Pensar no es solamente tener un flujo de ideas y orientar las asociaciones respecto a ellas hacia la realidad. Pensar es una forma de libertad, es desestabilizar las creencias, tomar posición desde dónde afectar a un contexto, a un lugar, a uno mismo. Al observar el panorama de las artes visuales en Chile, Sagrada Mercancía se percibe como un proyecto activo, enérgico, problemático, que desafía constantemente al arte y a quienes somos parte de él.

En sus más de cuatro años de existencia, este colectivo ha transformado la perspectiva del arte contemporáneo chileno, realizando no sólo exposiciones de alta calidad y riesgo, sino mostrando que es posible, siendo un espacio independiente, elevar las exigencias del circuito local y proyectar internacionalmente la carrera de un grupo de artistas.

Por primera vez, Sagrada Mercancía (SM) realiza una exposición colectiva fuera de su espacio, en la galería Patricia Ready de Santiago. Leer un Rayo es una instalación donde las obras no tocan la galería, ya que están sostenidas por la fuerza de sus propias convicciones. A propósito de esta muestra, que estará abierta hasta el 24 de agosto, conversamos con cada uno de sus integrantes: César Vargas, Adolfo Bimer, Alejandro Leonhardt, Santiago Cancino, Sofía de Grenade, Adolfo Martínez, Jessica Briceño, Víctor Flores y Gabriel Sepúlveda, arquitecto invitado especialmente para este proyecto.

Vista de la exposición "Leer un rayo", de Sagrada Mercancía, en Galería Patricia Ready, Santiago de Chile, 2018. Foto: Felipe Ugalde

Carolina Castro: Las propuestas que ustedes han estado haciendo son muy desafiantes en términos de montaje, de concepto, y no puedo dejar de pensar que eso las transforma en un desafío a la hora de ser coleccionadas. Tener estas obras en colección requiere compartir vuestros riesgos y vuestra visión. Esto me lleva a plantearles algo que vengo pensando últimamente, sobre todo desde que veo, y soy parte, del impacto que está teniendo SM a nivel de mercado, participando en varias ferias de arte en Latinoamérica ¿Ha sido posible para SM crear un mercado?

César Vargas: En esta muestra, como en las que hacemos en nuestro espacio, las obras están hechas para el espacio expositivo, lo cual implica una dedicación especial y una complejidad a la hora de sacarlas de su hábitat. Las que vemos ahora son obras que no se van a volver a repetir, porque el tipo de montaje ofrece una manera singular de verlas e instalarlas. La operación tiene su identidad. Sería bonito que los coleccionistas comprendieran que este proyecto es inaugural en muchos sentidos; para la historia de SM, es el primer proyecto colectivo fuera de nuestro espacio. Hay una presencia micro-histórica en este gesto de estar aquí, en esta galería. Por eso creo que coleccionar estas piezas es coleccionar una porción de nuestra pequeña historia, de la historia de Sagrada Mercancía. Respecto a las ferias en las que hemos participado, siempre vamos con proyectos específicos y propuestas singulares que, mirando de cerca, comparecen muy poco bajo el rigor de “lo vendible”. Eso nos ha traído ciertos problemas, ya que para nosotros lo trascendente sigue siendo resguardar la identidad procesual y crítica de las obras que van con Sagrada.

CC: Estoy de acuerdo con tu perspectiva César y por eso creo que es interesante saber de qué modo ha sido, esto que dices, posible. Quiero decir, ustedes como colectivo están siendo capaces de introducir la obra, sus discursos, sus posibles relatos, el de cada uno como artista, en las colecciones locales, y posicionando a sus artistas en residencias internacionales, lo que contribuye a que esta historia perdure…

Sofía de Grenade: Externamente se puede entender que nuestras obras se van introduciendo de manera individual bajo nuestro nombre de artista en colecciones, pero en el fuero interno este tipo de posicionamientos son logros colectivos que nos permiten seguir trabajando, y eso es lo importante. Mi primera experiencia de venta fue en el 2016 cuando FAVA (Fundación Artes Visuales Asociadas) adquiere una instalación llamada La gran salina, trabajo que venía desarrollando hace tres años y que sin la ayuda de SM habría sido absolutamente imposible de realizar. Desde el montaje hasta el momento de negociar, siempre estamos discutiendo las circunstancias juntos, siempre he pensado esto como una estrategia de protección, tenemos mucho humor y complicidad en ese sentido; así hemos enfrentado nuestra propia inexperiencia y precariedad durante todo este tiempo.

