Desde el 2 de diciembre del 2017 y hasta el 2 de abril del 2018, Fundación Proa, en Buenos Aires, presenta la primera gran retrospectiva en Sudamérica dedicada al trabajo público y de intervención social de Ai Weiwei (Beijing, 1925), uno de los artistas contemporáneos más célebres e influyentes del mundo.

Curada por Marcello Dantas (Río de Janeiro, Brasil, 1967), la muestra reúne instalaciones monumentales, objetos, fotografías y videos de fuerte impacto político y simbólico que brindan un amplio panorama de sus trabajos más icónicos y dan cuenta de la prolífica e intensa carrera del artista. Reconocido por documentar y reflexionar sobre las arbitrariedades políticas y sociales de occidente así como de su país de origen, su práctica artística se desarrolla en torno a la libertad de expresión, los derechos humanos y la explotación económica y ambiental.

En Inoculación, Ai Weiwei reflexiona desde la biografía personal y da visibilidad a distintos problemas sociales que marcan las inconsistencias políticas y lagunas entre el sujeto individual y el sujeto colectivo en el mundo contemporáneo. El artista juega entre lo antiguo y lo actual, el pasado, el presente y el futuro, denunciando siempre desde una óptica crítica una relación ambivalente con su país dividida por un profundo sentido de identidad derivado del uso de materiales, imágenes y técnicas tradicionales de la cultura china.

“El poeta chileno Pablo Neruda, amigo del padre de Ai Weiwei, alguna vez fue interrogado por su cartero acerca de la receta para sus poemas, y dijo: ‘Son todas metáforas’. Al discutir el título propuesto para esta exhibición con Ai Weiwei, le expliqué el concepto de inoculare, que significa inocular en el sentido viral, pero su etimología original en latín se traduce como ‘en tus ojos’. Y él me despabiló diciendo que el nuestro es un tiempo de emergencia y acción, y así es que deberíamos llamar las cosas por su nombre, sin metáforas: en tus ojos. El audaz pragmatismo de Ai Weiwei lo vuelve un poeta de la acción”, dice Dantas.

Ai Weiwei entiende la totalidad de la arquitectura de Proa como espacio expositivo. Eso incluye la vereda, la librería, y el café, creando una relación interesante entre la tradición y la modernidad. En la monumental obra Forever Bicycles, expuesta en la vereda de Proa, el artista recontextualiza y desmantela un objeto cotidiano de china como lo es la bicicleta, y con ella hace una metáfora sobre el cambio permanente de la cultura y su metamorfosis, ahora devenida estructura gigantesca de acero, luz y sombra.

Vista de la exhibición "Inoculación", de Ai Weiwei, en Fundación PROA, Buenos Aires, 2017-2018. Cortesía: PROA
Vista de la exhibición "Inoculación", de Ai Weiwei, en Fundación PROA, Buenos Aires, 2017-2018. Cortesía: PROA

“Mi miedo más profundo sería perder la consciencia, no poder ser crítico, perder compasión por la humanidad”.

Ai Weiwei

 

“Comenzamos los trabajos de diseño de la exhibición con el curador Marcello Dantas, el equipo de Proa y los asistentes de Ai Weiwei. Al tercer día, luego de recorrer varias veces el espacio de Proa, decidimos el listado de obras. Digo decidimos, aunque debería decir decidió. El dominio de Ai Weiwei sobre el espacio expositivo y la arquitectura del lugar concluyó en una selección de piezas para las cuatro salas, además de la vereda, los espacios de la librería y la cafetería. Su apropiación del lugar nos hizo comprender su talento como arquitecto y valorar sus primeros trabajos en esa disciplina, como la construcción de su estudio, o sus colaboraciones con otros arquitectos para la construcción del ‘nido de pájaro de las Olimpíadas de Beijing 2008, o su diseño de 2002 para el Parque Cultural Ai Qing, en la ciudad natal de su padre”, dice la directora de PROA, Adriana Rosenberg. “Me pareció que Sudamérica estaba lejos de sus pensamientos, a pesar de su presencia. Su insistencia en conocer Chile para visitar aquellos lugares donde su padre había estado y poder mostrárselos ahora a su hijo, aclaraban su mirada y lo llenaban de ilusión”, agrega.

