Detroit es una urbe industrial ubicada en el medio oeste de Estados Unidos. Llamada coloquialmente Motor City debido a la presencia de una monstruosa industria automotriz, también es una ciudad portuaria. Como toda urbe industrial, Detroit también ha sido señalada como un lugar sucio, violento y sofocado tanto por el anillo de las grandes factorías automovilísticas como por su alto índice de crimen y tensión racial, no por nada se le conoce, también, como Murder City.

Políticamente, Detroit ocupa un lugar clave en la historia de los movimientos sociales occidentales: en 1967, ante recortes de personal en las fábricas se produjeron las revueltas violentas en los guetos negros, y en 1968 aparece el grupo político revolucionario de choque The White Panthers, comandado por John Sinclair.

Por otro lado, Detroit es también una Meca musical: en el año 1959, Berry Gordy Jr. fundó la clásica disquera del soul/rhythm and blues, MoTown. A fines de la década del sesenta se forman The MC5The Stooges (con Iggy Pop a la cabeza). Incluso Alice Cooper desarrolló su carrera en la ciudad. Kiss dedicó uno de sus clásicos himnos a la ciudad.

La artista que hoy presento se llama Niagara y nació en Detroit. Niagara es pintora, artista gráfica, curadora, modelo informal. Durante la década del setenta se hizo conocida como cantante principal de una de las bandas clásicas del proto-punk americano: Destroy All Monsters (formación junto a Cary Loren, Jim Shaw y Mike Kelley). Manteniéndose como la única miembro original hasta 1985, formó, posteriormente junto a los miembros originales de The Stooges, la emblemática agrupación Dark Carnival.

Sus primeras piezas artísticas fueron dibujos y collages que sirvieron de base para el diseño de flyers, afiches y “ephemera” para bandas (especialmente Destroy All Monsters y Dark Carnival.)

Pero no sería hasta la década de los noventa cuando la artista comienza la confección de un cuerpo de trabajo de mayor envergadura.

“All Men are Cremated Equal” (1996), celebrada en la C- Pop Gallery de Detroit, es el nombre de una de sus primeras exhibiciones individuales. “All men…” es, virtualmente, la muestra que dispara a la artista a los confines del cosmos underground de la creciente cultura pop de ese entonces, y es el antecedente para la instauración de su declaración de principios como artista visual al mundo global. Las exposiciones se suceden una tras otra:“Faster Niagara…kill kill”“the Opium series”“The Good, The Bad, & The Beautiful”“They won’t let me good”, entre otras, pavimentan la ruta que la convierten en la indiscutida “Reina de Murder City”. Niagara es, hoy por hoy, la encarnación de una Diosa del pop… Un pop homicida.

THE BAD AND THE BEAUTIFUL

Desde el Renacimiento hasta los últimos rebeldes del arte contemporáneo, el culto a la personalidad por parte de ciertos artistas ha sido un elemento significativo en la creación de un concepto total de obra: Marcel Duchamp, Salvador Dalí, los artistas del Pop Art, desde Warhol a Marisol, desde Keith Haring a Lady Pink. La autobiografía y la proyección de la obra se fusionan para crear una mística que se desborda más allá de las paredes del Museo.

En el caso particular de Niagara su incursión en mundo del rock y la cultura underground de la Costa Este es un elemento fundamental para la comprensión de los referentes y el procesamiento de lenguajes que tiene lugar al interior de su cuerpo de obra: Niagara es producto y superviviente de un espacio y un período singular y oscuro de convulsión social y cultural. Su propia imagen ha sido cuidadosamente elaborada para reforzar este rasgo.

La Niagara artista crea series de pinturas tecnicolor protagonizadas por damas fatales, carismáticas y exóticas quienes nos van narrando, a través de escuetas y rudas acotaciones, un sinnúmero de inquietantes y violentas situaciones nocturnas. Los iconos del mundo de Niagara habitan un enrarecido espacio/tiempo, donde la belleza y la fragilidad (aparente) se entrecruza con desborde y muerte.