Alejandro Leonhardt: Eso que dices implica una astucia comunicativa. Al referirse a ellas es necesario recalcar que son obras que por condiciones materiales perdurarán en el tiempo, y que conceptualmente se establecen como problemas que renuevan su estado a diario. Por lo que asumo, trabajamos en contra de todo impulso desechable.

César Vargas: Cierto, ahí es donde está nuestra capacidad de ser seductores con nuestro trabajo, esa astucia que dice Jano. Para nosotros fue muy interesante y muy difícil hacer esta exposición, en términos físicos, de escala. Creemos que es un proyecto muy bonito y que podría ser instalado en muchos otros lugares. Esta exposición incorpora piezas a un recorrido, en un gesto muy mínimo, pero tiene una trascendencia radical porque no estamos colgados de las paredes de la galería, sino que estamos, de cierta manera, aislando la obra del espacio.

Alejandro Leonhardt, Ok, 2018, parabrisas rotos sobre terraza de andamios, 400 x 257 x 109 cm. Vista de la exposición "Leer un rayo", de Sagrada Mercancía, en Galería Patricia Ready, Santiago de Chile, 2018. Foto: Felipe Ugalde

Extirpar un espacio de una naturaleza, aislarlo para que pudiera estar en otro, a partir de la idea de crear una isla dentro de la sala, donde nuestras obras funcionaran tanto individualmente como en relación a las otras.

 

CC: Me parece notable la invitación de Patricia Ready a hacer esta exposición y que ustedes respondan con esta propuesta, introduciendo este andamiaje dentro del edificio, haciendo que, como decías, las obras prácticamente no toquen el espacio, transformando la perspectiva no solo de ver las obras, sino también de recorrer y ver el edificio de la galería. Volviendo a lo que decíamos antes, aquí la operación es introducir su manera de pensar en la mente de otro. Crear en otro la ambición de tener estas obras, en su espacio, en su colección, entenderlas en su estado esencial.

Alejandro Leonhardt: Yo siento que generamos una ambición colectiva motivada por las ganas de crear exposiciones y la continuidad de ese impulso.

César Vargas: Es una lectura interesante. Yo también siento que hay una operación por nuestra parte de convocar un mismo espíritu colectivo de trabajo. Por eso en esta oportunidad invitamos a Gabriel Sepúlveda como arquitecto del proyecto. Sin Gabriel no hubiésemos concretado nada y, mucho menos, imaginado la elevación de perspectiva y el incremento de posibilidades que traía consigo el hecho de pensar desde la arquitectura.

Gabriel Sepúlveda: La idea de este proyecto fue establecer una lógica general que iba a ir cambiando una vez estuviéramos aquí. Y para mí fue muy interesante porque en arquitectura uno hace unos planos que se siguen hasta el final, en cambio aquí los planos tenían que responder ante las necesidades de las obras, y poder ser cambiados. 

Adolfo Bimer: Nuestra idea al invitar a Gabriel fue que, en consideración del proyecto que nos interesaba presentar aquí en la galería de Patricia, llegáramos a ideas de cómo aislar un espacio para posicionarlo dentro de otro. Extirpar un espacio de una naturaleza, aislarlo para que pudiera estar en otro, a partir de la idea de crear una isla dentro de la sala, donde nuestras obras funcionaran tanto individualmente como en relación a las otras. Entonces, nos vimos en la necesidad de que alguien fuera capaz de dar forma a este espacio por nosotros, y que tuviera la capacidad visual constructiva y sensible de entender la condición material de las obras en esa relación de lugar.

