Emplazado en la comuna de Vitacura, en el sector oriente de Santiago de Chile, el Museo Ralli alberga en su interior –casi de forma silenciosa– una de las más imponentes colecciones de obras creadas por artistas latinoamericanos y maestros europeos de la ciudad. Fundado por el banquero israelí de origen griego Harry Recanati (1919-2011) en 1992, el museo se apronta a celebrar sus 25 años de vida a finales de marzo. Para conmemorar la ocasión, se habilitarán dos nuevas salas que se sumarán a las 16 ya existentes, y que contarán con una muestra de arte cinético y geométrico –con obras tanto de artistas chilenos como extranjeros–, y una colección de piezas de los siglos XVI y XVII, ambas pertenecientes a la Colección Ralli.

Salvador Dalí, René Magritte, Joan Miró, Leonora Carrington, Giorgio de Chirico y Amedeo Modigliani son algunos de los artistas europeos cuyas obras han ocupado las numerosas salas del museo, el que se encuentra abierto a la comunidad con entrada gratuita. A ellos se suman grandes artistas latinoamericanos, como Roberto Matta, Mario Carreño, Sergio Camporeale, Mario Toral y Armando Lara, entre muchos otros, en una extensa colección de arte latinoamericano que tiende hacia el surrealismo.

El de Santiago es el segundo de cinco museos pertenecientes a la Fundación Ralli, siendo el de Punta del Este (Uruguay) el primero, creado en 1988; posteriormente se sumarían los de Cesarea (Israel) en 1993, Marbella (España) en 2000, y un segundo museo en Cesarea, abierto en 2007.

Ad portas de la celebración por los 25 años del Museo Ralli de Santiago, conversamos con su directora, Haydée Milos, acerca de la historia, colección y desafíos del museo.

Vista de la Sala 8 de la Colección Ralli de Arte Latinoamericano del Museo Ralli de Santiago, Chile. Foto: cortesía del museo.

Nicolás Narváez: El Museo Ralli de Santiago está próximo a celebrar 25 años desde que abrió sus puertas. ¿Cómo ha sido la experiencia del museo?

Haydée Milos: El museo cumplió 25 años en noviembre de 2017, pero los estaremos celebrando ahora en marzo. En estos 25 años, el museo ha tenido de todo… no ha sido fácil. No ha sido fácil darlo a conocer, ya que el mismo edificio es bastante hermético porque fue construido para museo y, por lo tanto, no se ven puertas ni ventanas. Este edificio ha sido enigmático para las personas, no se distingue bien si estaba abierto o cerrado. Una de las cosas que hice hace unos años, en este sentido, fue remover la leyenda “Institución Privada” del letrero de “Fundación Ralli”. Es una institución privada, pero esta palabra desorientaba y no sabían si estaba abierto al público o no. Esto, junto la ayuda de nuestra página web y las redes sociales, que permanentemente actualiza Francisca Yaksic, encargada de Comunicaciones del Museo, hemos logrado una mayor difusión y ser más conocidos.

Queremos romper el mito de “el tesoro mejor guardado de Vitacura”, y esto no ha sido fácil, pero estamos contentos porque hay una respuesta del público, tenemos bastante más visitantes, pero uno siempre es ambicioso y quiere más. También juega en contra un poco que el chileno en general es más proclive a salir afuera, veranear en otros países antes de conocer su país, y lo mismo pasa con los museos: cuando viajamos, vamos y tratamos de visitar el máximo de museos posibles, pero cuando estamos en nuestra ciudad, un fin de semana, no visitamos museos. Otro fenómeno curioso es que nuestros vecinos, a pesar de estar a pasos del museo, ¡no nos conocen! Haciendo un resumen de estos últimos años, ha sido una linda experiencia estar a cargo de Museo Ralli Santiago, sin duda unos buenos años. Yo no he estado los 25 años en el museo, pero de los años que llevo –que son bastantes– ha sido muy agradable, desafiante y muy enriquecedor trabajar acá.

N.N: ¿Cuáles son los orígenes del museo? ¿Por qué decide la Fundación Harry Recanati abrir uno de sus museos en Santiago?

H.M: El primer museo que Harry Recanati abrió fue en Uruguay. Antes de fundar y construir su museo, él era banquero y, por gusto personal, tenía una estrecha relación con el arte y una colección muy importante. Cuando le toca visitar Latinoamérica, por su trabajo, se volvió loco: le gustó muchísimo la gente, los colores, el clima, la comida… Como coleccionista, se interesó por conocer a los artistas. Se hizo de conocidos en Uruguay, y ahí formó su primer museo. “Yo me tengo que quedar aquí, aquí me gusta”, fue su pensamiento y, de hecho, una de sus casas en donde más tiempo pasaba era en Punta del Este. Cuando visita Chile le sucedió algo muy similar y reforzó su amistad con los chilenos. Todos los museos Ralli están emplazados en lugares bien atípicos: por ejemplo, el de Uruguay no está en Montevideo sino en Punta del Este; el de España está en Marbella, que es un lugar turístico; y lo mismo pasa en Israel.

