El Museo Guggenheim Bilbao presenta hasta el 10 de junio Esther Ferrer. Espacios entrelazados, una exposición compuesta por instalaciones inéditas de una de las artistas de referencia en el arte performativo en España. En coherencia con la línea de trabajo y pensamiento de Esther Ferrer, dos de las once obras que conforman esta muestra serán activadas de forma especial a través de la interacción del público.

Desde el inicio de su carrera a finales de los años sesenta, Esther Ferrer (Donostia-San Sebastián, 1937) desarrolla sus líneas de pensamiento a través de una gran variedad de formas y materiales, en particular el performance, género del que sin duda es pionera en su país y que ella define como “el arte que combina el tiempo y el espacio con la presencia de un público que no es mero espectador, sino que, si lo desea, puede participar en la acción”.

La artista valora, por encima de todo, la libertad del público, por lo que no le ofrece conclusiones sino preguntas y cuestionamientos para que, de manera autónoma, genere su propia interpretación personal.

En 1967 Esther Ferrer empieza a participar en las actividades del grupo Zaj con Walter Marchetti, Ramón Barce y Juan Hidalgo, haciendo desde entonces del arte de acción su principal medio de expresión. A partir de 1970, paralelamente a sus colaboraciones con Zaj, retoma la producción de fotografías intervenidas, objetos, piezas sonoras, instalaciones, pinturas y dibujos basados en la serie de números primos. Su obra se inscribe en los movimientos minimalista y conceptual de la década de 1960, y toma como referencia a creadores como Stéphane Mallarmé, Georges Perec y John Cage, así como al arte feminista del momento.

Su trabajo con Zaj continúa, con acciones muy directas hasta 1996, año en que se disuelve el grupo tras una exposición retrospectiva en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

Esther Ferrer, Instalación con elementos eléctricos, mediados años 80/2018. Cable de acero, discos de aislamiento de cristal de torres eléctricas y material de desecho eléctrico. Medidas de ubicación específica. Archivo Esther Ferrer © Esther Ferrer, VEGAP, Bilbao, 2018. Foto: Erika Ede

ENTRADA A UNA EXPOSICIÓN (1990/2018)

Sujeto del amor o de la agresión, de la memoria, o soporte de ritos u objeto de discriminación, la piel es también una fuente de información difícil de controlar de nuestro estado físico y anímico. Pero, además y, sobre todo, la piel es la puerta de entrada de nuestras sensaciones, debido a su interacción con el sistema nervioso, que las transmite al cerebro, según la artista.

La instalación Entrada a una exposición pretende que cada cual tome conciencia de su propia piel a partir del contacto con un elemento externo, en este caso la sensualidad de las plumas. Es una obra pensada con el objetivo de despertar sensaciones, estimular la receptividad del espectador y aumentar su capacidad de percepción, creando un estado de “alerta” placentero y un estímulo preparatorio para visitar el resto de la exposición. “Se trata de sentir, no de pensar; para eso ya está el resto de la exposición”, comenta Ferrer. La experiencia sensorial que provoca esta obra supone un contraste con el tipo de experiencia que ofrece el resto de la muestra, dominada por la sobriedad, una materialidad mínima y el desarrollo de ideas y conceptos abstractos, como los esquemas matemáticos que subyacen en sus Proyectos espaciales.

Esther Ferrer, Serie Proyectos espaciales (Versión A), finales años 1980. Maqueta. Hilo rojo y clavos, 17 x 20 x 20,5 cm. Archivo Esther Ferrer © Esther Ferrer, VEGAP, Bilbao, 2018

LAS RISAS DEL MUNDO (1999/2018)

El humor es un elemento indisociable de la obra de Esther Ferrer. De hecho, la mirada absurda a la sociedad, cargada de ironía, tan propia de la artista, es lo que le permite construir un corpus artístico de marcado carácter crítico.

En Las risas del mundo, Esther Ferrer utiliza el sonido orgánico, natural y efímero de la risa, para convertirlo en objeto artístico al ser expandido en el tiempo, ordenado en el espacio, y dejando en manos del espectador el orden de su reproducción.

Para ello, coloca una serie de dispositivos electrónicos suspendidos sobre distintos puntos de un gran mapamundi dispuesto en el suelo. Se trata de más de cuarenta tablets que muestran imágenes de bocas pertenecientes a personas de diferente edad, género y procedencia, y que reproducen el sonido de sus risas. Los archivos sonoros se activan a partir de la interacción del público, puesto que se ponen en funcionamiento cada vez que un visitante se acerca, permitiendo celebrar lo que la artista denomina “conciertos de la risa” espontáneos. La instalación está concebida también para accionar de manera aleatoria la reproducción de grupos de risas, dependiendo de la ubicación de los visitantes sobre el mapa, lo que permite experimentar cómo las distintas culturas y lenguas modelan la risa de forma diferente.

