Oscar Abraham Pabón (Venezuela, 1984) presenta en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de Quinta Normal, en Santiago de Chile, su exposición Representación de un piano (2010 – en curso), una obra multimedial que combina sonido y mobiliario en desuso que el artista halló en los depósitos del museo. Esta gran instalación sonora está conformada por seis pabellones transitables, cada uno con una pieza musical compuesta por el artista, todas bajo el título Intentos de Copia.

Sin tener experiencia como músico, y con una obra ya ampliamente desarrollada en la escultura, la instalación y las intervenciones en espacios públicos, Pabón –de formación arquitecto- crea estas piezas sonoras en el límite entre la improvisación, el error, la imitación y la ignorancia. Así, con lo que ha estado a su alcance –la muestra tuvo que reconfigurarse y adaptarse a lo que el artista encontró a mano en el museo, toda vez que sus cajas con la obra originalmente a ser instalada no llegaron nunca a Chile debido al paro nacional de trabajadores públicos-, Pabón aborda temas como la representación, el original y la copia en la producción de arte.

En las piezas sonoras, Pabón parte de la escucha con audífonos de piezas musicales de carácter minimalista, que luego intenta reproducir de manera improvisada frente a un piano. Lo curioso de estos ejercicios es que, al no contar con ningún tipo de entrenamiento musical, el resultado es algo totalmente diferente. El producto es, de esta manera, una pieza musical nueva que surge a partir del intento de copiar su referencia.

Junto a esta instalación se presenta una serie de partituras igualmente creadas por el artista sin ningún tipo de aprendizaje formal. Escuchando el concierto Catalogue d’oiseaux, (El canto de los pájaros), de Oliver Messiaen, Pabón intentó dibujar lo que sonaba a partir de su reinterpretacion de la escritura musical. Así, el artista crea su propio sistema, reemplanzando notas musicales por dibujos no sistematizados que van fluyendo a partir de la música. Según la curadora de la muestra, Madelon van Schie, sorprendentemente estas partituras muestran mucha semejanza con el primer sistema de notación conocida, creado por los monjes en el Medioevo.

Vista de la exposición Representación de un Piano, de Oscar Abraham Pabón, en el MAC Quinta Normal, Santiago de Chile, 2016-2017. Foto cortesía del artista
Vista de la exposición Representación de un Piano, de Oscar Abraham Pabón, en el MAC Quinta Normal, Santiago de Chile, 2016-2017. Foto cortesía del artista

AV: La muestra que presentas actualmente en el MAC gira en torno a una obra en proceso desde 2010: Representación de un Piano. El título es sugestivo, si pensamos en que no tienes formación como músico pero sí como arquitecto y tu práctica es básicamente escultórica. Esto me lleva a pensar que se trata de una investigación sobre cómo podemos, de cierto modo, “esculpir la música”. O cómo representar o dar forma a un piano desde cero, sin contar con noción alguna al respecto. Y aquí entramos de algún modo en el eje central de esta propuesta, que tiene que ver con el original versus la copia (o realidad versus representación) ¿Cómo surge este proyecto y qué es lo que persigues con esta investigación de largo aliento?

Oscar Pabón: El proyecto Representación de un Piano surge como reacción crítica a mi propio trabajo -me refiero a los proyectos anteriores a 2010-, que a grandes rasgos era una crítica a la modernidad, trataba las implicaciones del ornamento en la arquitectura. Esto se sintetizó en una muestra individual en el año 2011 en la galería Oficina #1 (Caracas). La muestra llevaba por título De la herencia a lo heredado. Me di cuenta que mi trabajo y el de un grupo de artistas de una generación posterior a la mía trabajaban el tema de la modernidad en Venezuela bajo un enfoque ilustrativo; aunque en el fondo los trabajos no iban más allá de una crítica ilustrada.

Es fácil reconocer la crítica que señala al artista por utilizar una técnica manual que repite incansablemente como una fórmula; así, pueden pasar años haciendo una misma obra utilizando la misma técnica; en el fondo es un cuadro hecho de diferentes modos. Me percaté que me estaba sucediendo lo mismo pero en un plano conceptual. Estaba utilizando el tema de la modernidad en Venezuela como fórmula conceptual para ilustrar y argumentar mi trabajo. El arte no es un tema de ilustración o de ilustrar problemáticas sociales de nuestra realidad latinoamericana, tampoco es tratar estos temas de forma creativa, mucho menos repetir fórmulas aprendidas, y todo esto yo lo hacía de manera muy naïve. Darme cuenta de este problema coincidió con la lectura del libro El laberinto de los tres Minotauros, de Manuel Briceño Guerrero. En este punto me di cuenta de lo que significa pensar y hacer arte desde mi contexto social y cultural. Briceño Guerrero trata estos temas desde tres visiones que difieren entre ellas y se complementan desde sus diferencias. Así fue que surgió el proyecto Representación de un Piano, que en un principio pensé en llamarlo Música para Manuel Briceño Guerrero. El proyecto consiste en copiar algo y generar una diferencia. Con esto en mente volví a retomar el proyecto moderno en Venezuela, y decidí copiar un objeto con una fuerte carga cultural para occidente.

