La Isla de los Calcetines es un título sugerente para una exposición. En primera instancia, nos remite a un lugar de fantasía, paradisíaco, que cuanto más lo exploramos más nos va revelando su lógica interna, sus propias relaciones simbólicas y sensoriales salidas de la chispeante imaginación de Grace Weinrib. Durante un viaje a ese lugar saltan las connotaciones lúdicas y una frenética experimentación con la narrativa, con las sensaciones que se experimentan durante el proceso creativo, y con la manera en que todo eso es emplazado en el arte. Con esta muestra nos adentramos en un gran collage de collages, un encuentro entre composiciones informes y desbordadas en color, nociones abiertas de pintura y coleccionismo, afectos y recuerdos de la infancia, espacios personales y momentos de refugio. En esta conversación, Grace Weinrib (Los Ángeles, EEUU, 1983) va develando las capas que construyen el gran collage de collages que es esta exposición, abierta hasta este sábado 16 de junio en Die Ecke Arte Contemporáneo.

 

 

AV: ¿Cómo se concibe La Isla de los Calcetines? ¿Consideras estos trabajos como una serie hecha expresamente para la exposición, o son obras que has ido haciendo en un periodo de tiempo y luego hiciste una selección para esta muestra? Es bien procesual tu trabajo…

GW: Sí, es bien procesual, pero esta exposición es menos procesual que las dos anteriores, mi primera individual acá en Die Ecke y la del MAVI. Para esta exposición, estaba un poco más concentrada en la imagen, pero a su vez, esto partió de dibujos y de escritos que no se muestran mucho acá, y que era algo que sí pasaba en las dos exposiciones anteriores. Acá tenía ganas de hacer un trabajo super suelto, experimentar con formatos un poco más informes, con cosas saliendo por los costados, más de la pintura y del collage. Hay cosas que estoy todavía dimensionando. Por ejemplo, en la exposición del MAVI yo estaba mucho más metida en lo que era el color indefinido, ese color extraño que no puedes nombrar, y en la relación semántica y psíquica de decir “no lo puedo nombrar y tampoco puedo precisar qué es lo que provoca”. Entonces, esa extrañeza semántica y cromática, por decirlo así, me parecía bien interesante para lograr lo que yo quería en el MAVI, que era algo más ambiguo. Pero acá quería hacer algo lúdico y relacionado con la infancia de una forma mucho más directa, y enfocarme en el juego que implicaba hacer las obras. En ese sentido, me interesó mucho más trabajar con colores que sí fuesen super nombrables: esto es un amarillo, esto es un rosado, esto es un verde…

AV: Buscabas otra cosa con el color…

GW: Acá buscaba, en términos de lenguaje, que el color fuese más simple de nombrar, y trabajar con planos de color más grandes, colores saturados; reincorporar, por ejemplo, morados, azules… A nivel estructural, me interesaba que estos trabajos tuviesen esa condición de objetos, de piezas movibles, y que lo cromático estuviese acompañado de ese juego.

AV: Vayamos a ese punto del trabajo, que es cómo se construye. Estos son, para mí, collages pictóricos. Imagino que vas colocando varios tonos de pintura sobre soportes de papel, los vas recortando, y los vas utilizando como mejor te acomode, como elementos compositivos en un collage, seleccionando cada uno en su momento sea por su forma o su color. Luego incorporas ciertos elementos, o signos, que se van repitiendo, como una bandera, los calcetines, o estas piernas móviles que parecen sacadas de esas figuras de papel articuladas.

GW: Tengo pedazos de papel que iba pintando de distinta manera, pensando en una forma distinta de aproximarme a la pintura. Y, al mismo tiempo, tengo un rollo de papel de donde sacaba otros retazos que iba pintando casi siempre con colores planos. Y a su vez, y esto es importante mencionarlo, tengo una croquera y fotos que voy coleccionando que sirven como base para muchas de estas pinturas. Respecto a las imágenes que uso, está por ejemplo esta cama con base de metal, y que para mí resonó mucho cuando la vi en los alrededores de La Vega. Esta cama se relaciona con un mundo que para mí es bastante complejo, y que tiene que ver, por un lado, con ese lugar de descanso y, por otra parte, de inquietudes. A veces tienes insomnio, y a veces, con el calor del verano, sacas la pierna hacia fuera para equilibrar la temperatura del cuerpo. Entonces, esta cama tiene que ver con ese lugar entre la inquietud y estos pequeños gestos o movimientos del cuerpo, que se relacionan más bien con algo juguetón.