La selección de piezas que conforman esta exposición -que viajará luego a Chile, al CA660 de CorpArtes, en Santiago- da cuenta de su vasta producción artística. Aquí están representadas todas sus etapas, aquellas que atraviesan el arte y la política; la recuperación de la historia de China a través de sus íconos, y el trabajo con los materiales representativos de su cultura y la capacidad artesanal para producir obras. Las semillas, los cangrejos, los muebles, las fases de la luna y los taburetes, las vasijas y las obras en papel, nos muestran el detallado amor por la vida en comunidad y la recuperación del trabajo conjunto de personas anónimas que logran producir una experiencia estética.

“La historia de este proyecto se remonta a 2010”, relata el curador, Marcello Dantas. “Mi interés en la obra de Ai Weiwei comenzó cuando comprendí las conexiones que él había hecho al comprometer la producción artística con la transformación social y colectiva. Cuando vi la experiencia que Ai Weiwei había desarrollado en China, sentí que esta obra podía funcionar en América Latina si se la aplicaba con audacia, creatividad y una iniciativa enérgica. El modelo de utilizar a los más vulnerables para centralizar la acción y empoderarlos, y así provocar un cambio fundamental de percepción me parecía una transformación radical. Así que con esto en mente, me contacté con Ai Weiwei. Sin embargo, apenas unas semanas después él fue encarcelado y el proyecto quedó en suspenso. Durante estos años, los contactos que mantuve con él, las conversaciones y mis lecturas me hicieron darme cuenta de que estaba tratando con un hombre con una misión distinta. El arte no era la cosa más importante para él: era la vida”.

Semillas de Girasol. Vista de la exhibición "Inoculación", de Ai Weiwei, en Fundación PROA, Buenos Aires, 2017-2018. Cortesía: PROA
Semillas de Girasol. Vista de la exhibición "Inoculación", de Ai Weiwei, en Fundación PROA, Buenos Aires, 2017-2018. Cortesía: PROA
Semillas de Girasol. Vista de la exhibición "Inoculación", de Ai Weiwei, en Fundación PROA, Buenos Aires, 2017-2018. Cortesía: PROA

“Creo que todo buen arte siempre tiene un manifiesto, como el Dadaísmo, o el Constructivismo ruso, o Fluxus en los 70s. Es un anuncio de lo nuevo, un anuncio de ser parte de una nueva posición o una justificación, o para identificar las condiciones posibles. Creo que eso es lo más excitante sobre el arte. Una vez que haces un manifiesto, realmente tomas algunos riesgos”.

Ai Weiwei

 

Entre las piezas más emblemáticas que se presentan en esta exhibición está Semillas de girasol -presentada por primera vez en el
Turbine Hall de la Tate Modern, en 2010-, y que consitió en llenar el vasto interior de esta sala con cien millones de semillas de
girasol de cerámica pintadas a mano por 1.600 mujeres trabajadoras en la capital de la cerámica en China, Jingdezhen.

“Estas semillas representan a las mujeres silenciosas de la sociedad china y son una metáfora de China creando réplicas artificiales de elementos naturales. Pero, al mismo tiempo, representan un proceso de cambio radical en el ámbito social del pueblo, que brinda a las mujeres un rol protagónico y la oportunidad de transformarse en generadoras de ingresos a nivel local, cambiando puntos de vista y la organización social de la comunidad. Weiwei aplicó un modelo de activismo social en la producción de arte, silenciosamente, haciendo del proceso de replicar cada semilla de girasol una acción transformadora en la autoestima, los ingresos y el poder. Y, a su vez, atrajo la atención mundial a una escena que es tan frecuente en todas partes. Pero también estaba llevando al arte al escenario central de esta acción. ¿Puede la práctica del arte provocar un cambio? Esta fue la pregunta”, afirma Dantas.

En otra sala de PROA se exhibe Ley del viaje (Prototipo B), un bote inflable negro con figuras a gran escala, igualmente negras e inflables. La obra representa el primer punto de contacto de los refugiados con las costas europeas, y el primer encuentro de Ai Weiwei con la gente que más inspirará su activismo y obras de su actual período. En sus propias palabras: “No hay crisis de refugiados, sino crisis humanitaria (…) Al tratar con refugiados hemos perdido nuestros principios más básicos. En este momento de incertidumbre necesitamos una mayor tolerancia, compasión y confianza en el prójimo ya que todos somos uno. De lo contrario, la humanidad enfrentará una crisis aún mayor (…)”.

 


Imagen destacada: Ai Weiwei, Forever, 2015-2018, 1254 bicicletas de acero, 950 x 1600 x 290 cm. Foto: Gian Paolo Minelli. Explanada de la Fundación Proa, 2017-2018