Si este proyecto –Representación de un piano– persigue algún objetivo en específico es entender la copia que genera diferencias. Al final, si se estudian por separado los factores y las condiciones de estas “diferencias”, terminaríamos hablando de nuestra cultura latinoamericana; en mi caso, el contexto cultural venezolano fue mi punto de partida.

Para la muestra del MAC se iba hacer una nueva adaptación del proyecto original, que consistía en utilizar materiales del depósito e intentar construir un piano desde una estructura muy básica. Había partes de la obra que se enviarían desde Holanda a Chile, pero no llegaron a tiempo, debido al paro nacional de trabajadores. Por eso, lo que se observa hoy en la sala es un ejercicio de improvisación y de readaptación de obras en función al espacio de la misma. Cuando me refiero a obras, en este caso, hablo de piezas musicales. Entonces, tenía una sala con un gran espacio para mostrar “obras de música”.  Viendo la cantidad de objetos que habían en el depósito pensé en la idea de pabellones para cada una de la piezas musicales, y así surge la muestra del MAC.

A grandes rasgos, se trata de una instalación sonora conformada por dos obras. Una es El canto de los pájaros, conformada por dibujos, y la otra es Intentos de copia, que es un video en la sala 1 y seis piezas musicales en la sala 2. Este último trabajo consiste en copiar piezas musicales minimalistas que me interesan. El proceso es el siguiente: tomo unos audífonos y escucho música mientras intento reproducirla frente al piano -grabo el audio de dicha acción- para luego comparar ambas piezas. La música que escucho en los audífonos la considero pieza original,  la otra, la que yo hago, la considero como un intento de copia.  Un ejemplo: escucho Steve Reich Music for 18 Musician,  y termino haciendo Try to copy Steven Reich.

Si escuchas ambas piezas por separado entenderás que la copia nada tiene nada que ver con la original, y por ende es una nueva pieza de música. Lo importante es que las personas que escuchen ambas piezas reconozcan las diferencias. En este punto aparece lo escultórico, porque me interesa entender las acciones y tensiones que dan forma a la música que hago. Poco me interesa el resultado; que si es agradable o que tiene o no ritmo, es lo de menos, lo interesante es entender las condiciones formadoras antes que la forma en sí.  Estos ejercicios, siendo música, al final terminan siendo muy escultóricos, al menos me gusta verlos de esa manera y poder hablar de formas que nada tienen que ver con la materialidad o con algo visual; es otra forma de comprender que el sonido es un fenómeno físico, y esto como escultor es algo que me interesa. Luego está el tema de   cómo la novedad aparece.

Como escultor, podría decir que me interesa entender las acciones y tensiones que dan forma a las cosas, más que las cosas en sí mismas. Pensar en las condiciones formadoras antes que la forma en sí.

Vista de la exposición Representación de un Piano, de Oscar Abraham Pabón, en el MAC Quinta Normal, Santiago de Chile, 2016-2017. Foto cortesía del artista
Vista de la exposición Representación de un Piano, de Oscar Abraham Pabón, en el MAC Quinta Normal, Santiago de Chile, 2016-2017. Foto cortesía del artista

A.V: Es interesante tu anécdota -más bien, el dato clave- de que en algún punto en tu carrera caes en cuenta de que te copias a ti mismo (para seguir con esto de la copia). Se requiere de agudeza, disciplina y honestidad para llegar a la autocrítica. Pero quisiera detenerme en esta idea del original versus la copia. A mí me parece que, en el arte, o en la creación artística en general, la copia siempre es un original, porque nunca podrá llegar a ser exactamente igual al original. Tú hablas de que para ti la música que creas copiando a otro es igualmente una copia. Yo creo que es música original de Oscar Pabón, y que si alguien más la vuelve a reinterpretar seguirá generando una obra nueva, y así. Justamente, al generarse la diferencia en la copia hablamos de un nuevo original…

