Lina Bo Bardi (Roma, 1914 – São Paulo, 1992), formada como arquitecta en la Italia de los años treinta, llegó a Brasil en 1946 junto a su marido, el crítico y coleccionista de arte Pietro Maria Bardi, y se entusiasmó pronto con su país de acogida. Con un dinamismo multifacético –como arquitecta, museógrafa, diseñadora, escritora y activista cultural– hizo rotar muy productivamente el eje de las complejas relaciones entre la modernidad y la tradición, la creación de vanguardia y las costumbres populares, la individualidad del artista moderno y el trabajo colectivo del pueblo.

La Fundación Juan March, en Madrid, en colaboración con el Instituto Bardi/Casa de Vidrio, presenta hasta el 13 de enero de 2009 la primera exposición en España sobre esta gran artista, bajo la curaduría de Mara Sánchez Llorens, Manuel Fontán del Junco y María Toledo.

La muestra reúne 348 obras –dibujos, pinturas, fotografías, objetos, esculturas, documentos y piezas de artesanía– no solo de Lina Bo Bardi, sino también de artistas internacionales que estaban preocupados por la transformación de las artes, la cultura y la sociedad para descubrir ese otro Brasil que no formaba parte del circuito ortodoxo del arte moderno pero que también estaba presente, como Max Bill, Alexander Calder o Saul Steinberg, y de artistas brasileños como Cícero Dias, Lygia Pape, Lygia Clark o Hélio Oiticica, además de artistas populares y no eruditos, así como arte indígena.

Las obras que componen la muestra proceden de 20 coleccionistas particulares y 28 instituciones, como el Instituto Bardi, el Museu de Arte de São Paulo (MASP), la Pinacoteca do Estado de São Paulo, el Museu de Arte Contemporãnea da Universidad de São Paulo (MAC-USP), el Museu Nacional de Bellas Artes de Río de Janeiro y el Museu de Arte do Rio (MAR), entre otras.

Lina Bo Bardi, Proyecto para una versión del sillón Bardi's Bowl, 1951, lápiz, tinta china, y tiza grasa sobre papel offset, 21,4 x 31,4 cm. Instituto Bardi/Casa de Vidrio, Sao Paulo

Esta es una de las primeras exposiciones sobre Lina Bo Bardi que no se limita a su faceta de arquitecta. Lleva por subtítulo parte del eslogan (Tupí or not tupí. That is the question) del Manifiesto antropófago, escrito en 1928 por Oswald de Andrade e ilustrado por Tarsila do Amaral, todo un ejemplo de apropiación “caníbal” de la famosa cita shakesperiana.

Y es que si la “antropofagia” brasileña de los años veinte –quizá la revolución estético-ideológica más original de las vanguardias latinoamericanas– pretendió la asimilación y el replanteamiento de la cultura europea, la europea Lina Bo Bardi encarnó durante toda su vida en el país que eligió una suerte de antropofagia a la inversa: también el Viejo Mundo, del que ella procedía, debía ser transformado por el Nuevo Mundo, en el que vivía, para dar paso a una “aristocracia del pueblo”, mezcla del europeo, el indio, el negro y el nativo del nordeste del país, cargada de sueños para un futuro mejor.

En tupí la expresión mamõyguara opá mamõ pupé significa “extranjero en todas partes” y refleja el sentir de Lina Bo Bardi y de una extensa comunidad de inmigrantes y creadores locales que amaron Brasil y participaron en su construcción desde esa misma aspiración a la libertad creativa. “Soy extranjera en cualquier parte. Es muy bueno no ser presa de nada. La libertad es muy importante”, afirmaría Lina Bo Bardi.

A través de las obras reunidas, la exposición invita a descubrir las analogías de la obra de Bo Bardi con la antropofagia de los años veinte y el tropicalismo de los años sesenta. Asimismo, ofrece una aproximación inédita a su figura y descubre su concepción y su práctica museográfica, su interés por el teatro y el circo, por lo participativo, lo colectivo y lo popular.