Sofía de Grenade, Sin título, 2018, tubería de PVC, resina de poliéster, 200 x 70 x 20 cm. Vista de la exposición "Leer un rayo", de Sagrada Mercancía, en Galería Patricia Ready, Santiago de Chile, 2018. Foto: Felipe Ugalde

Si no nos gustaran los desafíos, no estaríamos aquí.

 

CC: Todo este andamiaje es el reflejo del modo de trabajar que tiene SM. Lo que veo es que encarna un proceso de colaboración, de equipo. No es fácil tomar decisiones colectivamente ¿De qué manera su dinámica de trabajo se ve reflejada en esta exposición?

Alejandro Leonhardt: Es una instalación posible de realizar porque están presentes de manera activa todos los integrantes de SM. Hay un soporte mental, cabezas que están pensando las obras desde perspectivas que se cruzan y, por otro lado, hay un soporte físico que permite que ese problema se concrete. El nexo de esas dos fuerzas es SM.

Santiago Cancino: La colaboración es el potencial de nuestro proyecto. No existiría sin eso. El que haya diferentes ideas y visiones de las cosas genera que cada uno pueda dar un punto de vista distinto y, con ello, un consenso que nos plantee un resultado final. Tenemos muchas cabezas pensando; no es dos cabezas piensan mejor que una, sino a veces somos ocho personas discutiendo acerca de una obra. En el caso de esta exposición es más evidente un resultado en conjunto, ya que todos los trabajos dialogan desde sus propios y diversos ámbitos, como también ocurre en las exposiciones individuales que hacemos en nuestro espacio. Son pensamientos distintos comprometidos en una idea que nos incluye a todos.

CC: ¿Cómo ha sido para ti Santiago, o para ti Jessica, que eres la última incorporación, ser parte de SM?

Jessica Briceño: La invitación de SM a trabajar en conjunto llegó en un momento preciso. Yo me estaba haciendo preguntas urgentes y cuestionando las ideas que tempranamente me había formado sobre las artes visuales y su producción en Chile. Estaba buscando desestabilizar mis propias nociones teóricas, objetuales y expositivas y a esa búsqueda se sumó SM. Es un buen lugar para hacerlo, ha aportado mucho al proponerme nuevas dudas y posibles soluciones. Ha sido un desafío, el ritmo es rápido y nuestra exigencia es alta; ambas partes debemos saber responder y en esa vorágine hemos encontrado coincidencias y diferencias que han dado origen a muchos cuestionamientos, y eso no es más que el quehacer del arte, la problematización: el ir y venir de preguntas y la búsqueda de respuestas que evidencian un problema y una posible solución que abre otros problemas… algo que no para. Es así como nos hemos ido conociendo, de a poco, y hemos sabido generar lugares muy nutritivos de discusión. En ese sentido, debemos pensar la escenificación del andamio de Leer un Rayo como la obra total de SM: esa ocupación es la obra de todos, a la que además le agregamos estas otras piezas que son las propuestas personales de cada uno; en esta obra se unen todas las líneas investigativas que son las búsquedas que hacemos como conjunto e individualmente, y es ahí donde está la sustancia del proyecto, para mí. Si no nos gustaran los desafíos, no estaríamos aquí.

Santiago Cancino: Ha sido increíble, muy enriquecedor, al tiempo que es simbólico. Porque ha significado establecer vínculos de amistad para desarrollar obras donde una de sus características es plantearse desafíos. Eso es lo que me interesa: investigar problemas que tengo que resolver. Y SM siempre tiene problemas (risas). Cuando no los tiene, se los inventa.

Santiago Cancino, Insigno (de la serie Banderas nº3), 2018, acero y mármol, 400 x 45 x 35 cm. Vista de la exposición "Leer un rayo", de Sagrada Mercancía, en Galería Patricia Ready, Santiago de Chile, 2018. Foto: Felipe Ugalde

Lo que hemos logrado con esta exposición es sacarle un rendimiento muy positivo a nuestro trabajo como Sagrada Mercancía.