O.P:  Si, por eso esta la otra palabra del título: Intento de Copia. En el fondo yo sé que siempre será diferente, diferente en dos niveles, tanto en el plano formal como en el plano conceptual -en relación a lo que considero original en el ejercicio-. Lo difícil es reconocer la copia y su diferencia en un plano conceptual, porque en el plano formal  lo puedes detectar fácilmente, pero en lo conceptual entras en el mundo del discurso y del contenido, en este lugar -creo yo- es donde puedes encontrar una aproximación o una diferencia de lo que es original. Volviendo al mito del Minotauro, esto es un laberinto de espejos.. La única forma de salir es hacer lo que hizo Teseo, seguir el hilo que amarró en la entrada del laberinto. En mi caso, el hilo es cada uno de los trabajos que hago. Es un hilo que los va uniendo y que crece progresivamente en forma de elipse. En relación a la respuesta anterior, me di cuenta que mi trabajo estaba haciendo círculos conceptuales, una repetición sin diferencia.  La novedad -un nuevo original- aparece cuando la copia procede en elipse y no en círculo.

A.V: Y eso tiene que ver un poco con la experimentación. En algún lugar leí que decías que la ignorancia y el conocimiento se convierten en grandes herramientas a la hora de trabajar. ¿Es para ti fundamental crear con la razón pero también con un poco de intuición?

O.P: Henri Bergson decía que la “inteligencia” e “intuición” colaboran en el acto del pensamiento aunque tengan orígenes diferentes. Para mí la razón y la intuición tienen la misma importancia, ninguna tiene una primacía sobre la otra.

Si consideramos al arte como un campo del pensamiento donde la razón y la intuición trabajan activamente, entonces se podría identificar el desarrollo y evolución de un pensamiento proveniente desde el campo del arte.

Digo esto porque es algo que me interesa y existe una conexión entre José Manuel Briceño Guerrero y tu pregunta. Si bien la respuesta puede ser muy personalizada también posee una capa de antecedentes generalizados en el contexto histórico donde crecí.

En mi país -Venezuela- en el desarrollo del arte moderno y muy específicamente el arte geométrico abstracto predominó más la formalización del contenido que el contenido mismo. Normalmente, en el arte esto se desarrolla de una forma simbiótica, pero en Venezuela lo retiniano tuvo y sigue teniendo un gran peso. Luis Pérez-Oramas profundiza este tema en un ensayo titulado La hipoteca del ornato en las artes visuales venezolanas. Digo esto porque reconocí que la intuición es la gran herramienta que posee el artista cuando adolece de una estructura discursiva, algo que proviene de la razón, del desarrollo de teorías y de contenidos; esto demanda de una madurez y de una consecución en el tiempo. Esto ha sido una de las dolencias del arte venezolano y no lo digo como algo exógeno a mí, lo digo porque reconocí dicha dolencia primero en el contexto y luego en mi propio trabajo.

He pensado que esta inconsistencia también podría ser la esencia de nuestra hibridez, un mecanismo que no hemos podido comprender -lo reconocemos pero no comprendemos-.  En esta interacción de la razón y la intuición tanto individual como colectiva, que busca un cuerpo de pensamiento coherente, es donde se puede enmarcar el proyecto de piano, que apunta a señalar una forma de pensar como de hacer arte.  Lo que he dicho implica un acto de reconocimiento y en este punto se puede pasar fácilmente de lo que sabes a lo que ignoras. Gilles Deleuze lo dice de una manera magistral: “Solo trabajo en la extremidad de mi saber, en el punto extremo que separa nuestro saber y nuestra ignorancia, y que hace pasar el uno dentro del otro”.