N.N: Próximamente, junto con la celebración, abrirán un nuevo espacio dentro del museo dedicado al arte cinético chileno e internacional, además de reincorporar una sala de “arte clásico”.

H.M: En marzo celebramos los 25 años y en ese momento vamos a inaugurar una nueva sala. Incorporamos como sala expositiva parte de lo que era la residencia del señor Recanati, son 160 metros cuadrados. Se trata de una gran sala y una sala más pequeña. Años atrás, tuvimos una sala de “arte clásico” y a petición del público la reintegraremos. Son obras de la escuela italiana y alemana de los siglos XVI y XVII. En este nuevo espacio daremos a conocer una colección de arte cinético y geométrico que fue reunida durante los últimos años. Son parte de esta colección artistas chilenos, como Matilde Pérez, Ramón Vergara Grez, Carmen Piemonte y Liliana Iturriaga; y junto a los internacionales Ómar Rayo, Victor Vasarely, Horacio García Rossi, Julio Le Parc, Marina Apollonio y Yaacov Agam.

Vista de la nueva sala dedicada al arte cinético y geométrico del Museo Ralli de Santiago, Chile. Foto: cortesía del museo.
Vista de la nueva sala dedicada al arte cinético y geométrico del Museo Ralli de Santiago, Chile. Foto: cortesía del museo.

N.N: ¿De dónde provienen las obras que conforman el acervo del museo? ¿Cómo se ha conformado la colección?

H.M: Esta colección la creó el señor Recanati. Como te contaba, antes de dedicarse de lleno y solamente a los museos –porque cuando él decidió dejar su vida anterior de banquero se dedicó solamente a los museos–, él ya tenía una colección personal de arte europeo. Después fue comprando lo que ahora comprende la colección de arte latinoamericano. Compraba en galerías, sin embargo, le gustaba mucho tratar directamente con los artistas, visitaba sus talleres, los conocía, los molestaba, les pedía rebaja… Su colección la formó solo, a su gusto personal. En ese momento, y durante muchos años, la colección fue solamente de artistas latinoamericanos vivos. Obviamente, hoy día ya no puede ser así. Viajaba mucho, y ahí averiguaba, en los lugares que visitaba, qué artistas había, dónde estaban sus talleres, y compraba. Formó su colección junto a su señora.

N.N: Posterior a su muerte –él muere en 2011–, ¿han seguido adquiriendo?

H.M: Sí, las directoras de cada museo hemos seguido adquiriendo. Si vemos alguna obra que nos interesa, la sometemos a consulta y sí, hemos ido incrementando la colección. Esa facultad ya la teníamos durante los últimos años de vida del señor Recanati. Si él no estaba acá, le mandaba fotos, hablábamos por teléfono, y me daba su aprobación. Acá, en el Ralli, no hay urgencias, no hay apuros; es todo muy pensado, nos tomamos el tiempo.

N.N: ¿Qué criterios curatoriales o museográficos imperan a la hora de seleccionar las piezas a exhibirse en las distintas salas del museo?

H.M: Las nuevas obras cinéticas y geométricas que estamos incorporando significan abrir nuestros horizontes, dialogando con la colección permanente de arte latinoamericano exhibida en el primer piso. Previo a la adquisición de obras, hubo una investigación: ver cómo a comienzos del siglo XX los artistas latinoamericanos viajaron a Europa, se influenciaron del arte –todo pasaba en Europa en esa época–. Sin ir más lejos, los artistas Ramón Vergara Grez, Matilde Pérez y Carmen Piemonte, integrantes de los grupos nacionales Forma y Espacio y Rectángulo, también viajaron para empaparse de las nuevas tendencias –menos académicas– y ser pioneros en nuestro país. Hacemos dialogar, y dialoga muy bien, la obra cinética que vamos a mostrar con la obra latinoamericana que ya está en exhibición.

Vista de la Sala Dalí-Chagall del Museo Ralli de Santiago, Chile. Foto: cortesía del museo.

N.N: El museo cuenta con una muestra permanente relativa al arte latinoamericano, de la que hablábamos recién, junto con una serie de salas de carácter temporal con obras de maestros europeos, como Dalí, Magritte o Chagall. ¿Cómo se relacionan las piezas de los artistas latinos con las de los europeos?

H.M: De partida, las tenemos separadas: en el primer piso está la obra latinoamericana, que es la colección permanente del museo, aunque siempre la estamos renovando. Es un regaloneo que hacemos a los visitantes frecuentes para que no siempre vean lo mismo. La obra europea va rotando cada dos o tres años entre los museos. Las exposiciones viajan, es así como hace poco recibimos la de Alexander Calder, y en los próximos meses despedimos la de René Magritte.

N.N: ¿Cómo van rotando? ¿Cómo funciona ese sistema entre los distintos museos?