Esther Ferrer, Serie Sillas suspendidas, 2000/2018. Pintura negra, hilo blanco y silla de madera. Medidas de ubicación específica. Archivo Esther Ferrer © Esther Ferrer, VEGAP, Bilbao, 2018. Foto: Erika Ede

INSTALACIONES CON SILLAS (1984 Y 2018)

A Esther Ferrer siempre le ha llamado la atención la cantidad de modelos que se han creado, y seguirán creándose, de algo tan elemental y cotidiano como una silla. “Desde siempre me han interesado las sillas, objetos cotidianos, casi anodinos, pero que, con su sola presencia, pueden modificar el espacio de una habitación”, dice. Le atrae, sobre todo, la cualidad “antropomórfica” de su estructura, independientemente del material con el que está construida. Para la artista, ver una silla es pensar en el ser humano, con todo lo que ello puede sugerir. Cuando se la despoja de su tapicería y ornamentos y aparece su “esqueleto”, constituye un conjunto de líneas rectas o curvas que se organizan de una forma casi orgánica. Si esta riqueza estructural de una silla se combina en un conjunto, bien sobre el muro, bien ocupando el espacio, la variedad de formas resultantes puede ser fascinante.

En esta exposición se presentan dos instalaciones: una de la serie Instalaciones con sillas, de 1984, y otra de la serie Sillas suspendidas, de 2018, proyectos ambos que se materializan por vez primera en un espacio expositivo.

Esther Ferrer, Serie Instalación con sillas, 1984/2018. 12 sillas negras de plástico y acero e hilo negro. Medidas de ubicación específica. Archivo Esther Ferrer © Esther Ferrer, VEGAP, Bilbao, 2018. Foto: Erika Ede

PROYECTOS ESPACIALES (1990/2018)

Esther Ferrer comenzó a trabajar en su serie Proyectos espaciales en los años setenta. Las instalaciones que se presentan en esta exposición corresponden a proyectos en dibujos o maquetas que datan desde 1990 hasta 2006, diseñadas por la artista mediante estructuras de cartón similares a las maquetas arquitectónicas.

“Nunca he tenido especial interés en llevar a cabo mis proyectos en un espacio físico a gran escala; si la maqueta funciona, para mí la obra está hecha. Si no puedo realizarla en un espacio real no pasa nada. Lo que me interesa es el proceso”, apunta.

Durante su proceso creativo, la artista fija los hilos en los distintos planos de la maqueta, midiendo distancias regulares entre los puntos de sujeción de los mismos, a fin de que, al colocarlos, parezcan líneas que atraviesan el espacio siguiendo esquemas geométricos. Sus infinitas variaciones son el motivo del carácter seriado de estas obras: variando solo pequeños detalles, como el número de hilos o la distancia entre ellos, se modifica por completo el planteamiento matemático de base y se consiguen infinidad de resultados diferentes.

Para estas instalaciones, Esther Ferrer emplea hilo, cable, elástico o cuerda, elementos todos ellos frágiles y cotidianos, y los dispone entre las paredes desnudas, el suelo y el techo, fijándolos mediante horquillas o clavos. De esta forma, interviene en el espacio con el mínimo de elementos, otorgándole unas características nuevas que modifican la percepción del espectador.

“En algunas instalaciones decido someterme a una norma -es una manera de eliminar en la medida de lo posible mi subjetividad- o a un sistema que yo decido -por ejemplo, la serie de los números primos-. Otras, por el contrario, las estructuro de forma aleatoria, dejándome guiar por una intuición que determina su ritmo”, explica.

La razón por la que titula las obras de esta serie Instalaciones espaciales, es porque son como dibujar en el espacio. Concibe dibujos en tres dimensiones sin simulacro de perspectiva, pues son ellas mismas las que la crean, que marcan el espacio, lo ocupan y, sobre todo, lo definen, transformándolo por su sola presencia. Esta transformación se percibe mejor si se contempla en movimiento, visualizando las diferentes perspectivas.

“El espacio no es el soporte de la obra sino su materia prima, tanto el espacio natural como el arquitectónico, del que se apropia, utilizando, generalmente, los mínimos elementos posibles. Mi preocupación es no intervenir demasiado, no estorbarle, de forma que siga siendo transparente, que circule el aire. Es quizás una de las razones por las que construyo mis instalaciones, en general, con hilos o cables finos. Busco la eficacia; ni elementos decorativos ni adornos, solo lo esencial”.

 


Imagen destacada: Esther Ferrer en Entrada a una exposición, 1990/2018. Plumas naturales de marabú blancas y negras, 2,30 x 1 x 3 m. Archivo Esther Ferrer © Esther Ferrer, VEGAP, Bilbao, 2018. Foto: Erika Ede