Jorge Brantmayer es un fotógrafo chileno de larga trayectoria. Se dedica a esta disciplina hace más de tres décadas y ha transitado por dos líneas principalmente, la publicitaria y la autoral. Sus pares fotógrafos lo han premiado en tres ocasiones con el Premio Altazor, y a principios de este año expuso la muestra Muchedumbre, recibida con buenas críticas.

En 2011 tuvo una destacada participación en el Festival PhotoEspaña. Actualmente, está exponiendo en la Galería D21 de Santiago la muestra Diario. Estudio, pose, modelos y autorretratos 1979-2012, abierta hasta el 1 de septiembre. Tanto esta exposición como Muchedumbre han sido curadas por Camilo Yáñez, alguien que, dice, ha sido vital para darle una renovación a su trabajo fotográfico. Por primera vez, Brantmayer comparte su espacio personal con el público, su imaginario diario, sus obsesiones, sus preocupaciones y pulsiones más recurrentes. “Esta muestra me tiene muy contento, porque es como desnudarse, mostrar mi parte más íntima”.

 

Jorge Brantmayer, Autorretrato, 1979

Jorge Brantmayer, Autorretrato, 1979

 

¿Qué te motivó a realizar la exposición Diario, un trabajo mucho más personal e íntimo al que hemos visto?

Tengo dos líneas en mi fotografía autoral, un trabajo que tiene que ver con responsabilidad social y otro que es mi trabajo de taller, trabajo de pintor; esta muestra corresponde a esa serie. Todas estas fotos corresponden a momentos de mi vida importantes, momentos dolientes o de entusiasmo, me hago responsable en ese sentido a través de mi cuerpo, de mi yo, de la percepción social, de la agresión, del dolor de una muerte, del dolor de una separación emocional, por ejemplo. En ese sentido, en las imágenes donde aparezco yo, mi cuerpo no es solamente yo, es el cuerpo de todos. O sea, me hago también responsable por mis amigos, por la sociedad, me hago responsable yo como artista de decir “lo que me pasa a mí nos pasa a todos”. Mi curador logró hacerme entrar en razón para juntar este material, lo antiguo con lo que estaba haciendo actualmente y darle una línea editorial. En ese sentido, es importante el trabajo del curador con el artista en la medida que pueda existir un vínculo  de confianza, en el que puedes hablar, puedes entenderte.

Estas son fotografías que yo he venido realizando desde 1979 en adelante; es una selección de imágenes, la mayoría son autorretratos. Se trata de que cuando uno está solo, te tienes a ti mismo. Por ejemplo, cuando uno tiene un dolor enorme, te sacas una foto, porque tu quieres saber cómo te ves con ese dolor. Estos trabajos son agresivos; tengo otros que son impávidos, los que se expusieron en PhotoEspaña (2011). Uno va descubriendo lo que es la maleta de herramientas del pintor, platos de comida, fruta, manchas de pintura, manchas de litio, actitudes sexuales, plásticos negros, algunos tipos de alimentos; son elementos recurrentes en mi trabajo autoral.

¿Y tu vínculo con la fotografía fue desde la pintura?

Soy fotógrafo de toda la vida. Soy fotógrafo desde niño, desde los 12 años, luego estudié pintura y nunca dejé de hacer foto. Después estudié fotografía profesional, lo que me permitió vivir y viajar. Me ha permitido una transversalidad social para transitar por mundos muy distintos. Todas estas fotografías son puestas en escena. Existen contrapuntos que no están hechas así de manera premeditada, sino que son parte de un imaginario personal, en el que vuelven a repetirse las mismas imágenes, materiales y estructuras compositivas.

 

Jorge Brantmayer, Autorretrato, 2012

Jorge Brantmayer, Autorretrato, 2012

Jorge Brantmayer, Action Painting, 2012

Jorge Brantmayer, Action Painting, 2012

 

Cuéntame de esa idea de violencia presente en el texto curatorial de la muestra, ¿cómo canalizas tu propia violencia?

Soy una persona muy ansiosa, siempre estoy haciendo cosas, produciendo cosas. Sigo haciendo fotos para el proyecto Muchedumbre, sigo haciendo retratos en la cárcel de mujeres, hago retratos, cocino, trabajo en publicidad, hago mil cosas al mismo tiempo, así canalizo mi violencia, haciendo. Por eso soy tan nervioso, me como las uñas. La neurosis puede resultar muy productiva y muy creativa también. Mi violencia pasa por el sentido de la injusticia, no tolero la injusticia, no tolero los abusos de poder… ese tipo de cosas me desesperan.

En ese sentido, ¿consideras al acto fotográfico como un acto de liberación interna?

Sí, lo considero un acto de liberación interna, porque es una cuestión visceral. Esas manchas negras de mis fotografías, que son como citadinas, esas manchas negras como de asfalto, yo quisiera asociarlo a eso, a la ciudad que se te mete entremedio, te mancha, como que es el pecado. Hago ese contraste, entre manchones de pintura blanca que es la verdad, con las manchas negras que vendrían a ser lo falso. Lo pienso en esa dirección, como contrastar luces y sombras, la luz como lo verdadero, la sombra que se te esconde. En la sombra está el dolor, eso es básicamente lo que es el claroscuro, y esta muestra tiene mucho de eso.