Las imágenes se transfiguran contra fondos de color sólidos, con una luminosidad más cercana al neón que al color de publicidad. Los mínimos objetos que aparecen en sus pinturas (pistolas, metralletas o automóviles), son compactos y nítidos, las figuras están trazadas en color negro, con una soltura que les confiere una curiosa cualidad: más que pintadas en la superficie de la tela, las mujeres de Niagara están delineadas sobre los planos cromáticos. De la misma forma en que el ectoplasma de algún joven espíritu inquieto se manifiesta en nuestra realidad, nos damos cuenta que las figuras están ligeramente fuera de registro con respecto al fondo como un cuerpo espectral en pleno proceso de ajuste entre dimensiones paralelas.

Los textos que acompañan a cada pintura son generalmente tomados de clichés románticos, diálogos emblemáticos de películas de antaño, o incluso aluden al lenguaje de los bajos fondos.

En la tradición de todas las Jean Harlows y Turas Satanas de la historia, las bellezas presentes en las pinturas de Niagara están a un martini del abismo de la tentación y las sensaciones de alto impacto.

Contra un fondo de color azul luminoso, de brazos cruzados sobre sus senos, una morena desnuda, de piel también azulada, se yergue hacia nosotros empuñando una Colt .45 en una mano y sosteniendo un cigarro a medio fumar en la otra. Su expresión facial delata un cierto hastío, sus labios y uñas rojas, su peinado impecable: en un costado superior leemos “It’s not you, it’s me” (No eres tú, soy yo). Como una totalidad inquebrantable, composición/color/forma se plantean compactos. Niagara ensambla sus elementos con la implacable precisión de los cartelistas aparecidos durante la era del art nouveau, y construye sus tramas con el mismo rigor de los creadores de portadas de las novelas policiales, que hasta principios de la década del 50 eran consumidas por público de todas las edades. Nada es al azar. Su proceso de recolección de imágenes referenciales funciona como una escuela formal donde su propia expresión encuentra el espacio perfecto.

“It’s not you, it’s me”

Uno de los factores que distinguen la producción de la artista es la creación de un universo particular a partir de un campo referencial específico. En oposición a la tradición estricta de los apropiacionistas del pop art (quienes toman la imagen intacta y la trasladan a otro medio visual), la iconografía de Niagara se inspira y materializa a partir de un personal vínculo con los íconos femeninos aparecidos en aquellas películas sobre policías y outsidersproducidas entre las décadas del 30 y del 40.

Esta conexión con el pasado no responde solamente a una búsqueda estética o una impostación determinada por la moda: lo que las “Niagara Girls”evocan es una era de fuertes cambios sociales, donde una nueva categoría de tipos humanos pasaría a ocupar el espacio de la vida moderna: es la fisonomía extremada de la clase obrera de entre guerras lo que toma cuerpo en éste período, desde los gangsters y héroes inesperados hasta las minorías raciales y “vamps” dispuestas a todo. Las “Chicas Niagara” son un producto social que la distancia espacio-temporal ha estilizado para el espectador del siglo XXI.

En “No Dame can slap me, I ll break you in half” (Ninguna dama puede cachetearme, te voy a partir en dos), desde una esquina del cuadro, un trajeado varón le grita a una pelirroja en traje de noche, mientras ésta de su bolso se dispone a sacar una pistola automática. El fondo es amarillento, igualándose con la piel de la pareja. Eso sí, traje y vestido mantienen su tono azul, nocturno… el espectador de inmediato es transportado a una situación desbordada, quizás, sin vuelta atrás. En su relación subyacente al clima de violencia y abuso que tiene lugar en el mundo de criminales y aventureros de los años treinta se trasluce, también, el síntoma de un período donde la mujer comenzaba a tomar control de su propia existencia, a riesgo de encontrarse con matones y hombres validados por el sistema para controlarla. En el arte de Niagara, revisitar el pasado se puede leer como una fascinación, pero también como una reexaminación de un significativo y poco discutido instante de liberación sexual.