AV: Hay varios dibujos aquí más bien discretos, que son como bocetos, que me parece que son los que sirven como anclas de la exposición. Como si a partir de ellos ha surgido todo lo demás.

GW: Sí, justamente.

AV: Cuéntame un poco del montaje. Porque esta exposición son las obras que la conforman, pero también la manera cómo están dispuestas en el espacio. Por ejemplo, me habías contado que la grilla que sirve de soporte a toda la exposición apareció de casualidad, que la idea que tuvo la curadora, Soledad García, era usar esta grilla para componer la instalación, y después sacarla. Pero durante el montaje, tú y Catalina Quezada se dieron cuenta que la grilla se veía bien. Y la grilla quedó como parte del montaje.

GW: Son buenos accidentes a los que hay que hacerles caso. Sole, Cata y yo decidimos que había que dejar la grilla.

AV: Y eso va con el concepto de la muestra y tiene sentido dentro de tu trabajo, que opera en base a esos encuentros inesperados o accidentales entre las cosas…

GW: Sí. Completamente.

AV: Acá vemos además que el mismo texto curatorial está escrito a mano sobre la pared, no lleva ni firma ni título.

GW: Así tal cual. El texto está escrito desde una estructura más fragmentada también, al igual que las piezas de la muestra. Y creo que se relaciona con otro aspecto del montaje, que es la colectividad y el hecho de que todo forma parte de una misma cosa indivisible.

AV: Como un collage… ¡Todo aquí es collage!

GW: Sí, es todo collage. Quise que todo fuese muy colaborativo. Se lo dije a la Sole. Venía saliendo de curar la muestra de Radio Estación Locura, que también tiene mucha influencia en esta exposición, y yo estaba en una sintonía super colaborativa. También quería ver qué cosas palpaba ella. La Sole fue super intuitiva, y logró darle más fuerza a todo.

AV: Cuando un artista trabaja con un curador, lo ideal es que sucedan estas cosas, que haya diálogo, que el curador pueda llegar a empujar ciertas ideas, y que al final el artista comulgue con ellas y se sienta cómodo, por supuesto.

GW:  Yo me sentí super cómoda con la Sole. Entró directamente en la frecuencia de la exposición y de lo que yo estaba haciendo. Logró ver cuál era el paso que yo necesitaba dar ahora. Y eso, también, fue muy importante para esta muestra, porque en cada exposición me gusta ponerme desafíos y problemáticas diferentes. En esta quería abordar cuestiones más lúdicas, relacionadas con la infancia, con lo Quijotesco, con la aventura. Este dibujo (señala un dibujo “ancla” de la exposición) tiene que ver con eso: es una guarida, una fortaleza, un mundo creado por un niño, en donde hay cajas y él se cubre con una manta, y que sirve como metáfora de lo que hacemos en el arte. Todo esto es una ficción, pero a la vez, es demasiado real. Es una fortaleza.

AV: Es una imagen muy impactante. Veo también al niño protegiéndose, pero lo veo con temor. Y esa bandera que ha colocado, que tiene una calavera, apunta a que hay un peligro. Está ante una situación de amenaza.

GW: Encuentro muy bonita la interpretación, porque yo creo que oscila entre algo que está protegido y algo que está fragilizado. La calavera también la veo como esas de los barcos piratas. La calavera significa “veneno” en un frasco pero, también, si la vemos en un barco pirata, quiere decir “ustedes, tengan cuidado”.

