JESSICA KAIRÉ: NADA CONCRETO
Por Rodrigo Fuentes
Los monumentos plegables de Jessica Kairé (Guatemala, 1980) se inspiran en monumentos icónicos de Guatemala, aquellos que recuerdan grandes hitos históricos: la independencia, el sueño inconcluso de una Centroamérica unida, la Revolución de 1944. Pero a diferencia de sus modelos inmutables, los monumentos de Kairé se alzan tan solo por breves instantes, sujetados por unas cuantas manos, para desplomarse poco después. Con astucia, imitan la endeble arquitectura que da forma al imaginario colectivo de los guatemaltecos.
Ponemos escasa atención a los monumentos que habitan nuestra ciudad. Maltrechos, oscurecidos por el humo de las camionetas, sus rostros nos dicen poco. Algunos desaparecen de noche y también de día, o pierden brazos y piernas que se derriten para venderse en el mercado negro. Buscan recordarnos glorias pasadas, pero más bien remiten a las promesas pendientes de nuestra historia. En su anhelada grandeza percibimos una suave ironía. Lo que aquí se celebra, parecen decir, dista mucho de tu realidad.



Los monumentos plegables, por el contrario, sugieren liviandad. No cargan el peso de las palabras vacías, y en sus superficies de lona se percibe una dócil calidez. Aun así, no nos dejemos engañar por las líneas limpias y el volumen reconfortante de estas obras, pues el juego está en su dimensión política. Solo existirán de cuerpo entero si las personas alrededor se organizan para alzarlos, tensarlos y mantenerlos en vilo. Nos recuerdan que los ideales inscritos en nuestra historia solo son vigentes en la medida en que la gente participe en su cotidiana construcción. Para que estos monumentos tengan cuerpo, el espectador deberá poner el suyo.
Tampoco es casual que estas obras aparezcan precisamente en este momento, en esta coyuntura. Como el ir y venir de las mareas políticas en Guatemala, la obra de Kairé da cuenta de la relación proteica que los guatemaltecos guardamos con nuestras instituciones y democracia. Hasta hace poco celebrábamos con fervor las victorias colectivas de la ciudadanía; con igual rapidez comprendimos la fugacidad de esos logros. Los monumentos plegables remiten a ese vaivén continuo a través de su condición transitoria y las variadas formas en que se presentan: doblados en repisas, desplegados en todo su volumen, o convertidos en un charco de tela a nuestros pies.




El trabajo de Jessica Kairé está emparentado por su precisión y su discreto humor con los textos de Augusto Monterroso. Antes de alzar nuevos monumentos o destruir aquellos del pasado, leamos y veamos lo que ambas obras nos pueden decir.
En un lejano país existió hace muchos años una Oveja negra. Fue fusilada.
Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque.
Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura.
Augusto Monterroso, La oveja negra.
Nada concreto, de Jessica Kairé, se presenta durante julio de 2022 en Proyectos Ultravioleta, 21 calle 11-09 zona 1, Ciudad de Guatemala
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