo Macció, Clorindo Testa, Carolina Antoniadis, Enio Iommi y Rogelio Polesello, entre otros artistas que también solían ir a las fiestas que daba en su casa en la calle French. No faltaron periodistas y críticos de arte.

Hoy, a ochenta años de su nacimiento y a veinte de su muerte por el VIH, Fundación Klemm presenta Encantador de la noche. Federico Klemm 1942-2002, una exhibición que se podrá ver todo el año en tres episodios diferentes, Telecristales y homoerotismo; El cisne en llamas; y Opera madre, bajo la curaduría de Federica Baeza, Guadalupe Chirotarrab y Santiago Villanueva.

Federico Klemm, Cristología Sangrante, 1998. Cortesía: Fundación Klemm

El primer episodio (hasta el 17 de junio) “indaga en la representación del cuerpo masculino, en figuras que se camuflan entre mitos y relatos religiosos; se trata en realidad de cuerpos sexualizados, deseados y deseantes. Estas imágenes, que luego se integraban a sus foto-pinturas, tenían su punto de partida en tomas que el mismo Klemm hacía a sus modelos”, señalan los co-curadores.

La muestra presenta obras de Klemm y retratos suyos en diálogo con artistas de la valiosa Colección de Arte Argentino e Internacional del siglo XX de la Fundación –que cuenta con más de 750 piezas-, entre ellos Marta Minujín, Andy Warhol Mondongo, Roberto Aizenberg, Joseph Beuys, Christo, Giorgio De Chirico, Edgardo Giménez, Enio Iommi, Yves Klein, René Magritte, Man Ray, Alicia Penalba, Emilio Petorutti, Pablo Picasso, Yves Tanguy y Cindy Sherman.

Retratos y autorretratos del “encantador de la noche” tienen fuerte presencia en el recorrido, entre ellos la fotografía que le tomó Marcos López donde se le ve plácido, con los brazos cruzados, luciendo algunas joyas, su cabellera blonda uniéndose a la de la mujer de Los indiferentes, la pintura de Antonio Berni que en el momento de la toma colgaba detrás suyo.

“La foto la hicimos en su galería”, relata el reconocido fotógrafo. “Yo no lo conocía. Me dio mucha timidez proponerle el retrato. Su imagen me intimidaba… era un pope del arte”, recuerda López de aquella imagen creada antes de la tecnología digital.

La obra —una copia a color pintada a mano con tintas transparentes— estuvo guardada en su taller por años hasta que, junto con otros fotógrafos, montó uno de los primeros estudios abiertos de Buenos Aires e invitó a Klemm, quien se la compró. “Fue una de las primeras veces que vendí una obra a precio de mercado”. Esa imagen hoy cuelga en el escritorio del artista y es también la tapa del cuidado catálogo de la colección.      

Marcos López, Federico con cuadro de Berni, 1997. Cortesía: Fundación Klemm

Hay que correr una cortina tupida, de noble material, para ver la fotografía que Óscar Bony tomó de los genitales de Klemm. También lo pintaron y fotografiaron Silvina Benguria, Delia Cancela, Rómulo Macció, Humberto Rivas. El retrato que la pintora Mariette Lydis le hizo al joven Federico se encuentra entre dos columnas blancas luminosas, obra del artista.

Pionero queer, avant-garde en el arte y en la vida, de espíritu dionisíaco y celebratorio, Klemm “pagó caro estos márgenes de libertad”, cuenta Fernando Ezpeleta, su gran amigo desde la juventud, al frente de la Fundación junto con Valeria Fiterman. “Por su aspecto sufrió la mirada de la época. Federico no construyó su imagen para la tevé: él fue siempre muy extravagante, siempre cultivó la moda y el diseño. En el Buenos Aires de esa época, con el jean, la remera polo, el sweater al hombro, el bigote y el mocasín Guido, él resultaba imperdonable. Hasta el día de hoy a Federico le siguen cobrando esa libertad para expresarse; se ve en muchas críticas y opiniones. Siempre fue una figura muy controvertida: provocaba todo tipo de reacciones”, recuerda Ezpeleta de este artista que se codeó con pares, personajes de la noche, de la política y de la alta sociedad local e internacional, y también con comunidades marginadas.

Hijo único de padre alemán y madre checoslovaca, Klemm puso pie con su familia en Buenos Aires cuando tenía 7 años. En su país natal tenía un gran teatro de marionetas de juguete que jamás olvidó. En la casa del niño Federico en Argentina se hablaba checo, alemán y español. Vivió con su adorada madre Rosa Marechek —que comparte escenas junto a él en sus pinturas— hasta su muerte. Con ella se tomó una foto post mórtem, siguiendo la tradición europea del retrato de luto.

