Por Octavio Zaya, curador

En su conjunto, esta nueva obra de Nicole Franchy continúa su interés por el archivo y se resuelve a partir del collage, que en esta ocasión se aborda con diferentes estrategias y variados resultados.  El interés en el archivo, sin embargo, no descansa en la utilidad de los documentos que maneja la artista, ni ésta cuestiona el estatus epistemológico de dichos documentos. Franchy accede a archivos específicos como fuente de inspiración -enciclopedias, postales, libros antiguos de antropología, astronomía o física- para subrayar su función como vestigio, signo o evidencia que ha dejado el pasado, una actividad que se propone ampliar su memoria frente al monopolio que ejerce siempre la historia dominante de lo establecido.

Franchy, sin embargo, no sólo se apropia el archivo, sino que lo transforma: lo reinterpreta, lo traduce y lo fragmenta -fragmento, pues, de fragmentos- hasta obliterar el tiempo y el espacio de las referencias, de las ideas, de las imágenes y de los textos apropiados para hacerlos suyos y nuestros. En esto, la nueva obra de Franchy apenas se distingue de la historia, si entendemos ésta no sólo como una crítica de las narrativas sociales sino como una “rectificación de nuestra memoria común” (Ricoeur).

La artista presenta dos series diferentes (Black Wasser y Studies for Blue Prints) y dos instalaciones (Ocaso y Hinter Scapes II) que se concentran en la combinación y fusión del pasado y el presente, lo lejano y lo cercano,  lo natural y lo humano, entrelazando lo que es otro y lo que es uno mismo. En todas ellas, Franchy reexamina las imágenes y los textos del archivo, repitiéndolos, reproduciéndolos y reimprimiéndolos, mientras yuxtapone y complica las relaciones de las localidades, de las arquitecturas, de los paisajes con los que se identifica y del tiempo, creando nuevas y extrañas topografías animadas siempre por una suerte de precario equilibrio cuasi-apocalíptico y denso, aún cuando transparente y disperso; un entramado significante que conforma una construcción tan física como mental.

Estos inverosímiles paisajes del pasado y de la memoria atemporal (que la artista va urdiendo con ellos) se transforman en topografías de la imaginación a partir del collage. Pero los collages de Franchy no responden ni al encuentro fortuito de los surrealistas ni a la síntesis formal de cubismo. En realidad, los elementos que componen sus collages no se proponen crear una obra coherente de composición armoniosa en la que nada falta o en la que nada sobra. Al contrario, el collage de Franchy -ya sea impreso entre lienzos, en tela, en acetato transparente o dispuesto en el espacio- es siempre una obra en tensión, como si fuera “provisional”, tanto en relación consigo misma como en relación con su pasado. Y no se trata de que la artista no tome decisiones precisas e inequívocas; se trata de que éstas nunca se toman para establecer una unidad preconcebida. A partir de diferentes sistemas significantes -enciclopedias, postales, libros, etc.-, fragmentados y troceados, la artista va creando asociaciones y contigüidades, inserciones e imbricaciones  que transforman la presencia de nuestra percepción.

El proceso que recorre Franchy es como el de la materialización de un fenómeno etéreo, como el espacio y el tiempo que separan la oscuridad de la luz y viceversa.

NICOLE FRANCHY: OCASO/SUNSET

Sala Luis Miró Quesada Garland, Lima

Hasta el 11 de mayo de 2017

Imagen destacada: Nicole Franchy, Ocaso. Impresión digital sobre acetato y luces Leds. Foto: Per Tomas Kjaervik

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