 

CC: Yo creo que cuando surgió SM ustedes no se imaginaban cuánto potencial había, cuánto podría crecer. ¿Cómo fue ese momento, el comienzo de SM?

Adolfo Bimer: Cuando Sagrada empezó nunca tuvo pretensiones de ningún tipo, ni de posicionamiento o cuestionamiento de una escena local, ni nada parecido. Todo surgió porque queríamos abrir la posibilidad de un espacio donde tuvieran lugar las exposiciones que queríamos ver y que no estaban sucediendo en ámbitos ni oficiales ni alternativos.

César Vargas: Eso fue bastante desafío a la voluntad colectiva e individual; el querer montar algo que quieres ver es muy fiel a lo que hemos hecho estos años. A mí no me gusta mucho el concepto de lo colaborativo, por la carga política implícita, pero tengo que reconocer que he sido muy afortunado al poder trabajar uno a uno con los artistas, escuchar sus propuestas, lo que implica esa confianza, esa visión. Esto es lo que hace pensar los proyectos, porque el negocio interno de Sagrada Mercancía es poder seguir pensando. Porque, como dijo Jessica, los artistas que trabajan con SM son artistas que tienen problemas con las artes visuales, y eso hace que nosotros tengamos problemas. Son artistas activos. Uno inmediatamente calibra las cosas de otra forma; como dice Bimer, no había pretensiones, pero había un gran desafío que era levantar estas exposiciones.

CC: Entiendo lo que dices de que la palabra colaboración tiene otras implicancias, pero yo veo que lo que SM hace tiene que ver con una afinidad, con establecer afinidades posibles, pensamientos afines que crean problemáticas diversas. Gracias a que hemos trabajado juntos en la sección Planta durante la feria Ch.ACO, y de eso ha surgido una amistad y admiración mutua, puedo decir que el motor de SM es la afinidad que existe entre todos ustedes, y que la conversación en torno a las obras y las exposiciones de cada uno fluye desde un lugar común. Sin duda, SM es un proyecto ambicioso, y el desafío de hacer las exposiciones que no se ven en otro lado implica también una actitud presuntuosa, de que las exposiciones que más te gustan son las que hacen ustedes mismos. Esto implica un alto nivel de exigencia, con ustedes y con el medio. Creo que la aparición de SM en la escena del arte local ha generado un impacto muy positivo. Los riesgos que ustedes han decidido tomar… hay una tremenda valentía en hacer estas exposiciones, ésta misma aquí en Patricia Ready, lo que da un respiro a la escena, y espero que eso vaya generando influencias, transformaciones.

César Vargas:  El hecho de poder trabajar con Gabriel y pensar este proyecto ha servido para posicionar una escala de mirada muy distinta. Hay que saber tomar riesgos y sostener la palabra. La arquitectura no sólo en relación con un habitar sino una arquitectura que permita elevar la capacidad de pensar los proyectos a un estatuto realmente instalativo. Lo que hemos logrado con esta exposición es sacarle un rendimiento muy positivo a nuestro trabajo como SM. No solamente por la condición de la muestra: entrar sin tocar el suelo de la galería, estar a casi un metro de tocar el techo, eso en términos de experiencia física, sino también en términos de aprendizaje personal y colectivo. Y bueno, lo que ocurre en términos conceptuales, la estructura que recibe las obras, el recorrido que creó Gabriel, la plasticidad que esta estructura permitió a la hora de instalar cada una de las obras. Hay consecuencias que no sabemos qué forma tienen, pero están ahí, y para otras instancias darán luz bajo otra forma de proyectos. Todos experimentamos un padecimiento de la estructura, la logramos levantar entre todos, y el trabajo de montaje nos permitió entrar en una conciencia muy física de las obras.