“Todos los días me contaba cuentos, por ejemplo, la antítesis de Las mil y una noches”, refiere Klemm sobre su madre en una entrevista con Canal (a) del año 2000. “Digo antítesis porque ahí había un factor erótico y acá estaba el amor de una madre por su hijo, al transmitirle ese mundo de fantasía a través de los cuentos, los relatos, las historias que creaba, e incluso, inventaba”.

Federico Klemm, La Crucifixión,1994. Cortesía: Fundación Klemm
Federico Klemm, Transmigraciones I, 2000. Cortesía: Fundación Klemm

Seres de una nueva mitología

Pintor autodidacta, gran conocedor del cine francés y ruso, estudió canto lírico y arte dramático. Sus dotes en este ámbito se evidencian en sus monólogos televisivos de El banquete telemático.

Exponente local de la transvanguardia, creó una cosmogonía sensual propia: híbrido entre mitología y religión. Inscrita en el fenómeno internacional del renacimiento de la pintura expresionista de finales de los años setenta y ochenta, la transvanguardia fue un término acuñado por el crítico Achille Bonito Oliva, quien también se refirió a la obra de Klemm.

En sus fotos-pinturas, el Juicio Final deviene Juego final con apolíneos modelos. En La crucifixión, Klemm yace sobre el regazo de su madre. En La resurrección, entre cristales topacio, Klemm es observado a lo lejos por su madre virgen. Y en Nacimiento y caos, hieráticos y rígidos, el Niño Jesús-Federico y su madre ocupan el centro de la escena. Sus jóvenes sensuales en escorzo son arrastrados por remolinos o personifican a Prometeo encadenado, a Narciso y Afrodita. Algunos rinden homenaje a Príapo, ante un falo gigante.

Federico Klemm, David y Goliat, 1994. Cortesía: Fundación Klemm
Federico Klemm, Sansón y Dalila,1994. Cortesía: Fundación Klemm
Federico Klemm, Metamorfosis (Santa Clara de Asís), 1997. Cortesía: Fundación Klemm

Klemm expuso en el Centro Cultural Recoleta, en la Galería Centoria, en el Palais de Glace, en el Centro Cultural Borges, en la Galería Flak de París y el Palazzo Bandera de Milán, entre otros sitios. En el Instituto Di Tella, donde participó en performances, conoció a Edgardo Giménez, Marta Minujín, Dalila Puzzovio, Jorge Romero Brest, Nicolás García Uriburu y Mildred Burton (al vínculo artístico entre ambos está dedicado el segundo episodio de la exhibición).

Participó en el happening Meat Joy, y lo recuerda como una experiencia fascinante. “Nosotros aparecíamos con un entusiasmo bárbaro tirándonos pollo, pescado y, como el piso era de bronce, empezamos a patinar; no pudimos terminar la coreografía correspondiente y terminamos en el piso, llenos de pintura. El Di Tella era muy moderno, pero no tenía ducha. Con papel higiénico nos sacábamos pedacito por pedacito. Estábamos con las actrices y los actores, que eran Plate, Fiorentino, Pablo Suárez”.

Federico Klem, retrato cortesía de la Fundación Klemm
Federico Klem, retrato cortesía de la Fundación Klemm

Coleccionista y generoso mecenas

Dueño de una herencia millonaria, dedicó su fortuna al arte. Desde joven empezó a comprar hasta conformar su Colección de Arte Argentino e Internacional del siglo XX. Cuando el temor a los vuelos le impidió viajar asiduamente a los remates, compró por catálogo en subastas internacionales.

Su colección incluye obras de artistas emblemáticos que se expusieron por primera vez en su espacio. Tras abrir la Galería Klemm Arte Contemporáneo, realizó muestras de Rómulo Macció, Yuyo Noé, Roberto Aizenberg, Antonio Berni, Oscar Bony y Ernesto Deira, entre otros grandes artistas argentinos. Ilustran su sello de adelantado en estas pampas las presentaciones que hizo de pesos pesados como Andy Warhol, Pat Andrea, Fernando Botero, Roberto Matta, Christo y Robert Mapplethorpe, este último con una muestra de más de 30 fotografías firmadas de las que no se vendió ni una (Klemm compró cuatro).