“Las artes populares y los adornos personales (collares, tocados, etc.) que Bo Bardi encontró en Brasil –y que reunió, fotografió, catalogó, conceptualizó y exhibió– no eran creaciones de artistas individuales, sino manifestaciones tribales colectivas, transmitidas de una generación a otra, hechas en común anónimamente y, precisamente por ello, fueron para la óptica plenamente moderna de Lina el rasgo más novedoso y llamativo del Nuevo Mundo. Sus creaciones en Brasil fueron exuberantes, entendiendo que ‘lo exuberante’ apunta a la pluralidad porosa de las cosas. Ella creía que, desde esa exuberancia podía renovar el Viejo Mundo del que procedía y el Viejo Mundo en el que Brasil corría el riesgo de convertirse si daba la espalda a sus raíces todavía presentes”, señala el texto de la curadora Mara Sánchez Llorens.

Lina Bo Bardi, Proyecto de Diorama para el Museu do Instituto Butantan, 1964, gouache, lápiz y tinta china sobre cartulina, 28,2 x 46,3 cm. Instituto Bardi/Casa de Vidro, Sao Paulo
Lina Bo Bardi, Estudio Preliminar, Esculturas Practicables para el Mirador del Museu Arte Trianon, 1968, tinta china y acuarela sobre papel, 53,6 x 76,5 cm. Colección MASP

En la exposición, las obras de Lina Bo Bardi conviven y conversan con trabajos de los artistas europeos que más influyeron en el Brasil de la época, como La unidad tripartita, de Max Bill, así como con el arte indígena (plumaria, cerámicas), el arte popular (utensilios, herramientas, abanicos) y obras de artistas brasileños coetáneos como Roberto Burle Marx o Macaparana.

Entre los proyectos arquitectónicos de Lina Bo Bardi presentados en esta muestra está la famosa Casa de Vidrio, producto de su regreso -en 1949- a su labor como arquitecta, desde la teoría y desde la praxis, y que se convertiría en propia residencia. Por su manera de reposar sobre el terreno, esta casa es como un insecto que, ligeramente apoyado, parece lanzarse al vuelo en cualquier momento. La ilusión de transparencia misteriosa de la Casa de Vidrio, cambiante a lo largo del día, hace que el vidrio muestre a sus ocupantes el entorno y éste le devuelve hermosas historias de bichos salvajes, leyendas populares de indios y reflejos de la selva atlántica.

También destaca en la exposición otro proyecto icónico: el Museo de Arte de São Paulo, fundado por ella misma en 1947. Arquitectónicamente, el MASP es una caja de vidrio suspendida sobre una potente estructura de hormigón situada a 8 metros del suelo que aloja las salas expositivas. Las vidrieras –de una sola pieza y 6 metros de alto– que dan cerramiento a su fachada fueron en el momento de su construcción las más grandes de América del Sur, una marca que también fue lograda por el “vano” libre que creaba, cuya estructura libera 74 metros del suelo generando un gran vacío. Por todo ello, parece que el edificio flota y que la gravedad desaparece. Además, las fachadas de vidrio provocan un efecto urbano inquietante: el contenido del museo es mostrado a la ciudad y viceversa, disolviéndose así los límites entre el edificio, el público y el paisaje. En el interior, las obras de la colección se presentan también “levitantes” en los famosos caballetes diseñados por Bo Bardi, también en vidrio.

José Manuel Ballester, Casa de Vidrio, Sao Paulo, 2007 (impresa por Estudios Durero, 2018). Impresión fotográfica retroiluminada sobre textil sintético, 204,5 x 213 cm. Colección Fundación Juan March, Madrid
Lina Bo Bardi, Insecto, s/f, bombilla de lámpara con filamentos y plumas, 9 x 7,5 x 3 cm. Instituto Bardi/Casa de Vidro, Sao Paulo. Foto: Ding Musa
José Manuel Ballester, Escalera del Solar do Unhão, Salvador de Bahía, 2018 (impresa por Estudios Durero). Impresión fotográfica directa sobre Dibond, 93,2 x 110 cm. Colección Fundación Juan March, Madrid

Lina Bo Bardi diseñó otro artefacto expositivo llamado Gran Vaca Mecánica (1988), que dispensaba las entradas del MASP y exhibía objetos populares fuera del edificio del museo. La Vaca fue documentada en un único plano técnico acompañado de dibujos en los que se imaginaba la juguetona convivencia del animal con los visitantes del museo.

Para esta exposición, la Fundación Juan March ha reconstruido este objeto temporal museístico, hecho originalmente en chapa de hierro, con el color limitado a la cabeza, los cuernos y las ubres (bermellón, dorado y azul arara, respectivamente) y un cuerpo que pudiera compartimentarse e incorporar elementos tecnológicos, como una radio, antenas, un motor térmico y un circuito eléctrico que garantizase su funcionamiento. La propuesta de Lina era que la vaca incentivara la participación de los usuarios dándoles la bienvenida al MASP, exhibiendo objetos populares recolectados por ella misma en Salvador de Bahía y conformando así un espacio lúdico o playground.