EROTIC LIFESTYLE

Mae West se subió al carrusel de la infamia en sus años de Hollywood gracias a un prontuario que incluía una figura voluptuosa, una serie de películas perseguidas por los censores y, obviamente, sus frases: “¿Qué te pasa en el bolsillo del pantalón? ¿Llevas una pistola o simplemente te alegras de verme?”: la provocación en estado puro. En el universo de Niagara la referencia a mujeres decididas e insolentes se catapulta a intrincadas dimensiones de significación, las cuales, de una forma u otra, se vinculan con la tradición del erotismo y la expresión del placer, en un ámbito siempre al límite del decoro socialmente aceptado.

“…Or Are You Just Happy to See Me” es la pregunta que la protagonista, de otra de sus pinturas, le hace a un ausente caballero del que solo podemos apreciar su mano izquierda, empuñando otra Colt.45. La chica fuma, viste un modelo estampado (de hojas secas…), y una flor en el cabello. Por alguna extraña razón volvemos a entrar en la intimidad de una pareja al borde del crimen. El hombre empuña su cañón y la mujer lo observa tranquila y despreciativa ante su burdo juego.

«…Or Are You Just Happy to See Me» y «Run»

En los códigos sociales y culturales de diversas épocas, la erotización de la figura femenina estaba determinada por parámetros masculinos: la sumisión por parte de ésta completaba la ecuación perfecta. En el período donde la obra de Niagara toma su punto de partida, a la figura de la mujer sumisa y objeto se contrapone la aparición de otra figura: la Vampiresa. Figura misteriosa, curvilínea, implacable, exótica…e independiente.

En 1934 el autor Milton Caniff creó a “Dragon Lady” (Mujer Dragón) para las aventuras del cómic Terry and the Pirates. La Mujer Dragón (nombre verdadero: Lai Choi San) es una sensual pirata que desea arrebatarle el mapa del tesoro que el pequeño Terry ha encontrado: Dragón Lady será la eterna mujer que podemos ver y nunca tocar. Es la tentación en su expresión pura y el peligro inminente en su poder erótico.

En la tradición arquetípica estas representaciones de la mujer sensual (ahora re procesadas por Hollywood) corresponden a la imagen de Afrodita.

A través de la historia, el impulso erótico puro, la expresión pura de la libido, la proyección de la imaginación y la fertilidad inminente se atribuyen a una mujer que transmuta su gracia y encanto en pasión y peligro. El poder sexual de Afrodita radica en su capacidad para conducirnos a un estado de subjetividad permanente al envolvernos en su pasión y ofrecernos placer.

En el dialogo con Afrodita, siempre queda claro que puede destruirnos: sabe lo que tiene y lo utiliza a su favor. Es oscura, sangrienta y apasionada. Sin embargo, su amor es incondicional.

En “Rest in Pieces” (Descansa en pedazos) una sensual morena sostiene un cuchillo. En segundo plano vemos, a un lado, una cerca (característica de un callejón suburbano), y al otro un cuerpo de hombre (solo delatado por sus zapatos) tirado detrás de una lata de la basura. El rojo intenso predomina; todos los elementos son unidos por manchas del mismo color… Rest in Pieces es un juego de palabras de Rest in Peace (Descansa en Paz) frase que se nos dedica cuando morimos…

“Rest in Pieces”

Fantasías de violencia, crimen, exceso y sensualidad femenina en un ambiente cargado de erotismo. En el universo de Niagara la conspicua figura femenina y sus víctimas sufren un leve movimiento de intención, la excitación los conduce al peligro y a las situaciones extremas, elevándolos a una categoría de representaciones iconográficas con cualidades místicas.

