Rodrigo Araya, Rodrigo Lobos y Nicolás Rupcich han hecho de la Galería Gabriela Mistral un escenario en el que varios objetos, intervenciones, gestos sobre el espacio arquitectónico, y el mismo recorrido por y a través de estos elementos, desestabilizan lo que, comúnmente, entendemos como un montaje expositivo listo para ser visto. En Algo es Algo, los artistas han creado un ambiente en estado de suspensión, una situación ambigua que produce una ficción: la cancelación del momento oficial de la exposición, dirigiendo la narrativa a un estadio incompleto.

Según los artistas, que vienen ya colaborando desde hace varios años, Algo es Algo busca crear la sensación de que los objetos que habitan la galería son parte de la preparación o desmontaje de la misma. “Combinamos soportes y obras que no están disponibles para evaluación y juicio, con otras que si lo están, utilizando el proceso como imaginario de la muestra y proponiendo una reflexión de cómo, qué y cuándo se constituye una exhibición de arte”.

Las intervenciones de Araya, Lobos y Rupcich también explotan la renovación arquitectónica de esta emblemática galería estatal ubicada en el centro de Santiago, que hace poco incorporó un ventanal que da a la transitada avenida Alameda, encarnando en ese elemento constructivo la idea, literal y metafórica, de “vitrina del arte contemporáneo”. Utilizando un autoadhesivo espejo, han dejado parcialmente visible la mirada al interior y al exterior, controlando de esta forma la percepción habitual del público que circula tanto en la calle como al interior del espacio, conectando las visualidades de la exposición con el entorno urbano inmediato de la céntrica sala Gabriela Mistral.

El recorrido por la muestra genera una sensación de incertidumbre; el espectador transita la totalidad de la escena sin la seguridad de estar enfrentado a un resultado final. Los artistas consideran a la galería como un medio donde transitan imágenes, máquinas o sistemas de significación. Esto puede también extrapolarse a la discursividad social y política chilena, que apela a la Transición como un camino o proceso hacia un fin, supuestamente, esperado a nivel colectivo.

Las obras no se encuentran identificadas por autor, no están individualizadas pero tampoco se conciben como un producto colectivo. Los artistas ponen en tensión el ideal de “alcanzar metas” a través de un conjunto de elementos visuales que desestabilizan al espectador, dejando abierta la inquietud sobre el ciclo de vida de las obras que presencian. Rodrigo Araya, Rodrigo Lobos y Nicolás Rupcich se hacen cargo críticamente del espacio de la galería y la adscripción institucional que ésta contiene, planteando, entre otras interrogantes, qué es lo que se espera de una muestra para poder tener un resultado significativo en el mercado del arte chileno actual. En el proceso, problematizan ciertas nociones asumidas dentro de las lógicas de exhibición de arte contemporáneo, objeto artístico y autoría, entre otras.