Lina Bo Bardi, Gran Vaca Mecánica, 1988, chapa de hierro lacada, bombillas LED, carro, cadena y cencerro, 202 x 150 x 460 cm. Colección Fundación Juan March, Madrid. Foto: Alfredo Casasola. Instituto Bardi/Casa de Vidro, Sao Paulo

Otro icono bobardiano fue el SESC (Serviço Social do Comércio) al noroeste de la metrópoli paulistana, en el barrio de Pompéia. Entre 1977 y 1986, Lina Bo Bardi desarrolló este proyecto colectivo junto a un entusiasta equipo de colaboradores que la acompañarían a partir de entonces. En un degradado barrio industrial hasta los años setenta, la vila Pompéia, recuperaron una antigua fábrica y la convirtieron en un centro de cultura, ocio y deporte. De las ocho naves principales que forman la fábrica, cinco se dedicaron a zona de convivencia, dos al teatro y en otra se construyeron talleres destinados a distintos usos. Las naves principales y las auxiliares se comunican a través de una calle conocida como rúa interior. El complejo fabril se completó con dos bloques deportivos conectados por pasarelas –bajo las cuales está la llamada rúa solarium– y una torre de agua.

Durante la exposición se proyectará, en sesión continua, una selección de materiales audiovisuales que muestran testimonios de figuras cercanas a Lina Bo Bardi como Caetano Veloso; documentales del arquitecto chileno Felipe de Ferrari; y un conjunto de fotografías inéditas de José Manuel Ballester sobre tres proyectos arquitectónicos de Lina Bo Bardi.

La muestra va acompaña de un catálogo que pretende convertirse en una fuente de referencia sobre la artista, y que contiene una presentación, una biografía y una autobiografía escrita antes de 1951, junto a veinte ensayos de los principales especialistas en Lina Bo Bardi y en el Brasil del momento, incluyendo un texto de la comisaria invitada, Mara Sánchez Llorens.

El libro se divide en cinco apartados específicos: Arquitecturas, con textos de Bárbara Silva, Renato Anelli, Marcelo Ferraz y Luis Antônio Jorge; Museografías, con textos de Giancarlo Latorraca, Roberta Saraiva, Silvana Rubino y Giacomo “Piraz” Pirazzoli; Lo moderno y lo popular, con textos de Antonio Maura, Maria Alice Milliet, Tomás Toledo, Emilio Tuñón y Pedro Felizes; Testigos, con textos de Eugênia Gorini Esmeraldo, Marcelo Suzuki y Victor Nosek; y Una mujer, un país, el mundo, con textos de Estrella de Diego, Edward J. Sullivan y Eduardo Subirats.

Un artículo de Marina Grinover ofrece una visión de la Lina escritora, que sirve de presentación a una antología de textos de Lina y sobre Lina de otros autores como Pietro Maria Bardi, Jorge Amado, Glauber Rocha, Bruno Zevi, Flávio Motta, José Celso Martinez Corrêa, Paulo Mendes da Rocha, Ana Carolina de Souza Bierrenbach y Marcelo Ferraz.

También incluye una entrevista, celebrada en SESC Pompéia, de los tres comisarios de la exposición (Mara Sánchez Llorens, Manuel Fontán del Junco y María Toledo) a Marcelo Ferraz, Marcelo Suzuki, André Vainer, Giancarlo Latorraca y Victor Nosek, los cinco principales colaboradores de Lina durante los años 80 y 90. Se trata de un documento inédito, ya que nunca antes había sido posible juntarles para poder entrevistarles.

El catálogo incluye las obras en la exposición, junto con un recorrido de las exposiciones de Lina Bo Bardi y de las que se han realizado sobre ella a partir de su muerte.

Lina Bo Bardi, Mariposa, 1974, papel maché, 66,5 x 41 cm. Instituto Bardi/Casa de Vidro, Sao Paulo

LINA BO BARDI: TUPI OR NOT TUPÍ. BRASIL, 1946-1992

Fundación Juan March, Castelló 77, 28006, Madrid

Del 5 de octubre de 2018 al 13 de enero de 2019