Por Nathiam Vegas

El Museo Alejandro Otero (MAO), en Caracas, presenta hasta el 5 de noviembre la exposición Una Nación en Pocas Palabras del artista cubano Jesús Hdez-Güero (La Habana, 1983). La muestra consiste en una selección de obras en donde se involucran la pintura, el video y la instalación para presentar un discurso que propone enfrentar los conceptos de vacío y poder.

Respecto a sus estrategias de creación y planteamientos estéticos, el artista –quien desde hace seis años vive y trabaja entre La Habana y Maracay– explica que no tiene un proceso específico ni preestablecido, y en realidad evita tenerlo: “El discurso estético en mis proyectos depende de la idea y de cómo ésta pueda ser lo más efectiva posible en tanto obra, incluso, a veces, llegando a soluciones formales muy distantes a mis gustos estéticos”. “La capacidad del arte de utilizar y reorganizar formas sociales existentes, modelos culturales que puedan ser reactualizables infinitamente”, agrega.

Previo a la inauguración de su exposición, Nathiam Vegas, directora del MAO, conversó con Hdez-Güero acerca del diálogo que se propone establecer con los visitantes de Una Nación en Pocas Palabras.

Nathiam Vegas: ¿Podrías hablarnos de tu experiencia formativa y trayectoria artística?

Jesús Hdez-Güero: Mi experiencia formativa ​se ha movido de una “educación académica” a una “concepción y aplicación desprejuiciada” del arte. Comenzando en la Academia de Bellas Artes San Alejandro, de 1999 a 2013, siguiendo en el Instituto Superior de Arte (ISA) de 2004 a 2009, hasta la Cátedra de Arte de Conducta de Tania Bruguera entre 2006 y 2008. Pero, en realidad, ​la formación de uno como artista sigue siendo incompleta toda su vida. Pienso que cualquier formación es simplemente una introducción al campo al que ​debe dedicarse uno, por lo tanto, el tránsito por la vida es la verdadera formación, incluso sin llegar a formarse del todo. Lo cual se aplica también a la “trayectoria artística”, que, en mi caso, aún sigue siendo incompleta e imperfecta, lo cual la hace mucho más interesante.

N.V: Explícanos qué motiva el título de la exposición.

J.H-G: Una Nación en Pocas Palabras, en principio, es el título de una de las obras que integra la muestra, y de ahí parte todo el núcleo curatorial de la exposición, que me parece muy bien para adentrarse en el concepto de una nación transformada o llevada al vacío y al ocultamiento de su propia esencia. Esta obra en particular consiste en mostrar las 16 páginas intervenidas de la Gaceta de Cuba, donde fue publicada la última edición de la Constitución Cubana del año 2003. De dichas páginas fueron eliminadas todas las palabras, dejando solamente los puntos, comas, acentos, guiones, y paréntesis; conformándose una composición abstracta, una constelación de signos, casi invisibles, en todo el papel. Concepto de una nación que ha sido descompletada, diría más bien “desconstituida”, y que quizás no podrá constituirse jamás. Una metáfora de esa realidad que nos circunda, que nos enfada, que nos hace desaparecer.

N.V: Coméntanos cuál es el discurso curatorial, los aspectos conceptuales y el diálogo que propones con la exposición.

​J.H-G: En el trayecto de nuestras vidas por la historia, o de la historia por nuestras vidas, ha definido más lo indefinido, lo no dicho, lo oculto, lo censurado que lo contado, redactado​ y/o hablado. El vacío deja de serlo cuando éste, en el relato de los Estado-Naciones, adquiere un carácter de contenido. De ese contenido que los propios Estados-Naciones no se imaginaron nunca. Por ejemplo, en los documentos desclasificados de la CIA (me refiero a estos porque son los que se han dedicado a “registrar” o “documentar” gran parte de las relaciones estratégicas entre los Estado-Naciones), una vez que son “desclasificados”, no revelan otra cosa que la importancia que ha tenido la censura o el ocultamiento de la información en los relatos de la historia y cómo han influido en nuestra relación con ella. Para mí, es más fuerte e interesante lo que no puedo descifrar o lo que dejo de saber por las tachaduras que en dichos documentos se muestran, que lo “revelado” en palabras por estos, y de ahí, el proyecto de pintura Lagunas (2016-2017), que gran parte se exhiben en la muestra. Por lo tanto, es más trascendental lo que está por saberse –si es que se podrá alguna vez– que lo ya sabido. Por eso mi interés mayor en esta exposición, y en gran parte de mi obra, está por el vacío, el silencio y el ocultamiento, al ser estos conceptos mayormente​ contenedores del pasado en tanto un saber futuro. Un pasado que está por saberse y que, por lo tanto, aún no existe.