H.M: Hay un inventario colectivo, entonces todas las directoras sabemos lo que hay en los otros museos, junto con visitas periódicas que hacemos entre los Ralli. Entonces, si hay algo que encuentre que es interesante, veo en qué museo está y la solicito. Existe una planificación a dos años, tenemos un orden y tiempo para solicitar y recibir lo que vamos rotando. Nuestras exposiciones temporales son de tres años mínimo, porque el gasto es muy grande (seguros, traslados, montajes) como para estar cambiando cada seis meses. Las directoras somos todas mujeres y tenemos una excelente relación.

Pyraviole (1983) del artista francés Armán, en exposición en el Museo Ralli de Santiago, Chile. Foto: cortesía del museo.
Esculturas de Salvador Dalí en la Sala Dalí-Chagall del Museo Ralli de Santiago, Chile. Foto: cortesía del museo.

N.N: ¿Hay ya planes de qué va a ocupar la sala donde está Magritte ahora?

H.M: [ríe].

N.N: Es secreto todavía…

H.M: Sí, es secreto todavía, y estamos seguros que los sorprenderá.

N.N: ¿Cómo observas al Museo Ralli de Santiago en el contexto de los museos y espacios artísticos y culturales de la ciudad?

H.M: Se ha tejido tanta historia alrededor del Museo Ralli [ríe]. No somos DIBAM, es un museo privado. Está el Museo de la Moda, con el que hemos tenido ciertas alianzas, llegando a acuerdos con los que hemos ido intercambiando públicos, por ejemplo. Después, con el MAVI, que es otra institución privada, intentamos hacer algo que avanzó bastante, pero al final no prosperó, lo que no significa que el día de mañana no podamos retomar con el MAVI. Por nuestra parte, nuestro foco está en fortalecer la posición del museo en el panorama artístico y cultural del país.

N.N: ¿Qué desafíos ves tú en el futuro para el museo?

H.M: Tenemos las puertas bastante abiertas, totalmente abiertas. Seguir por ese camino. Hemos innovado. El Museo Ralli exhibía solamente obras que pertenecían al acervo de la colección, y eso era inamovible. Sin embargo, en contadas excepciones, lo estamos haciendo y recibimos exposiciones que no nos pertenecen. Nunca vamos a ser una galería de arte porque somos un museo, y no es nuestro propósito tampoco. Nuestro desafío es estar abierto a nuevas propuestas.

N.N: ¿Qué opinas de las políticas culturales del país? Considerando que diriges un museo privado, pero completamente abierto a la comunidad, con una colección gigante, mientras que hay otros museos que, de pronto, están en crisis. ¿Qué opinas de esta situación de la cultura en Chile?

H.M: No quisiera referirme al tema ya que cada uno ordena su casa como puede. El tema fundamental de los museos estatales es la falta de recursos. Museo Ralli pertenece a la Asociación de Museos de Chile (AMUCH), con personalidad jurídica recién desde el año pasado. Asisto a las reuniones y escucho la realidad de los otros museos, veo mucho entusiasmo, pero pocos fondos para su realización. Hay directores con excelentes ideas e interés en la difusión de la cultura, pero siempre con la dificultad del financiamiento. Un ejemplo es el director del museo de San Antonio, quien ha hecho un trabajo increíble con escasísimos recursos. En mi caso, al ser Directora de un museo privado, estoy al alero de una fundación internacional y no dependo del presupuesto estatal.

N.N: El museo cuenta con una sala dedicada al arte chileno, dividida en tres generaciones muy importantes. Considerando eso, ¿cómo ves la escena artística chilena actual?

H.M: Veo que hay nuevos descubrimientos, nuevas sorpresas… Aunque, últimamente, el museo no ha adquirido obra de artistas emergentes. En las ferias de arte nacionales, como FAXXI y ChACO, se logra ver un espectro de la escena artística actual.

N.N: ¿Qué piensas sobre el coleccionismo en Chile? El museo nace, principalmente, a partir de una colección privada.

H.M: El coleccionismo ha existido y va a existir siempre, agradecemos que haya gente interesada en el arte, con inquietudes, atrevidos, que apuestan por algo. Muchas veces el coleccionismo no es público y se arman grandes colecciones entre cuatro paredes sin acceso a público. Por esto es que es tan loable la labor de Harry Recanati, quien armó su colección y compartió generosamente su acervo con las nuevas generaciones. El coleccionismo existe, lo que pasa es que no todo está a la luz pública.

Vista de las salas dedicadas al arte latinoamericano en el Museo Ralli de Santiago, Chile. Foto: cortesía del museo.
Obras de Gonzalo Cienfuegos, al fondo, parte de la Colección Ralli de Arte Latinoamericano en exhibición en el Museo Ralli de Santiago, Chile. Foto: cortesía del museo.
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Nicolás Narváez Alquinta

Nace en La Serena (Chile) en 1987. Es publicista, editor y comentarista de arte. Licenciado en Comunicación Persuasiva por la Universidad del Desarrollo (Santiago, Chile). Actualmente es Editor en Jefe en Artishock, y fundador y editor general del blog de arte ANTE Santiago.