Espacio Odeón, en Bogotá, presenta hasta el 13 de octubre Debes seguir. No puedo seguir. Seguiré [*], una exposición que indaga en la relación entre el agotamiento como una emoción colectiva de nuestros tiempos y el potencial que supone un sentir común para imaginar lo que es posible más allá de las exigencias de lo dominante.

Curada por Alejandra Sarria, se trata de una investigación sobre diferentes formas de resistencia, repetición, rechazo, transgresión, ensayo y error, en las que el agotamiento se manifiesta a la vez como fatiga y como intención.

A través de la obra de los artistas colombianos Sofía Reyes, Juan Pablo Pacheco, Gabriel Mejía Abad, Pablo Lazala, Andrés Felipe Uribe, Iván Argote, Carolina Caycedo y Altiplano, junto a Chto Delat (Rusia) y Enric Fort Ballester (España), se manifiestan el agobio por las facturas mensuales, la presión de alcanzar el éxito, la discriminación, las guerras, las condiciones laborales y, en definitiva, la luchar en vano contra estas imposiciones.

El agotamiento está presente en esta exposición tanto en la repetición de sentimientos de desgaste, fatiga, y desespero, como en la posibilidad de presentar otros mundos posibles y otras formas de estar juntos.

Vista de la exposición "Debes seguir. No puedo seguir. Seguiré", en Espacio Odeón, Bogotá, 2018. Foto cortesía de Espacio Odeón
Vista de la exposición "Debes seguir. No puedo seguir. Seguiré", en Espacio Odeón, Bogotá, 2018. Foto cortesía de Espacio Odeón

Para el diseño expositivo, se ha invitado al estudio de arquitectura Altiplano a diseñar “un espacio para estar juntos” dentro del escenario original del Espacio Odeón, un antiguo teatro en el centro histórico de Bogotá, cuya arquitectura data de los años treinta.

El lugar se ha transformado en una plataforma para la reunión, una especie de asamblea o parlamento, donde la sensación de agotamiento puede ser representada como crisis y a la vez como potencial. Un espacio donde el estado actual de los tiempos pueda ser discutido y donde otros modelos pueden ser pensados en colectivo, como meditaciones sobre lo posible, lo exhaustivo y lo irrealizable.

La Asamblea –como se ha denominado este espacio- presentará lecturas, charlas, conferencias, bailes, clases, proyecciones y acciones que sucederán a lo largo de toda la exposición, y estará abierta a cualquiera que quiera usarla para descansar, conversar o actuar.

Vista de la exposición "Debes seguir. No puedo seguir. Seguiré", en Espacio Odeón, Bogotá, 2018. Foto cortesía de Espacio Odeón
Vista de la exposición "Debes seguir. No puedo seguir. Seguiré", en Espacio Odeón, Bogotá, 2018. Foto cortesía de Espacio Odeón

DEBES SEGUIR. NO PUEDO SEGUIR. SEGUIRÉ 

Por Alejandra Sarria

 

Estamos agotados…

El sistema de consumo e información nos hace sentir impotentes, desempoderados y llenos de ansiedad por sobrevivir. Nos estamos desgastando poco a poco mientras luchamos con la presión que ejercen las preocupaciones cotidianas: las cuentas del mes, las condiciones laborales, las del éxito profesional, o las más esenciales como la desigualdad humana, la violencia, la discriminación y la incertidumbre de no saber hacia dónde se dirige nuestra sociedad y nuestra propia vida. Los ciclos (y patologías) de la historia se repiten, y esto genera la sensación de estar constantemente intentando avanzar a contracorriente. Por más que nos acerquemos a la meta nunca terminamos de llegar—pero ¿hacia dónde vamos?

Nos vamos sintiendo derrotados, cansados de soportar los ciclos repetitivos de crecimiento y colapso que acompañan los discursos de un fin inminente y una catástrofe espectacular. Seguimos marchando, resistiendo, votando por todos aquellos que nos van a “liderar”. La resistencia se junta con la inercia y al final del día aceptamos que hay un movimiento de economías que debemos alimentar con nuestro trabajo físico e intelectual. Constantemente lidiamos con las presiones de ser “jóvenes” y, por lo tanto, supuestamente, somos responsables de soportar el presente e imaginar el futuro. La juventud se convierte no solamente en una condición, sino en una obligación, en la única manera de hacer parte de un discurso que no admite el desgaste, ni la decadencia, y que no la acepta como parte de la vida misma.

Sin embargo, el agotamiento parece ser un sentimiento común que define nuestros tiempos: se diezman los recursos materiales y energéticos —y así mismo se agotan los cuerpos y las mentes. Pero en la medida que el agotamiento contradice este sistema guiado por la demanda de efectividad y su creencia inquebrantable en el progreso, bien podría ser el punto de partida para una nueva forma de vida. Un punto cero desde el que se puede crear un nuevo lenguaje colectivo que haga posible desafiar los ideales de crecimiento ilimitado de la modernidad.

Tal vez podemos desplazarnos fuera del orden dominante que diferencia lo que es posible de lo absurdo: lo pensable de lo inimaginable. Podemos ser exhaustivos, encontrar maneras de prevalecer, de persistir, de intentar una y otra vez. Podemos agotar todas las posibilidades: darlo todo o acabar con todo.

No se trata de una cuestión de optimismo o pesimismo, sino más bien de enfrentarnos con la realidad de este sentimiento común, para pensar en las formas en las que podemos vivirlo, atravesarlo y trascenderlo.

Esta exposición indaga sobre la relación entre el agotamiento como una emoción colectiva de nuestros tiempos, y el potencial que supone este sentir común para imaginar lo que es posible más allá de las exigencias de lo dominante. Es el resultado de una investigación sobre diferentes formas de puesta en evidencia, resistencia, repetición y negación en las que el “estar agotados” se manifiesta a la vez como fatiga, como intención y como punto de partida.

Debes seguir. No puedo seguir. Seguiré* presenta un conjunto de obras de diez artistas de diferentes generaciones, en las que el agotamiento está presente tanto en la repetición de sentimientos de desgaste, fatiga, y desespero, como en la posibilidad de crear otros mundos posibles y otras formas de estar juntos. En esa medida el agotamiento no aparece como una manera de desistir o como un gesto de sumisión; por el contrario, se trata de reconocer que en ese desgaste está la posibilidad de rehusarse, de detenerse, de poner un límite. De vivir en otro tiempo en el que la energía no es ilimitada y las cosas y las personas se desgastan, reposan y se detienen.

*Última línea de Innombrable de Samuel Beckett, 1953.

Vista de la exposición "Debes seguir. No puedo seguir. Seguiré", en Espacio Odeón, Bogotá, 2018. Foto cortesía de Espacio Odeón
Vista de la exposición "Debes seguir. No puedo seguir. Seguiré", en Espacio Odeón, Bogotá, 2018. Foto cortesía de Espacio Odeón

Imagen destacada: Vista de la exposición Debes seguir. No puedo seguir. Seguiré, en Espacio Odeón, Bogotá, 2018. Foto cortesía de Espacio Odeón.