Grace Weinrib, La cama, 2018, gouache, papel, collage, encuadernador, 59 x 81 cm. Foto: Esteban Vargas Roa. Cortesía de la artista y Die Ecke Arte Contemporáneo, Santiago

AV: Esto me lleva a ese componente que dices está muy presente en esta muestra, que son tus recuerdos de la infancia. Y que se enlaza con ese carácter lúdico y juguetón que imprimes a esta exposición. El mismo título –y no habíamos hablado de eso aún-, La isla de los calcetines, es toda una viñeta humorística. Es humor y es cotidiano. ¿Cuántos calcetines se nos pierden en la vida? ¿Cómo se pierden? Existe este mito urbano de que se pierden cuando entran a la secadora y son abducidos por un compartimiento secreto de la máquina… Qué se yo…

GW: Sí, lo he escuchado. Pero esta anécdota en particular nació de un día en que estaba haciendo mi cama…

AV: ¡Y encontraste varios calcetines perdidos!

GW: ¡No! Yo decía: “¿Por qué tengo solo uno? ¿Dónde está el otro?” (risas). Luego, me imaginaba que esos calcetines que se perdían se iban a una isla en El Caribe, y la estaban pasando increíble. Tiene, como dices, de lo mundano, pero a su vez la isla tiene esta connotación de utopía. Tiene esto de tu lugar ficcional, creado, que es protegido…

AV: Pero tiene esa cosa como de aislamiento también. De autoprotección…

GW: También lo puede tener…

AV: Me acordé de una frase que vi hace tiempo pegada como un cartel en la puerta de tu taller, que decía: “La pintura es mi refugio”.

GW: Es una buena interpretación.

AV: Hay aquí en estos trabajos elementos muy claros que me llevan a pensar en esos momentos que uno quiere despegarse de la realidad. Hay una narrativa implícita que remite a lo fantasioso y lo ficcional, como has venido diciendo.

GW: Es super delirante.

Grace Weinrib, La Puerta, 2018, gouache, papel, collage, 66 x 43 cm. Foto: Esteban Vargas Roa. Cortesía de la artista y Die Ecke Arte Contemporáneo, Santiago

AV: En las pinturas hay ventanas, puertas, escaleras que conducen a nada. Hay una espacialidad latente pero incierta… Son espacios físicos, pero también mentales, tus espacios mentales, tus compartimientos. Desde ese lugar, al título de la exposición, a las imágenes que presenta, al cómo se presentan, ¿cómo fue el ordenamiento de ideas para dar con esta exposición?

GW: Súper delirante y fragmentario.

AV: Un collage…

GW: Este trabajo no fue para nada lineal. Y dejé que permearan muchas cosas en el trabajo, desde Radio Estación Locura, hasta muchos dibujos que venía haciendo desde hace meses en la croquera, muchos escritos también. Pensé en darles otra dimensión y otro valor a estas cosas que parecen ser insignificantes. Darles un pequeño pedestal. En la niñez uno hace también un poco eso. Quería de alguna manera reivindicar ese espíritu. Y eso tiene que ver con algo con lo que a mí me gusta involucrarme mucho durante el proceso de trabajo, que es la capacidad de asombro. Es ver la pintura, que yo considero como bien orgánica, sometida al cambio constante, agregándole capas y collage. No quería poner muchos límites, quería dejar que se desbordara por los costados. Creo que mis trabajos a futuro van a ser cada vez más informes. Creo que van a ir agarrando cuerpos cada vez más fuera del rectángulo.

AV: Hay muchos caminos, definitivamente…

GW: Sí., de todas maneras…

AV: Es que, si bien tu trabajo empezó con la pintura delimitada por el bastidor, pasó luego a otros formatos y soportes: el papel, el collage, lo volumétrico, o las “pinturas de archivo”, que vienen de tus colecciones de material efímero, de tus mismas croqueras…

GW: Pero siempre trabajando mucho con el accidente. Y eso es algo que ha sido distinto trabajando esta muestra, porque en algún momento me sentí que estaba simplemente componiendo con estos pedazos, que es algo que tiene mucho el collage. Con el collage puedes caer en cosas composicionales, pero con la pintura caes en otras aristas, y una de esas aristas es el mayor espacio que hay para el accidente, el azar (lo inesperado). Ese fue uno de los desafíos con este trabajo: permitir que entrara con mucha fuerza el accidente, porque solamente de esa manera iba a enfrentarme con un problema a resolver, con un problema pictórico a resolver! Acá, la superficie es mucho más consciente de sí misma, en el sentido de que recibe un material que estoy generando, pero también recortando. Es un mapa en el que puedes jugar.