 

Jorge Brantmayer, de la serie Cautivas, 2008

Jorge Brantmayer, de la serie Cautivas, 2008

 

En 2008 Brantmayer expuso la serie fotográfica Cautivas, un proyecto en el que estuvo retratando a mujeres del centro penitenciario femenino durante tres años. El fotógrafo se vio atrapado por el misterio presente en la mirada de estas mujeres, cuyos rostros cargan con la historia de sus vidas. En Muchedumbre continuó la misma línea estética en cuanto a la construcción del retrato, pero modificó la temática. Esta vez desfilaron delante de su lente una gran variedad de santiaguinos, abarcando toda la transversalidad de la urbe capitalina. Muchedumbre fue expuesto en el Centro Cultural GAM en enero de este año en el marco del Festival Internacional de Teatro Santiago a Mil, con un montaje de alrededor de 400 fotos de gran formato. El proyecto podrá ser visto nuevamente en noviembre próximo en la ciudad de Valparaíso.

A propósito de tus proyectos más conocidos como Cautivas o Muchedumbre, ¿cuál es tu vínculo con el retrato como género fotográfico?

Mira, soy un fotógrafo bien exitoso en ciertas áreas. Por ejemplo, hago fotografías de alimentos, reportajes, trabajé para casas comerciales en el momento en que necesitaba estructurar mi vida: comprarme mi casa, armar mi estudio fotográfico, entonces llegó un momento en que decidí parar un poco y empecé a viajar para hacer fotografías instantáneas en la calle, tipo Cartier Bresson, “el momento decisivo”, pero viajé a otros países del mundo… en Chile no lograba una motivación estética. Iba a Francia, Estados Unidos, España, pero llegó un momento en que me sentí un estúpido, porque me di cuenta que yo tenía que hacerme cargo de algo que me correspondía como ciudadano chileno.

La primera cosa que me impresionó fue pensar en los jóvenes que se infringían heridas, que eran tremendamente violentos; esa fue la primera cosa que me cautivó, me llamaba la atención, pero no pude hacer las fotos, no me dieron autorización porque eran menores de edad y entonces llegué a la cárcel de mujeres. Las vi detrás de las rejas y me produjo tanto interés… encontré que era tan emocionante, esa cosa morbosa que tenía en mi cabeza quería saber que pasaba con estas mujeres, por qué estaban ahí, porque la cárcel de hombres es un mundo totalmente distinto. Lo encontré tan tremendamente misterioso, que me di cuenta que en un rostro, en un retrato, podía componer todo un problema social.

El tipo de aros que usaba, el tipo de cutis, la forma de las bocas, de los ojos, quien frunce el ceño, las tensiones en el rostro, las marcas de las arrugas, la grasitud de la piel, el tipo de cabello, cuidado o descuidado, ahí tu ves inmediatamente la estructura social de la persona, sólo en esa parte del cuerpo. Se volvió tan interesante para mí ese mundo, tan fundamental… la realización de ese proyecto fue una cuestión totalmente liberadora, sanadora, cambió totalmente mi visión sobre la mujer. Estuve tres años visitándolas, perfectamente me podría haber enamorado de alguna de ellas, se transformaron en heroínas para mí, estaban ahí por defender su propio honor o el honor de sus hijos, y tenían que llegar a delinquir por defender algo que les pertenecía, defender su dignidad, el cuidado de sus hijos.

 

Jorge Brantmayer, Muchedumbre, galería del Centro Cultural Gabriela Mistral, 2012, Santiago

Jorge Brantmayer, Muchedumbre, galería del Centro Cultural Gabriela Mistral, 2012, Santiago

 

¿Cómo se gestó el proyecto Muchedumbre?

Se consolidó como Muchedumbre con la llegada de Camilo Yáñez como curador. Yo estaba haciendo fotos de artistas o de gente que me parecía extraña, que me seducía o que me parecía irregular de algún modo, así que ahí estructuramos el proyecto y me dediqué a hacer fotografías en esa dirección, o sea, retratar a grupos de ciegos, grupos de albinos, grupos de obreros de la construcción, grupos de prostitutas, grupos de millonarios, etc. Es un proyecto que está en continuo desarrollo. Es muy entretenido hacerlo, porque no necesitas inventar nada, inventar un tema, yo llego a los lugares, instalo un fondo y hago los retratos, tienes que tener un ojo muy agudo, penetrante como una cuchillada.

 

Jorge Brantmayer, Diario. Estudio, pose, modelos y autorretratos 1979-2012, Galería D21, Santiago

Jorge Brantmayer, Diario. Estudio, pose, modelos y autorretratos 1979-2012, Galería D21, Santiago

Jorge Brantmayer, Diario. Estudio, pose, modelos y autorretratos 1979-2012, Galería D21, Santiago

Jorge Brantmayer, Diario. Estudio, pose, modelos y autorretratos 1979-2012, Galería D21, Santiago

Jorge Brantmayer, Diario. Estudio, pose, modelos y autorretratos 1979-2012, Galería D21, Santiago

Jorge Brantmayer, Diario. Estudio, pose, modelos y autorretratos 1979-2012, Galería D21, Santiago

 

 

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Denise Madrid