El Museo Fowler de la UCLA, en Los Angeles, acoge la primera exposición individual en Estados Unidos dedicada a la artista visual cubana Belkis Ayón (1967-99), quien durante su breve pero fértil carrera produjo una extraordinaria obra que hoy por hoy tiene un lugar preponderante en la historia del grabado contemporáneo en Cuba. Nkame: Una retrospectiva de la grabadora cubana Belkis Ayón presenta 43 estampas que abarcan toda la gama de la producción gráfica de la artista, desde 1984 hasta 1999, año en que se quitó la vida.

Ayón abonó el terreno en la narrativa de la sociedad fraternal afrocubana llamada Abakuá para crear una iconografía visual independiente y poderosa. La artista es ampliamente reconocida por su distintiva técnica de la colografía, un proceso de impresión en el que una variedad de materiales de diversas texturas y absorbencias forman un collage sobre una matriz de cartón que luego se pasa por la prensa. Su deliberada y austera paleta de negro, blanco y gris añaden drama y misterio a sus narrativas, muchas de las cuales se produjeron a gran escala uniendo múltiples hojas impresas.

La exposición se organiza en cinco secciones que examinan los principales temas y períodos de la producción artística de Ayón. La sección introductoria comienza con una de sus impresiones más emblemáticas, La cena, de 1991, una obra que encapsula tres características definitorias de la obra de la artista. En primer lugar, su elección de los temas -la historia, la mitología y la iconografía de Abakuá- fue una dirección que tomó en 1985 mientras todavía era estudiante en la Academia de Bellas Artes de San Alejandro.

Esta fraternidad afrocubana de sólo varones llegó a las ciudades portuarias occidentales de Cuba a principios del siglo XIX, llevadas por africanos esclavos de la región de Cross River, en el sureste de Nigeria. Una breve sinopsis del mito fundacional de Abakuá comienza con Sikán, una princesa que inadvertidamente atrapó un pez en un recipiente que utilizaba para extraer agua del río. El ruido inesperado y fuerte del pez era la “voz” mística de Abakuá, y Sikán fue la primera en escucharlo. Debido a que a las mujeres no se les permitía este conocimiento sagrado, el adivino local juró a Sikán mantener el secreto. Sikán, sin embargo, reveló su secreto a su prometido, y por su indiscreción fue condenada a morir.

Sin embargo, en el trabajo de Ayón, Sikán sigue viva, y su historia y representación ocupan un lugar prominente. En La cena, que representa un banquete de iniciación de Abakuá con Sikán sentada en el centro, la artista revela su enfoque sincrético. La obra alude a La Última Cena y a los apóstoles cristianos, pero Ayón presenta el acontecimiento de manera que las mujeres usurpan los papeles de los hombres.

En segundo lugar, La cena es un excelente ejemplo de la elección de la colografía por parte de la artista como técnica para crear grabados narrativos e intensificar su potencial expresivo. La exposición incluye la matriz completa de Ayón para La cena, que realizó en seis hojas individuales que luego se ensamblaron.

La inclusión de la matriz real de cartón permite a los visitantes ver cómo Ayón desarrolló su proceso pionero y laborioso de “dibujo” con materiales inusuales: tiza, barniz, acrílico, papel de lija, abrasivos y diferentes tipos de papel, utilizando cuchillas para obtener líneas oscuras y tijeras para cortar los cientos de patrones que más tarde pegó a la superficie de sus matrices de cartón. Una vez entintados y pasados por la prensa, la artista lograba una amplia gama de formas, texturas y tonos. En tercer lugar, después de experimentar con el color, Ayón redujo su paleta al blanco, negro y gris.

La segunda sección de la exposición se centra en las impresiones tempranas de la artista, realizadas durante su estancia en la Academia San Alejandro y posteriormente en el Instituto Superior de Arte (ISA) de La Habana (1986-91). Este primer trabajo muestra que la artista traduce su investigación sobre Abakuá en interpretaciones de su mitología centrándose en sus personajes claves tanto en Cuba como en Nigeria.

En la sección tres, los grabados tempranos de Ayón captan el papel que Sikán jugó en la narrativa Abakuá, contada a través de un vocabulario iconográfico reconocible y repetido. A veces sentada en una posición frontal en un mobiliario parecido a un trono, la estilizada figura de Sikán aparece magistral con su mirada desafiante y sin boca. Ayón escribió: “Me veo a mí misma como Sikán, en cierto modo una observadora, una intermediaria y una reveladora… Sikán es una transgresora, y como tal la veo, y me veo a mí misma”.

La cuarta sección de la exposición presenta los grabados de gran formato de Ayón, creados entre 1991 y 1998. Estas obras monumentales trascienden los límites de los formatos tradicionales del grabado. Compuestas por entre seis a dieciocho hojas impresas, permitieron que sus escenas y personajes alcanzaran casi el tamaño real. En estos trabajos técnicamente magistrales y evocadores, Ayón también amplió su visión del mito Abakuá, pasando de personajes individuales y sus atributos a representaciones de eventos rituales de dimensiones casi épicas: la consagración de un iniciado, el entierro de un miembro Abakuá, la reencarnación del espíritu. Estas escenas también mezclan referencias al Catolicismo, y la artista las vio como simbólicamente viajando por las Estaciones de la Cruz.

La última sección de la exposición destaca la obra que la artista produjo en 1998, antes de su prematura muerte en 1999. Para su última exposición individual, Desasosiego, realizada en la Galería Couturier de Los Ángeles en marzo de 1998, Ayón realizó una serie de impresiones de tamaño medio con formatos circulares inusuales en los que las alusiones manifiestas al mito de Abakuá fueron reemplazadas por imágenes más autorreferenciales.

La obra final en la exposición es la monumental Resurrección, refiriéndose al momento en que un iniciado nace en su nueva vida como miembro de la sociedad secreta de Abakuá. Creada en 1998, esta compleja estampa en nueve hojas encapsula el poder de la obra de la artista: narra sus historias con misterio y habilidad pero sin necesidad de una decodificación literal, ofrece referencias al Cristianismo y a la vida emocional de la artista, y comenta sobre los derechos de la mujer y la igualdad de género. Estas bellas y poéticas obras no tienen paralelo en la historia del grabado contemporáneo en Cuba. Nkame, una palabra sinónimo de “saludo” y “alabanza” en el idioma de Abakuá, es un homenaje póstumo a la artista, así como una visión general de su carrera artística.

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