Víctor Flores, Alzaprima, 2018, madera MDF de 15 mm, esmalte al agua y cinco alzaprimas, 51 x 244 x 51 cm. Vista de la exposición "Leer un rayo", de Sagrada Mercancía, en Galería Patricia Ready, Santiago de Chile, 2018. Foto: Felipe Ugalde

La selección de materiales industriales para realizar nuestros trabajos ha generado una afinidad visual que ha desembocado en una relación que permite la existencia de un vínculo de trabajo entre todos nosotros.

 

CC: Todos ustedes trabajan con materiales llamemos “industriales”, trozos de cemento, de fierro, piedra, caucho, etc., en muchos casos desde una metodología pictórica, pero son materiales crudos de los que se extrae un potencial poético, estético, mucho potencial. Hay una obsesión común por investigar una familia de materiales. ¿A qué responde eso?

César Vargas: Hay un régimen semi identitario que ha ido cohesionando una cercanía con los procedimientos industriales; las procedencias de los diferentes recursos pasan por una condición industrial múltiple, rescatando elementos cromáticos y propiedades de esos materiales que permiten conectar las obras manteniendo la identidad de cada una de las investigaciones. Lo que yo veo es que todos sostienen una relación expansiva y muy consciente de la manufactura industrial de prácticamente todos los recursos con los cuales trabajan, en distintos ámbitos e intereses, por supuesto. Por ejemplo, Sofía de Grenade trabaja con la condición química y arqueológica de ciertos territorios y objetos, y Santiago Cancino con una dimensión de la arquitectura, lo escultórico y el objeto; sin embargo, a nivel material, tienen una alta complicidad.

Sofía de Grenade: Creo que tiene que ver con el periodo histórico donde nos tocó nacer y crecer. Todos nosotros nacimos en plena dictadura militar y eso configura desde mi perspectiva una relación muy particular con la necesidad continua de construir un relato histórico emocional en torno a los espacios y el territorio. De alguna manera fuimos criados como oyentes de una historia en desarrollo; me refiero a que todos nos dimos cuenta en algún momento perdido de nuestra infancia o adolescencia de la complejidad política y social del lugar donde habíamos nacido; dictadura militar, una suerte de democracia donde nunca hubo verdad ni justicia, la implantación de modelos neoliberales de mercado, la venta de los recursos naturales y toda la repercusión de esto en la reconfiguración del paisaje urbano y natural de Chile a partir de los noventa. Siento que todo esto se traduce en nuestra práctica artística desde una relación de inmediatez con el contexto, donde el mundo se configura materialmente en base a lo más cercano y muchas veces innominado, pero al mismo tiempo existe una necesidad profunda de búsqueda en torno al archivo, vestigio o formas testificadoras del pasado y del presente.

Alejandro Leonhardt: Los materiales con que trabajamos dan cuenta de un estado material actual y contextual de lo que nos rodea.

Adolfo Bimer: La selección de materiales industriales para realizar nuestros trabajos ha generado una afinidad visual que ha desembocado en una relación que permite la existencia de un vínculo de trabajo entre todos nosotros. En el caso de esta exposición, son obras que se integran a la arquitectura existente y a la construida por SM, y cómo estos factores dialogan con un contexto específico. No es un asunto de tecnologías materiales. En el futuro van a existir formas más precisas para resolver algunos problemas técnicos de la modelación de objetos en nuestro entorno –en todo periodo histórico ha sido así–, pero no es precisamente de esa materialidad que se está hablando acá, el discurso es otro.

Alejandro Leonhardt: Es un discurso aplicado al día a día, que en su opuesto no conlleva una nostalgia por el pasado.