Diseñó joyas para su madre, a quien le compraba vestidos exquisitos. En Río de Janeiro, donde tenía casa, amasó su colección de topacios, que se pueden ver en la Fundación. Como extraños cristales aparecen también en sus pinturas. Amante de la danza de Rudolf Nureyev, llegó a comprar un traje suyo de pitón en Sotheby’s, que ahora se exhibe en la sala central. Además, adoraba la ópera y a María Callas. Muchas de las posturas en sus performances se inspiran en ese universo amado. 

Federico Klemm, Río de la Plata, 1997. Cortesía: Fundación Klemm
Federico Klemm, Sebastián, 1996. Cortesía: Fundación Klemm

Banquetes mediáticos

Klemm no sólo hizo inolvidables celebraciones, sino que en los años noventa incursionó en la tevé con banquetes en los que invitaba a la audiencia a escuchar y aprender sobre arte. Teatral e histriónico, llevó el arte a la pantalla chica con El banquete telemático, serie de programas de televisión que produjo entre 1994 y 2002 junto con el crítico Carlos Espartaco. Tuvo más de 200 emisiones.

Klemm, genio y figura mediática, no paró.En esos performances televisivos se evidencia su avidez por democratizar conocimientos sobre arte. En sus ciclos habló de artistas nacionales e internacionales, transvanguardia, arte conceptual, instalaciones, kitsch, la mujer en la historia del arte, arte en los años sesenta, posmodernidad, pop art, entre otros temas.

“Al momento de su muerte, Federico era una de las diez caras que paraban el zapping televisivo”, recuerda Ezpeleta del artista, a quien describe como un seductor con la palabra en todos los ámbitos. “El banquete telemático fue un fenómeno de culto, donde la gente se enteró, por ejemplo, de quién era Jeff Koons. Llegó un momento en que Federico iba todos los días a la tevé: al programa de Tinelli, a lo de Mirtha. Yo le dije: Fede no podés ir a todos lados.  Él me señaló un televisor y dijo: Todo lo que sale de ahí es lo mismo. Para él, era sólo un formato. Lo que importaba era la idea. Trabajaba con sus ideas fuerza. Hay muchos sketches de Tinelli, con cámaras ocultas, donde el actor que interviene trata de correr a Federico de su discurso, pero él no se corre. Federico tenía su mensaje: no era acomodaticio a una circunstancia que le planteara otro”.

En El banquete telemático titulado Amor al arte, Federico irrumpe en escena en la sala de la Fundación sin temor a abordar temas álgidos en las pantallas de señal abierta. “Todo el mundo habla de arte, y todo el mundo habla del amor. Podemos decir que el amor es un acto creativo (…) Todos hablamos de arte, todos hablamos de amor, pero hay que ver si tenemos el derecho de hacerlo. Hay personas que viven relaciones amorosas patológicas, hay personas que se sacrifican en vida, entregando su propia vida por el amor. Desde el punto de vista del arte, el amor es un sentimiento que se asemeja al estado de creación. No sólo por el placer, el displacer y el éxtasis que provoca, sino porque incita a cumplir ciertos pensamientos dictados por la capacidad más elevada que posee el ser humano”.

En ese afán por democratizar el arte, creó la Fundación que lleva su nombre, un espacio donde se pueden visitar gratuitamente las obras de su colección, y, por estos días, la imperdible muestra homenaje. Además, para impulsar a los nuevos artistas, creó el Premio Federico Jorge Klemm a las Artes Visuales Contemporáneas, que desde hace 25 años sigue en pie.


Encantador de la Noche. Episodio I: Telecristales y Homoerotismo, de Federico Klemm, se puede visitar hasta finales de junio de 2022 en Fundación Klemm, Marcelo T de Alvear 626, Buenos Aires.

Marina Oybin

Periodista cultural y crítica de arte. Egresada de la Universidad de Buenos Aires y de la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón - Universidad Nacional de las Artes (UNA), realizó el Postgrado en Opinión Pública y Medios de Comunicación en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). Escribe sobre arte y temas culturales en La Nación, Radar y en Le Monde Diplomatique. Hace, además, una columna de arte en el programa Los 7 locos, en la Televisión Pública. Trabajó en la Universidad de Bologna, en Clarín y en tevé. Realiza coberturas en Argentina y en el exterior, donde entrevistó a Orlan, Marina Abramovic, Sophie Calle, Anish Kapoor, Christian Boltanski, Jeremy Deller, Tomás Sarraceno, Leandro Erlich y Gyula Kosice, entre muchos otros destacados artistas. En 2019, moderó la entrevista pública con Julio Le Parc en el Museo Nacional de Bellas Artes. Realizó la curaduría de Explorando la Colección #02 Gyula Kosice en la Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat, entre otras. Integra jurados de premios internacionales de fotografía y de premios nacionales de artes visuales.

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