Al respecto, Georges Bataille nos propone un misterioso y complejo modelo para entender ciertos niveles de inclinación erótica:

“En el sacrificio, la víctima es despojada no solo de sus ropajes, sino también de sus vidas (o es destruido en alguna forma como si fuese un objeto inanimado). La víctima muere y los espectadores comparten lo que ésta muerte les revela, esto es, lo que los historiadores religiosos llaman el elemento de la santidad. Esta santidad es la revelación de la continuidad a través de la muerte de un ente discontinuo a aquellos que lo observan como un rito solemne. Una muerte violenta desgarra la discontinuidad de la criatura; lo que permanece, lo que los tensos mirones experiencian en el silencio sucesivo, es la continuidad de toda la existencia con la cual la víctima es ahora una. Solamente un asesinato espectacular, llevado como la naturaleza solemne y colectiva de los dictados de la religión, posee el poder de revelar lo que normalmente se escapa de la atención…”

El erotismo se instaura como expresión de un ritual, un ritual de muerte que excede absolutamente las relaciones convencionales: el gran final del trabajo de destrucción ejercido por la pasión (La Afrodita desbordada). En el vocabulario de éstas anti heroínas celosas, indignadas y despreciativas de Niagara, la noción de intercambio se despliega a una refrescante reciprocidad de intensidades exacerbadas a un límite donde la muerte (propia o del otro) es un hecho inminente, donde la fuerza misma del acto evocado se transforma en una trasgresión de las normas.

«Dead End Club»

MI CORAZON PERTENECE A DETROIT

La fuerza de la obra de Niagara radica en el reconocimiento de los factores que dinamizaron y construyeron su personal sentido del ahora. Niagara pertenece a ese grupo de individuos que crecieron entre fines de los años 60 y principios de los 70: si escuchamos las primeras grabaciones deDestroy all Monsters, nos daremos cuenta que la cacofonía y la experimentación que tiene lugar proviene de una voluntad de oponerse al clima generalizado de regocijo forzado, barato y dudosamente resplandeciente que maquillaba una época más bien oscura y confusa.

Las visiones estéticas y filosóficas del pasado ahora pertenecen a un dominio público corporativizado, alimentado por los dictámenes de la moda, e incluso guiado por los parámetros de lo políticamente correcto. En la contratapa del libro Taschen dedicado al artista Jeff Koons, leemos “Embrace your past” (Acoge tu pasado), con la misma convicción de un empresario invitándonos a descubrir un elegante resort ubicado en las costas tropicales de Centroamérica.

«That’s All Very Interesting, Darling, But Not To Me»

Es quizás en este punto de conflictos éticos donde el arte de Niagara se niega a la complacencia.
La artista recuerda su infancia sentada frente al televisor observando a mujeres fatales descargar sus encantos y sus armas sobre abusivos criminales, en el aroma a metal fundido de las industrias de su ciudad o en la química ambiental que la presencia de una multicultural prole humana producía a su alrededor.

Es la realidad implacable versus el anestesiado estado de nuestras mentes guiadas por ejercicios conceptuales vacíos que tienen lugar en territorios resguardados por la intelectualidad y la academia. Las imágenes de Niagara no se deben a la sed por la novedad del rebaño, sino a una coqueta relación que tiene lugar en un lejano punto entre el erotismo y la extrañeza, entre la extravagancia y el crimen.

«Kiss»

Hoy en día galerías y museos de Sydney, Tokyo o Londres, dedican exposiciones a la obra de la artista, las imágenes de sus pinturas han aparecido en libros tales como “Vicious, Delicious and Ambitious”, “Pop Surrealism” o en la monografía que recorre su obra “9 mm”. Pero el vínculo entre Niagara y Motor City es indisoluble. La mística y la trascendencia no han transado. Un Martini doble mirando el lago Michigan, es siempre más inspirador que luchar contra el publicitado hambre del mundo.

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Leonardo Casas

Es artista visual. Vive en Santiago de Chile. Exhibe su obra desde el año 1994. Profesor del curso de "Discursos Artísticos y Formas Políticas en Latinoamérica" en la Escuela de Gobierno de la Universidad de Chile desde el año 2006. Escribe para la revista Artishock y ha curado muestras colectivas en Santiago (Chile) y Nueva York (USA).