AV: Algunas piezas tienen estos dispositivos móviles con los que puedes interactuar, que me recuerdan a los libros pop-up.

GW: Sí, totalmente.

AV: Y eso lo vinculo a todo ese material que coleccionas. ¿Me parece que también coleccionas libros pop-up?

GW: Sí, tengo varios.

AV: Y que, nuevamente, tiene mucho que ver con toda esa imaginería de la infancia… Cosas que coleccionas por placer, que son parte de tu entorno cotidiano y tienen un espacio en tu memoria de la infancia, y que las has ido incorporando, o invitando, a tu mundo como artista. Pero, volvamos al uso del texto en tu obra.  Me comentabas que en esta muestra no estaba tan presente como lo estaba para Piso 7 1/2, al menos no de forma directa, porque estás en otra cosa…

GW: Claro, yo creo que uno siempre está en otra cosa. Pero, por ejemplo, acá (apunta a uno de los trabajos) hay un escrito que es mío, que es de cuando tenía nueve años. Y es un escrito que justamente relata sobre de la imaginación de un niño. Me pareció bonito ingresar esto en el trabajo porque me parecía muy poética la idea de que quedara abierto. Este niño llega a su casa a escribir un poema, y el poema que escribe no existe, y queda abierto, con dos puntos (:).

AV: Lo lindo de esto es que el niño quiere narrar una historia, la anuncia, pero no la llega a contar. Deja los dos puntos, la posibilidad de un relato, y tú (que eres la autora), al ponerla aquí en esta muestra muchos años después, dejas abierta la posibilidad a quienes venimos a ver la exposición a que imaginemos, o completemos, esa historia.

GW: Es verdad eso. No lo había pensado así. Uno se queda prendado de ese misterio. Y eso tiene que ver con las cosas que están mostrándose y al mismo tiempo ocultándose en el collage. Se ven las distintas capas que van conduciendo a este universo de ideas. Esos recortes que tienen una parte acá en una obra y otra de sus partes en otra obra.

AV: Hay una contaminación cruzada

GW: Exactamente. Hay una colectividad, como de paseo de curso (risas). En esta exposición en particular yo no quería tener que hablarlo tanto, sino que fuese algo mucho más espontáneo y menos pasado por la cabeza. Acá hay un montón de cosas que yo siento que alimentan una narración total, y que se llama La Isla de los Calcetines. Sí, hay algunos anclajes conceptuales, pero es más bien como un ambiente, una atmósfera. Es un lugar. ¿Qué puede albergar ese lugar de fantasía que se llama La Isla de los Calcetines?

 


Imagen destacada: Vista de la exposición La Isla de los Calcetines, de Grace Weinrib, en Die Ecke Arte Contemporáneo, Santiago de Chile, 2018. Foto: Esteban Vargas Roa. Cortesía de la artista y Die Ecke Arte Contemporáneo.

The following two tabs change content below.

Alejandra Villasmil

Nace en Maracaibo (Venezuela) en 1972. Es Directora y Fundadora de Artishock. Licenciada en Comunicación Social, mención audiovisual, por la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, Venezuela, 1994), con formación libre en arte contemporáneo (teoría y práctica) en escuelas de Nueva York (1997-2007). En Nueva York trabajó como corresponsal sénior para la revista Arte al Día International (2004-2007) y como corresponsal de Cultura de la agencia española de noticias EFE (2002-2007). En Chile fue encargada de prensa y difusión para el Museo de Artes Visuales (MAVI), Galería Gabriela Mistral, Galería Moro y la Bienal de Video y Artes Mediales.