Oscar Abraham Pabón. Cortesía del artista
Oscar Abraham Pabón. Sound Structures. Cortesía del artista
Oscar Abraham Pabón. Sound Structures. Cortesía del artista
A.V: Esta muestra en Chile recurre al sonido y al bricollage y, como bien dices, se aleja de esa práctica más bien formalista que venías desarrollando, al aportar otra densidad con toda esta investigación sobre la copia y el original, incorporando sonido en el espacio. Además, está el recorrido que debemos hacer por esta sseis estaciones de audio, lo que añade cierto carácter performático a la obra. Cuéntanos ahora sobre tus trabajos en el espacio público y cómo se vinculan tus prácticas artísticas y arquitectónicas. O.P: Todo el trabajo se puede vincular a partir de un punto en común: la escultura. Es el medio más recurrente y la mejor forma que he tenido para comunicar algunas ideas. Digo la palabra escultura como punto de partida, aunque puedo terminar haciendo una instalación, un video, música o cualquier otra cosa. No me interesa el medio en sí, solo las posibilidades que me ofrece; una de esas posibilidades es el espacio y la capacidad de desplegar las ideas en un recorrido. Podemos estar hablando de una muestra, de una pequeña escultura o un proyecto de arquitectura. Por lo general un proyecto lleva al otro y algunas herramientas que se utilizan en arquitectura me han resultado de gran ayuda al momento de visualizar  y desarrollar nuevas propuestas. Con el tiempo me doy cuenta que hay proyectos que poseen una evolución y desarrollo que al final se terminan complementando. Un ejemplo son los proyectos de escultura que integran alguna función, que comienzan como pequeñas piezas en la galería y terminan en espacios públicos transformados en mobiliario urbano. El espacio público y la arquitectura son campos que cada día me interesan más por los retos y problemáticas que involucran. Son campos de acción que dependen de una negociación más amplia, con necesidades y parámetros preestablecidos que no dependen del artista.  Me gusta entender estos parámetros como impedimentos que permiten ver más posibilidades y soluciones a un mismo problema.  Siempre trato de llevar al límite un proyecto o continuar una idea en otra propuesta. Ahora he pensado el proyecto del piano a un nivel arquitectónico: he desarrollado un proyecto que se llama  Sound Structures, que  sería el siguiente paso; siempre termino vinculando  proyectos anteriores con nuevas ideas. Estoy seguro que cuando lo materialice se modificará a un nivel formal pero la esencia del proyecto va a continuar y eso es algo que me interesa, que el proyecto sea modificado por las circunstancias. A.V: Para finalizar, cuéntanos de tus intereses más allá de las artes y cómo se vinculan a tu práctica y a tu diario vivir. ¿Qué incorporas y qué sueles desechar? O.P: Tengo pocos intereses más allá del arte y esos pocos intereses siempre los termino relacionando con lo que hago. Un ejemplo: me interesa leer las biografías y las autobiografías de los santos, también la obra de autores relacionados con la mística cristiana como Miguel de Unamuno o Kierkegaard. Cuando te empapas un poco con este tipo de literatura te das cuenta de las grandes conexiones que tiene con el mundo del arte. Creo que es fácil vincular este interés sobre las autobiografías de santos y el día a día de un artista.  En un capítulo de Historia de un alma, de Teresa de Lisieux, ella desarrolla una idea a partir de un pequeño jardín que había en el claustro de su convento. Lo que ella ve en el jardín a través de la ventana son plantas, pero ella desarrolla una serie de comparaciones y observaciones de una gran sensibilidad solo con analizar cosas tan simples como unas plantas en el jardín. El punto es que el jardín era lo único que tenía a su mano para hablar de las ideas que quería comunicar. La mayoría de este tipo de literatura está llena de ejemplos similares; a partir de observaciones simples y comunes, logran expresar sus ideas. La mística de las cosas que siempre vemos también puede ser activada por el arte. Trabajo a partir de las cosas que encuentro caminando por la calle u objetos que se utilizan cotidianamente. Viví algunos años en Caracas, no tenía dinero para producir obra, así que trabajé con lo que había en la calle. Caracas Minimalista es uno de esos trabajos. Luego, en Amsterdam, comencé a recoger objetos que dejan las personas frente a sus viviendas para que el colector de basura se las lleve. Los primeros trabajos que desarrollé con alfombras las tomaba de la calle, así que mi estudio era el depósito de muchas cosas que la gente tiraba a la basura. Buena parte de mi trabajo ha consistido en eso: por medio de los materiales y objetos que tengo a mi mano poder comunicar algunas ideas. Si tuviese que desechar algo proveniente de mis intereses más allá de las artes, sería la tendencia del aislamiento que tienen los anacoretas. El artista aislado y encerrado en su taller es algo que he comenzado a modificar el el diario vivir , salir de la torre de marfil.
Oscar Abraham Pabón, Expanded Sculpture, 2013, alfombra seccionada. Cortesía del artista
Oscar Abraham Pabón, Caracas Minimalista, 2009, hojas secas cubriendo un bache en la calle. Cortesía del artista
Oscar Abraham Pabón, Escultura Flotante, 2015, Rotterdam. Cortesía del artista
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Alejandra Villasmil

Nace en Maracaibo (Venezuela) en 1972. Es Directora y Fundadora de Artishock. Licenciada en Comunicación Social, mención audiovisual, por la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, Venezuela, 1994), con formación libre en arte contemporáneo (teoría y práctica) en escuelas de Nueva York (1997-2007). En Nueva York trabajó como corresponsal sénior para la revista Arte al Día International (2004-2007) y como corresponsal de Cultura de la agencia española de noticias EFE (2002-2007). En Chile fue encargada de prensa y difusión para el Museo de Artes Visuales (MAVI), Galería Gabriela Mistral, Galería Moro y la Bienal de Video y Artes Mediales.