Jessica Briceño: Pienso que lo interesante ha sido encontrar semejanzas en los lugares a donde llegan las propuestas de trabajo, a pesar de que el origen de los proyectos sea de naturalezas totalmente distintas. Presentamos condiciones similares de formulación: se cuestionan los usos comunes y capacidad de las materias y los materiales; sus modos de producción social; la cultura del desecho y el desperdicio; hay alusiones a la historia del arte; aparecen operaciones mínimas que hablan de temas enormes; es decir, desde nuestra distintas veredas logramos cohesionar investigaciones que dan cuenta de que las obras proponen exploraciones en desarrollo. Eso nos inquieta y es la línea que queremos continuar manifestando. 

César Vargas: Es importante dejar por escrito las referencias histórico políticas que destaca Sofía y las procesuales que expone Jessica. Además, es muy importante dejar expuesto que uno no tiene 100% el control discursivo de la instalación que implicó Leer un Rayo, pero si uno va reuniendo ciertos elementos como la condición material, que van develando cómo un conjunto de artistas se incorpora a un lenguaje de la instalación, del rescate de ciertos desechos de la industria, y la forma en la cual se exhiben, te va dando ciertas señales políticas que te permiten leer cierto soporte reflexivo y material. Una instalación como esta, en que ninguna obra está tocando la galería y ninguna obra puede ser incorporada o estar fuera de este hábitat, es suficiente para sacar interpretaciones. De hecho, la plataforma de acceso está pensada para entrar desde el exterior de la galería a la instalación. Son distintas capas de lecturas las que permiten un control, y que dan una señal de las convicciones que están en juego. Sin omitir las condiciones y características de los dos espacios, Galería Patricia Ready y Sagrada Mercancía, se condice un respeto máximo hacia las artes visuales.

Jessica Briceño, Bala, 2018, hierro y esmalte sintético, 200 x 35 x 35 cm c/u. Vista de la exposición "Leer un rayo", de Sagrada Mercancía, en Galería Patricia Ready, Santiago de Chile, 2018. Foto: Felipe Ugalde

Hay algo que no logro definir con exactitud, pero cada proceso de SM implica una curaduría colectiva que se hace sin reparos y con el máximo de crueldad y verdad.

 

CC: Como bien dices, la condición estructural de esta exposición propone preguntas muy pertinentes de hacerse dentro del contexto del arte contemporáneo, ¿De qué manera dialogan ambos espacios?

César Vargas: La escena del diálogo es compleja por las distancias que se conjugan, pero no obstante a ello el hecho de poder “parar bandera” como SM fue siempre el deseo de Patricia Ready. Eso para nosotros fue clave y nos permitió pensar lo que queríamos tal cual somos como espacio de proyectos. Hacer vivir el arte contemporáneo bajo la alteración de lo que nosotros pensamos como curaduría: padecer la transformación constante de los proyectos. Cuando uno experimenta con los compañeros con los que trabaja, una incertidumbre constante sobre la forma que van a adoptar las obras es muy interesante. Y la experiencia que nos ha entregado hacer esta exposición ha sido muy rica, por todos esos factores que mencionas, porque se ha abierto un diálogo entre nosotros, con el espacio, con las obras y, principalmente, con las posibilidades de lo que podemos llegar a realizar.

Santiago Cancino: Cuando llegó el camión con los andamios fue increíble. Empezamos a cargar y armar; seguíamos, seguíamos, no se acababa nunca pero aun así seguíamos trabajando. Ya recién cuando la estructura estaba más avanzada pudimos entrar las obras y, al verlas en el suelo, pudimos ver el diálogo que suscitan entre sí. Ver como todas ellas encajaban en el espacio que formábamos era lo que nos impulsaba.

Alejandro Leonhardt: Tener los andamios para poder experimentar desde una semana antes del montaje en Patricia Ready nos entregó una aproximación física brutal, un conocimiento de cómo armar y habitar las estructuras en relación a las vistas que generaba el modelado que proyectó Gabriel. Fue un problema en constante movimiento, aplicado a las obras y su activación con los recorridos. 