N.V: En tu caso, ¿cómo es el proceso creativo y cómo seleccionaste los medios y publicaciones para establecer el discurso estético en tu obra?

J.H-G: En realidad no tengo un proceso de creación específico, más bien trato de no tenerlo, para que no se convierta en un vicio y no hacerme adicto a éste. Si acaso soy adicto es a tener disimiles ideas, y mientras menos se parezcan unas a otras, mejor. Esto hace que los campos de investigación y los resultados sean diversos, y, por lo tanto, más abarcadores. Y esto no quita que cada idea lleve un proceso de estudio e investigación profundo, si es que lo amerita. ​Por lo tanto, el discurso estético en mis proyectos depende de la idea y de cómo esta pueda ser lo más efectiva posible en tanto obra, incluso a veces llegando a soluciones formales muy distantes a mis gustos estéticos.  El nivel estético de mis proyectos siempre será un resultado de una investigación previa y nunca a la inversa, es decir, no es inversamente proporcional, lo cual hace que mis gustos son siempre excluidos a la hora de definir un resultado, no importa si me gusta o no del todo, mientras sea efectivo.  Me interesa que el espectador, más que recordar una forma determinada en mis proyectos, nunca olvide cuál era el concepto del mismo.

N.V: ¿Cómo se inscribe tu trabajo en el arte contemporáneo venezolano y cómo incide la experiencia de vivir en Venezuela en el desarrollo de tu propuesta?

J.H-G: No sé cómo inscribir mi trabajo en el espectro artístico venezolano, y quizás no sea incluido ​nunca. De igual forma, no creo que sea una preocupación tampoco, y no estoy seguro que lo será alguna vez. Soy un artista cubano residenciado en Venezuela, y por mucho que viva, sienta, padezca y pueda morir por esta bella nación, no voy a ser del todo parte de ella, aunque quiera, y siempre voy a ser de otro lugar. Por lo tanto, esto siempre hará que mi visión sobre la realidad venezolana, tanto artística, política como socialmente, esté permeada de otras vivencias, experiencias y connotaciones que influirán en mi producción y proyección artística, y serán valores que influirán en la receptividad y aceptación que puedan tener de mí en el circuito del arte como artista, y en la sociedad como ciudadano. No tiene la misma connotación en el imaginario social venezolano ser cubano ahorita que hace 6 años atrás, cuando escogí vivir en este país, pues los valores han sido trastocados, fenómeno que quizás pase constantemente, y uno siempre va a estar fluctuando entre ese terreno​ de convicciones sociales, e incluso políticas de ser, en mi caso particular, un artista cubano haciendo arte en Venezuela. Por todo lo anterior, pudiera decir que Venezuela ha ​sido y siempre será un contexto con ​grandes​ retos y complejidades, citando a la amiga y curadora Suset Sánchez: “Un nuevo laboratorio estético donde confrontar las formas en que las imágenes son construidas, puestas en circulación y controladas por las ideologías dominantes”.

N.V: Háblanos acerca de las perspectivas futuras de tu trabajo artístico.

J.H-G: Aún no lo sé, y es lo que más me motiva de mi investigación. El no saber qué me depara la creación misma es lo más interesante de mi recorrido por ella, aunque tenga una línea investigativa e intereses particulares. Quizás por eso le hice rechazo, en un principio, al grabado como única forma de creación, pues sabía previamente cómo iba a ser todo el proceso y el resultado final que iba a tener, no sólo en la obra, sino también en el espectador, y eso era ​algo que me molestaba: la comodidad de saber de antemano, en gran ​medida, todo esto. Desde ese entonces, ni me interesa repetir las ideas y mucho menos las formas, por lo tanto, me concentro en el presente de la creación y no en el futuro de ésta, pues el futuro es incierto y, en mi caso, prefiero que se mantenga así.

N.V: Desde tu perspectiva, ¿cuál es la relevancia de tu muestra durante el momento que vive hoy Venezuela?

J.H-G: Es un momento muy delicado, pues los niveles de razonamiento, receptividad y valoración sobre determinadas imágenes, conceptos y actitudes, están siendo trastocados, radicalizados políticamente y, muchas veces, bloqueados por una ceguera pasional. Si pudiera tener alguna relevancia mi exposición en este momento es la de reflexionar sobre un concepto nación tachada, silenciada, vaciada, por lo tanto, aún por constituirse, y mostrarla como espejo y metáfora de otra nación que está dejando de ser, por adoptar y “seguir dichos pasos”.

Fotografías: Alexandra Blanco, cortesía del artista.

JESÚS HDEZ-GÜERO: UNA NACIÓN EN POCAS PALABRAS

Museo Alejandro Otero. Caracas

Del 22 de julio al 5 de noviembre de 2017

UA-20141746-1 Cartelera