Por Susana Quintero Borowiak

 

Aramauca es un espacio independiente que nace en Venezuela en el 2014 por iniciativa de dos artistas venezolanos con amplia experiencia en aquello de transformar lo imposible en lugar de encuentro. Adriana Lanni y Camilo Barboza Soto fueron co-fundadores de dos espacios exitosos en su natal Maracaibo: la Fundación Hung y Al Borde. Ahora, años después, se reencuentran en Chiapas (México), suman fuerzas y se lanzan en un proyecto cuya intención es convertirse en un espacio expositivo abierto al diálogo y concentrado en promover artistas cuyos trabajos se adscriban a los lenguajes contemporáneos del arte, con el apoyo de profesionales especializados en las ciencias sociales y el arte.

¿Pero qué son, para ellos, los lenguajes contemporáneos, cuál es ese lugar de encuentro que proponen en Aramauca?

La premisa fundacional de la primera muestra, La Importancia de Crecer, y las obras reunidas en ella, proveen una respuesta bastante clara.

La exposición se presenta como una pretensión para: “… abrir un espacio – un ahora – de reflexión revisando la obra de un grupo de artistas emergentes y otros con presencia internacional que desde sus localidades revelan procesos e ideas sobre el habitar/cuerpo y naturaleza”.

Aramauca se ubica en un tiempo, el presente; exhibe artistas activos actualmente, con trayectorias diversas pero dispuestos a reflexionar alrededor de ideas comunes, y quizás lo más definitorio de esa forma de arte que interesa a este nuevo espacio es que los artistas seleccionados enfrentan sus haceres como procesos y responden a las particularidades de sus entornos específicos.

Vista de la exposición "La Importancia de Crecer", en Aramauca, San Cristóbal de las Casas, México, 2018. Cortesía: Aramauca
Vista de la exposición "La Importancia de Crecer", en Aramauca, San Cristóbal de las Casas, México, 2018. Cortesía: Aramauca

Los lenguajes contemporáneos están expresados en obras que responden a su contexto y resultan del devenir de un proceso. Así, las pinturas de Magdalena Firlag (Polonia) son preguntas sobre el espacio pictórico, texturas habitables, atmósferas envolventes. En la instalación Ilustración abstracta, del 2018, Ana Montecucco (Argentina) nos presenta un texto propio que ilustra con imágenes que abstraen conceptos, en lugar de tratar de representarlos, contraviniendo la intención de “aclarar” que normalmente acompaña al verbo “ilustrar”.

Jicará Jamaica y Panal, de Rodrigue Mouchez (México), oscilan entre la precariedad y la ficción. Los elementos suspendidos de Jicará Jamaica apenas se sostiene batallando con la gravedad, y el líquido rojo que fluye sugiere un cuerpo que nunca estuvo. Panal también cuelga: está construido para colgar, soló que su constructor tiene manos de hombre y nada tiene que ver con los insectos alados que esperamos salgan por sus grietas.

En la fotografía Why Can’t you Dance, de Adriana Berroteran (Venezuela), la imagen de una mujer sobresale del paisaje al mismo tiempo que parece fundirse con la mujer-tierra, mujer-roca, cuerpo-naturaleza, desarraigado, pretendiendo el arraigo.

 

Vista de la exposición "La Importancia de Crecer", en Aramauca, San Cristóbal de las Casas, México, 2018. Cortesía: Aramauca
Rodrigue Mouchez, Silver debris on newspaper, 2018, fotografía digital sobre papel, 21 x 29 x 7 cms. Foto: We Document Art
José María Cana (México), Herramientas para una protesta feliz, 2018, musgo cultivado en ladrillo, mármol artificial y cerámica encontrada. Dimensiones variables. Cortesía: Aramauca

En las series pictóricas Noción y Cuerpo Ajeno, en tanto, Mariana Paniagua (México) construye cuerpos desde la pura superficie, capas de pintura como pieles, presencias vitales que recuerdan la frase de Paul Valery: “Lo más profundo que hay en el hombre es la piel.”

Las imágenes producidas por Alexander Hung (Venezuela) en la serie Reflexiones juegan a trastocar el espacio fotografiado a través de la inclusión de un espejo que refleja (o reflexiona) la luz y abre una ventana a un lugar que no está: ¿o es que hay algo que realmente está en una imagen fotográfica además de la luz?

Las obras de José María Cana (México) revisan la idea de cuerpo que habita proponiendo obras efímeras, hechas con elementos tomados de la cotidianidad. Son pequeñas piezas condenadas a desaparecer por su antecedente orgánico y su construcción desprolija.

Finalmente, como parte del proyecto expositivo pero extendido al espacio urbano, el trabajo de Luis Molina Pantin (Venezuela) es un recorrido por San Cristóbal de las Casas, un recorrido por lugares y talleres que considera importantes para su proceso creativo y en los que se propone establecer diálogos fértiles con artistas, artesanos y paseantes, en una deriva controlada que favorezca el lazo individuo-comunidad-ciudad.

 


Imagen destacada: Magdalena Firląg (Polonia), S/T, 2018, instalación con cáscaras de naranja. Medidas variables