Adolfo Martínez: Para mí las ideas acontecen en un territorio gobernado por otras leyes físicas. Digamos que hubo varios andamiajes y propuestas creativas que aparecieron en un plano especulativo y abstracto en cada uno de nosotros durante semanas. En un comienzo fue como dar palos de ciego; hacer que un concepto evoque una imagen y luego que ésta traduzca y devenga en forma es una operación difícil de coordinar y ajustar sobre todo en un plano material, tridimensional y perceptivo. Si bien después de un tiempo obtuve una propuesta concreta, no quise saber hasta último momento cuál sería el lugar de la obra en función del total. Para eso fue fundamental haber experimentado in situ el acontecimiento programático en la construcción del andamio, aprovechar de leer al máximo y en conjunto con SM ese último tramo decisivo.

Gabriel Sepúlveda: Yo tuve que ir hablando con cada uno para poder responder a las exigencias de cada obra. Por ejemplo, las pinturas de Bimer siempre están relacionadas, se ven las unas a las obras. Hacer los ensayos para ver cómo iban a quedar las piezas, lo hicimos en el espacio de SM, y como dice Adolfo, era imposible imaginarlo realmente: el espacio trae consigo otra experiencia. Montar fue ir viendo las posibilidades, cómo podar este espacio para darle una forma que nos gustara a todos. Ciertos espacios con aire, otros con obra, etc.

CC: En SM no existe la figura del curador. Tú César, no eres el curador de los proyectos, no encarnas esa figura, aunque podrías. Gabriel ahora también ocupa un rol curatorial en esta ocasión al diseñar el espacio, y permitir a cada obra tener un espacio donde ser colgada. A mi manera de entenderlo, el modo de trabajar que SM tiene implica una figura curatorial diferente; ustedes utilizan los elementos y las estrategias de la práctica curatorial desde su práctica artística que transversalmente cura sus propios proyectos. ¿Cómo se posiciona SM frente a la figura del curador?

César Vargas: Efectivamente como sostienes, yo no soy el curador de Sagrada Mercancía; puedo ocupar y apropiarme de esa figura, pero en realidad no lo soy. Hay algo que no logro definir con exactitud, pero cada proceso de SM implica una curaduría colectiva que se hace sin reparos y con el máximo de crueldad y verdad. Acá la cosa es bastante cruda a la hora de evaluar y evaluarnos, eso ha sido vital y de lo cual todos somos responsables.  Yo quiero destacar que en este montaje no pudieron participar Jessica y Sofía porque están haciendo residencias en Estados Unidos y en Colombia (respectivamente), y esto implica un crecimiento de SM y nos impulsa a tener más confianza y ambición para los desafíos futuros. Hicimos algunos ensayos antes de que Sofía partiera, y ambas están muy presentes; aunque no estén aquí físicamente, es una ausencia por buena salud. Ellas como artistas están gozando de una salud intelectual de la que SM se beneficia también. Tenemos un apoyo mutuo a nivel intelectual, material y crítico. Compartimos un análisis de obra, con todo lo que ello implica verdaderamente a nivel material y espiritual. Han pasado cosas muy buenas en SM durante este último tiempo y eso ha repercutido en los artistas, en todos.

Adolfo Bimer, 293, barniz y pigmento de óleo sobre PVC, acero 154 x 122 cm, 2018. Vista de la exposición "Leer un rayo", de Sagrada Mercancía, en Galería Patricia Ready, Santiago de Chile, 2018. Foto: Felipe Ugalde
Adolfo Bimer, 241, barniz y pigmento de óleo sobre PVC, acero, 92 x 63 cm, 2014. Vista de la exposición "Leer un rayo", de Sagrada Mercancía, en Galería Patricia Ready, Santiago de Chile, 2018. Foto: Felipe Ugalde
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Carolina Castro Jorquera

Nace en Chile, en 1982. Es curadora, y Doctora en Historia del Arte por la UAM, Madrid. Sus intereses están enmarcados por las relaciones que es capaz de establecer el arte con otras disciplinas como la ciencia y la filosofía, así como también con las diferentes dimensiones de la conciencia humana y su rol en la construcción de la historia y del presente.